“Buen punto,” concedió la razón con un leve asentimiento de cabeza, para entonces darle mayor tamaño a su sonrisa una vez que su mirada se encontró con la contraria. Vaya, que el aspecto de la muchacha lucía mucho peor cuando se le miraba de frente. Lo siguiente lo llevó a liberar una suave risa, siendo a duras penas perceptible al exteriorizarse; la diversión provocada, sin embargo, prevaleció en la curvatura de sus labios y en la manera en que su blanca dentadura salió a relucir. “Sí, probablemente,” concordó nuevamente, sin retirar la clara expresión de diversión que le adornaba el rostro. Descarado, como siempre. “Ya encontrará el universo una manera de cobrárselas, pero por ahora, voy a seguir riéndome otro rato. ¿Qué fue lo que bebiste, de todas maneras?”
¿Había disfrutado la noche anterior? Posiblemente no. Eran vagos los recuerdos que, gracias a la cantidad de alcohol que había consumido, quedaban en su mente y no podía hacer demasiado para recuperarlos además de tomar una píldora para parar con el dolor de su cabeza y cuerpo, matando dos pájaros de un tiro. “Ponche” Contestó. No estaba mintiendo, era lo que había tomado junto con un par de otras bebidas alcohólicas, pero al fin y al cabo el ponche había sido lo que había servido de base para aquel brebaje que terminó bebiendo. “No rías demasiado, o se te acalambrará la cara y quedarás medio deforme” Era un insulto estúpido, pero lo cierto era que en su situación, insultos ingeniosos no era lo que se le venía a la mente. “Café” Agregó. “¿Tienes café?” Preguntó antes de echarle una mirada a la manzana que yacía entre los dígitos del muchacho, quien parecía ser una persona que disfrutaba desayunar (o almorzar, ni siquiera sabía en qué hora vivía) al aire libre.















