— Dean, Dean —dijo tomando el rostro de su compañero entre sus manos, taladrando sus ojos verdes con los marrones suyos—. Escúchame y cállate, ¿quieres? —Espetó, hablando con firmeza—. No quiero que pelees con nadie, no hay necesidad de eso, ya sabes que te pertenezco, lo sabes. Te deje hacer conmigo algo que nunca en mi vida haría con alguien más —comenzó a decir, haciendo alusión a su encuentro sexual—. No tendrás que dejarme ir, porque no me iré, ¿esta bien? Ya te lo he dicho mil veces, no te voy a dejar ni hacerte infiel con nadie más. Eres mío, Dean y yo soy tuyo. ¿Qué más quieres que hagas para que lo comprendas? —Preguntó, suspirando. Su cabeza comenzaba a palpitar y su voz comenzaba a flaquear—. Confío en ti, Iceman. Lo hago, pero no confió en tus amistades. Mira lo que paso con Luka, quería algo más, intento algo más. Tengo mis razones para desconfiar —dijo, frunciendo el ceño—. Pero no desconfió de ti, no y tampoco te estoy pidiendo que dejes de hablar con nadie, solo quiero… quiero que tengas cuidado, ¿vale? No respondo de mis actos si algún cabrón intenta besarte o intenta propasarse contigo —gruñó, recordando de pronto la pelea en la que estuvo involucrado una vez gracias a alguien que había besado los labios de su chico—. No sé como sería para mí saber que alguien ha besado tus labios o tocado tu cuerpo además de yo. Creo que… —calló, no queriendo continuar—. Sabes que me gustas, que te deseo constantemente, que quiero todo y nada contigo, que eres lo mejor que me ha pasado pero creo que hace falta algo más —susurró, mirando esos ojos que tanto amaba y quería—. Dean… ¿quieres… quieres ser… ser mi… mi novio? —Preguntó, sintiéndose nervioso de un momento a otro, enrojeciendo extrañamente a la vez que esperaba alguna reacción o contestación por parte del castaño.