2 Octubre de 2011, Domingo
Era bastante aburrido, por no decir que casi hubiera preferido una encantadora velada con Olaf. Bueno, a decir verdad tampoco quería que lo matasen, no echaba nada de menos a su hermano. Sin embargo esa velada estaba puesto de conseguir lo con Luke lo que nunca había conseguido una buena bronca con su hermano.
Estaba en una fiesta donde nada era lo que parecía. Y era tan cierto como que él mismo se encontraba en esa exultaste sala llena de cara decoración donde las porciones de comida ridículamente pequeñas y exageradamente por encima del precio normal se paseaban en manos de camareros sacados del los catálogos de la lencería más final del universo.
No podia dejar de pensar lo aburrida que tendría que ser la vida de la gente que llenaba ese salón de baile para pensar que esa música, con esa comida y entre esas conversaciones pueden sacar algo. Desde luego Luke estaba seguro, que no iba a ser diversión. Dinero, prestigio, una novia nueva o algo así, pero nunca diversión.
Ese lugar era muchas cosas y nada de ellas encajaban con él. Ni una sola.
¿De verdad esperaba alguien que un chavalín de 16 años estuviera chapurreando sobre comida que no le gustaba o sobre su siguiente viaje al parque de enfrente de casa?
Pero era lo que le tocaba.
Miraba a Mitch, su padre de acogida. Era un tipo algo presuntuoso en ocasiones. Pudo verlo desde el primer día que lo conoció. Su barba rubia bien arreglada, su pelo perfectamente cortado en una melena, su forma de hablar, sus gestos con las manos. Aún con todo eso no imaginaba que fuese ese un lugar donde Mitch se desenvolvería bien.















