¡Ten!, me dijo con ese tono de rabia que denominaba su actuar cada vez que la sacaba de sus casillas. Un cigarrillo de color verde olivo sale a relucir entre sus amarillentos y ancianos dedos, otra sobredosis de la mezcla perfecta entre tabaco y las extrañas hierbas de la Nana.
Sabes Lucía, no te dejes, la familia convencional no existe, esa de los cuentos de hadas con un papá y una mamá, que lindo sería si fuera asi en todos los casos, pero no, ahí estamos los que aguantamos hasta que la vida se nos va y cuando ya nos damos cuenta es demasiado tarde, cada segundo viviste esperando el amor del padre de tus cabros, y cuando llegaba del trabajo de campo, abría la boca pa pedir nomás, porque pa eso era bueno, o pa gritarle a tus cabros, que se callaran porque hacían ruido, y si no, les pegaba hasta que les salieran sarpullido a los pobres, luego ahí una los consolaba y los metía a la camita pa que durmieran, la vida es dura si, pero sabes es hermosa. Mija, aferrate a lo que sabe hacer, que la mujer no vino a esta tierra a puro criar, pinte mija, escriba, baile, y por sobre todo viva, bien lejitos de los hombres esos, los que amarran y sin darte cuenta pareciese que a una la yerran.