¿Cómo voy a estar enojada con vos por haberte ido si, siendo completamente sincera, yo también me habría dejado? Yo también me habría soltado la mano en los días en que ni siquiera sabía cómo sostenerme a mí misma. Yo también me habría mirado y habría pensado que era demasiado complicado quedarse.
¿Cómo voy a enojarme con vos? Si, si hubiera podido irme de mí, probablemente ya me habría ido. Si hubiera existido una puerta de salida para escapar de mis miedos, de mis heridas, de todas las cosas con las que lucho todos los días, la habría cruzado hace mucho tiempo.
Por eso no tengo nada que reclamarte. No puedo reprocharte haber tomado la decisión que creías correcta para vos. De hecho, aunque duela admitirlo, que te hayas ido me hizo respetarte más. Porque te fuiste siendo honesto con lo que sentías, porque no te quedaste por lástima, por culpa o por costumbre.
Lo que me duele no es que te hayas ido. Lo que me duele es haber llegado a un punto en el que entiendo por qué lo hiciste.
Porque cuando una pasa tanto tiempo sintiéndose insuficiente, rota o difícil de amar, termina convenciéndose de que cualquiera que se quede está haciendo un esfuerzo enorme. Y entonces, cuando alguien se va, una no piensa "¿cómo pudo?", sino "¿cómo no iba a hacerlo?".
Quizás esa sea la herida más profunda de todas. No tu partida. Sino haber aprendido a comprenderla demasiado rápido.
Porque una parte de mí todavía cree que hiciste lo que cualquiera habría hecho. Y aunque sé que eso no es verdad, aunque intento repetirme que también merezco que alguien se quede, hay días en los que todavía me cuesta creerlo.
Y tal vez por eso no estoy enojada. Estoy triste. Triste porque desde hace mucho tiempo soy el lugar del que yo también quiero escapar.
Fer
















