Informe Confidencial
Del poeta Óscar Acosta
Me dijeron que me fuera
de esta nación habitada
por personajes rarísimos.
Me fueron a ver a mi casa
y alzaron los hundidos ojos
para ver un cielo indescifrable
en el que vuelan pájaros fatigados
y papeles sumisos
en este pueblo sin memoria.
Me aconsejaron con voz pastosa
mientras se consumía el licor
que abandonara este absurdo cajón,
este maloliente pozo de aguas negras,
esta ciénaga agusanada,
esta selva de peligrosas alimañas,
este país de "hijos de puta".
Había regresado del pacífico sur,
conocido amaneradas mujeres,
una colección de máscaras
de oro indígena,
extraños fardos funerarios,
la momia de un conquistador ibero
y estaba aburrido de los tedeum.
Trabajé en un periódico,
torpemente quise contribuir a cambiar mi país
hablando de partidos políticos,
de estructuras sociales,
de falsos líderes, de civilismo,
de tiranos.
Me siguieron diciendo
que me alejara de esta tierra sin futuro,
de esta peligrosa taberna,
de esta balbuciente hondura,
de este manicomio sin amigos,
de este féretro que da a dos mares
en donde era sólo un pez incauto
a merced de los lobos
y cazadores.
Y como no lograron que me fuera
después de hablarme de suicidios,
corrupción, analfabetismo, crímenes,
cortesanos que no pasarán
por el ojo de una aguja
me colmaron de improperios
confiando en el aparente poderío
que les daba los maniquíes
de un palacio que olía a sótano.
El amor a los niños, la costumbre
de coleccionar libros viejos,
el orgullo de la familia,
el deseo de encontrarme a mi mismo,
el olor de las flores en los tiestos,
la paz que existe en las casas de campo,
el griterío de los adolescentes,
la buena fe de la mayoría de las personas,
la belleza de las muchachas
y las otras razones que no digo ahora
hicieron que me quedara en este país
que a veces es una rosa roja de tallo largo
y a veces un herrumbroso clavo."













