
@theartofmadeline
🩵 avery cochrane 🩵
Cosimo Galluzzi

blake kathryn
Monterey Bay Aquarium
Claire Keane

Jar Jar Binks Fan Club

ellievsbear

No title available
noise dept.

oozey mess
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open

Discoholic 🪩
macklin celebrini has autism
Xuebing Du
Doug Jones

Origami Around

titsay
$LAYYYTER
Sade Olutola
seen from United States

seen from United Kingdom

seen from United Kingdom

seen from Austria
seen from United Kingdom

seen from United States
seen from United States
seen from Mexico
seen from Malaysia
seen from Palestinian Territories

seen from United Kingdom
seen from United States
seen from United States
seen from Malaysia

seen from Malaysia

seen from Philippines

seen from United Kingdom

seen from United States

seen from Spain
seen from Germany
@ivonnexxous
But the Stars are not gods, they say; they are just lost children, as we all are.
The Orphan’s Tales: In The Night Garden, Catherynne M. Valente (via theodckrs)
She dreams more often than she sleeps.
(via kaliforhnia)
El sonido de sus zapatos chocando con el suelo llenaba el vacío que se presentaba ante sus ojos. El silencio se adueñaba de cada pasillo que transitaba. La fiesta de San Valentín parecía haber acabado con los estudiantes, quienes se escondían de las responsabilidades en sus habitaciones. Un paso más y sintió como su tobillo se doblaba, obligándola a apoyarse en la columna más cercana. Uno de sus tacones acababa de romperse por completo. Resopló, sintiendo una ola de enojo invadir su cuerpo. Eran los últimos zapatos de marca que quedaban en su closet, los únicos que no había tenido que vender. Con un movimiento en seco, arrancó el tacón roto y se volteó con su mano en alto, dispuesta a tirarlo lejos, queriendo descargar toda aquella rabia que acumulaba en su interior. Una persona frente a sí interrumpió su arrebato. “No es lo que parece.” Se apresuró a aclarar, suponiendo que daba la impresión de ser una persona desequilibrada, a punto de atacar a su víctima con un pedazo de zapato.
Había salido con rapidez del comedor de las instalaciones universitarias, debido a que había olvidado su billetera dentro de su habitación -y obviamente- sin dinero, poco podría conseguir para alimentarse como era debido. Caminaba concentrada solamente en su único deber de ir y volver con el objeto olvidado, intentando permitirle a su mente torturarla con diferentes pensamientos que pudieran preocuparle más de lo que ya lo estaba, y así había permanecido toda la semana, evitando pensar y concentrándose en pequeños detalles, distrayéndose. Fue de un momento para el otro, y no pudo percatarse de lo absurda que era la situación, había ignorado por completo todos los sucesos anteriores, por lo que cuando se topó con la cobriza, fue cuando la misma parecía voltearse con ferocidad intentando abalanzarse hacia ella con aquel objeto filoso y puntiagudo envuelto en su puño. Los ojos de la latina se cerraron con fuerza y se encogió en su lugar ante los violentos movimientos contrarios, cubriéndose con rápidez la cabeza y quedándose petrificada, con el solo movimiento de su temblor. Tal como un animal victimizado cuando un dueño levanta la mano, y acostumbrado a ser castigado se agacha con la cola entre las patas; débil e indefenso. No se atrevió a abrir sus ojos, y el susto que recibió le cortó las vías respiratorias dejándola con la sensación de no saber respirar, la taquicardia no demoró en aparecer y para cuando abrió sus ojos con temor, las lágrimas ya habían empañado su vista, incluso cuando reconoció el rostro de la rubia y supo que se trataba de ella, el temor seguía teñido en sus facciones.
(( &. FLASHBACK )) El descontrol se había adueñado del boxeador, haciéndolo más desesperado e inexperto, puesto que era incapaz de medir sus movimientos ya que a pesar de que todo estaba pasando muy rápido, se sentía frustrado de que las habitaciones no estuviesen lo suficientemente cerca. Su cuerpo se apegó al de la muchacha, haciéndola sentir la erección que se había formado bajo su pantalón, haciéndole ver que no podría controlarse mucho más tiempo. Se encontraba al borde de la locura y su cordura ya no tenía fuerzas para seguir luchando contra el enloquecimiento del castaño. Gimió de pura satisfacción contra los carnosos labios de la muchacha, alzándola con suavidad del suelo para invitarla a rodear su cuerpo con las piernas. Su lengua se coló en la boca ajena, buscando la de ella para así comenzar una batalla intensa mientras que sus labios seguían moviéndose como si la vida se le fuera en ello. Intentó presionarse más contra el cuerpo de la muchacha, maldiciendo la ropa, el frío y la distancia que aún quedaba por recorrer para llegar a las habitaciones. Tampoco había algún armario de útiles cerca. Sus manos se deslizaron desde su cintura hasta su cadera, apretando su trasero una vez que sus dedos pudieron saborear sus curvas. Era magnifica.
Bajó aún más sus manos, haciendo contacto con aquellos suaves y fríos muslos, queriendo meter las manos bajo su vestido y poder acariciarla con sus dedos. Reprimió un gemido ante tales imágenes que se le venían a la cabeza y tuvo que apartarse de su boca cuando notó lo frías que se encontraban sus piernas. Ni siquiera se había dado cuenta de que ella seguía con un simple vestido, desnuda ante el frío que podía congelar a cualquiera. Se alejó de ella, gruñendo de pura frustración cuando supo que era hora de alejarse puesto que no podía hacerla suya ahí mismo, mucho menos cuando se encontraban fuera, siendo víctimas del frío sin darse cuenta. La bajó al suelo con suavidad y se quitó la chaqueta, poniéndosela sobre los hombros para después cogerla la mano una vez más. “Tenemos que darnos prisa.” Y lo decía porque estaba a punto de explotar. Necesitaba poseer su cuerpo y besar cada centímetro que pudiera de aquella piel morena que parecía ser la más exquisita que podría probar. Comenzó a caminar con prisa por los pasillos, esperando que ella no tuviera problemas para seguirle el paso. Deseando poder teletransportarse para así poder evitar seguir perdiendo tiempo. Un tiempo que no podrían recuperar. Su mano apretó la de la joven con quien estaba, haciéndole ver su desesperación y frustración con aquel simple gesto, esperando que ella estuviese sintiendo lo mismo.
No quería admitir que estaba actuando más por impulso que con racionalidad, no estaba preguntando ni cuestionando sus propias acciones, pues de ser así no estaría besuquéandose con el masculino a la vista de todo mundo rodéandole con sus piernas expuesta al frío y crudo invierno canadiénse que comenzaba a erizarle la piel, si es que quería culpar al frío y no al tacto ajeno, claro. Siempre había actuado por impulso y nunca le gustaba arrepentirse de sus acciones, porque sí eso deseaba hacer, eso debía hacer. ¿Estaría mal? no tenía idea, no quería juzgarse en aquel momento, no podía ser algo malo con lo bien que se sentía. No se separó de sus labios incluso cuando sus pulmones lo exigían, deseando una bocana de oxígeno y reprimiendo los jadeos de su caja toráxica contra la boca ajena, no se había visto a si misma tan entregada a una situación hace mucho tiempo, dejando actuar por sus instintos sabiendo -por la protuberancia ajena que chocaba contra su propio cuerpo- que él estaba disfrutando de la situación tanto como ella; se sorprendió cuando sus pies despegaron el suelo, pero sin problemas encontró la forma de rodear su cadera con sus piernas, apoyándose contra la fría pared que amenazaba con arrancarle la piel de la espalda y buscando el calor que el cuerpo de Nathaniel desprendía a toda costa, sintiendo un breve alivio bajo el tacto de las palmas de sus manos sobre la extensión de sus piernas, y mucho más, segura que gracias a su postura su vestido debía de parecer más una camiseta que lo que verdaderamente era. Se fundió en aquel beso aviolentado sin chistar, luchando por ganar el mando incluso cuando él llevaba la delantera, no opuso resistencia cuando la lengua ajena le invadió, si no que batalló con ella con una desesperación alarmante, que parecía desvanecer cuando los labios ajenos la abandonaron y la contemplaron con una preocupación que le dejó algo descolocada. Intentó recuerar el aliento y cuando la bajó al suelo, sus manos se despegaron de la anatomía contraria para dejar las telas en el lugar debido, contemplando en todo momento las pupilas ajenas buscando respuestas que ya sabía de ante mano, y ante su apuro, enrredó sus dedos a los suyos y le siguió el paso a todo andar. "Yo tengo todo el tiempo del mundo." se burló ante el apretón de manos, pero no quería jugar con su paciencia, porque ella estaba igual que él, y sabía que eso estaba claro.
Un bolso lo suficientemente pesado como para ser cargado con ambas manos; las instrucciones le prohibían abrirlo hasta que estuviese a solas en su habitación; de camino a ella, podría jurar que estaba trayendo un cadáver dentro de esa especie de maleta, sin embargo, la sorpresa se la llevó cuando el contenido empezó a aligerarse: observó hacia atrás, todo el pasillo decorado ahora con revistas pornográficas, preservativos, juguetes lo suficientemente indecorosos para cualquiera que los viese, y hasta algunos paquetes de muñecas inflables. Sus ojos rodaron con fastidio, fijándose en un rostro particular que arribó al mismo corredor. “Todo esto tiene una explicación” se apresuró a decir, una sonrisa aumentó su irónica expresión. “Pero te agradecería muchísimo si me ayudaras a recoger esto antes de que más personas empiecen a verlo y se haga un escándalo por ello” y es que si tomaba su teoría de que la universidad simulaba ser una secundaria, varios estudiantes serían en demasía infantiles al respecto.
La fiesta de San Valentín había pasado, y consigo se había llevado todo aquella sensación de celebración y alegría, pero había dejado sus notorias consecuencias en más de una carita dentro del campus de la Universidad canadiense. La latina acababa de salir de una de sus últimas clases cuando se adentró en el pasillo, y este último para tratarse del último día de la semana se encontraba totalmente vacío, o eso pensó hasta que sus ojos se encontraron con una silueta, cargando un bolso. Dedujo que estaba pesado por la fuerza que ejercía sobre la carga. Cuando el bolsó cedió, cayendo al suelo y desparramando su contenido al pasar y dejando visto todo lo que contenía, las pupilas curiosidad de la mexicana contemplaron los objetos ajenos con cierto pudor, evitando preguntar cualquier cosa que su mente estuviese formulando. "Detente." frenó, avanzando en dirección al masculino y sus artefactos y negando no solo con la cabeza si no también con las manos. "La única explicación que encuentro para esto es que estes a punto de abrir un Sex shop." murmuró, antes de ayudar a Ville a levantar todo aquello del pasillo.
La fragilidad de su memoria le había jugado la segunda mala pasada del día. Había hecho lo posible por ignorar la presión de una fuerza invisible sobre su cráneo y había terminado por seguir el consejo de su hermana de tomarse más de una pastilla que lo habían dejado postrado en la cama, con el rostro incrustado en la almohada y sin noción alguna de las horas que transcurrían con una tranquilidad ignorada. Se despertó a eso de las seis y veinte, percatándose que no había alcanzado a asistir al taller de música —una vez más—, y que posiblemente, su castigo sería quedarse afinando los instrumentos de cuerda. Dicho y hecho; el profesor lo fulminó con la mirada en cuanto puso un pie en el salón, y le indicó los instrumentos sin siquiera decir una palabra antes de marcharse. De mala gana, tomó el violín más preciado del salón y dejó que las yemas de sus dedos tantearan el grosor de la cuerda, escuchando luego un sonido seco proveniente de la puerta. Ni siquiera se molestó en girar sobre sus talones. “El taller ha terminado.”
Después de las celebraciones de San Valentín, todo parecía haber vuelto a la normalidad. Milena la había regañado una y otra vez, Mariana no hacía más que burlarse de la borrachera que la latina había sufrido por inexperiencia, y Maite era la única que parecía comprender su desgracia. Aún cuando sabía que debía de haber montado un escándalo y habría atormentado a más de uno, hacia lo posible para no estresarse demasiado por ello, ya nada podía hacer más que lamentarse y tener precaución la próxima vez, sí es que habría una próxima. Querría ahorrarse el dolor de cabeza, la resaca, las lagunas mentales que sufría y los constantes planteos sobre el típico '¿qué pasó ayer?'. Y como todos los días de su rutinaria vida académica, avanzó por el pasillo y se adentró al salón de música, buscando allí a una de sus compañeras de curso para devolverle unos apuntes, pero encontrándose con el salvador de la noche de san valentín en la que casi termina tirada en alguna cuneta. "Oh..." musitó a sus espaldas y estuvo segura de que toda la sangre de su cuerpo se concentró en su rostro, imaginándose la verguenza que suponía y las cosas que habría parloteado fuera de sí. "Tendría que disculparme contigo, supongo.." añadió, suponiendo que por su tono de voz y su acento particular, el hermano de su amiga sabría que se trataba de ella.
Con un suspiro desbordante de exasperación, dio media vuelta para encarar a los presentes en el lugar luego de haberse percatado de la ausencia del bolso con ropa que había dejado sobre una de las bancas. Su rutina de crossfit había culminado hacía escasos diez minutos y había decidido tomar una rápido baño en las duchas del gimnasio, más nunca llegó a considerar que sería víctima una vez más de una jugarreta como aquella. La última había sido cortesía de sus compañeros de equipo. Ahora, no tenía ni idea. “Muy bien, ¿quién fue el graciosito, eh?” Exigió saber, dirigiéndose a nadie y a todos al mismo tiempo. La incomodidad no tardó en presentarse en su cuerpo tras ganarse la mirada de varias personas.
Tenía un buen rato observando la práctica de crossfit, no sabía muy bien porque seguía allí como espectadora cuando el aburrimiento comenzaba a consumir cada parte de su organismo al punto de sumirla en un estado somniolento. Ivonne no era fanática de los deportes, ni mucho menos sabía mucho sobre el tema, y por ello se frustraba con facilidad. Cuando todos estaban distraídos, vio la ocación perfecta para jugarle una broma a uno de los masculinos que era parte de la rutina, al menos al único que creía conocer como para no terminar metida en problemas. Cogió el bolso del muchacho y después de esconderlo bajo de las gradas, lo tapó con sus piernas para que no pudiese verlo. Cuando terminó la rutina y el castaño volvió en busca de sus pertenencias, algo incómodo al no encontrarlas estando expuesto al mundo sin su camiseta, Ivonne le contempló con su mejor actitud de desentendida. "¿No tienes frío Jer?" preguntó, con fingida preocupación. "¿Quieres qué te preste un abrigo?"
El silencio reinaba en la biblioteca de la Universidad ( tal y como debía ser ) mientras unos pocos alumnos se concentraban en sus libros, casi metiendo las cabezas dentro de los mismos en un intento desesperado por incorporar conocimientos necesarios para sus clases y exámenes. De vez en cuando el eco de una página rasgaba el aire y bolígrafos haciendo garabatos se oían a la distancia. Un ronquido, un golpe y pasos abandonando la biblioteca distrajeron a Britta de su cuaderno de apuntes. Literatura francesa no tenía nada que ver con Pedagogía y entre párrafos se preguntaba si había sido una decisión inteligente regresar a la Universidad para cursar una nueva carrera. Pero antes de que pudiera encontrar respuesta alguna un estruendo la hizo brincar en su silla, volteando posteriormente para ver a una persona que yacía en el suelo junto con todos sus libros. Los labios de la francesa se separaron en un intento de formular la pregunta usual: ¿Estás bien? Sin embargo, su voz nunca hizo acto de presencia. Se limitó a acariciar la tela de sus guantes una y otra vez, recordándose internamente que le era imposible ayudar sin tener que tocar.
No supo como ni en que momento terminó sentada en el suelo, ni tampoco prestó demasiada atención en el estado de integridad de los libros que acababan de caerse encima suyo, estaba más preocupada intentando acomodar la falda de su vestido suelto evitando cualquier accidente, ¿por qué diablos aquellas cosas le sucedían siempre a ella? se preguntó una y otra vez, después de ponerse de pie sosteniéndose de una de las mesas más cercanas y acomodando su ropa -una vez más- para eliminar cualquier arruga o desprolijidad. Pudo entonces preocuparse por los libros, levantándolos uno por uno y apilándolos sobre la misma mesa que había sido su soporte, dándose cuenta de que tenía una espectadora y que además, estaba ocupando su mesa. "Dime por favor que no has visto mi ropa interior.." suplicó, alzando las cejas y haciendo un vago esfuerzo por esbozar una sonrisa.
Impaciente, búscalo en el diccionario, no tienen tiempo para perder ni regalar, no tienen deseos de reconciliación con nadie y mueren en las manos de sus impulsos, son fáciles presas para actos sin pensar, para golpearse siempre con una pared, aquí tenemos un ejemplo vivo de la especie, de los que prefieren expulsar la bilis por la boca antes de esperar.
Tiene la mala suerte de llevar algo blanco, entonces las manchas rojas de sangre (un poco propia, un poco ajena) se contrastan todavía más, tiene la boca lastimada, cortes en el labio inferior, el tercer puñetazo fue suficiente para romperlo, ¿pero qué importa? Son pocas las veces que la usa con cuidado, son menos las veces donde no escupe veneno, le hicieron un favor al mundo, a él mismo, ahora tiene una mentira para argumentar sus silencios. Y sus manos, que no conocen de ternura ni suavidad, son la prueba de cómo no solo los volcanes podían hacer erupción, de que el hombre civilizado es un mito, pensar que todo empezó por un codazo accidental le da ganas de sonreír, de no ser porque siente astillado cada milímetro de la cara, lo haría. Pero está muy concentrado en abrir ese maldito candado con aquel martillo, hacerse dueño de algunas gasas y algo para el dolor. Quizá alguien escucha los golpes planos y fuertes que laten y hacen vibrar, que escarban el aire, que quiebran con la paz del pasillo y de la enfermería, pero nadie escucha (ni escuchará) cómo su mente empieza a lubricar las peores ideas. Sus oídos sienten una presencia, sus sentidos, pese a ser de una persona magullada, algo andrajosa e inestable funcionan. “Dijo que venía en unos minutos hace tres horas.” y él está harto de mirar la pared blanca. No le mira, no se da vuelta, en su lugar da un último golpe y las puertas ceden.
Su cabeza no era el mejor lugar del mundo donde estar, no solía dolia como sí hubiese sido golpeada con fuerza si no que también estaba llena de pensamientos contradictorios que parecían estar a punto de desatar una guerra. Estaba bastante abrumada, quería escapar de aquella situación en la que su cerebro le había inducido y no sabía si se trataba por la cantidad de alcohol que había ingerido -sin darse cuenta- o por la falta de sueño que cargaba. Había avanzado por el pasillo principal, dispuesta a salir de las instalaciones cuando el estruendo comenzó a rebotar como un eco dentro de las paredes cerebrales, pensó que estaría alucinando pero cuando el sonido comenzó a aumentar conforme sus pasos iban avanzando, se dio cuenta que aquel ruido venía directo de una de las puertas, y como si no fuera lo suficientemente curiosa, abrió el pomo y asomó la cabeza para encontrarse con tal situación. "¿Qué?" cuestionó la latina, frunciendo el ceño y abriendo con totalidad la puerta, para así poder pasar una vez que el sonido cesó: el sonido de un martillo ¿era un ladrón? ¿sería un estudiante o un simple bandido intentando llevarse aquello? "Te has confundido yo no dije nada.. si no dejas de.. voy a... yo.." estaba nerviosa, claramente. Incluso cuando intentaba ser valiente, fuerte y segura, todos sus músculos se tensaban y comenzaba a temblar, la indefensa Ivonne salía a flote y todo era balbuceos y temblor. "¿Qué estás haciendo con eso?" inquirió, dudosa. Solo deseaba que el masculino volteara y fuera un rostro familiar y conocido, una persona que no pudiera hacerle daño.
Una sonrisa genuina se apropió de sus labios al escucharla, la primera desde que había visto a la muchacha en tamañas condiciones, sin nadie a la vista que pudiese tenderle una mano amiga ni tampoco alguien que se apiadara de su estado de manera indirecta. “No lo hago, simplemente fue un comentario al aire, ¿sabes? No me gustaría verte de esta manera, en ningún momento. Sé que tal vez no es instancia para prometer eso, pero mañana te lo preguntaré y tendrás que jurar que no volverás a emborracharte, por lo más sagrado que tengas.” Si bien su tono de voz estaba impregnado con cierto deje de malicia y también, burlesco, ciertamente sus palabras tenían un tinte sincero que pretendía mantener aquella promesa a flote. Ante sus siguientes palabras, le fue imposible no hacer una mueca de asco y sentir cómo todo su estómago se revolcaba. “Yo no quiero de ese estofado, muchas gracias.” Hizo una pausa, únicamente para alejar cualquier imagen mental de su cabeza. “¿Varios candidatos? ¿Podría saber el nombre de alguno, tal vez?”
"¿Por qué eres tan buena? deberías adoptarme..." murmuró en un arranque de sinceridad mientras recostaba su cabeza sobre el hombro de la fémina con total libertad, después de todo su cabeza comenzaba a darle punzadas y su estado no le ayudaba demasiado, incluso cuando se había tomado la medicina -que tardaría un poco en hacerle efecto- y lograría calmarle. Milena era una persona bondadosa y paciente, soportaba los berrinches de la latina hasta pareciera con gusto y la sacaba de su misera borrachera, segura de que si no tuviera su compañía estaría lloriqueando en los baños o en alguna situación bochornosa, prefería en su totalidad la tranquilidad de una charla y la comodidad que le ofrecía la chilena. "Mañana cuando despierte por favor dime que me porte como toda una señorita y te prometo hasta el cielo ¿vale?" parloteó, pasándose las manos por el rostro para contemplarle con un ceño algo fruncido, incluso cuando sus labios le delataban con una sonrisa enternecida. Seguramente no encontraría jamas muchacho capas de llegarle a los talones a la latina, pero sus intentos eran solo un tanteo de borracha y una manera de sacarle información sobre sus gustos, ese tipo de cosas que las chicas hacían siempre. "Estaba pensando en alguien como Ayden, o Ville.. pero Ayden es demasiado raro, y Ville demasiado cruel. ¿Y Elijah? demasiado idiota. ¿Callahan? demasiado verde.." parloteó, soltando un bufido.
Su respiración se encontraba agitada, su cuerpo tenso y sus labios deseosos de volver a apoyarse en los de ella. Quería saborear cada centímetro de su piel, quería marcarla como ningún otro lo había hecho y más que eso, quería disfrutar hundiéndose en ella, penetrándola como si el mundo fuese a acabarse mañana. Su boca se apretó mientras su mandíbula se tensaba ante las imágenes que inundaban sus pensamientos, logrando que la erección que ya se había formado bajo su pantalón aumentara tamaño. Entrecerró los ojos, intento enfocarse sólo en los ocelos de ella, pero era difícil no distraerse con sus carnosos y rosados labios o tal vez su mirada podía viajar aún más abajo, deleitándose con aquellos senos que se moría por besar y morder. En pocas palabras, quería devorarla. Estaba hambriento y la necesitaba más que nunca. Echó la cabeza hacia atrás, disfrutando de las caricias que ella le daba en la nuca, sintiendo que su piel se quemaba con cada toque que ella le daba, pero era un adicto a aquel dolor. Era una dulce droga que no lo dejaría en paz hasta que pudiera tenerla en sus brazos al cien por ciento. Su mano se movió por el cuello de la fémina, rozando la yema de sus dedos con su piel para entonces subirla y delinear su labio inferior con su dedo pulgar, el cual se encontraba de un tono más rojizo que lo normal por el apasionado beso que habían compartido previamente. No supo cuánto tiempo se encontró en aquel trance, mirándola como si estuvieran solos cuando en realidad había mucha gente a su alrededor y habían varios pares de ojos clavados en ellos. Asintió con la cabeza y le dedicó una pequeña sonrisa mientras volvía al mundo real y sentía, otra vez, la música colándose por sus oídos. “Venga, salgamos de aquí.” Musitó, cogiéndole con suavidad la mano para luego comenzar a caminar hacia la salida del gimnasio, ignorando si habían personas observándolos o no. Tampoco le importaba, lo único que quería era estar a solas con ella, poder darse el lujo de tenerla sólo para él, al menos por un par de horas antes de que el sol apareciera y rompiera cualquier tipo ensoñación. Una vez que salió del gimnasio, mantuvo el agarre de mano con la latina, sin embargo, no tenía idea hacia donde se dirigía. Se detuvo de pronto como si hubiese recordado algo, se giró hacia ella con ojos hambrientos y mandíbula tensa para entonces acorralarla en una pared y volver a aplastar sus labios contra los de ella. Preso de su necesidad, movió sus manos para apoyarlas en la cadera de la muchacha, una a cada lado, mientras su boca hambrienta volvía a devorar sus labios. Ya sin importarle si tenían espectadores o no, ya no le importaba absolutamente nada que no fuese sentir los labios de aquella morena contra los de él.
Desde el momento en que había unido sus labios con los ajenos se había dado cuenta y había confirmado las palabras que él mismo había advertido, toda su persona irradiaba peligro. Y debía haberse dado cuenta antes, incluso cuando le vio destrozado hundiéndose en el escape de las drogas, o cuando le repitió que terminaría quemándose con fuego, él le estaba dando señales que no hacían más que avivar su curiosidad, y ahora que estaba descubriendo todo lo que había oído no podía decir que se arrepentía en lo absoluto, incluso cuando sabía que iba contra sus propios principios, quería seguir adelante con tanta necesidad que le sorprendía de si misma ignorar todas las advertencias que se le presentaban. Se concentró en los ojos que la analizaban, y pudo jurar que sus pupilas se veían más oscuras de lo usual, como si intentara adivinar los pensamientos que rondeaban en la cabeza ajena, sostuvo el contacto visual sin problema alguno, deleitándose la vista con las facciones tan masculinas que en un principio había temido y ahora no podía dejar de desear. Deslizó su mirada hasta el tacto ajeno sobre sus labios, recordando la primera vez que había realizado aquel movimiento, segura de que aquella no había despertado cierto cosquilleo en su interior como ésta lo lograba. Toda su anatomía pedía a gritos que volviera a unir sus cuerpos, pero estaba en una lucha sobre humana por no arrancarle la camisa y contemplarle en su totalidad, intentando que su mente se conservara inocente antes de que cometiera alguna atrocidad. Se dejó guíar de camino a la salida, y una vez que sintió la brisa sobre su piel recordó el frío del invierno, que parecía haber olvidado ante el momento de calor que estaba experimentando, e incluso cuando la tmeperatura debía de rozar el bajo cero, Ivonne solo sentía quemarse. Estuvo a punto de preguntar a donde estaban dirigiéndose cuando el masculino frenó de golpe, encarándola y arrinconándola una vez más, esta vez contra la pared del gimnasio volviendo a adueñarse de sus labios. Incluso cuando le tomó por sorpresa aquella acción, no le llevó más de unos segundos reaccionar, respondiéndole el contacto con igual intensidad y ferocidad, tomándole de cada lado del rostro y estirándose sobre su propio eje para llegar con más facilidad a su destino, sintiendo que aunque podría morir de frío necesitaba deshacerse de su ropa y de la ajena, dejando en claro que su pudor había desaparecido. Violentó contra los labios ajenos, mordiendo uno de los delgados del mayor, como si intentara apropiarse de su boca como suya reclamando la acción que el mismo había hecho anteriormente dentro de la fiesta, y sin problemas dejó que sus manos descendieran por la anatomía contraria, marcando sus pectorales bajo su palma y descendiendo contra su abdomen. Parecía olvidarse que seguían bajo la luz de la luna.
No bien había terminado por colocar la botella en el centro de la mesa y lanzado una mirada rápida a las presentes, que no pudo evitar que una pequeña sonrisa se presentase sobre sus facciones. Sí, su mente divagaba en preocupaciones que tenían como protagonistas a terceros que hasta ese entonces aún no observaba, y aquello la mantenía terriblemente expectante. De todas maneras, esperaba paciente que sus preocupaciones se desvanecieran una vez que el amargo líquido descendiese sobre su garganta, olvidando así a los demonios que le atormentaban para poder disfrutar de la fiesta sin culpa alguna. Su pulso se aceleró de manera inesperada y lanzó un sonoro suspiro luego de escuchar a las muchachas. “Ese es un muy buen punto, tenemos una batalla ya ganada.” Se encogió de hombros, relajando suavemente sus facciones antes de enterrar su espalda en el respaldo del sillón. “Bastante fuerte, o eso fue lo que me dijo el bartender. No lo sé, no pregunté demasiado porque habían más chicos que querían hacer su pedido.” Comenzó a explicar, arrastrando su vaso hacia la mayor, quién al parecer, tenía la riendas del asunto. ¿Quién pensaría que sería su propia prima la encargada de llevar a ambas menores por un camino sin retorno? “Por favor, mantén tus bragas en su lugar.”
Sin dejar de prestarle atención al parloteo que las otras dos chicas mantenían, se dedicó a abrir la botella que se encargaría esa noche de embriagar sus mentes con el afán de pasar un buen rato. Sabía que su asistencia al baile podía llegar a resultar un tanto absurda si se tomaba en cuenta que ninguna de las tres contaba con una cita, pero entre la fatiga ocasionada por tantas investigaciones, prácticas y exámenes que se había visto sometida a enfrentar durante las últimas semanas, el respiro que estaba tomándose al asistir al evento lo tenía más que merecido. “Es vodka, chicas. Tiene por lo menos un cuarenta por ciento de alcohol,” contribuyó entonces en la conversación mientras vertía el brebaje en los tres vasos con jugo de arándano que yacían frente a ella sobre la mesa. Que las chicas bebieran de la botella sin rebajar su contenido con alguna otra cosa era un riesgo que no planeaba tomar, pues si bien era ella quien les había incitado a aquello, tampoco iba a descuidarlas y llevarlas a la inconsciencia. “No sé ustedes, pero mi plan nunca ha sido mantener mis bragas en su lugar.” Sus dientes salieron a relucir en una abierta sonrisa luego de haber hecho tan descarado comentario y, tras pasarle su respectiva bebida a cada una, tomó su propio vaso para elevarlo en el aire. “¿Por qué brindaremos esta noche?”
La latina no era fánatica de las bebidas alcohólicas, en realidad no le agradaba en lo más mínimo la idea de estar borracha y mucho menos, el mal estar que le esperaría al día siguiente, pero con tal de seguir a sus compañeras era capás de terminar tirándose por la azotea -y aunque pareciera exagerado, así era- en ocaciones carecía de voluntad propia y personalidad suficiente como para decir 'no'. "Eso suena como un porcentaje alto, algo me dice que Maite y yo caeremos rápido." anunció y contempló la mezcla que poco a poco tomaba color dentro del vaso que ella misma había extendido. Sí bien les había comentado aquello bromeando, podía ver como discutían acerca del tema de terminar en la cama con alguien y sin muchos rodeos rodó los ojos, dedicándole unas miradas rápidas a las dos chicas que rodeaban la mesa. "No se tomen todo tan literal, tengo una caja de seguridad allí." se burló, alzando las cejas y haciéndose la santurrona, porque en el fondo si lo era, tenía bastante sin compartir un momento íntimo y no solía ceder a la primera de cambios. "¿Brindamos por ver quién termina ebria primera? ¿o quién pierde las bragas más rápido?" sugirió, elevando su vaso y contemplándolo con cierta curiosidad.
La americana tuvo que forzarse a sí misma a no poner los ojos en blanco tras la insistencia con la que su amiga presumía no ser víctima en esos instantes el alcohol, cuando tanto su postura como sus gestos y tono de voz delataban su estado real de ebriedad. El cariño que le tenía a la latina era inmenso, de eso no cabía duda, pero no se encontraba dentro de sus planes tener que cuidar de ella la noche entera sólo porque las copas se le habían pasado. Había asistido al baile con alguien más y sus intenciones eran regresar con su acompañante cuanto antes, pero tampoco podía dejar a Ivonne a su propia suerte. “Venga ya, no quiero tener que recurrir a la fuerza para quit… Espera, ¿por todas tus abuelas? ¿Cuántas abuelas tienes?” Se mostró tanto confusa como interesada, con el entrecejo arrugado. Sin embargo, sacudió su cabeza un segundo más tarde, rebobinando. “Eso no importa. Lo que importa es que tienes que dejar de beber. Vamos, dame ese vaso y déjame llevarte a que tomes algo de aire, ¿quieres? Es por tu bien.”
" ¡Roo!" pronunció, en un desborde de alegría que le inundó el interior cuando las facciones borrozas se clarificaron ante sus ojos y pudo distinguir el rostro de la castaña, intentó envolverla en un abrazo amistoso pero se dio cuenta de que tenía las manos ocupadas y terminó rindiéndose a las demostraciones de afecto, remplazando el saludo con una risa que no tardaría en abandonar sus labios para hacerse oír entre los acordes de la música que fuerte impactaba contra sus oídos. "¿Maternas o paternas? ¿las postizas cuentan? la abuela Beba, la abuela Chicha, la abuela Tota, la abuela Carmencita.. y está Graciela, pero esa es bis." parloteó, enumerando una gran cantidad de sobrenombres que no eran más que los apodos que los antepasados les habían otorgado a las mujeres a las cuales llamaba abuelas, algunas por sangre y otras por afecto. "Y los abuelos tam...¿qué? ¿afuera? ¿afuera?" inquirió confundida, frunciendo el ceño mientras se dejaba guiar, tropezándose con un par de figuras bailarinas."¿Dónde está tu San Valentín? yo estaba a punto de conseguir uno.."
Confieso que Ivonne es una cutie pie. — Desconocido.