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anesalek:
Y ahí estaba, la respuesta que había esperado recibir. Resopló, manteniendo sus labios presionados en una suave línea que se curvó con descaro cuando sus cejas se alzaron un par de milímetros. Parecieron a punto de despegar, pero se mantuvieron bailarinas en aquella altura. “Esa sería una persona con una perspectiva muy triste de la vida,” comentó. “Prefiero creer que el odio desaparece en algún momento de la vida. Es decir, imaginarme que alguien lo conserva en su interior por tanto tiempo me parece muy horrible. Me gusta pensar que la luz siempre encontrará una forma de iluminar la oscuridad. En este y en todos los casos,” énfasis en donde creyó necesario para lanzar aquella indirecta. “Porque de eso se trata toda esta situación. Si el amor de tu vida no se lleva bien con tus hermanos, entonces ¿de qué sirve? Tienen que estar unidos, llevarse bien y todo eso que ya dije. Claramente, si tu pareja no me quiere o no me adora como el resto de la familia, entonces no es para ti. Debes aprender a identificar las señales que te dicen absolutamente todo,” ya eran barbaridades y tonterías, pero no pudo evitarlo, aunque tampoco quiso hacerlo. “No está permitido fumar aquí por obvias razones. Puede haber una embarazada o provocarse un incendio por alguna chispa perdida. Aunque sé que te encantaría que eso ocurriera,” entornó los ojos en su dirección. “Menos mal que me tienes a mí, para cuidar que nada malo ocurra,” esbozó una sonrisa con orgullo. “Ya, ya, hay una zona especial para los fumadores de aquel lado,” señaló con la barbilla. “Pero aún no tienes permitido abandonarme,” advirtió con firmeza. Si ese fuera el caso, entonces se encargaría de seguirlo a través del salón. “Sé que no es así. Te encanta escuchar todo lo que digo, por más absurdo que sea. De lo contrario ya te hubieras dado media vuelta. Deja de engañarte a ti mismo,” lo señaló con el índice de la diestra antes de que la misma se aferrara a su propia cintura, adoptando una postura pensativa. “¿Qué tal Francisco? El de México,” no iba en serio, simplemente deseaba escuchar lo que su hermano tuviera para decir. “También está mi guardaespaldas. Siempre he pensado que es muy atractivo. ¿Tú qué opinas?”
El mundo está lleno de esas personas—nuevo comentario nacido de un realismo casi crudo y necesario, las diferencias de perspectivas entre el par se marcaban todavía con más ímpetu en aquel tipo de conversaciones que tranquilamente podían ahorrarse, mas nunca estaban de más— Uhm—una clase de gemido asqueado al oír aquel tipo de términos saliendo de los labios femeninos, silente respuesta en un inicio— Luz, oscuridad, por favor, a veces pareces salida de la línea al suicida...—decidió arrojar el comentario burlón que siempre se escondía debajo de la manga, develando una sardónica sonrisa. Asintió con suavidad, decidiendo aceptar aquellas palabras y no buscar un nuevo debate, al menos esa idea la compartían, la sangre sí estaba por encima de todo en algunos aspectos— Ya sé que cualquier jovencita deberá pasar por tu evaluación, sí—murmuró en tono ligeramente bromista, entrecerrando los ojos con suavidad en su dirección. Ojos en blanco y labios sellados ante aquel juego de palabras, algo de incredulidad pues a veces parecía seguir siendo la misma niña que lo molestaba en algunas tardes en el hogar, el espíritu infantil persistía— Ah, claro, pero seguro si sale de algún lado un buen partido tú sí podrías abandonarme, ¿huh? —indagó con supuesta sospecha y dramatismo, cejas enarcadas con notable suspicacia. Hombros encogidos, en el fondo bien acertadas eran esas palabras, pero darle el gusto tan sencillo de la verdad era algo que nunca sucedía — Eres mi única opción en este momento de desesperación—dramáticas palabras adornando el aire, lengua chasqueada y negativa por parte de su cráneo, la otra opción era someterse a conversaciones de monosílabos. El rostro fue cambiando poco a poco al oír los nombres masculinos despedirse, un nuevo trago, como si necesitara tragar la información, poco en serio se lo tomaba, mas eso no le prohibía bromear con algo de realismo de fondo— No sé qué tan bien salgan criaturas con Francisco, hay algo raro...—improvisación en estado puro, claramente—, en sus orejas, sí. —mas la negativa más notable fue cuando escuchó la segunda opción, de inmediato despedida por un sinfín de motivos — Te lleva mucha altura, pareces su hija, no una posible pareja, no, la verdad que tampoco tiene mi sí. —nuevamente negando, traicionado por una curvatura flamante, observó a la menor de soslayo.
athena-baisha:
“Descuida, yo estaba distraída.” Así había sido, sumida en sus propios pensamientos, nunca hubiese notado que otra persona se dirigía a su misma dirección. Observó su vestido y sacudió algunos restos de ceniza que habían quedado allí, formando una marca. “Tiene arreglo.” Prefería ver el lado positivo de las cosas, además, ya estaba decidida a abandonar aquella fiesta, razón por la cual la noche llegaría a su fin dentro de muy poco. Alzó el mentón, observando las facciones masculinas con algo de sorpresa. Bueno, él lo había dicho en voz alta, no ella. “Yo… no es que no la pasara bien, simplemente siento que no es mi ambiente.” Realmente prefería abstenerse de ofender a las personas que, con buena predisposición, la habían invitado a aquella velada. Sin embargo, en aquel lugar claramente desentonaba, era imposible tapar el sol con un dedo.
Asintió. Sí, esa era la palabra, distracción, hundimiento en mundos diferentes fuera del palacio de mármol y sus problemas de primer mundo en aquella velada interminable— Bueno, sentir que no es tu ambiente suena a un sinónimo de que no la estabas pasando bien, no sé—humedeciéndose los labios, percibió la esencia de nicotina en los mismos, necesitado de una calada más mientras vacilantes pasos se movían en dirección al borde de aquel balcón, los ojos continuaban puestos sobre la menor de todas maneras— ¿No te hacen sentir totalmente bienvenida una manada de herederos al trono? —cuestionó con un deje inevitablemente burlón. Lo preocupante era ser uno de ellos e igualmente sentirse un poco al margen de aquel evento y círculo de conversación, mas no le entregaría un desvelo a aquellas cuestiones— Podremos dirigir en el futuro una nación, pero creo que en el armado de fiestas fracasamos miserablemente—se atrevió a divagar, dejando viajar el sentido visual por el firmamento oscurecido.
nadivet:
Estar rodeada de tanta gente en un mismo lugar debía ser algo usual y corriente para ella, pero no cuando se sentía perdida. Extrañaba su hogar, ver a su hermana (que no tenía idea de dónde se había metido), sentir que conocía a la gente de su alrededor y que sabía por dónde pisaba. No era esa la sensación que tenía en aquel instante. Necesitaba un poco de aire. Con la copa de champagne en mano, fue hasta la salida con intención de tomar un poco de aire fresco en el exterior. Al cruzar la frontera que separaba el calor de los cuerpos pegados bailando y la sensación de aire chocar contra sus mejillas, llevó el borde transparente a sus carmesíes dándole un sorbo rápido, ladeando su rostro en dirección contraria para comprobar lo que dejaba atrás y, con suerte, que nadie más la observaba. No era muy educado beber de esa forma tan rápida, aunque la bebida no contuviera muchos grados de alcohol. Así fue como no predijo la figura que se postraba frente a ella, conforme avanzaba. El choque fue inmediato, y la sensación de quemazón en su antebrazo interior (culpa suya al haber elevado la copa para beber). Agradeció que la manga del vestido se hubiera deslizado con facilidad ante el movimiento y la gravedad, no corriendo la tela ningún peligro ante la presencia del cigarro contra su piel. “Merde” por suerte la copa no cayó, pero el dolor seguía ahí, latente. Ni reparó en observar a su intermediario. “Me quemaste. En todo caso me arruinaste la piel” declaró, aunque lejos de sonar realmente ofendida. Había sido un accidente, de eso estaba segura. Fue entonces cuando sí se permitió elevar la mirada; sus ocelos celestes conocieron los contrarios del rubio. “No sé qué tan buena idea haya sido la de escapar de allí, si me iba a encontrar con un castigo ardiente.” Empezó a soplar en la pequeña forma circular que el filtro había firmado sobre su dermis.
Los ojos recorrieron a la fémina, buscando el pequeño círculo rojo que tomaba posesión de su pálida piel, un chasquido de lengua que parecía una clase de disculpas sin vocablos verdaderamente pronunciados, es que no creía que repetir un perdón lograría ser acertado o necesario— Un poco dramático, ¿no crees? —cuestionó, una fina línea dibujada con su boca mientras hacía equilibro el cigarro sostenido — ¿Te merecías el castigo, entonces? —haciendo juego de las palabras femeninas y en uso latente de ironía, sus orbes claras se encontraron con la mirada femenina, irises de un color complejo de describir sin darse la chance de observación detallada—, porque de otro modo no entendería porqué el destino decidió que chocáramos. —concluyó, prestando suma atención en la acción llevada por la joven, una calada más siguió a la siguiente oración, vacilante por encima de todo—: Deberías echarle algo de agua, creo.
sarkisians:
Un pequeño empujó sintió la morena cuando salía de la fiesta, pues aquel ambiente estaba recargado y no era más de su agrado. Se disculpó nada más mirar a la persona, negando varias veces “ Oh, no, no ” dijo la chica, mirándose el vestido “ Estoy… estoy bien, simplemente quería salir un rato: demasiado ruido para mi gusto ” dijo la chica mientras paseaba sus manos por sus brazos, los cuales estaba cubiertos por un pequeño chal que intentaba hacer el papel de esconder los mismos del frío del momento: Realmente no había sido una buena idea salir sin un abrigo.
¿Segura? —cuestionó por simple inercia e intento de asegurarse que no había sido más que una alucinación de aquel pequeño empujón compartido. Asintió suavemente al oír la réplica, humedeciéndose los labios, parecía estar de acuerdo en sus palabras, el bullicio que se respiraba dentro de la gran sala podía hartar los oídos de cualquiera— Bueno, es lo usual en las supuestas fiestas, ruido de más y algún borracho haciendo escenas—pausó, con una fantasmal sonrisa— Aunque eso último todavía no haya sucedido—sería algo entretenido para ver, un poco de risa gratuita a costas de un tercero.
odrcgony:
“¿Pues… no?” frunció el ceño ante las aparentes sarcásticas palabras del muchacho, o al menos así es como Odette alcanzó a percibirlas. Sus orbes se clavaron por unos instantes en el cigarro que el otro portaba entre sus dedos para luego encogerse de hombros. “No me has quemado así que no debes preocuparte” y si su vestido lucía ahora una pequeña marca negra en alguna parte, cosa que desconocía, no le preocupaba en demasía ya que no muchos se percatarían de ello. Fueron sus últimas palabras las que sobresaltaron un poco a la austriaca. “¿Huh? ¿Se… se me nota tanto en la cara que escapé de allí?” cuestionó con honestidad.
Una clase de alivio logró hacer aparición al escuchar la respuesta negativa, se estaba salvando de un posible reclamo pese a que el rostro femenino emanaba cierta esencia pacífica y relajada. Una sonrisa al escuchar la incógnita, hablaba simplemente mirándose a sí mismo, creyendo que todos eran víctimas de aquel aburrimiento sin sentido— Un poquito en la mirada nada más—apuntó las orbes ajenas con el mentón, dando un paso para acercarse al borde de aquel enorme balcón de vista maravillosa y fascinante, casi lo distrajo de la conversación frágilmente entablada— O puede que lo perciba porque también me estoy escapando, quién sabe.
e-julian:
—Supongo que no. —sus hombros se encogieron, en su voz no había ningún rastro de preocupación. ¿Por qué la habría? Tenía dinero suficiente para imitar ese tipo de trajes. —Bueno, no me quemaste, no sé si le hiciste algo a mi traje… —chasqueó su lengua, restándole importancia a todo el asunto. Entrecerró sus ojos con ligereza, observando a su contrario y sin saber exactamente cómo responder a eso. Suspiró, negando pausadamente con la cabeza. —¿Huir por qué…? Es una fiesta, nadie huye de las fiestas. ¿Tú estabas huyendo?
Dedicándole una mirada a la parte que pareció haber sido implicada en el roce entre la punta del cigarro y el muchacho, elevó los hombros— Creo que no—aunque era claro el desinterés por parte del muchacho, se vio en la necesidad de comentar de todos modos— Bueno, fiesta es un palabra que le queda un poco grande al evento en cuestión—atinó a decir, francamente le encontraba poco espíritu a la cosa de ahí, pero puede que simplemente era responsabilidad de su parte, una perspectiva un poco cansada de lo típico de la monarquía— Sí, yo estaba huyendo, la verdad—respondió sin dilemas secundarios, dándole una calada al cigarro para fijar ahora la vista al cielo nocturno.
louyva:
Huyendo del bullicio que amenazó con alcanzarla si no se movía de aquel lugar, se dejó llevar por la rapidez con la que sus piernas se movieron en dirección desconocida. Primero intentó buscar lugares estratégicos que le permitieran observar en silencio, estar presente sin que su presencia llamara la atención. No deseaba que ojos curiosos se enfocaran en su persona, quería pasar desapercibida para poder tener un momento de tranquilidad. Oh, tranquilidad anhelada. Sin embargo, lo dicho con anterioridad no funcionó y tuvo que buscar una medida extrema para poder alcanzar sus deseos más profundos. Echando un vistazo por encima de su hombro con intenciones de saber si alguien la había visto huir de la escena, se movió con elegancia a través de los cuerpos que la empujaron al otro lado del lugar. Los pensamientos arremolinados en su cabeza se agitaron, preocupados, al su figura haber sido víctima de la torpeza de otra que desconoció en el momento. Sus labios se deformaron en una mueca de calor cuando el calor alcanzó una zona sensible de su cuerpo. En el instante no le importó el atuendo, ni su cabello y tampoco nada que estuviera directamente relacionado con aquellos aspectos. La mirada fulminante se paseó con lentitud, deseando dejar marcas como la que probablemente le quedaría a ella. “Me quemaste un seno,” podría resultar hasta gracioso para cualquiera que presenciara la escena. Para Lourdes no lo era, claramente. Empuñó las manos y tomó aire, deseando calmarse. “¿Te parece poco, gracioso o algo alejado de la tragedia que realmente es?” gruñó, observando a su alrededor.
Risa e incredulidad, una batalla de ambas emociones se formó en el interior, sin ganadores, pues el rostro simplemente se mantuvo al margen de gestos delatadores, manteniendo la mirada algo dudosa— ¿Va en serio? —mala pregunta, la mirada ajena parecía dispuesta a prender fuego a cualquiera que se atreva ir en su contra o cometer accidentes como aquel, propio de una escena televisiva de una comedia con final trágico para el húngaro— Me parece... gracioso, sí—seleccionó entre las opciones dadas por la fémina, achicando los ojos mientras el cigarro colgaba por unos momentos de entre los labios— Pondría agua si fuera tú... —decidió aconsejar, sin saber cuál era el grado de sarcasmo que asomaba aquel tipo de frases poco iluminadas que escapaban en momentos como aquellos, ligeramente tensos. Bajó la mirada a los nudillos huesudos marcados por parte de la muchacha, al elevar el rostro se vio dibujada una curvatura sobre la boca mientras apartaba el cigarro para darle una calada, una sonrisa que parecía no tomarse en serio el supuesto peligro que implicaría un movimiento por parte de aquella delicada mano.
dxkennedy:
Sonrisas casi amables e interacciones que le interesaban aún menos que el evento en sí: a eso se estaba resumiendo lo que iba de su noche. De vez en cuando, sus olivas se perdían en algún ente danzante que parecía dominado por el alcohol en su sistema, aún debatiéndose entre lo divertido y lo penoso, pero la atracción pasaba rápido y se veía nuevamente exasperado por encontrar una nueva entretención, que llegaba tan rápido como se iba. Ante su más nueva compañía, terminó excusándose en que había recordado la necesidad de realizar una llamada urgente a su país -siendo la diferencia horaria un buen aliado en estas situaciones-, y de camino a la salida interceptó un miembro del servicio, robándole una copa de vino. Bien, se rendía, era lo más que iba a resistir sobrio y sabía que faltaba un tiempo considerable antes de que fuese aceptable el retirarse del evento. Pasos rápidos, casi necesitados, hasta que el ruido disminuyó y de forma automática sintió un alivio. Un alivio falso, porque un choque, compañía y un comentario antipático aparecieron más pronto que tarde. Bufó de forma involuntaria. “Probablemente también mi vida y a una nación entera. Gajes del oficio.” Un tono que danzaba entre lo desesperado y lo irónico acompañando a cada palabra, después, un encogimiento de hombros. No solía ser así de hostil… no, mentira. Sí solía serlo, pero ahora todo parecía acrecentado, cortesía del cúmulo de personas, de lo poco partidario que era de asistir a fiestas y, vale, la mayor culpa se la llevaba la sobriedad que mantenía. Encontró más prudente ahorrarse sus comentarios para con lo último pronunciado, llevándose a los labios la copa de vino y dándole un trago mediano.
La lengua golpeteó el paladar en un gesto sarcástico, no podía esperar respuestas amables cuando aquel tipo de misiles abandonaba sus labios con anterioridad, la gente tenía algo llamado paciencia y el húngaro era especialista en agotarla antes del pasaje de unos minutos. Sin embargo, sonrió, entretenido con la respuesta dada por el dueño de cabellos oscuros, el país justo en la punta de la lengua— Mi padre también dijo que corría el riesgo de cometer tal atrocidad en este lugar...—pronunció de modo pensativo, apartando la vista de las facciones masculinas para que las mismas tomaran rumbo en el cielo oscurecido, con la soberana luna por encima de todo— No esperaba estar de acuerdo tan rápido—un pensamiento que escapó sin esperar que sea replicado por el muchacho. Se llevó nuevamente el cigarro a los labios, dándole una de esas caladas que llenaban los pulmones hasta el límite hasta sentir la necesidad de dejar salir el nubarrón grisáceo de sus labios.
thyra-blomqvist:
Veinte minutos sola, eso necesitaba la joven sueca. Tal vez, para algunos, verla con un cigarrillo entre sus dedos era toda una noticia, sin embargo, para sus amigos cercanos no lo era. Fumar cada vez que salía de fiesta se le había hecho una costumbre, aunque últimamente buscaba la forma de dejar aquel vicio ya que sabía que no era para nada saludable. Una vez que terminó, decidió entrar nuevamente al palacio para seguir con las conversaciones vacías y beber un poco más de alcohol si es que quería aguantar a toda las demás personas hablando estupideces. Estupideces que la rubia también decía para seguirles la corriente. Justo estaba por abrir la puerta cuando colisionó con el cuerpo ajeno, provocando que la sueca soltara un gemido de dolor al sentir como el cigarro le quemaba una pequeña parte de su brazo. “¡Ay, Dios!” fue lo primero que logró decir, apartandose rápidamente de él para clavar sus zafiros en la zona herida. Observó como la manga de su vestido también estaba arruinado, logrando que una mueca se formara en sus labios. “Me quemaste y arruinaste mi vestido, imbécil.” contestó, claramente enojada mientras apartaba su vista hacía el mayor.
De pronto se arrepintió de haber pronunciado tal disculpa, llegando a la barata conclusión de que la dueña de rubios cabellos ni siquiera le merecía dada aquella reacción tan típica. Casi se le escapó una risa, mas gracias a Dios llegó a tiempo para detenerla— Ah, sí, estoy seguro que lo primero que todos miraban de tu vestido era la manga—sílabas que emanaban serena ironía, muy lejano a la inicial manera de buscar saber que la muchacha estaba bien— Si dolió tanto deberías ponerte algo de agua—dio un paso más para acercarse al borde del enorme balcón, observando el prado verdoso y luego al lóbrego cielo que esa noche estaba haciendo un total espectáculo de estrellas.
anbiork:
Sintió dolor, pero no mucho, después de todo el contacto no había durado más de unos segundos y no completamente directo. Se acercó su brazo y observó la zona herida, aunque estaba segura no era nada grave incluso antes de verla–. Sólo un poco –respondió, por primera vez fijándose en el portador del cigarrillo con el que se había hecho aquella pequeña quemadura–. La estaba pasando bien, sólo necesitaba un poco de aire –explicó, siendo sincera. Había llegado a un punto de la noche en el que tantas personas juntas le hacían ahogarse.
Dejando que las orbes viajen en al pequeño círculo enrojecido que tomaba lugar sobre la pálida piel de la fémina, apretó los labios— Puede que un poco de agua le venga bien—atinó a decir, quizá dramatizando un poco las cosas, pero nadie lo podía culpar. Al oír lo dicho, elevó y bajó los hombros, llegando a la conclusión de que obviamente no todos debían sentir aquella sensación de incomodidad en los hombros como él— Sí, es una bonita noche, ¿huh? —mencionó de modo distraído mientras dejaba que los ojos se maravillen un poco con el cielo cubierto en delgadas nubes y un sinfín de constelaciones.
lordern:
Como era su costumbre, después de dar vuelta dentro de la fiesta para convivir con personas, se sentía fastidiado. Hasta su ropa le incomodaba, algo raro porque disfrutaba vestirse bien aunque su personalidad no fuese del todo educada. Mientras avanzaba hacia un lugar más libre tanto de espacio como de aire, desanudó el moño que adornaba su camisa y lo metió dentro de uno de sus bolsillos; en el transcurso de todo eso sucedió la colisión. Sintió el efímero calor de una quemada en su brazo, más bien en su saco blanco y se separó lo más rápido que pudo de la otra figura. ❛ ¿Qué tan importante crees que serias si arruinas mi noche con una quemada? ❜ Respondió, no estaba de buen humor. Sacudió su ropa, y luego, clavó la vista en el puro del masculino. ❛ Mejor que otros, sí. ❜
Adoptando un gesto pensativo, sostuvo el cigarro por unos segundos entre los dedos, dejando que el humo escapara por propio deseo— Pues sería lo más entretenido de la velada, tú serías muy importante para mí, me gustaría pensar que yo sería igual de importante para ti...—la comisura derecha se elevó suavemente, dejando al develo una sonrisa algo torcida, palabras poco serias que iban al ritmo de una personalidad condenada al desinterés habitual— Había muchas caras largas adentro, no quiero desde ya dar ganadores, pero...—la oración se entrecortó por la necesidad de una calada y la de un paso que lo hundía un poco más en las afueras, vista panorámica a la inmensidad del prado verdoso y al cielo oscurecido, astillado en pequeñas estrellas, tan incompleta que se perdió en el mismo aire, olvidada o simplemente innecesaria de terminar.
ireneberhardt:
La competitividad que la alemana poseía afloraba desde lo más profundo de su ser. No quería perder. Nunca había sido una buena perdedora y el hecho de que las ocasiones en que no se veía con la mano ganadora eran escasas, la había convertido en alguien que buscaba ganar a como diera lugar, aunque se tratara de un jueguito irrelevante para hacer de una fiesta algo casi escolar. La inspiración que suele dar el alcohol y una libertad de mente distinta a la usual no estaba llegando en ese momento, y no sabía si era por su entorno o porque, tal vez, necesitaba de una copa más. La presunción la llevó a pensar en su segunda opción. Abandonando el punto que había tomado un momento atrás, la rubia busca dar media vuelta y dirigirse de vuelta a la barra de licor, cuando su hombro golpeó el cuerpo ajeno. La postura, la figura delgada y esas facciones le resultaron familiares. La atención de Irene va hacia el arruinado papel, antes de decidir que las facciones del húngaro son un objetivo más digno de ser visto. —”Mala suerte Istvan”,— pronunció en un tono cantarín, ladeando el rostro para obtener un mejor ángulo de su interlocutor. —Eso ocurre cuando empiezas a beber antes de las 5 sin haber comido,—soltó la suposición, acomodando su cabello antes de añadir: —¿Tus habilidades sociales no están en su mejor momento?—
Elevó los hombros con una mueca dudosa— O puede que buena, una señal del destino que me diga que no debo jugar—decidió mirar desde el lado totalmente opuesto de la dueña de hebras doradas, buscando argumentos vacíos a una posible derrota prematura de sus ganas de sumergirse en aquella actividad casi de niños. Paulatinamente elevó la vista para encontrarse en un estudio rápido de las facciones femeninas, memorias algo evaporadas y fotografías visuales efímeras, una acuarela de una niña transformada en mujer y un acento reconocible para el oído— Prejuiciosa, mira tú qué sorpresa—ambas cejas se enarcaron para dejar aflorar aquellas palabras de ligera ironía asomando. Una nueva encogida de hombros, no se molestaría en esconder la falta de talento para sentirse cómodo en aquellas aguas multitudinarias— No tengo el encanto de mi hermana, desgraciadamente—una pequeña sonrisa surcó sus labios, piel que emanaba la esencia del suave licor consumido— Tú debes estar más preocupadas por funcionar como detective—atinó a decir, un simple comentario que apostaba más a la burla que a cualquier cosa.
kxsparr:
“Bueh, y yo que tenía que robar botellas de vino a los dieciséis. La suerte de algunos ¿o es que tu padre era alcohólico?” Y siempre termina pasándose de la raya. No conoce el filtro, ha aprendido a no hacerlo; los títulos le aburren y por eso se esmera en ver a todas las personas por igual, lo que significa encabronar y molestar a todos, sin importar el origen. “Deberías presentármelo, quizás así pueda tener una botella para mí todos los días. Paraíso.” Canturrea la última palabra mientras le da un sorbo a su vaso. “Y uno que pensaría que hijos de reyes tendrían más carisma.” Ríe mientras le mira; pese a todo, la intención de Kaspar no es mala, en absoluto, simplemente no encuentra ni las palabras, ni el tono adecuado.
Tómalo como el privilegio que tuviste de la etapa rebelde para llamar la atención—elevó los hombros con suma serenidad, igualmente dibujada en las facciones— No, no realmente, seríamos comida fácil para los medios de ser así...—mencionó con una pequeña sonrisa, en realidad el comportamiento del patriarca de su familia estaba siempre al ideal, siguiendo las reglas tácitas de la monarquía. Apretó la mandíbula al oír lo siguiente, algo parecido a una risa brotó con suma suavidad, pronto difumada por la intención de concluir el trago en un rápido sorbo— Lamento no cumplir con dicha regla—fingida disculpas y el rostro ladeado hacia la derecha— A mí me dijeron que las escoltas eran más calladas y no tan lengua larga, pero parece que nos mienten a los dos.
alinelvcija:
Fingió una leve risa al escuchar las palabras del rubio. “Que fetiches tan raros tienen ustedes los húngaros.” Hizo una pequeña broma esperando que el príncipe no se ofendiera pero fue él quien había mencionado los payasos. “Con unos tragos cualquiera se puede divertir.” Insistió la castaña pues nunca tomaba un no por respuesta.
La comisura derecha se elevó para develar una pequeña sonrisa, pronto desvanecida al momento de hablar— Esos y otros más raros, sí—siguiendo el hilo de aquel juego irónico, asintió a ritmo suave— Estoy en el intento de probar tu teoría—agitó suavemente la copa entre sus dedos en dirección a la fémina, aquella era la segunda copa de la joven noche, quedaba tiempo para ridículos momentos y liberación del humor poco accesible— Tú por lo visto ni alcohol necesitas.
La atmósfera pesada como los minutos antes de una tormenta, la incomodidad cosquilleando sobre la nuca, hormigueos de aburrimiento. Nada en el radar para mutilar aquella sensación de incomodidad más que aquel paquete de cigarros casi pidiendo con urgencia un rescata. Obediente, sacó un cilindro de nicotina y pronto lo acomodó entre sus labios, buscando alguna salida secundaria de la elipsis de charlas algo vacías y cuerpos girando en la pista de baile. La primera calada ya la estaba dando cuando se sentía el aire fresco acariciar el rostro, vista distraída en el manto oscuro que lo esperaba en silencio y soledad pura, por eso y otros factores como el ligero alcohol en sangre no notó una presencia secundaria, alguien que parecía entrar o salir, no tenía idea. La colisión fue involuntaria y lo que le preocupó fue el arma entre el dedo pulgar e índice, por eso maldijo— Eh, lo siento—no sonaba verdaderamente arrepentido o con culpa, para ser francos, hasta tenía un gesto irónico pintado en el rostro—, ¿te quemé, arruiné tu atuendo, tu noche? —pausa suave para darle una calada al puro, un momento de silencio mientras estudiaba a su compañía— Aunque si estabas huyendo de ahí también me imagino que no la estabas pasando tan bien. —hablaba de él mismo en tercera persona y no lo notaba, qué entretenido.