La Guerra Fría fue una etapa de tensión planetaria que comenzó tras la Segunda Guerra Mundial cuando la amenaza de un ataque nuclear parecía una posibilidad cierta. El mundo pendía del hilo debido a la peligrosa rivalidad de dos superpotencias: Estados Unidos (conformaba el Bloque Occidental) y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS, integraba el Bloque del Este), llamada simplemente Unión Soviética; era un país de dimensiones fenomenales (más de 22 millones de km2 de superficie) cuya sede era Moscú y se disolvió en 1991.
Una niña estadounidense de diez años, Samantha Reed Smith, alarmada tras ver el agravamiento del conflicto en una tapa de la revista Time e instada por su madre, le escribió en noviembre de 1982 una carta nada menos que al Secretario General del Partido Comunista soviético, Yuri Andropov.
Me llamo Samantha Smith. Tengo diez años de edad. Felicitaciones por su nuevo trabajo. Estuve preocupada pensando en la posibilidad de que Rusia y los Estados Unidos se involucren en una guerra nuclear. ¿Votará por la guerra o no? Si no, por favor cuénteme cómo ayudará a evitar una guerra. Esta pregunta no la tiene que responder, pero me gustaría saber por qué quieren conquistar el mundo o al menos nuestro país. Dios hizo el mundo para que viviéramos juntos en paz y no para pelear.
La carta fue editada por el diario soviético Pravda y el 25 de abril recibió una respuesta de Andropov, invitándola al país. Así lo hizo y la historia de Samantha recibió la atención mundial: participó del Simposio Internacional de la Juventud en Kobe (Japón), escribió un libro, “Viaje a la Unión Soviética” y, además, actuó junto a Robert Wagner en la serie “Lime Street”.
Por desgracia, la tragedia la alcanzó el 25 de agosto de 1985, cuando falleció junto a su padre en un accidente de avión. Así como su vida había sido celebrada por su compromiso por la paz, tras su temprana muerte fue homenajeada en un funeral al que asistieron unas mil personas, una carta de Mijail Gorbachov, Secretario General del Partido Comunista, estampillas dedicadas a su nombre, una avenida en Artek, ciudad a la que había visitado, un día propio en Maine, su ciudad natal (el primer lunes de junio) y hasta una canción rusa en su homenaje.
Esta es la dirección de la Fundación Samantha Smith, por si quieres saber más de ella:
http://www.samanthasmith.info/