No lamentes mi ausencia, ahora tiene vida propia. Deberías celebrar tu liberación. Mis cuadernos se olvidaron de ti, tal como lo deseaste ayer.

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No lamentes mi ausencia, ahora tiene vida propia. Deberías celebrar tu liberación. Mis cuadernos se olvidaron de ti, tal como lo deseaste ayer.
Espíame mientras mis ideas estén centradas en ti y las velas se encuentren prendidas. Hazlo despacio como quien observa una construcción. Con la delicadeza de quien trasplanta un brote. Sin certezas de su florecimiento, aunque confiando en su destino. - Camila García Goyena Isuregui.
Hay un cajón en mi armario que espera lo llenes de vos, con tu perfume a libertad.
Pero tus ojos miran otros armarios y tu perfume no irradia en mi dirección.
Quizá en tu hogar también hayan lugares vacíos esperando alguien más.
Me he distanciado hasta de mis letras, ellas también me alteran. Supongo es la utopía quien me frena. Habito lugares ocultos por temor a la entrega. Aquí se ve liviano, pero pesa demasiado. Ya no puedo aparentar bienestar de porcelana, mi cuerpo no tolera falsedades, ni siquiera bien intencionadas.
Enredadas en sus faltas
buscan consuelo en la desgracia ajena.
Divertidas en su manipulación
obvian el karma que las acecha.
Miran atrás y se rien de sus consecuencias.
Dan la vuelta a la manzana
y se encuentran con sus deudas.
- Camila García Goyena Isuregui.
Mareado de tantas vueltas
mira desde lejos.
Como si mi cuerpo no gritara
su presencia a kilómetros.
Dudoso de amor
se ataja en su ego.
- Camila García Goyena Isuregui.
Limité mis pitadas a tu llegada,
confundida entre deseos,
buscando consuelo en tu mirar,
ese que se halla perdido,
como el tiempo que dejamos ir
de la mano de la inocencia de nuestro andar.
- Camila García Goyena Isuregui.
Escondida entre letras
espera el contacto.
Desnutrida tras la escases
de su plato favorito,
habita una anemia.
. Camila García Goyena Isuregui.
Reencuentros de fuego,
latiendo entre llamas,
rozando la combustión.
Asustados en sus brazas
persiguen la contraria,
Ignorantes de su
orbitar en el mundo.
-Camila García Goyena Isuregui.
Presente
No es memoria lo que hoy camina por las calles, es una herida que aprendió a hablar.
Argentina no conmemora: Argentina recuerda con los dientes apretados. Recuerda como se recuerda lo que no terminó de irse, como se recuerda lo que todavía respira debajo de la tierra.
Porque hay nombres que no se enterraron. Hay cuerpos que no volvieron. Hay madres que no dejaron de buscar ni cuando el mundo les pidió silencio.
Y hoy… cincuenta años después, el pasado no se queda quieto.
Late.
Late en cada paso que golpea el asfalto. En cada garganta que grita aunque tiemble. En cada mano que levanta un cartel como si fuera una forma de no desaparecer también.
No es nostalgia. Es resistencia.
Porque hay algo obsceno en querer suavizar el horror. En querer explicarlo. En querer domesticar la memoria como si fuera un animal viejo.
No.
La memoria no se domestica. La memoria muerde.
Y hoy muerde más fuerte.
Porque no solo se llora lo que fue, se defiende lo que costó nombrar, lo que costó juzgar, lo que costó sostener cuando el miedo era ley.
Hoy no marchan solo por los que faltan. Marchan por los que están. Por los que vienen. Por los que podrían volver a no estar si el olvido gana terreno.
Y eso… eso es lo que no van a permitir.
Que alguien venga a decir que no fue tan grave. Que alguien se atreva a mirar esa historia y pestañear sin vergüenza. Que alguien intente negociar con el silencio.
No.
Hay países que olvidan para seguir. Argentina aprendió a seguir sin olvidar. Y eso la vuelve peligrosa para cualquiera que quiera borrar.
Hoy el aire pesa distinto. Hoy el grito no es metáfora. Hoy el dolor tiene dirección.
Y desde aquí —desde lejos pero no ajena— me sumo.
A tu memoria. A tu rabia. A tu dignidad que no se arrodilla.
Porque hay abrazos que cruzan fronteras y hay luchas que no necesitan pasaporte.
Y si algo queda claro hoy, es esto:
Que no pudieron con ustedes. Que no pudieron borrar lo que dolía. Que no pudieron domesticar la verdad.
Y que mientras alguien la nombre… mientras alguien la grite… mientras alguien la escriba con esta furia que no pide permiso—
nadie va a desaparecer otra vez.
—Hazel C.
Con mucho respeto… he tenido la fortuna de cruzarme con almas argentinas que no necesitaron explicación para revelarse.
No sé quiénes son en sus vidas, no sé qué historia cargan ni qué nombre les dieron al dolor… pero hay algo que no se puede fingir: la forma en que sostienen la memoria, la manera en que sienten sin pedir permiso, la dignidad con la que nombran lo que duele.
Y eso basta.
Basta para entender que vienen de un lugar donde el olvido no es opción, donde la historia no se archiva, donde la verdad —aunque incomode— se lleva en la piel.
Hoy no hablo desde lejos. Hablo desde ese vínculo invisible que se forma cuando alguien te enseña, sin decirlo, que hay dolores que no se negocian y memorias que no se sueltan.
Y desde ahí… me pongo de pie con ustedes.
Amarías esta piel
Esta piel tiembla todavía cuando la rozan, guarda memorias como cicatrices y miedos pequeños, escondidos, como lunares que nadie sabe leer.
¿Amarías esta piel cansada, que aprendió a buscar abrigo en la vida, que a veces se esconde tras sus propios silencios pero reconoce la calidez en un instante?
¿Podrías amar el otoño en mi piel, sentir cómo caen sus hojas despacio, cómo sus raíces profundas sostienen cada viento, cómo renace sin ruido y aún así se atreve a sentir, a temblar, a desear?
No soy verano, no prometo sol eterno. Soy la estación que se deshoja para sobrevivir, que conoce la lluvia, el viento y la penumbra, pero que espera… que alguien la mire sin querer cambiarla, que escuche sus silencios y abrace sus cicatrices como si fueran un mapa secreto de todo lo que puede dar, de todo lo que aún late bajo la piel.
—Hazel C.
Podría seguir esperándote,
tiempo tengo de sobra.
Pero escasea cordura en tu andar.
Y tienes al Diablo de terapeuta.
Aprendí a jugar, ganar, perder,
y a retirarme cuando debe de ser.
- Camila García Goyena Isuregui.
Aferrada a ese elefante azul,
de tamaño inmortal y ojos grandes.
Dicen que lo olvide,
pero no deja de mirarme,
lo percibo a leguas.
Los ladrillos de mi casa
se mimetizan con el vidrio.
Exponiendo mi piel
a su llegada.
- Camila García Goyena Isuregui.
De olvidos vivo,
de recuerdos muero.
Nutrida por la nostalgia
como quien se alimenta de aire
aprendí a funcionar.
Anémica de verdades,
carente de realidad.
- Camila García Goyena Isuregui.
Los espejismos distorsionaron
el aroma a equipo, distrayendo
a lxs insensibles.
El amor siguió caminando,
no paró ni a tomar aire,
seguro de su vereda.
Le adjudicaron la carta del loco,
esa entrega no se encuentra en
todos los arcanos.
Premiado en su verdad,
abre puertas en la incertidumbre.
-Camila García Goyena Isuregui.
Antología "Los fragmentos de un todo. Vol 2." (...) Camila García Goyena Isuregui.
Dice que no la esperen.
Hay quienes la creen atrás,
Y quienes la alaban delante.
Ella habita en su presencia,
distinta a la de aquellxs
que vigilan de tu a tu.
- Camila García Goyena Isuregui.