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@lletraferida
Me meto al mar para contagiarle mi tristeza y salgo contagiada de su fuerza arrolladora. Al mar, como a la vida, no podés entrar toda blandita porque te tira a la mierda
Sos la vida de mi amor (Giselle Mazzeo)
Sos la vida de mi amor
Giselle ve libélulas todo el tiempo. Las ve en su cocina, en su cuarto, en su patio. La primera la vio entre sueños. Fue entonces cuando entendió que aquel bichito era un regalo de él, una forma de comunicarse. Martín, que era biólogo, amaba las libélulas. Ella lo supo mucho después de su muerte. Esta historia, impulsada por el dolor de la pérdida, nace en Twitter, aquella red que alguna vez supo encontrarlos; y lo que parecía un triste final acabó siendo el comienzo de todo cuando su amor, exclusivo de ellos dos, comenzó a ser un amor expansivo, que aún hoy se multiplica, generando un bello “efecto colateral”.
Giselle Mazzeo nació en Buenos Aires, es diseñadora gráfica, y vivió 9 años fuera del país, en Londres, Madrid y Barcelona. Desde su cuenta de Twitter inspiró a miles de personas con su historia de superación y resiliencia. Gracias a la campaña que impulsó junto al Gobierno de la Ciudad, cientos de mensajes de amor se encuentran en bancos de plazas de Buenos Aires.
Esta es una historia de esas que me hacen llorar -y debo decir que son pocas-. Me recuerdo sentada en un Café Martínez, frente al Jardín Botánico, con los ojos tan empañados que me era imposible terminar el libro. La historia de Giselle es la suya; una triste, dolorosa, pero que no nos habla solo del duelo (su duelo). Su libro va aún más allá. Este es un libro lleno de amor y resiliencia, con una estructura original, donde convierte a su propia historia en una novela narrada sin orden cronológico (comenzando por el final, por la muerte de Martín, su amor), a la vez que intercala sus tuits y los de él, porque fue en aquella plataforma en la que se conocieron y porque fue ahí donde Giselle encontró el espacio para desahogarse. A la vez, dentro del libro encontramos una lista de Spotify, de temas que la inspiraron o que oía en simbólicos momentos, y una placa para que nosotros también podamos dedicarle un mensaje a algún ser importante que ya no está. En esta novela. Giselle nos lleva a través de un viaje, una búsqueda personal a la que le da un cierre con este libro. El libro, como objeto, es la conclusión de ese viaje y una enseñanza para nosotros, sus lectores. Una enseñanza de vida.
Una novela narrada con agilidad, fluidez, en pequeños retazos -cada capítulo, si podemos llamarles así, cada microcuento, está titulado por un tuit- que nos despiertan la risa, a veces la tristeza, pero, sobre todo, nos contagia las ganas de vivir.
Màgica com poques és la llibreria #isabeldebellart a Cambrils, Tarragona. Petitíssim món creat en un espai ampli com un passadís, il·luminat per ténues i acollidores llums que el converteixen en la teva llar. No es necessita molt per amagar-ho tot: cada racó cobra vida pels seus detalls, difícils de no apreciar, detalls que ens representen grans llibres. . Carrer del Consolat de Mar, 20. Cambrils, Tarragona, España.
Elisabeth
Cuando Austria aún no salía de su asombro por el caso de Natasha Kampusch, que, secuestrada en 1998, logró escapar de su cautiverio tras ocho años de encierro y maltratos, dos años después apareció Elisabeth y el mundo se hizo eco de los horrores del monstruo de Amstettem, -su padre- Josef Fritzl. En un búnker construido en el sótano de su propia casa, Elisabeth vivió dos décadas sin que nadie, absolutamente nadie, imaginara la pesadilla en la que se había convertido su existencia.
Paolo Sortino no era escritor: había estudiado música, trabajado en seguridad y como investigador de mercados, y, como él cuenta, la escritura llegó, como un salvavidas, en un momento en el que no conseguía ser feliz. Adentrarse en el pequeño y lúgubre mundo de Elisabeth Fritzl, quizás, fue una forma de poder apreciar las pequeñas cosas. Entonces comenzó una investigación del caso, que acabó llevándolo no a la crónica, sino a la ficción, permitiéndose recrear veinticuatro años de padecimiento en solo 200 páginas.
En esta perturbadora novela, Sortino nos hace partícipes de la violencia, de la angustia, de la sofocación y despersonalización que transita nuestra protagonista. Nos expone a temas crudos y poco hablados, como el incesto -Elisabeth engendra siete hijos, fruto de los reiterados abusos de su padre-; pero a su vez -y acá la viveza de su autor-, nos presenta un infiermo meramente humano, donde los límites se vuelven difusos, donde el amor y la perversión se dan la mano, donde víctima y victimario se funden y confunden, empujándonos al límite, comprendiendo cómo funciona el instinto de supervivencia, para así también comprender que los monstruos, los peores monstruos, son humanos imperfectos, ambiguos y repletos de complejidades.
Sin duda, Elisabeth es una obra de lectura ágil, cruda y sin vueltas, que nos invita a reflexionar sobre el horror más allá de lo evidente, mostrándonos que nada es blanco y negro porque siempre habrá matices. Una novela que no me dejó indiferente, que vivencié y transpiré, y me rememoró uno de los casos criminales más emblemáticos de la historia. Si te gustan las novelas de tinte psicológico o la crónica negra, entonces este es el libro para vos.
Que no se diga que Elisabeth creció en el búnker. Elisabeth creció con el búnker, y ahora podemos decir en que consistía la locura de Josef: creía que la vida pertenecía solo a los deseos y no al mundo en el que nacían; creía que la vida podía reducirse a sí misma
Elisabeth (Paolo Sortino)
Lletraferit
¡Benvinguts!
Antes de darle forma y color a este espacio, me gustaría hablar un poco de su nombre y del porqué, ya que los nombres abarcan mucho en muy poco: son simbólicos, nos determinan y en este caso particular siento que habla mucho de mí (siempre es bueno y educado comenzar por presentarse, ¿no les parece?, al menos desde lo esencial y sin caer en lo mundano). Lletraferit es una palabra que descubrí hace un año, por estas fechas, exactamente cuando en Buenos Aires celebrábamos la Feria del Libro e increíblemente Barcelona era ciudad invitada de honor. En ese momento no asocié todas estas pequeñas coincidencias como ahora lo hago, y me sorprende tanto como resignifica la palabra y le otorga más valor. Llevaba un año estudiando catalán, idioma que comencé a aprender no tanto por interés, sino por necesidad: iba a mudarme a Tarragona por trabajo y tenía deseos inmensos de aprovechar la experiencia y comenzar a estudiar en la Universitat. Me preparaba para eso.