de decisiones mal aspectadas, la incertidumbre arrinconó pensamientos específicos a una distancia terriblemente larga de la convicción irracional que lo desvinculaba de otras áreas predominantes. desfigurando rostro en una blancura de intermedios confusos que manifestó la extrañeza del acto. quizás sus sentidos estuvieron apagados durante el cumplimiento de su pequeña labor, reemplazando cierta calidez por sombras comprometedoras; el agarre bloqueó cualquier fuente de escape. ‘’imposible olvidar una excusa tardía ——y me cuesta creer que no lo seas.’’ no tuvo ninguna descripción en particular respecto al hombre, le costaba leerlo: descifrar qué escondía detrás de esa brusca fachada que al parecer, nada más explotaba en su presencia al punto en que resultó fácil lastimarlo. ‘’dices que no eres rudo, entonces ——¿soy libre de suponer que actúas así debido a mí?’’ la pendiente de su nariz tembló a raíz del sonido alegre que aplastó labios, descendiendo mirada justamente cuando la presión evaporó la diversión subyacente en su tono de voz. ‘’cierto, para no conocerte he creado una imagen de ti bastante interesante.’’ agachó la cabeza, riendo como una distracción al dolor que dejaba. estaba seguro que obtendría un rojizo pese a su imperturbable comportamiento. ‘’no dudo que puedas serlo, mas no conmigo.’’ entreabrió labios, asomando punta de la lengua para humedecerlos en lo que reconoció un gran halago que eclipsó ausencia de fuertes dedos ‘’gracias, aunque pienso que eres excelente en ese campo.’’ le mostró el moretón que florecía en su muñeca, estando más cerca de él que minutos antes. no estaba del todo seguro lo que deseaba lograr y aún así, se encontró con su mirada. ‘’un rato agradable, al otro, ni tanto ¿eres así con todos o solo conmigo?’’ interrogó, haciendo un sonido incrédulo con la garganta. ‘’mierda, ahora tengo curiosidad.’’
Lejos estaba su intención de querer hacerle daño a través del agarre, nunca había sido violento con quien no merecía tal acto. Mas podría culpar su mano, jodida de hace varios años e incapaz de ser controlable. La fuerza se disfrazó tras el dolor y quizá al final, perdió la cuenta de la intensidad que estaba manejando. “¿Siempre eres así de bueno con las palabras?” debía reconocer que se le daba bien el diálogo y la provocación, pero en él yacía el desconocimiento habitual de la verdadera personalidad del menor. “Ese es el problema, la gente insinúa demasiado rápido que me importa lo que crean y que soy descortés por no responder a sus expectativas” cansado estaba de las etiquetas y la falsa esperanza que debía responder con firmeza a cada una de ellas, cansado estaba de la figura paterna que día a día desfiguró su personalidad al punto de la indiferencia. “No seas absurdo” soltó, con los ojos virándose en blanco ante aquella suposición “¿o me dirás que una respuesta positiva te hubiese alegrado?” y las emociones ajenas le confundieron a tal punto, la descortesía no la consideraba una cualidad que generase alegría, mas había recibido más halagos diciendo insultos que disculpas. “Sólo soy yo, Kohwi, pero no te culpo si quieres pasar a llamarme el rudo, sin modales y ¿qué más era?” acudió a la memoria, pero los adjetivos se le confundían con facilidad pues poca intención había prestado a ellos en su primer encuentro. Ahora, la curiosidad le mantenía atento y mentiría si dijese que conocer qué imagen ahora yacía en pensamientos ajenos, no le atraía. “Qué tan interesante es esa imagen para que a pesar del daño sigas parado aquí” y no pudo evitar cuestionar los sucesos, viendo ahora la muñeca que no tenía intención en principio de dañar. Presionó y liberó su puño, aliviando el malestar que comenzaba a convertirse en dolor y sus disculpas escaparon, nefastas, mas la intención estaba presente “no tengo buena movilidad en mi diestra, consideraré no tocarte la próxima vez” aseguró, proponiendo sus propias palabras como un reto a cumplir. Un desafío que le limitaba el libre albedrío que acostumbraba a seguir. “Deberías saber que la curiosidad mató al gato y para presumir de educación, mierda no es una palabra que esa boca diría” regañó, trayendo las palabras ajenas como un arma de doble filo en aquella conversación. Humedeció sus labios, sintiendo la cercanía ajena como una provocación a su paciencia. Pero esta vez no se sentía molesto, nunca se había sentido desde un comienzo y era un hecho que le había permitido al menor hacer cosas que nunca antes había pensado. “¿Eres así tú con todos o sólo conmigo? Empiezo a preocuparme de que te guste más lo no agradable” y sus claras orbes café buscaron la mirada ajena, como si pudiese ser capaz de leerlo “¿no tienes miedo de jugar con fuego y quemarte?”