La tormenta llego y desorganizo mi corazón, sin darme cuenta era yo quien llamaba a la tormenta, como un baile de lluvia. Ahora tengo orugas en el estomago, retorciéndose, acomplejadas de no convertirse en mariposas, bañándose en mi bilis, lombrices de tierra también bailaron en mis entrañas; falsas mariposas Después de vomitar, veo mi reflejo en el charco, me devuelve una versión enferma de mi, acomplejada e insegura, es lo bueno de las tormentas, después de revolverte todo, te desnudan el alma. No hay mariposas pero hay raíces, germinando en el miocardio, listos para provocar otro paro. Ansioso de la arritmia.













