HEADCANONS ★ WUTHERING WAVES
Changli x Reader
Sinopsis: Cómo actúa Changli ante una persona igual de inteligente que ella, pero demasiado activa para quedarse quieta.
Palabras: 1.0k
Advertencias: Ninguna.
Pedido: Si.
𝔢𝔫𝔤𝔩𝔦𝔰𝔥 𝔳𝔢𝔯𝔰𝔦𝔬𝔫 ‧ masterlist
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HEADCANONS ★ WUTHERING WAVES
Changli x Reader
Sinopsis: Cómo actúa Changli ante una persona igual de inteligente que ella, pero demasiado activa para quedarse quieta.
Palabras: 1.0k
Advertencias: Ninguna.
Pedido: Si.
𝔢𝔫𝔤𝔩𝔦𝔰𝔥 𝔳𝔢𝔯𝔰𝔦𝔬𝔫 ‧ masterlist
★ Al conocerte, Changli no dudaría de tus habilidades estratégicas o físicas, pero sí cuestionaría tu capacidad de ejecución. Tan diferente a ella, sospecharía de lo efectiva que puede ser tu manera directa de actuar.
★ No cambiaría su preferencia por permanecer en las sombras, pero con el tiempo aprendería a actuar con mayor rapidez cuando la situación lo demande.
★ Iguales en inteligencia, Changli sabe que eres la única persona con quien puede intercambiar ideas y planear estrategias de alto nivel.
★ Seguirte el rastro sería complicado, ya que tus inagotables niveles de energía te llevarían a moverte de un lugar a otro más rápido de lo que puede anticipar.
★ No escaparías de sus bromas, que probarían tu paciencia cuando prolonga innecesariamente alguna reunión táctica solo para ver cómo te desesperas.
★ En las noches de insomnio, cuando te obsesionas con resolver un nuevo problema, Changli se encargaría de que la ansiedad no te domine, asegurándose de que obtengas el descanso que tu cuerpo y mente necesitan.
ÍNTIMA MAGIA
Lisa x Fem!Bruja!Reader
Sinopsis: Lisa guía a su única aprendiz en lecciones de magia poco convencionales.
Palabras: 1.0k
Advertencias: Smut: Bondage + Penetración mágica ‧ Fluff.
Pedido: Si.
𝔢𝔫𝔤𝔩𝔦𝔰𝔥 𝔳𝔢𝔯𝔰𝔦𝔬𝔫 ‧ masterlist
Dentro del edificio de los Caballeros de Favonius se encontraba la biblioteca principal, donde, en el subsuelo, había una puerta que siempre permanecía cerrada. Nadie sabía qué ocultaba, pero suponían que debía ser un depósito o una sección con lecturas prohibidas. Pocos se atrevían a preguntar, sin embargo, cuando lo hacían, Lisa mantenía el misterio con palabras coquetas y una hermosa sonrisa.
Por otro lado, los pocos individuos que conocían el secreto seguían el juego, ya que no era más que un estudio personal. Libros de magia, pociones e ingredientes llenaban el espacioso y ordenado lugar, que durante el día era ocupado por su primera y única alumna. Todo lo que la aprendiz necesitaba estaba a disposición, por lo que nadie la veía entrar o salir en los horarios de trabajo. No obstante, por la noche, los cerrojos se abrían para la bibliotecaria, quien ingresaba a enseñarle y revisar su progreso.
—Todo este tiempo lo has hecho muy bien, es comprensible que quieras avanzar y explorar otras áreas —sonrió Lisa, con las piernas cruzadas descansando en una acolchonada silla morada.
—P-Pero no me refería a esto —respondió agitada, ambas manos hallándose atadas por las muñecas mientras flotaba en el aire.
—¿Acaso no pediste aprender magia poco convencional?
—Esto no es aprender, directamente la estás aplicando en mí y… ¡Ah!
El traslúcido humo que la rodeaba hizo que se ahogara, ya que se filtró bajo la ropa y comenzó a juguetear con sus pezones.
—Es una pequeña muestra para que entiendas lo que podrías hacer si expandes tu poder —restó importancia.
Inclinando la cabeza, admiró la escena que se desenvolvía y apreció cada detalle de la persona con la que, pocos meses atrás, inició una relación física. Entregarle placer se convirtió en una gran manera de que estudiara, ya que la recompensa era ansiada gracias a la química y el deseo que sentían la una por la otra desde el primer día.
—Lisa —llamó, enseguida estremeciéndose por los descarados roces.
—Tienes capacidad, ¿verdad? Intenta escapar.
Sin la necesidad de mover un músculo, la más distinguida graduada de la Akademiya de Sumeru envolvió cada rincón del vulnerable cuerpo y disfrutó de dar o quitar según su parecer. Se deslizó más allá del pantalón y acarició la húmeda entrada mientras, en el vientre bajo, aplicaba una dulce presión que la hacía ver estrellas.
—Por favor, Lisa —jadeó llorosa.
—Sigues llamándome sin especificar qué quieres, ¿cómo puedo cumplir así? —puso una mano en el rostro, fingiendo inquietud.
—Q-Quita el amarre.
—Eso atrasaría tu formación. Aún no eres hábil en la magia sin gestos, por lo que esta es una increíble oportunidad de perfeccionarte.
Un alto gemido cortó la conversación, y la joven se retorció ante un fuerte destello de placer.
—Ansío estar cerca tuyo —confesó, una lágrima escapando al parpadear.
El corazón de la maestra golpeó fuerte y sintió la cabeza dar vueltas ante la chispa de ternura entre tanta sensualidad. Contuvo la exultante emoción y dejó de cruzar las piernas para atraerla, suavemente haciendo que dejara de flotar y se sentara a horcajadas.
—¿Cómo podría negarme? —suspiró abatida—. Has aguantado suficiente, con lo próximo que haré terminaremos la clase.
—¿Qué es?
Lisa sonrió traviesa y la besó, con calma tomándose su tiempo en degustarla y acariciarla. En medio de eso, la aprendiz empezó a sentir presión, como si se hubiera sentado encima de una existencia que no debería estar allí.
—La magia puede tomar muchas formas… —murmuró separándose unos milímetros—. ¿Dejarás que esté dentro de ti?
—¿Cómo? —arrugó la frente, pues la idea que surgió parecía imposible.
—Ni siquiera deberás desvestirte —continuó, una mano filtrándose y averiguando si estaba lo suficientemente dilatada.
—No c-comprendo —tartamudeó, entonces notando que algo empujaba contra su intimidad—. ¿¡Qué!? —exclamó al darse cuenta que lo que ingresaba no eran los finos y delicados dedos de Lisa.
—Hoy la magia nos unirá como nunca antes —prometió mientras le besaba el pecho.
Penetrándola con paciencia, la sostuvo por la espalda para evitar que cayera en un descuido. Podía sentir el calor y como apretaba, la brujería transmitiendo las sensaciones y provocando que ella misma tuviera cosquillas de placer.
Despacio y sin apuro comenzó a moverse, aunque realmente era una ilusión, ya que no necesitaba el vaivén de las caderas para agitar su propia energía. Cerró los ojos y dejó caer el gran sombrero púrpura para descansar el rostro en el cuello de la joven, quien no podía cerrar la boca debido a los gemidos incontrolados que brotaban.
—¡Oh, ahí! En ese lugar —lloriqueó tensando las muñecas aún atadas.
—Eres hermosa —murmuró, complacida apretándole la cintura.
Iluminadas por la suave luz de las lámparas de la habitación, Lisa aprovechó su naturaleza para saborear cada centímetro. Por primera vez podía explorarla en profundidad, y la satisfacción que la embargaba con cada fricción amenazaba con transportarla a otro mundo. El éxtasis parecía ser inminente y con menos control la sostuvo fuerte, clavando ligeramente las uñas, mientras le miraba al rostro. Los ojos cerrados y la contorsión facial revelaba el caos interno y, en un impulso, la asfixió en un beso mientras intensificaba el efecto de la magia.
El orgasmo llegó en un estallido de deleite sin precedentes, ambas casi gritando en el bailar de sus labios. Humedad manchó los pares de muslos y Lisa dejó de amarrarla para permitir que le abrazara, inmediatamente apreciando como la estrechaba entre eléctricos espasmos. Respiraron agitadas y descansaron en la mejilla de la otra, así estabilizándose tras unos largos minutos.
—Eso fue… una locura —confesó la principal afectada.
—¿Te gustó? —preguntó, en el proceso repartiendo caricias por debajo de la remera.
La joven puso distancia y miró sus ojos verdes, cansada apreciando todo el cariño que destellaban.
—Sabes que si.
—¿Fue demasiado? —ladeó la cabeza notando como ella chasqueaba los dedos y levitaba el sombrero del suelo.
—¿Piensas que no hubiera luchado si lo detestara? —enarcó una ceja mientras le ponía el accesorio—. Seré tu estudiante, pero no soy débil. Además, ciertamente fue un buena clase, realmente desconocía que podíamos hacer… esto.
Lisa sonrió con picardía y se permitió relajar del todo. Aún mareada por la experiencia, se inclinó y le dio un delicado beso en los labios, sin querer el ala de su sombrero envolviéndolas en oscuridad.
—Razón por la que siempre seré la mejor, y única, maestra que tendrás.
NUEVA ETAPA
Jean Gunnhildr x Caballero de Favonius!Neutral!Reader
Sinopsis: Empezó como un simple compañerismo dentro de los Caballeros de Favonius y creció hasta una fuerte amistad, pero ahora los sentimientos amenazaban con cambiar la relación.
Palabras: 1.9k
Advertencias: Amigos a amantes ‧ Smut: sexo oral.
Pedido: Si.
𝔢𝔫𝔤𝔩𝔦𝔰𝔥 𝔳𝔢𝔯𝔰𝔦𝔬𝔫 ‧ masterlist
Como heredera del clan Gunnhildr, Jean se destacó desde joven por su dedicación inquebrantable. A los 21 años, ya había acumulado una lista envidiable de logros y gestionaba Mondstadt en ausencia del Gran Maestro Varka, quien apenas era extrañado gracias a la caballera que velaba por la ciudad. Responsable y siempre de fiar, nadie dudaba en acudir a ella cuando surgía problema. Sus habilidades eran admiradas y respetadas, lo que hacía que muchos ignoraran el estrés y los conflictos internos que podrían agobiarla.
—Aquí tienes café.
Jean dejó de leer el documento sobre su escritorio y levantó la mirada, observando cómo una taza blanca con el escudo de los Caballeros de Favonius era colocada a pocos centímetros.
—Gracias.
—Es la tercera, y ni siquiera son las diez de la mañana —advirtió con severidad.
—Detalles —restó importancia.
—Por Barbatos...
—¿Qué? —arqueó una ceja, intrigada por la indignación.
—Trabajas de lunes a lunes, ocupándote de cada conflicto sin importar el horario, y nunca tomas descansos o vacaciones. Aguantas porque eres joven, pero no haces nada por tu bienestar —expresó firme, aunque dejaba entrever la preocupación—. Quiero cuidarte, deja que me ocupe de ti —pidió con repentina suavidad, la calidez en su mirada estremeciéndola hasta la médula.
—Aprecio tus intenciones, pero no soy una niña.
—Es agotador que sigas rechazándome —ladeó la cabeza mientras extendía un brazo hacia una de las varias pilas de documentos.
Jean miró de reojo y bebió, temerosa de continuar la conversación por el claro doble sentido. Compañerismo, amistad, amor… Todo aquello que en secreto había leído en novelas románticas le estaba sucediendo. Sin embargo, la relación con su joven camarada de 19 años avanzaba hacia terrenos que aún dudaba explorar. Siendo la mayor y la líder de Mondstadt, no sabía si el poder e influencia que poseía habían afectado inconscientemente esta conexión.
Se conocían desde la niñez y crecieron juntos en los Caballeros de Favonius, desarrollando una sólida amistad que, en algún punto de la adolescencia, se transformó en algo más profundo. Las miradas, el contacto físico y las palabras empezaron a afectarlos de manera distinta, convirtiendo el tiempo compartido en momentos sofocantes y adictivos. No encontraba cómo lidiar con el nuevo rumbo que tomaban las cosas, ni prever las consecuencias de llevar la situación al siguiente nivel, lo que la abrumaba cada vez más.
—¡Jean!
El grito la hizo saltar y mirar alrededor, deteniéndose de inmediato en la figura de sus deseos y tormentos.
—¿Q-Qué sucede? —preguntó, acelerada, colocando una mano sobre el corazón.
—Te llamé varias veces y no respondiste —explicó, frunciendo el ceño—. La hora del almuerzo ha terminado y sigues en tu asiento. Necesitas parar.
—Sabes que no puedo, hay…
—Nos conocemos lo suficiente para saber que es inútil discutir conmigo —interrumpió—. Si no te detengo, seguirías trabajando hasta colapsar. No te ocupas de ti misma como deberías.
Jean se recostó contra el respaldo, intentando mantener la compostura, ya que era cuestión cotidiana.
—El tiempo pasa muy rápido, no me doy cuenta.
—Siempre haces lo mejor, pero es un hecho conocido que en este lugar ocurren demasiadas cosas para dejar los estantes vacíos al final del día. No puedes resolverlo todo de una vez, así que debes equilibrar el trabajo antes de que los años pasen y te des cuenta de que no has existido más allá de estas cuatro paredes.
Apretó los dientes ante la reprimenda e intentó ignorar el brillo en los ojos contrarios, que sutilmente suplicaban que se animara a crear una vida fuera de lo laboral.
—Entiendo, de verdad —asintió, esperando que le creyera, aunque no parecía haberlo logrado.
—Vamos. Tomemos aire y compremos algo para comer en el camino —decidió, tomándola de la mano con firmeza y ayudándola a levantarse.
Jean exclamó en protesta y trastabilló, sosteniéndose del pecho ajeno. Al recuperar el equilibrio, notó dónde tocaba e intentó liberarse, con las mejillas sonrojadas.
—¡Lo siento!
Un tipo diferente de silencio los envolvió mientras ella lo observaba procesar la situación, algo indescriptible surgiendo y erizando cada cabello. Contuvo el aliento y sintió cómo aumentaba la adrenalina, entre la nebulosa entendiendo que todo estaba por cambiar.
—No puedo soportarlo —anunció, frustración y hartazgo transpirando de cada poro.
—¿Qué?
—Esta situación, en la que ambos sabemos lo que sentimos por el otro pero bailamos alrededor del tema sin abordarlo —explicó, acercándose hasta quedar a meros centímetros—. Necesito saber… —empezó a decir, pero, como había expresado, no podía aguantar más.
Con nula paciencia, aniquiló la distancia entre ellos y la besó usando la mano libre para tomarla del rostro. Jean cerró los ojos incapaz de huir de la tensión que endureció cada músculo, solo necesitando una caricia del pulgar en su mejilla para estallar en un placentero y relajante hormigueo.
Entre incertidumbres, se aproximaron aún más, y el completo contacto de sus cuerpos fue un sueño hecho realidad. Años de temores y represión quedaron olvidados, la necesidad de alivio logrando que se aferraran al otro como si alguno fuera a desaparecer y romper la fantasía.
Al separarse, lo hicieron despacio, sintiendo la respiración agitada del otro sobre sus labios, y al mirarse, notaron un lado completamente nuevo a través de cómo resplandecían.
—No sabes cuánto esperé por esto —reconoció mientras le apartaba un mechón rubio del rostro.
—Yo… Yo también —admitió, con un nudo en el estómago—. Pero no sabía qué hacer. Trabajo, dedicación y honor es todo lo que conozco y…
—Tranquila. Lo sé. Por eso quiero cuidarte y amarte —calmó con una sonrisa amable—. Serás la heredera de la familia Gunnhildr, y yo aportaré el equilibrio que te falta. Como Caballero de Favonius, cumpliré mi deber de asistente para aliviar tu carga, y, si me lo permites, como tu amante haré que encuentres felicidad fuera de esta institución.
Jean sintió que las piernas se le aflojaban debido al inmenso cariño que sentía por quien había sido una gran amistad y ahora le proponía lo que tanto había añorado.
—Claro que sí, por supuesto.
Sintió cómo la envolvía en un abrazo y, tras unos segundos, volvió a besarla festejando el finalmente haber conectado. Con cuidado la reposó contra el borde del grueso escritorio y presionó sus figuras, un sonido quedado ahogado ante el roce de las entrepiernas.
—Recuéstate —murmuró inclinándose sobre ella para animarla a descansar sobre la superficie.
—¿Eh? ¿Por qué? —frunció el ceño, acto seguido mirando sobre el hombro los documentos y la taza de café vacía.
—Ya verás —sonrió, estirándose para mover los elementos fuera del camino.
—¿Qué harás? —insistió mientras cumplía, aunque con duda.
—Algo que disfrutarás y, más importante, te relajará. Finalmente olvidarás el trabajo.
Una vez en lugar, le deshizo el cinturón y bajó las telas de las prendas inferiores.
—¡Espera! —exclamó apoyándose en los codos—. ¡A-Aquí! ¿Cómo se te ocurre?
—Oh, cierto. Aguarda —levantó una mano en disculpa y fue a poner el cerrojo de la puerta.
—No me refería a eso —jadeó, absolutamente incrédula.
—¿Acaso piensas que desperdiciaré este momento? Fuimos pacientes durante demasiados años. Es ocasión de celebrar —dijo con entusiasmo, dejándola con un acordeón de telas en los tobillos sobre las botas blancas.
Jean soltó palabras al azar mientras intentaba formar un pensamiento coherente, pero fue imposible cuando observó que bajaba y colocaba la cabeza entre sus muslos.
—Tengo alrededor de cinco excusas en caso de que pregunten, así que no te preocupes —guiñó un ojo.
Con ternura, besó la piel circundante y pronto hizo contacto con la intimidad expuesta. Automáticamente, ella tembló y gimió, realizando pequeños movimientos al no saber cómo sobrellevar esas intensas sensaciones.
—N-No deberíamos hacer esto —insistió, tratando de frenar la pérdida de control.
—Olvídate de todo —susurró, sus labios rozándola con delicadeza.
Jean cerró los ojos intentando concentrarse. La mezcla de excitación y nervios poniéndola en un estado de agitación constante, con cada sacudida reflejando la lucha interna entre el deseo y la lógica. A pesar de ello, la batalla quedó perdida cuando comenzó a complacerla con verdadera urgencia, logrando que arquease la espalda y se separara de la superficie.
—¡Despacio! No puedo —jadeó, dejando la boca entreabierta en un intento de aspirar el aire que no llegaba a sus pulmones.
Obediente, le regaló un pequeño descanso para evitar que perdiera la conciencia. Claramente no estaba acostumbrada al placer, siempre tan enfocada en sus responsabilidades que nunca había tenido la oportunidad de disfrutar. Este acto resultaba abrumador para su inexperto cuerpo, que solo conocía el altruismo.
—¿Estás bien? —preguntó, alzando la cabeza de los pálidos muslos y sustituyendo con sus dedos el contacto.
—Si, solo… es una locura.
Nada en su tono indicaba que lo que sucedía le disgustaba, más bien, reflejaba la frustración de no haberse preparado para el día que en que esto finalmente ocurriera. Bloqueó tanto lo que pasaba entre ellos que ahora las fantasías que reprimió la golpeaban como un vendaval, y ella no era más que un diente de león a completo merced.
—¿Te disgusta?—indagó, deteniéndose casi por completo.
—No, sigue —apresuró, frunciendo el ceño y levantando la cabeza para verle.
Esa orden le hizo sonreír y desde entonces nada logró que parara, rápidamente acercándola a la liberación que se acumulaba en su vientre. Cada cierto tiempo recordaba en dónde estaban, pero el anhelo era demasiado fuerte para que le volviera a importar. Se aferró a lo que pudo e inspiró profundo, una mano yendo a sostenerle del cabello al ahogarse con su propia respiración.
Jean torció el cuello, apretó los labios y, con las fuerzas que le quedaban, contuvo el mayor gemido que alguna vez produjo. El clímax la sacudió en zonas que desconocía podían recibir placer, sus músculos temblando en una nueva experiencia más allá de la extenuación del ejercicio físico.
—Luces absolutamente hermosa, mucho más de lo que podría soñar.
El comentario la trajo a la realidad y entreabrió los ojos para admirarle, aún más calor llenándola por el halago. Recibió caricias reconfortantes y ayuda para sentarse, una vez estabilizada recibiendo un beso mucho más calmo en los labios.
—Debería vestirme, por las dudas —murmuró, acto seguido bajando la mirada y reconociendo que claramente necesitaba retribuirle.
—Cierto —miró alrededor buscando sin éxito alguna caja de pañuelos—. Aguarda aquí, iré por papel así te limpias.
—No —dijo, agarrándole la muñeca de inmediato—. Ven conmigo a casa y... luego lo lavaré, junto con tu traje.
El rubor de sus mejillas se tornó casi rojo por la implicación y, frente a ella, la otra persona quedó paralizada.
—D-De acuerdo. Claro, sí —asintió, creando inmediatamente el espacio suficiente para que se levantara y acomodara.
Trataron de mantenerse normales e intercambiaron frases cortas, fingiendo cotidianidad, pero el conocimiento de lo que les esperaba los mantenía expectantes y ansiosos. Al salir del recinto saludaron a sus compañeros de trabajo y admiraron las primeras estrellas, bajando los escalones con la vista fija en el suelo.
Después de que las verdades ocultas salieran a la luz y la exaltación del momento se disipara, ninguno sabía realmente cómo actuar. Aunque el futuro cercano prometía y era deseado, sus corazones latían con la necesidad de algún tipo de alivio ante tanta emoción.
Entonces, por accidente, sus nudillos se rozaron y ambos dieron un respingo. Amagaron a pedir perdón, pero se detuvieron al darse cuenta de lo ridículo que era. Con el ceño fruncido se miraron, perplejos ante cómo estaban manejando la situación.
—Puedo tomarte de la mano, ¿verdad? —preguntó el más joven del dúo, llevando la iniciativa otra vez.
Jean miró la extremidad y la tomó entrelazando los dedos, inflando el pecho con el amague de una sonrisa. Definitivamente hoy empezaban un nuevo capítulo, y, como heredera del clan Gunnhildr, no podía quedar rezagada esperando que hicieran todo el trabajo por ella. Así no era la mujer que criaron y que ahora estaba al mando de Mondstadt, así que le dio un apretón y avanzó con la frente en alto.
—Vamos a casa, hay una larga noche por delante.
HEADCANONS ★ LOVE AND DEEPSPACE
Dios del Mar!Rafayel x Fem!Reader
Sinopsis: Cómo reaccionaría Rafayel, futuro Dios del Mar, si te entregas voluntariamente como sacrificio.
Palabras: 0.4k
Género: Fantasía ‧ ¿Romance? ‧ Drama.
Advertencias: Mención de muerte.
𝔢𝔫𝔤𝔩𝔦𝔰𝔥 𝔳𝔢𝔯𝔰𝔦𝔬𝔫 ‧ masterlist
★ Al enterarse de que te ofreciste como sacrificio, su primera reacción sería desconfiar. Por más que asegures haberlo hecho por decisión propia, conoce bien la naturaleza de tu especie y dudaría que alguien se entregue sin esperar nada a cambio.
★ Si nota que no intentas escapar, empezaría a provocarte con preguntas incómodas y palabras mordaces. No para hacerte sentir mal, sino para comprobar si realmente comprendés lo que implica quedarte en Lemuria.
★ En caso de que logres superar su rechazo inicial, comenzaría a observarte con más atención, poniendo a prueba tu resistencia desde la distancia. No intervendría, pero haría pequeños gestos para evaluarte, como asignarte tareas difíciles, dejarte sola la mayor parte del tiempo e ignorarte durante los rituales de su gente.
★ Durante el proceso, al descubrir que no tienes malas intenciones ni representas un peligro para los demás, pondría en duda tu salud mental. Porque, ¿quién en su sano juicio decidiría entregar su vida por aquellos que creen que sacrificar personas al Dios del Mar es una solución lógica a sus problemas?
★ Aun si empezara a respetarte, no sería amable contigo. A su manera, intentaría mantener distancia, como si una parte de él necesitara protegerse para no encariñarse contigo.
★ Si ve que estás decidida a cumplir tu propósito, no sabría si resguardarte o disuadirte de continuar. No porque te considere débil, sino porque completar el ritual significaría el fin de tu presencia.
★ Algunos lemurianos comentarían lo afortunados que son por haberte encontrado, ya que, por voluntad propia, estás dispuesta a entregar tu corazón. Para ellos, esto no solo representa una devoción excepcional, sino también la oportunidad de completar la ascensión de Rafayel a Dios según la tradición. Sin embargo, lejos de sentirse agradecido, la idea le genera una opresión en el pecho difícil de aliviar.
★ Con el tiempo, empezaría a verte como una excepción. Seguiría pensando que la humanidad puede ser una amenaza, pero terminaría admitiendo, aunque solo para sí mismo, que algunas personas son distintas.
★ Gracias a esa realización, con más razón desearía evitar que te sacrificaras por él. Detestaría la idea de arrebatarte la vida cuando, con ese carácter resiliente, decidido y firme, deberías acompañarlo en su reinado en lugar de fallecer.
★ En secreto, empezaría a buscar la forma de romper con milenios de costumbres. Exploraría antiguos registros, interrogaría a los sabios e incluso se arriesgaría a visitar templos olvidados, todo sin revelar sus verdaderas intenciones.
★ Pronto, las consecuencias dejarían de importar, porque cada respiro tuyo sería prueba suficiente para desafiar todo lo establecido. Incluso si debía ser él quien entregara su corazón, lo haría sin dudar, mientras eso asegurara que siguieras existiendo.
HEADCANONS ★ WUTHERING WAVES
Geshu Lin x Reader
Sinopsis: Al ser General, no puede dejar que sus sentimientos por ti lo distraigan.
Palabras: 0.2k
Género: Romance ‧ Drama.
Advertencias: Ninguna.
𝔢𝔫𝔤𝔩𝔦𝔰𝔥 𝔳𝔢𝔯𝔰𝔦𝔬𝔫 ‧ masterlist
★ Mantiene una distancia firme y calculada, ya que cualquier muestra de vulnerabilidad personal sería una posible grieta en la armadura que protege a sus soldados. Por eso, todas las emociones quedan selladas bajo una máscara impenetrable, debido a que no puede permitirse ceder ante sus sentimientos, consciente de que eso podría debilitar la confianza que depositan en él.
★ Los gestos hacia ti son mínimos y medidos con precisión. Jamás habrá contacto prolongado ni palabras innecesarias que puedan revelar demasiado o hacerle perder el control de la situación.
★ En la privacidad de sus pensamientos, Geshu Lin lucha contra ese deseo que sabe que es prohibido. Entierra cualquier impulso porque su sentido del deber es más fuerte que sus sentimientos personales. El sacrificio no es solo una opción, sino una obligación, y prefiere enterrar esas emociones antes que poner en riesgo la estabilidad del grupo.
★ Activamente busca excusas para estar lejos de ti, consciente de que acercarse demasiado puede poner en riesgo su imagen y la percepción de fortaleza que debe mantener como líder. Sin embargo, cuando está en tu presencia, el leve brillo en su mirada habla por sí solo, mostrando un afecto tan intenso como reprimido.
★ La única vez que permite que su guardia caiga es en la soledad absoluta. En esos breves momentos, enfrenta el conflicto interno entre su deber y lo que realmente siente. Sin embargo, nunca deja que esas emociones lo dominen y vuelve a ponerse la máscara con una determinación férrea, sabiendo que su sacrificio es necesario y que la fortaleza debe prevalecer siempre.
CIENTOS DE VECES
Xavier x Fem!Reader
Sinopsis: Vida tras vida, siempre será ella.
Palabras: 0.3k
Advertencias: Ninguna.
𝔢𝔫𝔤𝔩𝔦𝔰𝔥 𝔳𝔢𝔯𝔰𝔦𝔬𝔫 ‧ masterlist
El campo se extendía como un sueño, cubierto de flores silvestres que danzaban con el viento sutil. La luz del sol se filtraba entre las hojas y caía sobre ellos en destellos dorados, envolviéndolos en un silencio tierno, repleto de palabras que no hacía falta pronunciar.
Ella descansaba medio recostada sobre él, la cabeza apoyada en el pecho contrario con una confianza que hablaba de mil momentos iguales y perfectos. Por su parte, Xavier mantenía la mirada fija en el horizonte, como si buscara en la lejanía respuestas que solo ese espacio podía ofrecer. Respiraba tranquilo y permanecía inmóvil, cuidando no romper la paz que por fin habían encontrado.
Sin embargo, por dentro todo en él ardía con fuerza, pues había esperado ese instante durante demasiado tiempo. El cruel destino de la persona que amaba lo empujaba a revivir una y otra vez muchas primeras veces, cada una más intensa, más abrumadora, como niebla espesa en una noche húmeda de tormenta.
Ese momento ilustraba claramente esa sensación, pues la oscura armadura que llevaba no lograba separar el calor del cuerpo ajeno. Era suave, como la luz que él manejaba, pero igual lo quemaba en el recuerdo del fervor de otras vidas y en la emoción de nuevas oportunidades.
Finalmente ella levantó el rostro, dejando de mirar la flor blanquecina que sostenía, y apreció su rostro perfecto. Pronto él también la observó, y sus ojos se encontraron, creando la ilusión de que el tiempo se detenía. Ambos sintieron ese compás, el latido opuesto y complementario de sus corazones, una melodía que ninguno necesitó nombrar para que sus labios se unieran.
Fue tierno, lento, casi reverente, como si en ese gesto él sellara otra vez la promesa de buscarla siempre. La cuidaría en cada vida y jamás dejaría de investigar la manera para que ella pudiera vivir como merecía, incluso si tuviera que empezar de cero cientos de veces más.
RÉQUIEM
Grace Ashcroft x Reader
Sinopsis: Entre ruinas y recuerdos, lo único firme es su promesa de regresar.
Palabras: 0.3k
Género: Angst/Confort.
Advertencias: Ninguna.
𝔢𝔫𝔤𝔩𝔦𝔰𝔥 𝔳𝔢𝔯𝔰𝔦𝔬𝔫 ‧ masterlist
—Mapa, linterna, batería,...
—¿De verdad tienes que ir?
Grace dejó el recuento y miró a la persona con la que compartía departamento. Tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados, y la expresión agria que mostraba reflejaba la profunda preocupación que le generaba la misión que el FBI le había encomendado.
—Es trabajo y parte de mi historia —bajó la cabeza hacia la mochila que terminaba de armar—. Es difícil, y tengo miedo, pero lo necesito. Tengo que descubrir la razón de las desapariciones y saber quién… o cómo falleció mi madre.
—La ciudad no es más que ruinas. Gente peligrosa debe de ocupar lo poco que aún queda en pie, es demasiado arriesgado —negó con un suspiro, dando un paso tentativo, como si quisiera detenerla de seguir empacando.
—Considerando mi empleo, ¿acaso esperabas menos?
—Hacés investigación en un escritorio. ¿Alguna vez siquiera hiciste trabajo de campo? —alzó la voz, aguda por la indignación.
Grace inspiró hondo y dejó de revisar el equipaje para acercarse. Inclinó la cabeza con una mueca apenada, aunque enseguida forzó una sonrisa y le sostuvo de los hombros con un apretón reconfortante.
—Confía en mí.
—¿No hay manera de que te quedes? —preguntó casi en súplica, deshaciendo el cruce de brazos y acercándose a sostenerla.
—Debo hacerlo, no solo por el trabajo, sino por mí misma —explicó, decidida—. Sé que entiendes todo lo que esto implica, lo importante que es.
—Sí, yo... —dudó, bajando la cabeza antes de abrazarla—. Solo quiero que estés segura. No quiero perderte.
Grace devolvió el gesto y cerró los ojos, agradecida de tener a alguien que la cuidara tanto y quisiera salvarla de los traumas del pasado.
—Prometo que regresaré, me encargaré de resolver el enigma y volveré victoriosa.
—Te tomo la palabra, esperaré por ti.
Estrujándose y disfrutando el momento, guardaron silencio antes de mirarse y, en conjunto, terminar de armar la mochila. El futuro era incierto, por lo que aprovecharían cada instante que pudieran compartir.
HEADCANONS ★ GENSHIN IMPACT
Diluc Ragnvindr x Reader
Sinopsis: Qué haría cuando lo visitas en El Obsequio del Ángel y te emborrachas.
Palabras: 0.1k
Género: Slice of life.
Advertencias: Ninguna.
𝔢𝔫𝔤𝔩𝔦𝔰𝔥 𝔳𝔢𝔯𝔰𝔦𝔬𝔫 ‧ masterlist
★ Principalmente, se aseguraría de que dejaras de beber. Según tu actitud, intentaría persuadirte con calma o, si no quedara otra alternativa, comenzaría a servirte agua sin más.
★ Dado que son conocidos, te prestaría más atención que a nadie. Confiando en su equipo, dejaría que se ocuparan de la mayoría de los clientes mientras te supervisa de cerca.
★ Si aumentaran tus ganas de socializar, procuraría que nadie se aprovechara de ti ni que alteraras la tranquilidad de los demás. En caso de ser necesario, podría incluso sentarse a tu lado, solo para entretenerte y asegurarse de que no terminaras en una situación extraña con desconocidos.
★ En caso de que empezaras a tener sueño y no estuvieras en aptitud de regresar sin compañía, te llevaría al cuarto trasero para que descansaras allí hasta la hora de cierre.
★ Si al despertar aún notara que no estás en condiciones de manejarte por tu cuenta, no dudaría en acompañarte hasta casa.
ARENA Y METAL
Seth x Diosa!OC [Habibah]
Sinopsis: Hathor genera su primer descendiente y Seth es el último en enterarse.
Palabras: 5.2k
Advertencias: Incesto ‧ Smut + Asfixia erótica.
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—¿Qué le sucede a Hathor?
Los presentes voltearon ante la nueva voz, y algunos rostros mostraron desagrado al ver quién era el nuevo integrante de la habitación. Seth alzó una ceja por las reacciones, mientras Sekhmet sonreía ampliamente, dispuesta a dar respuestas.
—Al parecer, su hija está causando problemas —rió con malicia.
—¿Desde cuándo ella tiene descendientes? ¿Quién de ustedes fue? —preguntó, ligeramente agresivo por la confusión.
—Ninguno —suspiró Maat, cruzando los brazos—. Hace tiempo tuvo una aventura y...
Seth hizo un sonido que manifestaba su opinión sobre lo idiota que era por caer en embarazo, y luego los observó con desconfianza, preguntándose si esto había sido un secreto que habían guardado solo para él.
—¿Qué hizo para que Hathor corriera por los pasillos entre sollozos?
—Nació con la belleza propia de su madre. Le gusta bailar y viaja con un grupo a distintas ciudades para dar espectáculos, pero su rostro está llamando bastante la atención —explicó Bastet.
—¿En serio, el problema es que tiene muchos pretendientes? —burló con un bufido.
—Va más allá de eso; algunos son divinidades que están comenzando a pelear y a generar caos —dijo Maat, marcando la importancia del asunto—. Pedimos que Hathor pusiera orden y exigiera que su hija actuara acorde a su título de diosa, pero...
—¿Diosa? ¿Su hija ascendió? —preguntó con menos simpatía.
—Es la Diosa de las Piedras Preciosas y Metales. Todo lo que usamos fue confeccionado por ella —dijo Thoth, señalando el impresionante collar que lo adornaba.
Isis sonrió con burla, pero Seth desechó la situación como una pérdida de tiempo y abandonó el lugar, dirigiéndose a su templo. Al llegar, contrariamente a lo que había dicho, ordenó a sus sirvientes más leales que buscaran a la joven que cautivaba a todos. Sin embargo, la información llegó varios meses después y, para entonces, cualquier interés había desaparecido.
Aún así, Hathor no dudó en enfrentarlo cuando se enteró de que él sabía que su preciada hija vendría a la ciudad. Nerviosa y alterada, no ayudó en absoluto que el hombre evitara minimizarla.
—¡No te metas con mi bebé! ¡Me encargaré de los pretendientes, eliminaré cada rastro de afecto y nada sucederá! —gruñó, frunciendo el ceño.
—¿Ahora decides actuar? Batallas y conflictos se han originado por su culpa, y ese es mi territorio.
—¡Ella es la víctima, no la responsabilices! Si le haces algo…
—¿Qué? —Seth enarcó una ceja, sonriendo desafiante—. ¿Crees que puedes enfrentarte a mí?
Hathor se puso bordó y la pupila de sus violáceos ojos se volvieron verticales, el aura que la rodeaba siendo sumamente amenazante.
—Haré lo que sea necesario para acabar contigo si te metes con ella, no me importa si debo cambiar los sentimientos de cada ser viviente para que la protejan y vayan contra ti —aseguró, mientras chispas surgían de la punta de sus dedos. Luego dio la vuelta y salió del salón.
—¿Desde cuándo se atreve a hablarme así? —murmuró molesto, golpeando con las uñas el trono que ocupaba.
Eligiendo ir sin importar las circunstancias, indicó que prepararan ropa menos llamativa y que cubriera bien su cabello rojo para pasar desapercibido. Se envolvió en lino y partió al anochecer hacia la zona indicada, donde frunció el ceño al ver la gran cantidad de gente que ya ocupaba los lugares delanteros.
—Señor, venga por aquí —avisó una joven con fina joyería y amplia sonrisa.
—No me toques —gruñó al sentir que lo sostenía del brazo.
—Por favor, tengo instrucciones de la intérprete principal para llevarlo a la primera fila —explicó sin perder la gracia.
Seth entrecerró los ojos y avanzó, notando que varios mortales vestidos como ella organizaban a los espectadores. Mujeres y hombres lo observaron pasar, preguntándose quién era para evitar quedarse atrás. Al detenerse, lo colocaron en un área con almohadones a pocos metros del escenario desmontable.
Con la puesta del sol, las antorchas fueron encendidas y los músicos se acomodaron en sus bancos, comentando en voz baja entre sí. Pasó un tiempo antes de que el espectáculo comenzara y, al cabo de un rato, un hombre finalmente dio la bienvenida y anunció el inicio de la interpretación. Los primeros en salir fueron un grupo mixto que danzaba en parejas o pequeños conjuntos, antes de romper formación para interactuar con los presentes. Seth admiró la presentación, preguntándose dónde habían encontrado a tanta gente hermosa y talentosa, mientras el público reía y aplaudía al contagioso buen ánimo de los artistas.
Los minutos fluyeron en una actividad diferente para él, el acto final arribando y levantándose una tela que reveló varias siluetas femeninas que acapararon toda la atención. Un ritmo diferente empezó a sonar, y el paño fue soltado por los hombres que se sostenían en escaleras. Nueve mujeres mostraron sus espaldas, con una destacándose en la punta de la formación en V. Poco a poco giraron, y finalmente apareció el rostro de la chica que Seth había venido a conocer, su boca quedando entreabierta en asombro.
Con una sonrisa confiada y seductora, y labios rojos como rubíes, la diosa levantó los párpados y reveló irises de un púrpura oscuro, con largas pestañas heredadas de su madre. Caminó lentamente mientras las demás mujeres se dispersaban por el escenario. En sincronía, comenzaron su coreografía con una actitud increíble. Cristales y cuentas doradas se entrelazaban y volaban al girar, las decoraciones brillando tanto como ella, mientras quitaba el aliento de todos los presentes.
Los rojos ojos de Seth siguieron cada movimiento, admirando las curvas que se ondulaban con picardía y lo ignoraron hasta que decidió aproximarse a la zona privilegiada. Se agachó con aire depredador y avanzó al borde del tablón apoyándose en manos y rodillas. La gente gritaba emocionada mientras ella mantenía el contacto visual, en un punto levantándose y meneando despacio las caderas. Recorrió sus piernas, muslos, cintura y cuello en un espectáculo sumamente sensual, antes de dar media vuelta y llamar a uno de los hombres que danzaban cerca.
La euforia se desató ante lo que podría suceder, con Seth apretando los dientes y observando casi sin pestañear mientras ella colocaba ambas manos en los hombros del masculino y comenzaba a rozarlo. Él la sostuvo y la hizo girar, reconociendo sus intenciones, y acarició el expuesto vientre, manteniendo una mirada desafiante hacia el dios. En ese punto, gracias al calor de las grandes antorchas y el baile, ella brillaba en leve sudor y poseía las mejillas sonrosadas como bellos granates.
—Te esperaré —indicó, la voz perdiéndose entre la música y el bullicio.
Seth entendió lo dicho por el movimiento de labios y observó cómo tiraba una pulsera a sus pies. Algunos intentaron estirarse para recogerla, pero él la cubrió con una mano y los miró con tal severidad que retrocedieron.
Una vez que el evento terminó decidió esperar alguna señal, de golpe el accesorio comenzando a calentarse y enseñar cierta fuerza que lo impulsaba a seguir una dirección. Se dejó guiar a través de un par de calles concurridas hasta doblar en un callejón, donde la mujer lo esperaba apoyada contra una pared, mirándose las uñas.
—Supe de tu existencia hace poco, a diferencia del resto —explicó con cierta recriminación.
—Es entendible. Según me dijeron, tu ánimo es bastante volátil y agresivo —dijo, encogiendo los hombros como si no le importara demasiado—. ¿A qué se debe tu visita? —inclinó la cabeza, acortando la distancia, pero pronto se vio incapacitada al arena envolver sus piernas.
—Como Dios de la Guerra y el Desierto, he venido a encargarme de los problemas que generas con tus conquistas.
Ella desvió la mirada y rodó los ojos en silencio, lo que llevó a Seth a emitir un sonido de advertencia que la instó a hablar.
—¿Tienes algún lugar más privado?
Seth consideró la pregunta entrecerrando los ojos, antes de tomarla del brazo y desaparecer en un torbellino.
—Esto es… —dudó al ver lo que la rodeaba.
—Mi templo —terminó la frase mientras se despojaba del lino innecesario, el colorado cabello quedando libre y adornándole los hombros.
—Wow —exclamó tocando suavemente un mechón—. Podría crear tantas cosas para realzar este color, es tan bello…
Seth la tomó alto por la muñeca en señal de advertencia, permitiendo que ella sonriera y le lamiera la mano sin desviar la mirada.
—Cuidado o te cortaré la lengua.
Bufando, se liberó del agarre y le dio la espalda, avanzando con elegancia hacia las enormes escaleras que llevaban a la edificación principal. Las joyas y hilos de gemas que colgaban de ella resonaban armónicamente en cada paso, brillando intensamente al acercarse a las antorchas.
—Es enorme, no me importaría pasar algunas semanas aquí —rió traviesa rozando una de las paredes.
Seth la seguía a una distancia prudente, sus pupilas distinguiendo cada movimiento y admirando todo lo que era. Desde que la vio por primera vez, una necesidad de origen desconocido crecía sin frenos en él, y ciertamente resultaba frustrante.
—¿Acaso ofrecí que te quedaras?
—¿No quieres? Soy buena compañía —volteó, retrocediendo de espaldas—. ¿Por qué crees que quienes me conocen pelean por tenerme? —guiñó un ojo.
—Sexo.
—Si fuera solo eso, ¿por qué no se olvidan de mí cuando me voy? ¿Qué los hace apegarse tanto? —aminoró la velocidad para quedar cerca—. Hoy mismo lo has visto, el público se excita al verme… Incluso tú.
Seth apretó los dientes en descontento, y ella sacó la lengua en burla.
—¿Tienes el permiso de tu madre para relacionarte con dioses?
—Hace siglos que no necesito su aprobación —rió—. Hoy le dije que intentaría evitar causar caos. Quién sabe, tal vez acercarme al Dios de la Guerra sea la solución.
—Serás más un dolor que placer.
La frase hizo que ella carcajeara antes de fingir una profunda reflexión.
—¿Tienes músicos? Tal vez un baile privado te cambie de opinión.
—Primero debemos resolver ciertas cuestiones —dijo indiferente, pero ella sabía bien que con un empujón caería—. ¿Cuál es tu nombre?
—Te lo diré dependiendo de lo que decidas luego de mi danza.
Él apretó la mandíbula, detestando la ligereza con la que hablaba y el brillo malicioso en sus ojos. La sonrisa permanente le ponía los nervios de punta, haciéndola lucir como si estuviera en control de la situación.
—¿Por qué vives como nómada haciendo espectáculos?
—Mortales o inmortales, cada ser nace con una familia a la que puede apreciar, o no. Mi madre es una de las mejores cosas que me han sucedido y siempre estará en mi corazón, pero el resto realmente no importa mucho. Conocí a personas con intereses compartidos, con quienes disfruto pasar los días. Confían en mí y yo confío en ellos, así que los escogí —explicó, un nuevo aire rodeándola—. No abandonaré esa caravana, no cuando todos los que aprecio tienen fecha de caducidad.
—Tienes sentimientos poco propios de una divinidad.
—¿Qué es un dios sin humanidad? Si no entiendes a la gente que debes proteger, representar y servir, ¿cómo puedes ser un soberano empático y respetable? —preguntó con pura seriedad en los ojos—. Sé que nunca reinaré Egipto, pero eso no me hace indiferente a quienes me rezan.
—Por cómo hablas, no me quedan dudas de que eres cercana a Osiris e Isis.
—Bien pensado, ambos participaron mucho en mi crianza —respondió, cruzando los brazos y poniendo peso en una cadera.
—Como sea —imitó su postura, observándola de arriba a abajo—. ¿Eres incapaz de ordenar a tus amantes que dejen de pelear por ti?
—La mayoría ni siquiera ha podido tocarme un pelo; solo luchan por el mero deseo de hacerlo. He intervenido, pero quien realmente debería ponerse a trabajar aquí es Nephthys y fomentar la paz.
—No cuestiono eso. Deberían haber recurrido a ella desde el principio.
—Es tu hermana. Si no actúa, podrías pedírselo.
—¿Quién crees que soy, un mensajero? —enarcó una ceja.
—Vaya —suspiró, inclinando la cabeza—. ¿Entonces qué, nos acostamos y dejamos que el rumor corra para asustar a los dioses?
—Realmente eres insistente. ¿Tanto me deseas? —chasqueó la lengua, sonriendo socarrón.
La pregunta arrancó un ruido seco de la chica, quien se acercó.
—No voy a negar que eres sumamente atractivo, pero desde antes de que asistieras al espectáculo sabía que esta noche tenías ganas de pasarla bien. Si no me acompañas, iré a buscar a alguien más que me complazca.
Seth inspiró y le sostuvo la mirada, su corazón acelerándose y debiendo contenerse de desviar la vista por como parecía acercarlo al abismo.
—Creo que ofreciste bailar para cambiar mi opinión, ¿o no?
—Al fin pasamos a lo importante —dijo complacida, retrocediendo un poco—. Guíame hacia tus músicos.
Inmediatamente tomó la delantera y le hizo esperar mientras ingresaba a una habitación. Desde el exterior, ella escuchó cómo hombres y mujeres lo saludaban apresurados, acatando sus órdenes y generando algunas notas accidentales mientras se movían. Una considerable fila de personas salió y la miró, ella sonriendo y disfrutando al ver cómo varios dejaban caer la mandíbula en sorpresa.
—¿Con qué se distraen? —preguntó Seth desde el fondo, su voz haciendo que todos abandonaran la estupefacción y aceleraran el paso.
—Si decides no tener sexo conmigo, me alegra saber que no tendré que buscar lejos.
Él le lanzó una mirada de reojo, apretó los dientes y luego sacudió el cabello hacia atrás.
—Vamos.
Caminaron con calma, y Seth entró primero en una enorme habitación donde un inmenso colchón reposaba casi a nivel del suelo. Postes con enormes cortinas estaban dispuestos para cubrir la cama del exterior, mientras cuatro sirvientas encendían incienso y preparaban alcohol.
—Suelten las telas laterales.
Otro pequeño grupo se apresuró a cumplir, liberando los nudos y dejando solo un sector descubierto.
—Interesante —comentó la diosa, dando algunos pasos por el ambiente.
Los músicos llevaron sus instrumentos y se acomodaron en lugares donde los gruesos paños los cubrieran, dejando claro la intención de solo observar a la invitada.
—Prepárate como desees —dijo Seth, haciendo un gesto indiferente antes de dirigirse a la cama y recostarse contra una gran montaña de almohadas.
Dos mujeres se acercaron con copas doradas llenas de vino, que ambos aceptaron antes de que el dueño del templo ordenara que se retiraran.
Mientras bebía con calma, la femenina se acercó a los músicos para discutir que deseaba. Ellos siguieron cada indicación e intercambiaron opiniones hasta llegar a un acuerdo. Satisfecha con el resultado, se colocó a varios metros del lecho, justo frente a la sección abierta.
—¿Listo? —preguntó.
—¿Tú lo estás? —respondió ella, enarcando una ceja mientras el incienso comenzaba a llenar el ambiente.
Guiñando un ojo, vació su copa de un solo trago y la levantó en el aire. Al recibir la señal, los artistas comenzaron a tocar mientras ella le daba la espalda, manteniendo el brazo extendido sobre su cabeza.
Meciendo despacio las caderas, el oro que sostenía empezó a derretirse y cambiar de forma. Chorreó por su brazo, formando primero una pequeña cabeza y luego un alargado cuerpo, la serpiente recién nacida enrollándose y descendiendo hasta posarse en su cuello. Con ambas manos sobre esta sensible zona, giró lentamente y sonrió con los ojos cerrados, dejándose llevar por el sonido. Acarició las clavículas y los hombros antes de extender los brazos, mientras el ficticio animal se movía por su pecho y la rodeaba. De repente, un trozo de lino cayó, revelando un seno.
Como si nada hubiera sucedido, continuó con su danza, el metal acariciando y abrazando cada parte de su cuerpo en el descenso. Sus decoradas muñecas y dedos rozaban la piel y creaban movimientos perfectos en el aire, fascinando a los presentes, quienes contuvieron el aliento cuando la serpiente llegó a la prenda que cubría su mayor intimidad.
Sin importarle nada, ella giró y colocó ambas manos en la zona posterior de sus piernas, levantando cuidadosamente un poco del paño. El reptil ató una de sus palmas al muslo para evitar que la retirara, aprovechando la oportunidad para deslizarse bajo la falda.
Un murmullo se escuchó desde el lado izquierdo y la femenina volvió la vista sobre el hombro para observar cómo Seth no despegaba la mirada, aunque una de sus cejas se contrajo involuntariamente al comentario que ella no llegó a descifrar. Con una sonrisa, lanzó la cabeza hacia atrás y s dobló el cuerpo hasta el punto de casi poder verlo, sus dedos libres acariciando desde el vientre hasta el seno expuesto, apretándolo con deleite.
La cola del animal la liberó de a poco y ella giró para mostrar como ésta emergía por el frente y empezaba a subir, así arrastrando la tela hasta el borde de revelar su entrepierna. De todos modos, no daría tal panorama e hizo que ligeramente cambiara de dirección y fuera de una forma donde no enseñara de más. Rotó sobre un pie, preparándose para el inminente golpe de tambor, y en ese instante cayó de rodillas con las manos extendidas y todo el cabello desparramado hacia adelante.
Lentamente fue irguiéndose y los músicos apreciaron los movimientos para acomodar el ritmo, al sentarse separando las piernas y acomodándose entre ellas. Conectó miradas y sintió cómo el rojo de los iris contrarios ardía, lo que le provocó una sonrisa antes de volver el rostro para observar a una de las mujeres que previamente había llamado su atención. Era bonita y toda una tentación si Seth decidía dejarla ir, y en menos de un segundo pensó en qué decirle para seducirla, hasta que la voz del dios resonó.
Todos salieron del trance y detuvieron sus acciones, los músicos apresurándose a recoger los instrumentos y abandonar la habitación. En unos minutos, quedaron a solas, y la mujer se acercó al pie de la cama, inclinando la cabeza con curiosidad.
—¿No te gustó la presentación?
Seth respiró hondo y bebió hasta la última gota de vino, descartando la copa fuera de la cama con un fuerte sonido. Se acomodó mejor y movió el dedo índice en un gesto que indicaba que se acercara. Ella sonrió y dio unos pasos en la cama antes de ponerse en cuatro, gateando hacia él hasta quedar encima. La serpiente, erguida con curiosidad, avanzó sobre el cuerpo del pelirrojo mientras ellos se observaban.
—Fue irrespetuoso que observaras a otra persona cuando debías convencerme a mí.
—¿Por eso cortaste el baile? Solo analizaba la mejor opción si decidías pasar de tal increíble oportunidad —justificó antes de acercarse más, dejando sus rostros a pocos centímetros—. ¿Cuál es tu respuesta?
Manteniendo silencio unos momentos, colocó la mano derecha en su cabeza para cerrar la distancia. Sus labios se encontraron y se enredaron rápidamente, los del masculino sintiéndose increíblemente suaves mezclados con el aroma del vino que habían bebido.
—Cuando decidiste conocerme, ¿habías planeado esto? —preguntó al separarse, él acariciándole la parte baja de la espalda.
—Eres la primera descendiente de Hathor y ella te había ocultado celosamente de mí. Solo fue curiosidad —respondió—. ¿Y tú? ¿Por qué me diste la pulsera?
—¿No es obvio? Me atrajiste desde el momento en que te vi. Definitivamente quería que compartiéramos la cama.
Seth esbozó una pequeña sonrisa de costado y le pasó el cabello hacia atrás, las líneas de gemas entrelazadas brillando en su mano mientras lo recogía.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó, deslumbrado aún más por su increíble aspecto desde cerca.
Ella sonrió e inclinó la cabeza hacia una de las cortinas, como si estuviera decidiendo si debía revelar la información. Finalmente, se volvió y besó la palma que reposaba en su mejilla.
—Habibah, que significa “aquella que es amada” —confesó, con una mirada que denotaba complicidad.
—Tu madre realmente sabía lo que hacía, porque es lo que todos parecen sentir al conocerte.
—¿Incluso el Dios de la Guerra y el Desierto?
—No soy como los demás. ¿Crees que podrás hacer lo mismo conmigo? —dijo con un toque de desafío, pero sonando más como una invitación a continuar lo que habían comenzado.
Aceptando el reto y todo lo que implicada, lo besó introduciendo la lengua y Seth tensó el agarre para enseguida tomarla de la cintura. Acarició la caliente piel y luego empujó hacia abajo, de esa forma ambas entrepiernas encontrándose y ella logrando sentir la erección. Con ninguna duda empezó a mover las caderas y el masculino soltó un pequeño suspiro complacido, sus dedos aventurándose a sostenerla del trasero.
Habibah pasó una mano entre los mechones rojos y descendió lentamente, recorriendo el pecho hasta centrarse en uno de los pezones. Seth apretó los dientes, deshizo el prendedor de la tela superior, y comenzó a acariciar lo que estaba a su alcance, ordenando que ella se acostara.
Sin cuestionar, movió algunas almohadas y se recostó contra el mullido colchón, observando cómo la serpiente se enrollaba en el brazo del hombre como un perfecto y hermoso accesorio. Él apenas tomó conciencia del oro y se enfocó en devolver las atenciones, Habibah cerrando e inspirando profundo cuando arribó a sus senos con los labios. Le acarició hombros y espalda, apenas arañando mientras lo sentía arder como el desierto bajo el sol y se concentraba en consumir cada cosa que tocaba.
El incienso comenzaba a hacer efecto, aligerando sus mentes y abriendo paso a un deseo intenso que los impulsaba a sostenerse con urgencia. Ambas caderas se buscaban frenéticamente hasta que jadeaban contra el otro en besos entrecortados, con piernas y brazos entrelazados en una conexión sin principio ni fin. Ambas caderas se buscaban frenéticamente hasta el punto de que jadeaban contra el otro en besos rotos, piernas y brazos entrelazándose en una conexión sin inicio o fin.
Habibah filtró una mano entre ambos y buscó con gran necesidad la erección, a la cual atendió con hábiles movimientos hasta que levantó la tela que tapaba su intimidad. Seth puso distancia y se apoyó en las rodillas deshaciendo la escasa vestidura y dejándola a un lado antes de encargarse de ella. Completamente desnudos y adornados solo con joyas, la femenina se acomodó mientras él la tomaba de las piernas y la arrastraba sobre sus muslos. El movimiento arrancó una pequeño sonido sorprendido de Habibah y él le miró expectante en el proceso de acariciarle la cara exterior de las piernas.
—Hazlo —animó ella, rozándole el estómago con una mano.
Seth apretó el agarre, dejando marcas momentáneas antes de soltarla y tomar su erección. Con un solo movimiento, introdujo la cabeza y luego empujó a buen ritmo hasta el fondo. Ambos gimieron, y la femenina inclinó la cabeza hacia atrás con una gran sonrisa, su espalda despegándose del colchón mientras tiraba de las sábanas.
—Sí que estás húmeda —gruñó, con los pómulos enrojecidos por la satisfacción.
—L-Lo dices como si fuera algo extraño. ¿Acaso las mujeres no se excitan contigo?
Ella tembló de emoción y placer cuando una mirada roja y afilada emergió entre los cabellos ardientes. La sensación de intenso cosquilleo la hizo reír divertida, hasta que casi gritó cuando él comenzó a embestir con fuerza. Quedó sin aliento y trató de recomponerse entre sonidos de puro impacto, el calor y el placer expandiéndose como olas desde el centro a cada rincón de su cuerpo.
—No deberías competir con el Dios de la Guerra —dijo, mostrando una expresión orgullosa.
—No me importa perder —respondió sinceramente, aunque sabía que eso solo avivaría más la llama.
Seth entrecerró los ojos y pronto recuperó la compostura, con falsa calma colocando ambas manos en el colchón mientras ella rodeaba sus caderas con las piernas. Ondeó las caderas sintiendo el falo pesar y el masculino reanudó el movimiento con gran potencia después de un siseo. Habibah lo atrajo hacia ella desde la nuca para besarlo, temblando al sentir cómo la lengua ingresaba y tomaba el control. Las embestidas eran constantes, con una resistencia propia de una persona que batalló incontables veces para defender Egipto.
Con ojos llorosos, admiró al hombre que se movía sobre ella y le apartó los mechones con ganas de verlo mejor, en ese instante notando los aros que se movían violentos al compás de su dueño.
—Te haré unos más lindos —dijo, rozando la fina y rectangular placa de oro.
—¿Cómo puedes pensar en eso en medio del sexo?
—Tal vez deberías esforzarte —presionó, notando cómo el ambiente cambiaba en un parpadeo.
La habitación cayó en silencio, y la piel de Habibah se erizó al darse cuenta de que había cometido un error.
—Date la vuelta —ordenó mientras salía de ella, aunque no esperó a que se moviera y la agarró del brazo empezando a acomodarla.
Cualquier duda desapareció cuando perdió nuevamente la capacidad de respirar, al sentir a Seth penetrándola de golpe y sosteniéndola del cuello con una fuerza considerable. Quedó como pez fuera del agua e intentó agarrarle la muñeca, pero la arena hizo que dejara las manos pegadas a la cama.
—Tal actitud con alguien que ha nacido mucho antes que tú es muy inadecuado —gruñó, con sus abdominales tensos y cambiando gradualmente el ángulo para rozar el punto que la volvería loca—. Hablar menos y aprender te haría mucho bien.
Involuntariamente, los ojos de Habibah se pusieron en blanco cuando él encontró el área más sensible, las piernas queriendo ceder pero sin poder hacerlo gracias a la fuerza con la que la sostenía.
—Se… th… —llamó, al tiempo que sus músculos se sacudían de una forma que nunca antes había experimentado.
—¿Hm? —preguntó, dejando de cortar la circulación de sangre.
Un poco de conciencia regresó a la femenina e intentó pedir un respiro por como estaba reaccionando a las perfectas administraciones. Sin embargo, Seth intensificó su empeño, impidiendo que pudiera hablar.
Maldiciendo internamente, dejó caer la cabeza mientras humedad escurría por los muslos, manchando ligeramente las sábanas. Seth la sostuvo de las caderas para mayor estabilidad, y le enrolló arena en el cuello, la picazón intensificando el efecto del placer y la estrangulación. Cualquier grito y gemido quedó ahogado o salió cortado, algunos jadeos logrando abandonarla mientras él respiraba pesado y ocasionalmente gruñía en profunda satisfacción.
Luchando por tragar y adorando el desafío, Habibah se concentró brevemente y puso en movimiento a la serpiente. Las caderas del dios perdieron ritmo, y ella miró sobre su hombro cómo la dorada criatura se mantenía firme alrededor de la garganta del pelirrojo.
—D-Dos… —trató de decir, y a propósito él aflojó las grava—. Dos pueden jugar… este juego —sonrió orgullosa, aunque pronto rodó los ojos y se apoyó en ambos codos.
Él respiró con dificultad, el metal sin ceder ni un poco y aumentando sus propias sensaciones.
—Sabía que serías un dolor si t-te traía al templo —gruñó con el ceño fruncido.
Habibah intentó reír, pero un sonido extraño escapó mientras veía cómo el orgasmo comenzaba a formarse.
—Pero tam… también te doy... placer —defendió, sintiendo los pulmones arder y forzando el oro para que sufriera lo mismo que ella.
Una queja desesperada y frustrada emergió del hombre, quien notó cómo la constricción enviaba ondas eléctricas a su erección. Apretó la mandíbula y echó la cabeza hacia atrás, con nueva urgencia arremetiendo contra ella para provocar el éxtasis que empezaba a asomar como una explosión.
Ambos parecían haber perdido el control de sus conciencias y cuerpos mientras se movían, abrumados por la necesidad de liberarse del placer que los consumía. Estaban al borde del desmayo, permitiendo breves momentos de calma en los cuellos antes de regresar rápidamente a la privación.
Los espasmos de Habibah se intensificaron, alcanzando un clímax que abrió un nuevo mundo de goce. Las piernas temblaban incontrolables, emitiendo sonidos lascivos mientras la humedad aumentaba considerablemente con la liberación. El exceso era tal que Seth no pudo soportar la presión de esas paredes, y el estímulo lo llevó al límite, culminando dentro de ella. Tembló y gimió en voz alta, dando las últimas estocadas con cierta dificultad hasta que la estimulación se volvió abrumadora y se detuvo.
Tanto el metal como la arena se aflojaron y los dos respiraron acelerado y pesado, con parpados bajos dejándose caer en el colchón y apreciando la comodidad. Habibah, boca abajo, giró lentamente para mirar al hombre, que tenía un brazo cruzado sobre la frente mientras se estabilizaba. Él lucía igual o incluso más hermoso que antes, con un perfil envidiable y un color de ojos y cabello que amaría destacar con varias creaciones.
—Eso estuvo bien —suspiró la joven mientras levantaba los brazos y se estiraba.
Seth le observó y sin saberlo hizo lo mismo que ella, en silencio admirando la belleza que con un solo vistazo logró capturarlo. Conversaron un poco y decidieron que esa sería la única ronda, aunque sus bocas no se salvaron de enredarse con algunos roces extras hasta que se rindieron al sueño.
Cuando el sol estaba en lo alto, el dios entreabrió los ojos y somnoliento tardó unos minutos en tomar conciencia de su entorno. Las esencias florales llenaban el aire, y ninguna era familiar, así que miró a su alrededor notando la ausencia de Habibah. Frunció el ceño y se sentó, dispuesto a levantarse para averiguar si ella se había ido, pero entonces escuchó un ruido en la habitación y, con cautela, corrió las cortinas.
De espaldas a la ventana, la diosa se miraba en el espejo mientras aplicaba un tipo de aceite a su rostro. El cabello lo tenía mojado y tirado hacia atrás, el sol que entraba y la iluminaba dándole de lleno para exitosamente eliminar la humedad con rapidez. Se hallaba visiblemente concentrada y no tomó conciencia de que Seth despertó hasta que sus descalzos pies hicieron leve ruido en el suelo.
—Buenos días —sonrió Habibah mientras se aplicaba perfume.
—Veo que encontraste los baños.
—Sí, después del espectáculo y nuestro enredo, necesitaba asearme.
—Aún tengo la pulsera que me lanzaste.
—Es tuya —dijo, mirando el objeto—. Con ella, si algún día estás aburrido y me extrañas, podrás encontrarme donde sea que esté y repetir lo de anoche —guiñó un ojo con aire pícaro.
Seth chasqueó la lengua y observó el accesorio, sintiendo cómo se le retorcía el estómago. Las piedras brillaban tanto como ella al sol.
—Lo tendré en cuenta.
—Aún así, deberás estar preparado para cuando mi madre te vea usando algo mío —advirtió, estirando el cuello para observar las marcas que él había dejado.
—No podrá hacer mucho —restó importancia, colocando una mano en su cadera—. ¿Te irás a la caravana?
—Sí, debo avisar que estoy bien y lista para la presentación de esta noche.
—¿Cuánto tiempo permanecerán en la ciudad?
—Hasta la próxima luna llena.
Guardaron silencio por un momento, y Seth cruzó los brazos, mirando hacia la ventana y el claro cielo.
—Quédate.
—¿Cómo? —Habibah alzó ambas cejas, admirando su cincelado rostro.
—Durante la noche, no duermas en la caravana. Ven aquí.
—¿Todos los días? —preguntó, sorprendida.
Seth asintió, y ella pestañeó consternada antes de asentir rápidamente.
—Me encantaría, gracias.
—Iré a bañarme. Haz lo que desees en el templo.
—¿Los problemas están incluidos? —inquirió con malicia, y él inclinó la cabeza.
—No.
—Pero…
—En caso contrario, te castigaré.
—De alguna forma, eso suena muy prometedor. Tal vez deberías darme una lección —rió, divertida y seductora.
—Recién me levanto —dijo entre un bostezo, con el rezago de la noche anterior aún presente—. Nos vemos después.
—Por supuesto, te despediré antes de irme.
Mientras veía su espalda, Habibah abandonó cualquier fachada y sonrió con astucia, sabiendo que el hombre estaba cayendo por ella. No era diferente a cualquier otro humano o divinidad, pero sin duda Seth era el que realmente deseaba y al que le daría todo si se rendía a sus pies.
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