IL LUPO "Gatekkeper" Año 2020 Hierro soldado y patinado, Autor: Marcelo Ortiz.- medidas 76cm altura.
Fabiano, El Lobo y El Gatekeeper.
En ese mismo momento, en el cual me distraje por superficialidades de la vida cotidiana, olvidándome de mi sin saberlo, comienzo a contemplar una serie de brisas, sorpresivas e inspiradoras en mi proxemia, las cuales caen sobre mi ser como una lluvia invisible. Intuí que algo nuevo estaba por suceder, no sabia bien que, pero esa atmósfera se aproximaba cada vez más, rotundamente, hasta diría como si fuese un presagio. Su sensación era inexplicable, pero sí sentía ese vacío que se siente cuando se abre una puerta nueva, o al entrar a un espacio desconocido.
Venia hace varios días trabajando de manera profunda y meditativa en el taller, adentrándome cada vez más en mi interior, husmeando y leyendo signos abstractos que imponían las piezas que estaba realizando vertiginosamente.
En ese quehacer diario, en mi mismo silencio, recuerdo la voz de una persona que me aconseja leer el libro del “Lobo Estepario”. No recuerdo el rostro de esa persona, no recuerdo quién era, ni porque me había dicho que leyese ese libro, solamente recuerdo su voz fresca, entusiasta e inductiva, diciéndome que yo tenía que ver con esos escritos y tenía que leerlo. De la misma forma que recuerdo su voz, su consejo, recuerdo esto como un ensueño, no recuerdo en qué momento de mi vida sucedió, ni en que contexto, lo cual me termino preguntando si yo he soñado esta situación o si esa voz apareció en alguno de mis sueños. Más allá de mis interrogantes y conjeturas decido conseguir dicho libro, materializarlo, para luego leerlo.
Hacia días que no podía conectar con mi ser, con mi esencia, mis pensamientos me resbalaban y vivia con una ansiedad excitante momento a momento, mi interior estaba ahuecado y vivía en el cuerpo de una persona que no era el mío, como un extranjero en carne ajena. Habitualmente salgo a caminar por las mañana a contemplar el despertar de la ciudad y la vorágine de las personas en las calle. Yo, ajeno a todo esto, como un extraño, lo único que hago en estas mañanas es contemplar las amphelopsis, sumamente inspiradoras, que cuelgan con poética y armonía; de algunas casas y balcones de BsAs.
Esta mañana me sorprende en casa, no he salido a caminar, es un 3 de noviembre del año 2020 y un aire suave y primaveral entra por la ventana, había pasado una de esas noches en las cuales uno no puede dormir ni descansar, donde los pensamientos te perforan el sueño y no hay formas de apagarlos, los cuales se van multiplicándo a medida que pasan las horas de la noche. Ya no se si dormí, ya no se si soñé, ya no se si pase la noche despierto, un somnoliento insomnio confuso se apoderó de mi en la nocturnidad. Taciturno, decidí preparar un café para calmar mi trajín y reparar la mala noche que había pasado, cuando siento que alguien golpea tres veces en la puerta de mi departamento.
Me pareció muy raro, nadie golpea la puerta excepto el portero del edificio por algún inconveniente o alguna urgencia, así que decidí abrir y ¡Ahí lo vi!, era una persona, muy alta, esbelta, con rasgos refinados, con cabeza de lobo, era un gatekeeper, Il gatekeeper Lupo; poseía un moño en lo bajo del cuello, característica de elegancia que ya había observado en otros gatekeeper.
Quede perplejo, mudo, paralizado, se tornó un silencio como de mutuo acuerdo y una briza helada recorrió mi cuerpo, nos miramos como en comunión y muy respetuosamente con su voz cansada y antigua, se presentó y me pidió permiso para entrar.
Se sentó en el sillón, poseía un perfume muy particular el cual inundó la habitación al instante, se lo veía aséptico, sensato y respetuoso. Su rostro geométrico, estructurado, frio y cálido a la vez, tenía marcas como si fuesen cicatrices de batallas ancestrales pasadas; y su atuendo daba nota de sus años y de su existencia, poseía un traje como de época, color gris plomo, desgastado y desteñido.
Entumecido en el sillón, su ser naturalmente imponente, generaba una especie de paz, tranquilidad y seguridad; en su respirar emanaba una luz resplandeciente, igual que la pequeña lámpara que se encontraba a su lado; relajado y profundo con voz firme me pidió un té con hierbas aromáticas, que él traía en su bolsillo.
De la misma manera que me pidió permiso para entrar me pidió permiso para dialogar, y así fue como comenzó una extensa charla que se prolongó por horas, escuchándonos, con respeto, hasta que en determinado momento así como quien no quiere la cosa, entre palabras meditativas y pausadas; me nombro a una persona llamada Fabiano.... Fabiano Gatti.....
Así es, la charla se centró en Fabiano, con palabras muy genuinas y sinceras, mientras bebía sorbos de su té, me da a conocer que Gatti era una persona muy sensible, una persona de fé, (hacedor de vida), por ende confiaba mucho en su hijo, en su pareja, en sus amigos y en sus pares; con ímpetu me especificó que a Fabiano lo apodaban o personificaban “El Lobo”, o sea que se identificaba con él, y que estaba dispuesto a dejarlo entrar en su universo lobuno. Seguidamente me susurró que lo venía observando desde hace muchos años y que en este momento de su vida Gatti opto por regocijarse, apoyarse y nutrirse del arte, para renacer, resurgir; fortalecerse y ponderarse como todo lobo, sin dejar de cobijar a su manada y a sus pares.
Luego de la maravillosa descripción, IL Lupo, me confiesa que ha venido a encomendarme un trabajo, el cual consistía en que lo representara, que lo haga material, que lo haga escultura, perdurable y fuerte como el hierro, para que ésta, mitad material y mitad magia, habite la casa de Fabiano cumpliendo la función de gatekeeper (de proteger) que a él le pertenecía; y que a medida que pasen los años la misma pase a sus descendientes de mano en mano resignificándose .
Ni bien terminó de encomendarme el trabajo, negociamos características esenciales y espirituales, tomé nota de sus especificaciones, leyendas y mitos de los cuales habíamos dialogado, me sentía maravillado y no me dejaba de llamar la atención esta sorprendente visita, era todo un honor para mi. Fumamos un cigarrillo en complicidad contemplando el silencio y la dimensión de la que me había hablado, ambos mirando el cielo estrellado, sin más nada que decir, me dijo que le urgía retirarse, que tenía urgencias y cosas a las cuales atender, así que nos levantamos y lo acompañé hasta la puerta de entrada, me saludo cordialmente acomodando su moño e inclinando su cabeza como si fuese un saludo zen, como si fuese un Bodhisattva. Quedé exhausto, sin palabras, me sentí un Terton, un descubridor de tesoros, sagrados.
Yo en mi imagen propia de simple hacedor, acompañado de herramientas invisibles que llevo insensiblemente, me puse a realizar día tras día endeblemente sus rigurosos rasgos, su esencia, su cumplido.
Nunca más he visto a Il Lupo gatekeeper, algunos otros personajes que suelen visitarme a menudo me han comentado que lo han visto por la antigua Italia, otros me han confirmado que lo han visto por países centro europeos y nórdicos donde el clima frío, duró y adverso es su aliado, y en donde él se mueve con gran destreza.
Hoy un día cualquiera de esta existencia, 19 de diciembre del 2020 llego a la humilde casa de Fabiano, golpeo su puerta tres veces, como si yo fuese un gatekeeper y entrego en sus manos esta sencilla escultura que Il Lupo gatekeeper me ha encomendado.