¿Para qué sirve la poesía?
Últimamente me hago esa pregunta mientras levito entre tuits y “posts” de versos que gritan mudamente cosas como: “quiero ser como Coelho”, “tomo el poema de Gabriela Mistral y lo re-escribo en tercera persona, le cambio un par de verbos, tres adjetivos y puedo decir que es mío.” Y así muchos.
Otros se dedican al plagio, bajo la idílica justificación del “me gustó tanto que el autor debería sentirse honrado que lo hice mío.” Excusas llenas de sin sentido, digo yo.
Y me sigo preguntado ¿para que sirve la poesía? si el proceso a veces me aniquila cuando leo y releo, borro y borro, y mi hoja sigue en blanco.
Hace unos días, mientras esa pregunta me seguía persiguiendo y mis ejercicios diarios purgaban letras en mi libreta, en mi computadora, y en algunas líneas en tuiter, me llegó un regalo precioso; un cuento escrito durante un retiro de la tecnología, del todo y todos, desde una tierra lejana a mi geografía y cercana a mí.
Me quedó claro después de leerlo, que la prosa y la poesía comparten una línea muy fina, casi invisible y sólo el autor que las conoce en su esencia, puede generar una simbiosis en la que las dos sacan lo mejor para ser una perfecta.
“Yo sigo siempre buscando la poesía, encontrándola sobre todo en las obras ajenas, no en lo que yo escribo, pero mi destino es ese, un destino literario, y no me quejo de ese destino que consiste, sobre todo, en sentir las cosas. Si uno fuera realmente un poeta sentiría cada momento como poético.” Jorge Luis Borges, Diálogo sobre la poesía.
Este cuento y muchos otros escritos de este autor y otros, son poesía para mí, aunque vengan en prosa.
Ni siquiera Platón pudo definir a la poesía, pero daba ejemplos de ella en términos de “(…) una cosa liviana, alada y sagrada…”
Sin embargo, los poetas a través del tiempo han usado cientos de adjetivos para explicar la capacidad catártica, cauterizadora de demonios, liberadora, seductora, transitoria entre el día y la noche, la muerte y su cara, la desnudez, la guerra, lo básico y trascendental, lo onírico y satírico de la poesía, más todo lo demás.
Para mí, es un todo que me permite ser ese yo sin jaula ni alas atrofiadas. Me libera de prejuicios, juicios y estupideces. Me quita las gafas rotas y en tres líneas hace que me enamore profundamente de un amante perfecto, de una noche infalible, de una luna robada. Me da la oportunidad de crear lo que me de la gana, como me de la gana, con un ritmo propio y rompiendo las reglas.
Sirve para retar nuestro pensamiento y dejar de ser un lugar común. Para convertirnos en alguien que no se parece a nadie y tiene voz propia. Sirve para sentir tanto que la vida se te va en cada letra y vuelves a respirar en cada punto final.
“¿Qué es poesía? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¡Que es poesía! ¿Y tú me lo preguntas? Poesía… Eres tú.”
Gustavo Adolfo Bécquer
Fermina Ponce©• Todos los derechos reservados • 7/11/2015