Hoy llueve, y no es solo lluvia…
Es una tarde en la que el frío no se siente en la piel, sino en los recuerdos. Todo parece suspendido, como si el tiempo pasara más lento solo para obligarme a ver atrás. Hay algo en el aire, en el olor a tierra mojada, en el sonido suave de las gotas al caer que me resulta demasiado conocido, como si este día ya lo hubiera vivido contigo, como si de alguna manera aún estuvieras aquí.
La nostalgia no llega de golpe esta vez, llega despacio, silenciosa, ocupando todo. Se mete en lo más profundo donde te guarde, en los espacios donde pensé que ya no estabas, Entonces vuelvo, inevitablemente, a esos primeros días en los que venías a verme. Es curioso, siempre llovía antes de que llegaras. Como si el día se preparara para ti. Como si el cielo supiera que algo importante estaba a punto de pasar.
Para mí, esos eran los días perfectos. Porque llegabas tú, y todo tenía más sentido.
La lluvia no era tristeza, era compañía. El frío no era ausencia, era un pretexto para acercarnos más. El olor a tierra mojada se mezclaba contigo y se volvía hogar. Y ahora, ahora todo sigue existiendo, pero sin ti. Es ahí donde duele.
Hoy, por un momento se sintió eterno, creí que ibas a escribirme. No sé por qué. No pasó nada extraordinario, nada que lo justificara, solo lo sentí. Como si en cualquier momento fuera aparecer tu nombre en mis notificaciones, diciendo que vienes en camino. Lo esperé, con una ilusión que no sabía que aún tenia.
Pero no pasó. Entonces la realidad, esa que nunca falla me recordó que ya no somos parte de la vida del otro. Que esos dias que parecían infinitos, en realidad si terminaron.
Y aún así, algo de mí no lo suelta, Hoy me sentí como antes. No igual, porque ya no soy la misma. Pero lo suficiente como para reconocer esa emoción en el pecho que no sé cómo nombrar. Es una mezcla extraña, como si algo estuviera por comenzar, y al mismo tiempo, como si todo ya hubiera terminado hace mucho.
Hay un vacío en mí que no logro explicar. No es solo tristeza. Es ausencia. Es como si faltara una parte de mi historia, una que no supe cómo cerrar. Y a veces pienso que no es “algo” lo que falta, eres tú..
Siento un nudo en la garganta que no se rompe, como si las lágrimas se hubieran quedado atrapadas en algún punto entré lo qué siento y lo que me niego aceptar. Y es frustrante, porque duele, pero no sale. Como si mi propio cuerpo no quisiera terminar de despedirse.
Y luego esto, esta sensación tan extraña de tenerte cerca. Tan cerca a que por instantes olvido que no estás.
Te juro que hay momentos en los que vuelvo a julio del 2023, cuando apenas todo comenzaba y la vida no pesaba tanto. Donde verte era suficiente, donde no había preguntas sin respuestas, donde no imaginaba un final. Y me quedo ahí, unos segundos más, hasta que todo vuelve a romperse.
No sé si tú también lo sientas.
No sé si hay días en los que algo te lleva de regreso a mí sin avisar. Si la lluvia también te habla de nosotros. Si alguna vez te detienes, aunque sea unos minutos, a recordar como se sentía estar juntos.
Porque yo si. Y hoy más que nunca.
Hoy te extraño de una forma que creía superada. No como antes, no con desesperación, sino con una profundidad que pesa más. Una nostalgia que no grita, pero que lo llena todo. Que se queda en el pecho y no se va.
Recuerdo tus ojos, ese color café que siempre me pareció más cálido que cualquier otro refugio. Recuerdo tus abrazos, la forma en la que el mundo dejaba de ser un problema cuando estaba dentro de ellos. Recuerdo lo simple que era todo contigo, y lo complicado que se volvió después.
Y entonces me encuentro deseando cosas que ya no tienen lugar.
Una última vez, una última mirada, un último abrazo. Un último beso, no para empezar de nuevo, sino para entender que de verdad terminó.
A veces me pregunto en qué momento nos perdimos. En qué pequeño descuido se rompió lo que parecía firme. Si hubo algo que pudimos hacer distinto, o si, desde el inicio, ya éramos una historia con fecha de vencimiento.
Tal vez así tenía que ser. Tal vez fuimos un instante eterno atrapado en días lluviosos.
Tal vez lo nuestro no era quedarse, era sentirse. Y aún así, hay algo que no logro callar.
Porque en días como hoy, cuando todo huele a lo que fuimos y el tiempo parece retroceder sin permiso, hay una parte de mí que no puede evitar pensarlo..
Que, en algún lugar, en algún momento de tu día, también te detienes, también recuerdas, y también, aunque sea en silencio, me extrañas..
Que de alguna manera inexplicable, también me necesitas…