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@letras-y-amarula
"Inercia" (en "Las bellezas del lobo" de Julia Sarachu).
Sentí un vacío terrible al terminar de leer “Boquitas Pintadas”, por ahí porque me había encariñado con los personajes, acostumbrado a sus voces. La contratapa de mi edición anticipa un cruce indisoluble entre pasión y crimen dentro de las dieciséis entregas (o capítulos, para quienes leemos ediciones de bolsillo sin esperar que llegue el folletín imaginado por Puig), hiladas —si se quiere— por fragmentos de tangos de Alfredo Le Pera. En “Boquitas Pintadas”, así como en la gran mayoría de las novelas de Puig, se nos ocultan datos: a veces se ocultan los interlocutores de una conversación, o faltan cartas, o se omiten fragmentos de información que en caso de figurar explícitamente no tendrían quizás el mismo valor en la novela. La contratapa vincula tal ocultamiento con lo prohibido, de lo cual se habla permanentemente en la novela, aunque yo quizás lo ligaría directamente al desarrollo de la novela. Una lectura amena, ligera si se quiere, que puede acompañarse con la película dirigida por Leopoldo Torre Nilsson en el 74, y que describe a la perfección un pueblo sirviéndose de las voces y vivencias de sus habitantes.
Con las manos frías no puedo — no debo — tocarte el cuello mientras nos besamos. Ya mi nariz te congela la mejilla y reprimís un gritito ínf
Esta foto me vuelve loca.
"The night is darkening round me", Emily Brontë.
“The night is darkening round me”, Emily Brontë El obitar de un poemario, todo un ciclo. Desde “Faith and Despondency”, el yo poético prepara al lector para su muerte; la voz misma se prepara para morir, viéndose acorralada por la ausencia de quienes la rodeaban “So would I fearful vigil keep,// and, all for listening never sleep.// But this world’s life has much to dread,// not so, my Father, with the dead.” (p.2). A medida que se pasan las páginas, el panorama va ensombreciéndose. Los versos adquieren más sílabas. Los ojos se entornan, pesados. De la frente de quien habla chorrea un hilillo de sangre. El aire abandona los pulmones de su amado así como sus últimas esperanzas la abandonan a ella. La musicalidad de las palabras se pierde en cierto punto. Ciérrase la noche sobre la voz que recita, mostrándole antes una luz. “How clear she shines”. Agónica habla mientras la noche la acuna, se reprocha, se enaltece, se juzga, se justifica. Treinta poemas dura una muerte, tres cantos menos que un Purgatorio. Igualmente, “The night is darkening round me” no trata del afterlife sino de la previa. El libro concluye sin un punto final.