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@lisetter
kill me slowly
leonid.
❝ ¿de verdad crees que necesito utilizar frases de ligue? ❞ alzó las cejas en algún tipo de crecida incredulidad, convirtiendo tal afirmación en el foco de la conversación. ❝ nunca tuve que usarlas contigo ❞
“Estoy segura de que no todas son tan crédulas,” sus cejas se alzaron con ligereza, humedeciendo sus labios después. “Todos cometemos errores, pero hay que aprender de ellos.” Y, según ella, ya lo había hecho, aunque su fuerza de voluntad podría ser cuestionable. “¿Realmente viniste a ver la galería de arte o...?”
tanner.
❛ Hey, gracias. ❜ agradecer era lo primero, pues no todo el mundo tenía tal disposición, mucho menos cuando llevaba bloqueando el avance de la fila por al menos unos cinco minutos más de lo normal. ❛ ¿Tienes cambio de veinte? ❜ el australiano no creía que el problema fuese suyo, más bien del vendedor y su falta de billetes para dar vuelto.
Sonrió, asintiendo un par de veces, era su manera de aclarar que no había problema alguno con el minúsculo favor. “Mientras pueda comprar rápido...” añadió, encogiendo sus hombros. “Uh--- no. Pero tengo tarjeta. Puedo comprarte lo que sea que vayas a comprarte y después me lo devuelves,” sugirió, de cualquier forma ya le había tendido una mano y no iba a retractarse.
leonid.
❝ sinceramente, creo que sólo un necio diría que el arte abstracto y conceptual es una mierda sólo porque no lo entiende ❞
“Si esa es tu nueva frase de ligue, te diré que es malísima. En especial porque a los más jóvenes no les interesa mucho el arte.”
dianna.
No le gustaba meterse en conversaciones ajenas, si no le llamaban ¿para qué intervenir? Lamentablemente, estaba pasando un difícil momento en una de las mesas al aire libre del restaurante viendo como a escasos centímetros de su banca, dos individuos estaban gritándose mutuamente. ¿Acaso en el maldito pueblo ya ni siquiera se podía desayunar? Trató con todo el poder dentro de sí en quedarse callada, pero de pronto el hombre (que era enorme, por cierto) alzó su mano y en miedo de que pudiera mandar a la otra persona directo al hospital, dobló su periódico sólo para poder ver a ambas figuras mejor. Carraspeó, alzando la voz de modo autoritario. ❛ ¿Pasa algo? ¿Necesitan que llame a la puta policía para que se calmen y me dejen tomar mi café en santa paz? ❜
“No tienes para qué hacerles caso,” la interrumpió, en realidad, también había estado observando la discusión, pero se le antojó mala idea intervenir. “¿Mala noche? ¿Mucha resaca?” bromeó a la rubia, sus comisuras alzándose para que una sonrisa acompañara el humor en su voz, buscando bajarle el perfil a toda la otra situación. Se cruzó de brazos, trasladando su mirada a la mesa donde su interlocutora disfrutaba de hervida cafeína, queriendo encontrarse después con las orbes azules que Dianna poseía. “¿Puedo acompañarte?” cuestionó, genuinamente curiosa.
tanner.
❛ Olvidé cambiar dinero, sólo tengo… un dólar. ❜ con el billete en mano confirmó sus propias palabras, una fila de personas a sus espaldas y la poca paciencia de quien estaba al otro lado del mesón.
Suerte tenía de no correr ningún apuro. Inevitablemente escuchó el inconveniente del muchacho, por lo que se aventuró a sugerir: “Yo tengo cambio, ¿de cuánto necesitas?” cuestionó, abriendo al mismo tiempo su bolso.
Adèle Exarchopoulos photographed by David Roemer for Madame Figaro
connor.
“Si tú lo dices, supongo que lo soy.” Chasqueó la lengua mientras se encogía de hombros, obviamente fingiendo que las palabras que la castaña decía eran algo así como la ley. No lo habían llamado suertudo muchas veces en su vida, al menos, no entras cosas que no se refiriesen a la cantidad de mujeres que habían pasado por su cama durante su año universitario. No era ningún santo y tampoco fingía serlo. “Lis, de la única manera que podrías estar en mi cabeza en ese momento, sería si tú fueras con la que estoy haciendo ese tipo de cosas.” Comentó, alzando una ceja de manera sugestiva como si estuviese haciéndole la proposición indecente de la que hablaban. Dado que la muchacha había demostrado tener interés hacia su mismo género, dudaba que pudiese sentirse ofendida con ese tipo de cosas. “Por alguna razón, haces que tu padre me recuerde a mi abuelo. Creo que se habrían llevado bastante bien, dado que al viejo le gustaba hacer crucigramas e intentó con todas sus fuerzas enseñarme a aprender a jugar ajedrez y nunca lo hice. Para un chico de catorce años que no quiere otra cosa que no sea dibujar, ese juego es demasiado aburrido.” Comentó, recordando entonces la época en la cual tanto rechazo les dedicó a aquellos ancianos que habían intentado ganarse su amor de miles de formas, siendo rechazados por tanto tiempo sin rendirse nunca. “¿Y qué hay de la ropa interior?” Inquirió, enarcando una ceja. “¿Sabes que se siente tener una erección y que tu bóxer esté intentando aplastarla o hacerla estallar?” Agregó, sacudiendo la cabeza, haciendo una mueca para que se diera cuenta de lo increíblemente mal que se sentía esa mierda cuando sucedía. “Suena como alguien con quién te relacionarías tú.” Dijo, respecto a la descripción del muchacho con la cual había asistido a la gala. “¿Por qué lo reconocería? ¿Utiliza lentes de sol todo el tiempo o tiene alguna deformidad en los ojos?” Preguntó, con curiosidad y sin ninguna intención de ofender. No quería meter la pata si ella terminaba presentándolos durante la noche, quería estar preparado, sólo eso. “No estoy seguro si tendría miedo, ya que no creo que Eliza se mueve por tu lado. Sin embargo, si lo hiciese, creo que no dejaría que te acercaras mucho a ella. Eres atractiva.” Afirmó, dándole a entender que confiaba que podría lograr tener a quien desease si usaba bien las cartas que poseía. “Entonces no tengo ni una puta esperanza contigo. Una lástima, de verás.” Soltó las palabras junto a un suspiro como si realmente le afectase aquello. Soltó una pequeña carcajada y sacudió la cabeza, alzando una de sus manos para moverla de un lado hacia otro. “Estoy mucho mejor, gracias. De hecho, ya ni siquiera siento calor.” Aunque no era del todo cierto, tampoco era mentira. El ambiente seguía estando demasiado cálido para su gusto, sin embargo, ya no era tan terrible como lo había sido en un principio.
Una sonrisa iluminó sus facciones, imposible fue disimular la suave carcajada que entonces escapó de su garganta. Le resultó un comentario cómico, y hasta una propuesta ligeramente interesante, pero de alguna forma decidió no tomársela completamente en serio, estaba seguro de que Connor no carecía de pretendientes. “Estás loco,” bromeó, levantando sus hombros con suavidad. “Debo confesarte que aún estoy demasiado sobria para ese tipo de sugerencias,” admitió con un ápice de honestidad, enarcando entretenida sus cejas. “Aunque, bueno, a estas alturas nunca estaré ebria. A no ser que me de una sobredosis de azúcar o algo por el estilo,” chasqueó su lengua, demostrando su descontento ante su elección de bebida, lo cierto era que no tenía demasiadas opciones con su familia cerca. Llevó el vaso hasta sus labios para beber del líquido bermellón, entrecerrando sus ojos con sutileza. “Mhm, puede que tengas razón, se comporta más como un abuelo. Es más anciano de todas formas, seguramente--- no sé, por eso también es de mente cerrada o qué sé yo. Todavía me obliga a ir a misa los domingos.” Y a sus veinte años, creía que no era correcto, no con el estilo de vida que llevaba una vez con los pies fuera de casa. “¿Viviste siempre con tus abuelos? ¿Qué hay de tus padres---? Si es que puedo preguntar, claro.” Pronunció con más cuidado, temiendo tocar algún tipo de herida abierta. Sonrió después, ladina, adoptando una expresión genuinamente pensativa. “Bueno, si tienes una erección y los bóxers te molestan--- será porque puedes quitártelos, ¿no? O pedirle a otra persona que lo haga por ti.” Era una respuesta que pecó de inocencia, por supuesto, poniéndose en el mejor de los casos. “Aún así, sólo estás hablándome de incomodidad--- yo te hablo de dolor intenso y psicológico. Como el embarazo, el parto, la regla, las violaciones, los abortos, el acoso callejero, y hasta preparar el matrimonio. Te prometo que si algún día me caso, obligaré a mi futuro esposo a hacerse cargo de todo,” bufó, permitiéndose una pausa breve para ingerir nuevamente del jugo antes de añadir: “Vale, pero no hablemos de eso, son temas muy intensos para una gala y la idea aquí es divertirse.” Asintió después, buscando a sus alrededores en busca de su pareja, no le preocupaba que estuviese solo por ahí, pero sí abandonarlo por demasiado tiempo significaría el aburrimiento eterno por parte del no vidente. “Gafas oscuras.” Aseveró, humedeciendo sus labios con discreción. “Gracias. Aunque no me creo capaz de robarle la novia o un novio a mis amigos.” Nuevamente, risas tenues se deslizaron por sus labios, dando el último sorbo después a su refresco nocturno. “No te desanimes. Tampoco me cierro a las posibilidades, además, con una carita como la tuya y ese encanto tan natural, ¿quién sabe si caigo a tus pies sin darme cuenta?” era una posibilidad, por supuesto, ¿por qué no? Sin embargo, Lisette prefería siempre mantenerse a un margen de los sentimientos, no estaba segura si lo hacía por miedo o existía otra razón inconsciente en su interior. “Hm, vale, ¿eso significa que me rechazarás si te invito a bailar o...?”
nataliedormersdaily:
Natalie Dormer photographed by Stefano Guindani for Elle Russia, October 2016.
elena.
“Pues te ves muy bien.” Asintió con la cabeza para sí misma, observando de pies a cabeza a la joven, a quien había conocido anteriormente en un bar. “Sí, invité a una chica que acabo de conocer. Es escritora. ¿Tú vienes sola?”
“Tú también te ves estupenda, Elena,” le dijo con total sinceridad, pronunciando sus labios en una afable sonrisa, no era de las personas que tuviese problemas con parejas antiguas, en especial cuando existía mucha cercanía entre ambas. Mhm, suena normal--- invitar a alguien que recién conoces,” bromeó. “Vine con Ezekiel”