mejor es un día en Tus atrios
“¡Cuán amables son Tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. […]
Porque mejor es un día en Tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.” Salmo 84.1,2,10
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¿Has estado en lugar en el que sientes realmente bienvenido y cómodo? ¿Un lugar donde no tienes que fingir u ocultar quién eres? ¿Un lugar donde eres aceptado e invitado a participar en la comunión con el resto de las personas? Probablemente ese lugar puede ser tu casa, o tu iglesia, o en una reunión con amigos. ¿Qué tal si te digo que hay un lugar mucho mejor que todos esos en los que nos hemos sentido realmente libres?
El salmista que escribió el salmo 84 pudo vislumbrar ese lugar, y ese lugar es el lugar donde Dios está. El salmista se refiere a los atrios de Dios, a Su morada, aquel lugar donde Dios habita. El salmista lo expresa de una manera muy especial: ¡cuán amables son Tus moradas!
¿Qué significa que una morada sea amable? Es un lugar donde somos invitados a alabar y reconocer quién es Dios. Una vez que el salmista declara esa verdad sobre el lugar donde habita Dios, Su alma anhela ardientemente ese lugar y, por consecuencia, nuestro ser busca alabar a Dios.
Para el pueblo de Israel, esa representación donde Dios habita era el templo de Jerusalén, como hoy para algunas personas puede ser la iglesia local. Sin embargo, algo maravilloso que Dios nos permite ver a través del nuevo testamento es que nosotros, nuestro cuerpo, puede ser también la morada de Su Espíritu, nuestro ser como lugar donde habita Dios, Dios con nosotros. Es por eso que tenemos esa grandísima oportunidad de habitar con Dios y alabarle constantemente, literalmente en todo momento.
Hoy quisiera orar para que aquellos que están enfrentando soledad, puedan encontrar refugio en Dios, y puedan declarar: ¡cuán amables son Tus moradas, oh Señor! Que el Dios del Universo habite plenamente en nosotros y en medio nuestro por siempre.











