Me abracé a él con todas las fuerzas que mis brazos pudieron dar, hundí la nariz en el espacio que había entre su mandíbula y su clavícula, tomando rápidamente un último respiro de su aroma me despegué de su cuerpo, no dejé que él me abrazara porque si lo hacía sabía que no tendría la fuerza necesaria para irme.
-¿Pasa algo?- me preguntó confundido.
-Nada, nada, ya me conoces yo y mis arranques de amor- le dije y juré que mi voz se quebraría a mitad de la oración.
-¿Segura?- buscaba mis ojos con insistencia pero yo fingía buscar mis llaves extraviadas en la bolsa.
-Sí, no pasa nada- dije rápidamente mientas salía del coche tan rápido que ya no alcancé a escuchar lo que me respondió.
Camine a paso acelerado hacia la puerta pero el sonido estridente del claxon me hizo voltear.
-¿Nos vemos mañana?- me pregunto casi gritando y yo solo asentí con la cabeza, lancé un beso al aire y seguí la marcha.
Escuche el motor del carro alejándose de mí, llevándose adentro a lo que más amaba en la vida. Abrí la puerta desesperada y enseguida le envíe el mensaje con todas las fotos, con toda la evidencia de su desliz.
Lo amaba tanto que preferí disfrutar esa última noche a su lado, sin reclamos, sin gritos, sin dramas ni peleas. Lo amaba tanto que lo dejé en libertad para que al menos él fuera feliz.
AmeQuiela
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