Juntó sus cejas, un tanto confundido por las acciones y las castas carcajadas ajenas; incluso le iba a preguntar qué pretendía hacer con eso, por muy obvio que fuese. Sólo quería hacerse el tonto. Sonrió y arrugó su nariz, volviendo su expresión una gran mueca divertida, aquella que mantuvo incluso con sus ojos parcialmente abiertos—. Acabas de cumplir el sueño de mil y un fanáticas —sacudió su cabeza; no estaba sorprendido en lo absoluto. Sabía cómo podía llegar a ser el muchacho—. Me pondré romántico, prepárate.
Se encogió de hombros, una sonrisa de oreja a oreja en su rostro--. Lo sé, si. --Rió--. Pero no lo hice por ellas. --Y su voz volvió a bajar una octava, la mano que aún estaba en el rostro de Aaron acariciándole el pómulo con suavidad--. Lo hice porque... --Se agachó, para acortar la abismal diferencia de altura entre él y su amigo--. Deseo probar tus labios desde hace tiempos inmemorables. --Susurró luego, dejando un beso en el lóbulo de la oreja ajena antes de volver a su posición, su expresión transformándose de una ridículamente seductora a una risueña--. ¿Les dirás quién te ha inspirado o seremos un secreto, bebé? --Añadió la última palabra, casi como un pensamiento tardío, con un tono de voz burlón--.














