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@misstake-ritual
custom design for Oksana / thank you <3
do not use without my permission / regarding any information please email me: [email protected] thank you x
Thank you Izabela! Cannot wait for this to arrive & to have it tattooed!! I absolutely love it!!! <3 <3 <3
Oksana, xoxo
Getting a 16 year old female pregnant doesn't look like a miracle to me.
Hambre.
Hambre.
De quererte.
De amarte.
De saber que estás ahí.
De tus cálidas palabras,
que retumban en mi cabeza,
cada vez que pienso en ti.
#11
-La espalda recta, princesa,-le recordó la modista a Yuta.
Yuta le dirigió una mirada llena de pesar.
-El sombrero, majestad,-dejó caer el sombrerero.
Yuta se dio la vuelta.
El sombrero, en verdad, no era nada feo, reflejaba la unión entre el día y la noche. A un lado, el lado que representaba la noche, brillaba el terciopelo negro, sembrado con pequeñas estrellas de cristal, en el lado opuesto, el lado del día, se estremecían trozos de seda rosa, y ante todo esto se columpiaba sobre transparentes hilos el sol, de oro, con rayos hechos de finas agujas y a su lado una enorme, perlada, luna.
-Aberrante,-murmuró Yuta.
El sombrerero pestañeó ofendido.
-Disculpe, princesa, pero usted misma elogió el diseño de este sombrero. Todo.. todo es muy preciso...
Una alegre criada con la boca llena de alfileres y la cara de pecas ya estaba enganchando el sombrero al cabello de Yuta. Yuta le dirigió una mirada abatida al espejo, ahora el ala del sombrero tapaba la mitad de su cara, un corto velo colgaba hasta tocar la punta de su afilada nariz, y una gran boca de finos labios se torcían con desdén.
-¿Lo prefiere sin el velo?- sugirió la pecosa criada. La modista observó la situación.
-Necesita un velo más espeso... El más espeso posible, ¿sabe? Y largo, hasta el cuello.
La criada asintió, aguantándose a duras penas la risa. ¿O tal vez se lo había parecido a Yuta?
Nuevamente se puso a saltar Mai, aplaudiendo alegremente, tocó la luna, y el sol, se pinchó con uno de los rayos y se rió.
-Yuta, ¡es como un milagro!¡Es estupendo, tu vestido es precioso!
La pequeña Mai era demasiado ingenua hasta para tener dieciséis años.
Vertrana la miraba de lejos, suspiraba e intentaba colocar bien el lazo de su cadera.
Yuta mientras tanto le daba vueltas al sombrero, se lo colocaba de un lado, de otro, lo inclinaba más hacia delante, se mordía los labios, y esto la estropeaba aún más. Las criadas se echaban miradas burlonas entre ellas, a su espalda, pero ella las veía reflejadas en su espejo, y eso la enfurecía. Aberrante. Lo mires como lo mires.
#10
Sus amigas, en aquella sala había muchísimas, asintieron con aprobación.
La pequeña Mai aún no había aprendido a disimular sus sentimientos, olvidó que las princesas debían aparentar tranquilidad, dignidad y tener autocontrol, empezó a girar alrededor de si misma, recorriendo la habitación.
Su hermana, Vertrana, también princesa, pero dos años mayor, sonrió plácidamente. Vertrana no era menos hermosa y adorable que su hermana, las diferenciaba el hecho de que sus rizos eran más oscuros, y que era bastante más seria. De hecho ella acababa de probarse un despampanante vestido del color del té de rosas, con un pequeño lazo en la cadera, a juego con unos guantes largos. En su sombrero bailaban unos felices campesinos, pero no de porcelana, sino de ébano, rellenos de sales aromáticas, desprendían un aroma que realmente incitaba a los campesinos a bailar...
-¡Me encantas, Verta!- se tiró Mai al cuello de su hermana, sin tirar al suelo por los pelos a la costurera, que estaba dando los últimos retoques al vestido de Verta, y le dio un beso en la mejilla con tanta energía que el marinero de su sombrero casi se sale del barco.
-Ay, pequeña Mai...-volvió a sonreír Verta.
-¡Me encantas, Yuta!- gritó Mai, alejándose de Vertrana, y abrazando a su hermana mayor, que se estaba probando su vestido en un rincón, al lado de la puerta.
Yuta se estremeció y se apartó un poco, regalándole a Mai una sonrisa un tanto forzada. El vestido de Yuta era rosa, como un recién nacido, le quedaba algo corto, flotaba a unos centímetros del suelo, dejando a la vista sus tobillos. Yuta se miraba en el espejo alicaída, y desde el espejo la observaba una muchacha con la misma mirada alicaída, algo feucha, tal vez demasiado delgada...
#9
La joven princesa de dieciséis años, Mai, dio un paso atrás, balanceó sus rizos y sonrió feliz.
El sombrerero sonrió satisfecho, las costureras asintieron con la cabeza, y la criada que sostenía el espejo farfulló algo dando a entender su aprobación.
El elegante vestido lila con detalles plateados resaltaba la refinada figura de la princesa. Los delicados zapatos que llevaba tenían cosidas piedras preciosas y daban golpecitos de alegría sobre el suelo. Sus ojos azules brillaban detrás del fino velo, y el sombrero...
El sombrerero se frotó las manos.
El sombrero de la pequeña Mai tenía que ser una sensación en el carnaval. Hecho con una habilidad asombrosa, recreaba la furia del mar, por sus anchos laterales rodaban por las olas, con espuma en sus bordes. Una de las olas, la más grande, se elevaba en la parte central del sombrero, elevando el barco bajo su almidonada vela.
Dentro del barco un pescador de porcelana luchaba contra la tormenta. Si te fijabas podías ver los botoncitos de su camisa, la cual desgarraba el viento. Cuando Mai agitaba la cabeza, la vela se balanceaba a derecha e izquierda, como si estuviera siendo acunado. La hombría del pescador de porcelana sobrecogía el alma de la gente.
-Es de cuento-, susurró la criada que sostenía el espejo.
#8
Cruzó el camino de vuelta decidido, rápido, incluso. Los pasillos del castillo los memorizó cuando aún dormía en una cuna. Si tuviera la necesidad de ello, podría recorrerlos sin la antorcha, la cuál sólo necesitaba para leer los textos grabados en la piedra.
En la amplia habitación llena de polvo, donde una pequeña ventana dejaba pasar algo de luz grisácea de mala gana, apagó la antorcha y se acercó a un gran espejo agrietado.
Pesaba.
Desde la profundidad de su memoria corrió una brisa con olor a flores, se oscureció su vista, y una densa ola de malestar recorrió su cuerpo. Con mucha fuerza de voluntad consiguió controlarse.
Maldita debilidad...
Acarició con la mano la superficie del espejo, quitando la capa de polvo.
Desde la profundidad del espejo le observaba un hombre de cara filada, moreno, no muy alto, flaco, entristecido por alguna razón desconocida. Asustado.
Pesaba.
Volvió a pasar la mano por el polvo, el interior del espejo se iluminó. Temblaron los reflejos, manchas de colores, apareció la gran cabeza de un caballo, después sus patas... Las ruedas de un carruaje...
Se acercó y se sumergió en las imágenes, cada vez diferentes. Muchas personas, ruido... Parece que preparan una gran fiesta... Hay montones de cajas con sombreros... Carnaval, el carnaval de los sombreros. Se veían las pomposas paredes del palacio real... Enceradores encerando el suelo, cocineros cocinando... Una gran puerta... Detrás de la puerta un paje tira de las faldas de alguien... Otra vez la cocina...El salón de actos...Niñas...Mujeres... ¡Qué caos!
"Pruébese esto, princesa", en el espejo resonaban trozos de una conversación.
Princesa...
Forzó la vista.
Una mágica, jóven, creación, de rizos dorados, ojos azules, con un amplio vestido lila...
"Increíble, princesa, le sienta fenomenal".
Las manos de alguien habían colocado sobre su frágil cabeza un gran sombrero de color perla y azul claro, decorado con un barco rodeado de olas, con una gran vela henchida de orgullo por estar ahí.
Sus dientes rechinaron. "Recordad, descendientes, de quién es la sangre que vive en vuestro interior" .
#7
Era algo difícil de leer, el texto se había borrado en algunas partes, pese a que durante varios siglos no había entrado en contacto ni con la luz del sol, ni con la lluvia, ni con el viento.
Tengo que esforzarme, pensó, cansado. Es la hora. Hay que esforzarse, y aquello que deba ocurrir, que ocurra. "De quién es la sangre que vive en nuestro interior...".
Rodeó la columna. Al otro lado había un dibujo grabado, enorme, conservado a la perfección: aparecían las olas, y entre las profundidades del mar asomaba esa horrible criatura, ante la cual volaba una dragón.
"De quién es la sangre que vive en nuestro interior...".
Hay que esforzarse. Hace falta. Esto es tan solo un ritual, oneroso, inocente. Nada más que un ritual.
A través de la oscuridad, alcanzó otra columna, masiva, deforme. Alzó la antorcha, observando los símbolos, el texto medio destruido...
"Días... júbilo...vacío...Lir-Ira, hijo de Nur-Arov, nieto... prosperidad...".
Prosperidad...
#6
Sus vibrantes pasos rebotaron en el silencio, resonaron por los pasillos un instante, golpeándose contra las paredes invisibles en la oscuridad.
Después, el sonido se volvió más seco, sintió en su cara el casi imperceptible aliento del viento, y caminó más deprisa.
Las paredes se separaron. La luz apenas las alcanzaba, pese a que la llama de la antorcha era muy intensa. El techo, puntiagudo, también se perdía en la oscuridad.
Había estado allí incontables veces. Entonces, ¿por qué sentía, de nuevo, la presencia de alguien más? ¿Acaso no había perecido la tierra de aquellos cuyos nombres estaban grabados en la piedra?
La antorcha iluminó la incorrecta forma de la columna, pesada, encorvada. Parecía que su superficie estaba cubierta de alguna pintoresca red de encaje.
¿Cómo saben las hojas de los árboles cuando nacer, cuándo girarse hacia el sol, cuándo cambiar de color?¿Cuándo caer? ¿Acaso la última de las hojas no es la continuación de la rama, que a su vez es la continuación del tronco, de la raíz, que no puede ver lo que ocurre en el exterior?
Pasó su mano por las antiguas escrituras, a lo largo y a lo ancho de la piedra.
"Y gritó el poderoso Sam-Ar llamando a sus aliados, y su voz resonó igual que la voz del cielo enfermizo, y sus palabras fueron amargas, como la miel envenenada. Llamó bajo su ala a sus hijos, sobrinos, a todos los que compartían su sangre, que escupían fuego... Y hubo una gran batalla, donde murieron bajo las garras de Iukka sus hijos. Y nietos, y todos los que llevaban su sangre y su fuego... Y vio Sam-Ar cómo el terrible Iukka volvía a erguirse en el agua... Y se unieron para luchar, y el sol escondió su cara de terror, y las estrellas huyeron, el viento se debilitó y se escondió entre las grietas de la tierra... Invencible era Sam-Ar, y a punto estaba de vencer, pero Iukka se escurrió de entre sus zarpas, le agarró y le arrastró hasta las profundidades, ahogándole, apagando su fuego. Así pereció el poderoso Sam-Ar , recordad, descendientes, de quién es la sangre que vive en vuestro interior..."