Flotando. Todos estamos sólo flotando a la deriva (aun cuando parezca que no) en las inmensas, imponentes, profundas, desconocidas y terriblemente hermosas aguas de la vida.
Sobre ellas hay una neblina densa y opresiva. Es la mezcla de la relatividad, la duda y la incertidumbre que estamos condenados a respirar mientras nos encontramos aquí.
Nadie sabe nada. Nunca. (Aun cuando parezca que sí).
Prácticamente la historia de la vida humana se trata de cómo cada quien resuelve el trayecto en ella, entre la búsqueda de respuestas y explicaciones (porque decir verdades es atreverse demasiado); las que tantos y tantos haceres, profesiones, ciencias, artes, programas, proyectos, experimentos, leyes, estudiantes, eruditos, diplomáticos, doctores, religiosos, artistas, observadores, filósofos, curiosos, amantes, ocultistas y una larga lista de etcéteras acaso solamente se han acercado a desarrollar, sin si quiera encontrar certeza de ello, tomando en cuenta las variables y componentes de la neblina, que propician contradicciones y múltiples opciones, posibilidades, caminos, formas y fórmulas que terminan simplemente confundiéndonos más.
La presencia perpetua de los peros y sin embargos se encarga de mantenernos a flote sin remedio.
Contradictorias y contrastantes – acaso hasta duales- son estas aguas.
Sufribles y disfrutables.
Atrayentes y aterradoras.
Siempre cotidianas y siempre desconocidas.
Aquí todo es todo al mismo tiempo, todo el tiempo.
Entre la neblina a veces se abren claros por los que se puede mirar el cielo. Entonces uno entiende que hay mucho, mucho más arriba y abajo, y ya no se siente solo, porque ahí están, brillantes y hermosas, las estrellas. Con ellas viene una sensación de alivio y la libertad de ser conscientes sin que dé miedo, pues a ellas se les pueden contar todos esos pensamientos y experiencias que se acumulan mientras se flota en las aguas. Pero lo mejor de todo es cuando escuchas sus respuestas. De ésta forma aprendes dos cosas muy importantes: cómo se ven las cosas desde otro punto, y a entenderte a ti mismo a través de la paráfrasis de alguien más.
Las estrellas son los amigos, y ésos lapsos de claridad pueden ser pequeños o grandes, largos o cortos, constantes o esporádicos, pero, cuando la neblina vuelve a cubrirlo todo y uno renueva la marcha flotante sobre las corrientes propias de agua, se queda en el interior ésa sensación cálida y dulce de saber que más allá de la neblina existe ése cielo enorme y brillante donde habitan ésas estrellas, cuya presencia está allí siempre, aunque no las veamos todo el tiempo - a causa de la neblina o del Sol – pero sabemos que de algún momento a otro volveremos verlas, a hablar y a escuchar, reír, recordar, llorar: compartir.