
titsay
One Nice Bug Per Day

blake kathryn
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he wasn't even looking at me and he found me
Acquired Stardust

Kaledo Art
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
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Keni
occasionally subtle
I'd rather be in outer space 🛸
$LAYYYTER
noise dept.

Origami Around
Sweet Seals For You, Always
PUT YOUR BEARD IN MY MOUTH
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ

Kiana Khansmith
Jules of Nature
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@melkor-l
I'm waiting for breakfast.🥕🍠☘️🐌💬 朝食を待ってるよ🥕🍠☘️🐌💬
“Seguro que en este mundo hay un montón de cosas que no entiendo, pero a tí quería comprenderte. Quería hacerlo. Porque yo, cuando te encontré, enseguida me di cuenta. Que éramos iguales.”
Heaven. | Mieko Kawakami.
Créditos de la imagen a quien corresponda. 📷
Oil paintings by Michele Melcher
No sé cuántas veces he caído en la cama, roto, sin fuerzas, con las lágrimas ahogándome. No hay un motivo claro, no hay una razón que pueda señalar con el dedo… solo esta tristeza, esta sombra que me envuelve y me arrastra sin piedad.
Y aquí estoy, tumbado, rendido. Dejando que la vida me pisotee, que pase sobre mí como si no existiera. Ni siquiera tengo la voluntad de luchar, de gritar, de pedir ayuda. Solo el peso de mi propio ser, hundiéndome cada vez más en este abismo sin fondo.
By: melkor-l
¿Estás bien…? Dímelo, aunque sea con un susurro. ¿Por qué no me cuentas tus colores? Déjame ver el rojo de tu furia contenida, el azul de tu tristeza ahogada, el gris de tus días vacíos. Ven, siéntate a mi lado. No tengas miedo.
Déjame escuchar tu corazón, ese que late bajo el peso de todo lo que callas. Sé que me veo frío, distante, como si nada pudiera tocarme… pero no lo soy. Soy más humano de lo que imaginas, más frágil de lo que crees. Así que ven. Dime todo lo que necesitas soltar, deja que el silencio se rompa y que el dolor encuentre su escape. No cargarás con esto solo. No mientras yo esté aquí.
By: melkor-l
No cuesta nada ser amable… y, sin embargo, en un mundo consumido por la indiferencia, la amabilidad se convierte en un acto casi heroico. Es un arte olvidado, un susurro de humanidad en medio del estruendo del egoísmo. Ser amable no es solo un gesto; es un reflejo del amor al prójimo, una chispa de luz en la oscura tormenta de la apatía. Porque, en el fondo, cada palabra gentil, cada acto de bondad, es un grito silencioso que desafía la frialdad del mundo.
By: melkor_l
Andrii Kateryniuk
La paz es el estado más hermoso de todos. Es un susurro suave en medio del ruido, una brisa fresca que acaricia el alma cuando el mundo parece arder. Es ese momento en el que todo se detiene, en el que el tiempo deja de pesar y el corazón late con la ligereza de quien ha soltado todas sus cargas.
Cuando la paz llega, incluso las cosas más pequeñas parecen poesía. El cielo se vuelve más azul, la tierra más cálida, las aguas más serenas. Cada detalle, cada sonido, cada instante cobra un significado diferente. Te detienes a mirar los pajarillos que revolotean sin rumbo, el viento que juega con las hojas, las sombras que se alargan en el suelo como si también quisieran descansar.
Descubres que la vida no es solo un cúmulo de obligaciones, que las cosas buenas no se planifican, sino que aparecen de repente, como un destello en medio de la rutina. Te das cuenta de que la felicidad no siempre es un gran acontecimiento, sino esos pequeños instantes que pasan desapercibidos: un rayo de sol en la cara, el murmullo del agua, la risa inesperada, el calor de una caricia sincera.
Dormir en paz es como beber un vaso de agua helada en un día de calor abrasador. Un alivio profundo, un descanso absoluto. Es el cuerpo entregándose a la calma, la mente desprendiéndose del peso del día, el alma encontrando refugio en la tranquilidad.
Y entonces comprendes que la paz no es ausencia de caos, sino la capacidad de encontrar belleza incluso en medio del desorden. Es aprender a respirar cuando todo parece abrumador. Es recordar que, al final del día, lo único que realmente importa es cómo te sientes contigo mismo, con el mundo, con la vida.
Porque la paz no se encuentra afuera. La paz siempre ha estado dentro de ti, esperando a que decidas escucharla.
By: melkor-l
Mybrokenworld 05 de Octubre de 2020.
Fragmentos: Cuidado con el bueno cuando se cansa de serlo.
Dicen que la gente buena nunca hace daño, que aquellos que llevan la bondad en el corazón son los más débiles. Que son fáciles de romper, fáciles de usar, fáciles de olvidar. Pero nadie se pregunta qué pasa cuando alguien bueno se cansa... cuando lo único que sostiene su alma es la esperanza de que algún día alguien lo trate con la misma ternura con la que él ha tratado al mundo.
Esa clase de personas no nacen con odio. Lo aprenden. Lo moldean en silencio, mientras sus lágrimas caen en noches que nadie recuerda. Lo esconden detrás de sonrisas, detrás de palabras amables, detrás de una paciencia infinita que pocos logran entender.
Pero toda paciencia tiene un límite.
La bondad también se pudre.
Él era bueno. Lo había sido toda su vida. Caminaba con la cabeza baja, hablaba con suavidad, ayudaba incluso cuando nadie lo agradecía. Su alma era de las que los ángeles habrían amado con todas sus fuerzas. Pero los ángeles nunca vinieron a buscarlo.
Solo los demonios.
Cada golpe, cada mentira, cada silencio lo fue vaciando por dentro. No lo notaban porque él seguía sonriendo. Seguía siendo bueno. La gente cree que la bondad es eterna... que los corazones nobles no se quiebran. Pero lo que no entienden es que la bondad es la forma más peligrosa de la fuerza. Porque solo alguien bueno puede soportar el peso del odio durante demasiado tiempo. Solo alguien bueno puede transformarlo en algo peor.
No se sabe cuándo cambió. Tal vez fue la última traición. Tal vez la soledad que nunca se fue. Tal vez fueron las palabras que nadie dijo, los abrazos que nunca llegaron.
Lo cierto es que una noche dejó de rezar.
Dejó de esperar.
Y los demonios, que llevaban años rondándolo, lo reclamaron como suyo.
Se llenó de silencio, y el silencio lo hizo fuerte. No se convirtió en alguien cruel, no era uno más de los que hacen daño para sentirse poderosos. No. Su oscuridad era más profunda, más antigua. La maldad en su alma era la que se cocina lento, la que se teje con paciencia, con odio reprimido, con cada lágrima tragada.
No gritaba. No golpeaba.
Esperaba.
Y cuando llegó el momento, lo único que dejó tras de sí fueron cuerpos y habitaciones vacías.
No era un asesino. Era algo peor.
Era la suma de todas las veces que lo destruyeron. Cada mentira, cada desprecio, cada traición... cada cosa que le arrancaron, él la devolvía con un amor enfermizo. Porque cuando alguien bueno deja de ser bueno, lo hace con la misma dedicación con la que alguna vez amó.
Quien lo conoció en vida lo habría descrito como alguien amable, alguien incapaz de hacer daño. Pero en la oscuridad, en los rincones donde se escondía, él se deshacía de esa piel.
No mataba por placer. Mataba para vaciarse.
Porque algunas almas nacen para amar... Y otras, para odiar cuando el amor se agota.
Así que si alguna vez encuentras a alguien bueno, cuídalo. Protégelo. Amalo.
Porque si lo destruyes…
Puede que algún día lo veas regresar desde la oscuridad con tu nombre entre los dientes.
By: melkor-l
Dos perros vagaban por la ciudad vacía. Uno negro, el otro blanco. Caminaban sin entender por qué no había rastro de vida. No había personas, ni pájaros en el cielo, ni insectos en el suelo. No había olor a carne, a fuego, a putrefacción. Solo un silencio absoluto que oprimía el aire.
Las calles estaban limpias, pulcras como si el mundo hubiera sido lavado y dejado a secar bajo una luz demasiado blanca. Los edificios se alzaban impolutos, las ventanas relucían, las puertas parecían cerradas con meticulosa precisión. Todo estaba en su sitio, todo era hermoso… pero muerto.
Ambos perros avanzaban con cautela, sin rumbo, impulsados únicamente por la necesidad. Hambre. Sed. Vida. Cualquier cosa que los asegurara de que no estaban atrapados en un sueño sin despertar.
Entonces, el negro se detuvo. Sus orejas se aguzaron, su lomo se erizó. Olfateó el aire con violencia, como si de pronto hubiera encontrado algo que su instinto rechazaba. Gruñó, un sonido bajo, amenazante. Luego, sin previo aviso, salió corriendo.
El perro blanco lo vio desaparecer entre las casas, moviéndose con una velocidad casi desesperada. Intentó seguirlo, pero su cuerpo temblaba. El miedo, una emoción que apenas conocía, se aferró a su piel como un peso invisible.
Se quedó solo.
Siguió caminando, más lento esta vez, con pasos indecisos. Entonces la vio.
Una casa.
Era como las demás: perfecta, inmaculada, sin signos de abandono ni de presencia. Pero su puerta estaba entreabierta. Una grieta oscura en medio de la blancura.
El perro blanco se detuvo en el umbral. Su hocico tembló al olfatear el aire, esperando encontrar algún indicio de comida, de agua, de algo. Pero no. No olía a nada. No había rastros de vida.
Dio un paso adelante, luego otro. Su cuerpo bajo, la cola recogida.
Adentro, la casa era igual que el exterior: impecable. Los muebles estaban en su sitio, las paredes sin una sola mancha, los adornos ordenados con una precisión inquietante. No había polvo, ni huellas, ni señales de que alguien hubiera vivido ahí. Parecía un decorado, una réplica perfecta de un hogar… pero sin alma.
El perro gimió bajo. Algo estaba mal.
Entonces, un ruido.
Un golpe sordo, seco, proveniente de otra habitación.
El perro se tensó. Levantó las orejas, olfateó de nuevo. Nada.
Avanzó con cautela, con el cuerpo pegado al suelo. Se asomó a un pasillo largo, donde varias puertas cerradas parecían observarlo en silencio.
Otra vez el sonido.
Pero esta vez… no fue un golpe.
Fue un susurro.
El perro blanco se quedó quieto. Su respiración se volvió más rápida.
No era un idioma. No eran palabras. Era un murmullo indefinido, como viento filtrándose por una grieta, como hojas secas arrastradas en la distancia. Pero no había viento. No había árboles.
El perro quiso retroceder. Algo dentro de él gritaba que huyera. Pero su cuerpo no obedecía.
Algo lo veía. Algo lo esperaba.
La puerta al final del pasillo se abrió sola. Lentamente.
Más allá del umbral, solo había oscuridad.
Y entonces… dos ojos se abrieron.
No eran humanos.
No eran de un animal.
Eran ojos blancos, sin pupilas, como si fueran de mármol.
Y lo estaban mirando.
By: melkor-l
Vamos a comer completos al bosque 🫶🏻
—¿Qué haremos mañana? —preguntó alguien en la penumbra.
Nadie respondió de inmediato. La pregunta flotó en el aire como una brasa encendida, iluminando brevemente la oscuridad del pensamiento antes de consumirse en el silencio.
Luego, una voz se alzó. Firme, solemne. Una voz que no pertenecía a una sola persona, sino a todos.
—Cantaremos.
Las palabras se deslizaron entre ellos como un eco ancestral, como si siempre hubieran estado ahí, esperando ser pronunciadas. Cantaremos al unísono, ante el grande, ante el poderoso, ante la vida y todo lo imperecedero.
Porque eso es lo único que queda.
La noche los envolvía con su manto pesado, una oscuridad que ya no prometía descanso, sino un recordatorio constante de lo efímeros que eran. Pero mañana, cuando el sol asome en el horizonte por última vez, cuando su luz tiemble como la llama de una vela agonizante, alzarán sus voces.
No por miedo. No por desesperación.
Sino por honor.
Cantaremos por todo lo que fuimos, por todo lo que no pudimos ser. Cantaremos por las ciudades que levantamos y por las ruinas que nos sobrevivirán. Cantaremos por aquellos que amamos, por los que partieron antes de tiempo y por los que nunca llegaron.
Cantaremos porque las palabras ya no bastan, porque los rezos no serán escuchados y porque el universo merece un último tributo antes del final.
—¿Y después? —preguntó alguien más, con un hilo de voz.
El silencio fue la única respuesta.
Todos sabían lo que vendría después.
Esperar.
Esperar a que el sol se apague.
By: melkor-l
Esta oda está inspirada en una canción que suelo escuchar de la gran y mítica banda chilena Los Jaivas: Guajira Cósmica.
Oda Cósmica a la Vida
🌿 (I) En la brisa canta el río, en el monte crece el sol, bailan plantas con el viento, sueñan hojas con su voz.
🌳 (II) Árbol sabio, luz eterna, raíces de un viejo dios, en tu sombra el mundo duerme, en tu tronco habla el amor.
💧 (III) Agua clara, madre viva, viajas libre sin final, en tu pecho va la tierra, en tus brazos va la mar.
🐾 (IV) Ruge el viento en los caminos, cruza el cielo un cóndor gris, saltan bestias en la luna, danza el cosmos sin dormir.
🌎 (V) Todo gira, todo canta, todo nace en un latir, somos hojas, somos ríos, somos vida… sin morir.
By: melkor-l
Mi interpretación de esta obra. El Susurro de la Manzana
Nadie en el pueblo recordaba cuándo había llegado la casa. Simplemente, una noche apareció en el bosque, más vieja de lo que el tiempo podía justificar, con su madera podrida y sus ventanas ennegrecidas. Las madres advertían a sus hijos que no se acercaran, que algo dentro de esa casa los observaba. Pero los niños son curiosos. Y algunos, demasiado temerarios.
Alden fue uno de ellos.
Tenía trece años cuando cruzó el umbral de aquella casa. Lo retaron sus amigos, y él, con más orgullo que miedo, aceptó. Llevaba una linterna, pero la luz apenas lograba perforar la oscuridad pegajosa que cubría las paredes. El aire era denso, cargado con un olor dulzón que le revolvió el estómago.
Entonces la vio.
En el centro de la habitación, flotando en el aire como si alguien invisible la sostuviera, había una manzana roja.
No pensó en cómo era posible. Solo supo que tenía que tomarla.
El primer mordisco fue dulce. Demasiado dulce. Un néctar espeso le corrió por la lengua, y el mundo se tambaleó a su alrededor. Las sombras de la casa cobraron vida, retorciéndose, riéndose sin boca. Intentó soltar la manzana, pero su mano no le obedeció.
Y entonces, algo dentro de él se abrió.
Escuchó los susurros. No con sus oídos, sino dentro de su mente. Voces, muchas, murmurando al mismo tiempo, todas con el mismo tono… el suyo. Eran él, pero no lo eran. Fragmentos de sí mismo, versiones que nunca existieron, ecos de un pasado que no vivió.
El dolor llegó después.
Fue como si su piel se fundiera con otra. Su rostro se deformó, dividido entre lo que era y lo que había sido antes de morder la fruta. Su ojo derecho se hundió en una negrura absoluta, mientras el izquierdo permaneció humano, testigo de su propia transformación. Su boca se estiró en una sonrisa que no era suya, una mueca macabra impuesta por algo más.
Y en su frente… ojos. Pequeños y palpitantes, que parpadeaban con un ritmo ajeno a su voluntad. Miraban cosas que él no quería ver. Cosas que no debían existir.
Alden intentó gritar, pero su voz se perdió en la amalgama de murmullos dentro de su mente. Su cuerpo ya no era suyo. Sus pensamientos se mezclaban con los de otra entidad, algo antiguo, hambriento.
Salió de la casa tambaleándose, con la manzana aún en su mano, perfecta, intacta, como si nunca la hubiera mordido. Sus amigos lo vieron salir… pero no era Alden quien los miraba.
No de verdad.
Corrieron, gritando su nombre, pero él solo se quedó de pie en la entrada, observándolos con esa sonrisa torcida.
Y entonces, los susurros hablaron otra vez.
No tenía prisa. Sabía que regresarían. Siempre regresaban.
Porque algunas almas nacen para ser devoradas. Y otras… para devorar.
By: melkor-l