V.H.
Me ha tomado del brazo, me ha hecho saber que todo estará bien.
Está molesto por saberme enamorada de otro, está molesto por saber que me han roto el corazón.
Me mira con unos ojos que delatan su angustia por no poder parar mi llanto, me calmo, me veo fatal llorando.
Jamás me había visto así.
Mi risa, siempre le ha contagiado hasta terminar diciéndo estupideces a media noche afuera del bar al que nunca entramos.
Me cuesta creer que él está ahí, hace un par de preguntas que intentan distraerme, mi llanto explota una vez más.
No puedo controlarme.
Me toma de la mano y me dice que todo pasa, todo dejar de doler.
Yo lo sé, no es la primera vez que deambula mi corazón roto intentando respirar dentro de la hostilidad contra mi pecho.
Logro distraer mi mente y sanar poco a poco, suelto, siento como su mano me reconforta y le pido un cigarrillo, él ya no fuma.
Cuando le dije que le bajara al fumar para ayudarme a dejar el vicio, él si lo dejó.
Yo no volví a responder sus mensajes.
"Karma", le murmuré.
"Destino", me dice mirándome a los ojos, con su gesto de solemnidad, se sonríe discreto y aprieta mi mano.
Es tan blanco que en contraste con mi piel, la mía se ve muy oliva, sus brillosos ojos verdes me recuerdan que una gran taza de café no me dejó dormír después de aquella tarde en que quedamos en esa plaza, por primera vez.
La misma en la que ahora en mi auxilio me recogía...
La vida si da muchas vueltas.
A mí me trae mareada.
CX.
1/9/21
















