} Una sorpresa trae el bosque. Un aroma femenino, humano, y por tanto vulnerable. Hace poco desde su anterior asesinato (una semana asume), dejar cuerpos como pistas en un corto periodo de tiempo puede hacer levantar varias sospechas. Pero no es la primera vez que le sucede que su monstruo interior (no el lobo, sino su verdadero ser) aúlla por más y debe de saciar esa necesidad, no es la primera vez que lidia con policía que cree que pueden atraparlo como a un vulgar asesino en serie. Él es mucho más que eso y jamás se dejará atrapar por unos incompetentes.
Warren se acerca a su posible víctima. Es hora de jugar un rato. Está recogiendo bayas y esa imagen le hace reír a carcajadas de un modo siniestro. Parece que espere a un lobo feroz para ser devorada. { Soy yo. } Responde aunque no se conocen y no da la información esperada. Se muestra delante de ella con la sonrisa cínica curvada en los labios. { ¿No te han dicho que ir sola al bosque puede ser peligroso? No sabes nunca lo que podrías encontrarte. }
Su ceño se frunció instantáneamente. El simple hecho de que aquella burla rozara sus labios y tuviera la osadía de contestarle de aquella manera, le hizo tensar cada músculo de su cuerpo. "El lobo feroz" era una ironía, ninguna segunda intención, más la pronunciación abandonó su boca más rápido de lo que quiso creer. La figura del hombre se acerca, la intuye, matiza el ambiente. Está jugando con ella, y lo sabe.
"¿No te han dicho que las mujeres no somos tan indefensas?" Respondió con el mismo tono irónico que acababa de hacerle notar, sin apartar la mirada de sus ojos, con cierto aire desconfiado, aún pendiente de dar algún paso atrás si se atrevía a acortar la distancia. "¿Con alguien como tú, acaso?" Una de sus cejas se elevó, regalándole una media sonrisa cargada de cinismo y diversión. "Qué miedo..." Sarcasmo puro y duro.












