Durante años deseé llevarme bien contigo así como me llevaba con mamá.
Durante años traté de ser la hija perfecta y cumplir tus estándares, agachando la mirada cada vez que me gritabas sin justificación.
Durante años soporté faltas de respeto de tu parte, porque “eres mi padre y así debía de ser”.
Pero llegó un día en el cual te grité cómo me dolía y sólo me culpaste a mí, diciendo que yo era el problema. Aún cuando intenté arreglar cosas de las cuales yo no tenía culpa.
Supongo que me rendí contigo, pero desde ese día, logré algo que nunca pudiste darme; estabilidad y paz mental.















