Dreams do come true 💜 ... Desde hace meses soñaba con una torta de tamal y estuvo mejor de lo que imaginaba!!! #delicioso #comidalove #tortatamal #hnitoprecioso

ellievsbear
Today's Document
styofa doing anything
KIROKAZE

Origami Around
Sweet Seals For You, Always
🪼
No title available

titsay

Discoholic 🪩
No title available
taylor price
NASA
Peter Solarz
Misplaced Lens Cap
Sade Olutola
Monterey Bay Aquarium
he wasn't even looking at me and he found me
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year

No title available
seen from India
seen from Australia
seen from Poland
seen from Portugal
seen from Chile

seen from Malaysia
seen from United States

seen from United States
seen from Canada
seen from United Kingdom
seen from United States

seen from Argentina
seen from Argentina
seen from Argentina
seen from Argentina

seen from Indonesia

seen from Germany
seen from United States
seen from Mexico
seen from United States
@mllamasg
Dreams do come true 💜 ... Desde hace meses soñaba con una torta de tamal y estuvo mejor de lo que imaginaba!!! #delicioso #comidalove #tortatamal #hnitoprecioso
Creo que encontré un lindo gatito..... Always at my side #cat #colors #coxis
No sense at all.... #crazy #bambi #huggingmymind #what
La Razón Lógica del Suicidio
¿has pensado en hacerte daño? -
… me ha pasado la idea por la cabeza, estoy cansada. Pero no es como que he intentado algo. Aparte, no intentaría nada que no funcionara al 100% y correctamente -
Si yo te entrego una pistola, y la dejo aquí en el buró ¿la utilizarías? –
No se, puede ser –
Así fue una de mis pláticas con mi psiquiatra en una de sus visitas al hospital, era un día en el que yo había decidido comenzar a darme por vencida. No comer, no abrir las persianas, no prender la luz, no recibir a nadie que no fuera personal médico e incluso pelear y pedir a mi familia que se fueran y me dejaran sola.
Han pasado 3 meses desde esa conversación y constantemente pienso en el trozo de conversación antes mencionado. Ya antes me habían hecho esa pregunta, pero mi respuesta era “no, no he pensado en hacerme daño pero si deseo constantemente haber muerto en alguna de mis últimas y varias visitas al quirófano”. Esta nueva respuesta, me sorprendió un poco a mi misma.
2 meses después de esta conversación tras un mal día, peleas con mi madre, múltiples dolores “inexplicables y sin sentido” en piernas y columna así como la desesperación de sentir que mi vida, mi perfecta vida profesional era arrebatada de mis manos escribí a mi psiquiatra para decirle que no estaba bien. Estas fueron mis palabras, “no es un buen día”. Sentía que no podía respirar, que iba a explotar. Sentía unas tremendas ganas de tener esa pistola a mi lado y poder usarla.
He leído muchos libros, historias visto películas y documentales o investigado historia de algunos artistas que se han suicidado y siempre encuentras esa melancolía, depresión, nostalgia incluso el coraje y desesperación que siento. Sin embargo, poco he leído o percibido de lo lógico que llega a parecer el suicidio.
Desconozco los fundamentos médicos de la depresión o su papel en el cerebro, químicos y como llega a traducirse en pensamientos y ánimo. Era un día mejor a otros pasados, creo que tal vez hasta una buena relación y mejor comunicación con los que me rodeaban de lo normal (tomando como referencia que yo misma estaba lejos de mi habitual personalidad), pero la idea pasaba y pasaba por mi cabeza. Ya no era sólo pensar que haber muerto en quirófano nos hubiera evitado muchas penas y sacrificios a mi y a mi familia, era pensar que ya era suficiente. Que ya era más que cansancio. Que esto no iba a mejorar.
Dejó de ser algo impulsivo, desesperado. Era una buena idea, una idea con fundamentos, con razones. Podía ser debatida, si, pero no del todo una discusión ganada. Me llorarían, me extrañarían, pero conmigo se irían las deudas y las cargas adicionales de trabajo y apoyo que mi familia dedicaba. Con el tiempo y tras rezar por mi, sabrían que estaría bien y ellos podrían continuar con su vida. Después de todo, si hicimos una vida sin padre, ¿qué iba a detener mi ausencia aparte de buenos momentos y más recuerdos?
Extrañamente no recuerdo por que no lo hice. Tal vez no era urgente, no es una decisión de pronto tomar. Siempre esta ahí, siempre la puedes seguir. No es algo que afecte el tiempo o el momento. Sólo descubrí que se podía encontrar una lógica razón para hacerlo.
Pocos días después de esta plática existencial conmigo misma llena de descubrimientos filosóficos y lógicos; mi cerebro, mi persona, mi razón explotaron. Esta vez si hubo una pelea con mamá, el dinero causando estrés y la cabeza jugándome ideas sobre mi futuro profesional.
Pase 3 días en cama durmiendo día y noche sin querer comer o hacer algo. Sin querer ver gente, convivir, hablar o pararme. Es increíble lo fácil que es hacer eso, es como tiempo que no pasa, no lo recuerdo con exactitud y es alcanzar un punto de no pensar no hacer y no actuar a su máximo esplendor. No se cuantos días hubiera podido durar antes de que mi familia me internara en un hospital para ponerme una sonda que me alimentara o en un psiquiátrico que me tratará, pero un mal comentario de mamá y la desesperación de ambas me llevo a encerrarme en mi cuarto con llave y tomar múltiples pastillas de dormir. Bastantes más de las recomendadas y de aquellas que no venden sin receta.
Mi intención no era matarme, si no hubiera tomado todas las medicinas de mi botiquín. Pero la idea de que fallará el intento y sólo me dejara con problemas de hígado tanto paracetamol o de una gran vergüenza mientras me lavaban el estomago en urgencias me impedía tomar algo que no sabía si me mataría, sólo me haría daño, o sólo me haría llamar la atención de una manera ridícula.
Quería dormir por múltiples días, que nada pudiera despertarme, que nada pudiera molestarme, que nada pudiera dolerme. No poder pensar, no poder analizar, no poder estresarme, no poder decidir.
Sin embargo, estas toman tiempo en hacer efecto y en la desesperación de querer desaparecer de este mundo aunque fuera momentáneamente comencé a pensar y a tratar de decidir y tome una pequeña navaja suiza que tengo a mi lado siempre como un básico y trace con la mayor exactitud posible una línea en mi muñeca de forma lateral. Luego presione más fuerte y trate de seguir la misma línea. No estaba tomada la decisión pero quería ver el camino si tomaba la decisión. Una pistola no tenía, no pensaba ni tenía la información necesaria para hacerlo con medicamentos y aunque cliché, la más cerca de mi alance era cortarme las muñecas.
Creo que la pequeña navaja ha perdido filo a través de los años, casi 10 años que lleva conmigo y los múltiples usos que le he dado. Fui al cajón del escritorio y tome un exacto. Sin embargo, “desgraciadamente” o “celestialmente” unos días antes había utilizado este para raspar unas etiquetas de unas cajas viejas, así que si filo era algo dudoso. Lo intente por la misma línea que antes había trazado. Seguía analizando el camino sin tomar decisión y si no funcionaba no quería quedar con una cicatriz horrorosa que dijera a todo mundo mi decisión fallida de los 29 años. La sangre salía poco y color brillante. No lograba cortar ni siquiera el total de capas de piel, con esas herramientas no iba a llegar de forma fácil, o tal vez de ninguna forma, a la arteria. Decidí dejar esa opción de lado e intentar dejarme alcanzar por los narcóticos antes tomados.
Todo esta borroso y revuelto pero mi familia empezó a tocar la puerta. Yo solo pensaba: “que se vayan”, preguntaban si me encontraba bien y no sabía que debía responder así que no respondí por más insistencia que hubo. Pronto me fui perdiendo entre un sueño y un presente sin mi ahí.
Mi hermana paso toda la noche en vela viendo mi respiración y revisando mi pulso para así tomar una decisión entre inyectarme algo que sacara de mi sistema las medicinas o llevarme al hospital. Nada paso, sólo dormí.
Al día siguiente me despertaron a la hora habitual haciéndome múltiples preguntas sobre mi rehabilitación y horarios. Pase todo el día en una neblina total, dormitando tanto como podía y durmiendo cuando nadie me hablaba. Hice mi rutina, poco se hablo del tema. Pero en casa la situación estaba lejos de terminarse.
Lamento el momento que le hice pasar a mi mamá y hermanos cuando entraron al cuarto y vieron el contenedor de medicamento vacío o como me encontraron con ojos abiertos y cerrados pero sin estar presente. Sigo insistiendo que mi intención no era suicidarme. Mi ser, toda mi persona llego a un nivel tan alto de hartazgo de todo, de esta vida, del dolor, del estrés del dinero y vida profesional, de que todos trataran de ayudar sin poder lograrlo que necesitaba apagarme.
no quise suicidarme, sólo quería dormir. Si hubiera querido intentar suicidarme me hubiera tomado todas las medicinas que tengo, varias de ellas controladas y recetadas. Sólo estaba harta y cansada. No aguante más –
Podemos trabajarlo, teniendo sesiones más continuas, hablando y viendo opciones. Pero tienes que entender que estas a 1 paso del psiquiátrico. No puedes volver a hacer algo así. –
Esta era la conclusión a la plática tras lo ocurrido con el psiquiatra y mientras me iba de su consultorio, peleando con mi andadera y el dolor de andar en automóvil, no podía dejar de pensar “y cuál es la parte mala de ir al psiquiátrico. Nadie me molestaría, estaría sólo y alejada de todo aquel que me conoce. Es la razón perfecta para no preocuparme por volver pronto a trabajar… sólo debería revisar si mi póliza de seguros médicos lo cubre…”
Segunda salida de la torre. Silla de ruedas con motor y canasta que se distingue con la bandera de la princesa que me identifica. Después de 60 días mi elección para reincorporarme al mundo: visita al supermercado #fan #guiltypleasure #moneyspend #QuesosNocheBuena #visitaPV Quítense que hay les voy, me gusta la velocidad!!!! #runrun
"No fabriques fantasías cuando quieras realidades" Odin Dupeyron ...la vida es: todo lo que puedas imaginar. Es tremendamente contradictoria, la vida nunca ha sido perfecta, tiene grande errores, pero se trata de entender los errores; mientras esté disfrutando la vida tienes que aprender a partirte la madre por lo que amas... ... Que no te engañen, la vida no es toda felicidad, no tienes que tener el _______ perfecto. aveces no se puedes, no permitas que te engañen y te hechan a perder la única oportunidad que tienes de vivir la vida.
Tiempo, Sueños y un Ataque Terrorista
“…siento que el tiempo se detiene…” la primera vez que leí esta frase fue en un escrito donde mi hermana relata su recuerdo de cuando le comunicaron que mi padre había sido asesinado. Ella tan sólo de 12 años al recibir la noticia, miro por una ventana y sintió que el tiempo se detenía, pero como ella descubrió con gran dolor, el tiempo seguío.
16 años más tarde, vuelvo a leer en los pensamientos de una amiga tras perder a su padre, que le gustaría el tiempo se detuviera… Desde ese momento no he podido sacarme este pensamiento de la cabeza.
¿recuerdan al conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas? Siempre corriendo, estresado, tratando de moverse al son del segundero; era sumamente molesto y estresante. Exactamente así percibo el tiempo ahora, que va, corre y no le importa esperarme, ya he de decidir yo si seguirle o no.
Me molesta e incluso me duele todo este tiempo que ha durado la enfermedad. Me recorre un escalofrío por el cuerpo cada vez que recuerdo que ya son poco menos de 12 meses peleando con una columna que se niega a sostenerme. Sin embargo, había olvidado mirar por la ventana, recordar que no sólo es un 1 año de mi vida, que no solamente son días largos o veloces con alguna risas esporádicas. El mundo sigue, yo soy la que esta en pausa y al ver por la ventana, me doy cuenta que no sólo llevo tanto tiempo sin salir de fiesta, si no que a mi regreso, no conoceré las canciones que toca el D.J.
He tenido tantos mounstros internos, varios que aún no logro vencer que olvide que la vida sigue, que el mundo se mueve y yo… no se cual es mi papel en el destino.
Hubo una llamada hace 3 semanas, una de las más difíciles que he recibido en mi vida. Mi empresa me comunico que mi puesto tenía que ser ocupado, yo sería transferida a proyectos especiales y mi maravilloso puesto de ensueño sería dirigido por un nuevo jefe de Mkt. Dolió tanto que durante algunos segundos en la llamada solo se escuchaba como contenía mi respiración para evitar soltar las lagrimas. Desde aquel momento en el que salí de mi primer visita a quirófano poco exitosa y con mucho dolor había estado esperando esa llamada.
Mi madre me enseño a luchar por mis sueños y a nunca trabajar por dinero, a siempre seguir los sueños que te hacen feliz y saber que el dinero vendría a ti si lo hacías con pasión.
- “si ser barrendera es lo que más deseas en la vida, se barrendera, PERO SE LA MEJOR, todo el mundo quiere al mejor y hasta la casa blanca usa barrenderos y les pagan muy bien…”- No recuerdo cuando fue la primera vez que tuvimos esta conversación, pero recuerdo constantemente que me lo repitió muchas veces, una de ellas fue cuando decidí estudiar diseño y varios familiares comentaron su decepción y preocupación por mi futuro.
Durante 11 años esta ha sido una regla de vida y el resultado ha sido exitoso. Tan solo 6 meses después de graduarme me convertí en una persona totalmente independiente de mi madre, sin deudas y viviendo en la ciudad más cara de Latinoamérica, con algunos trucos de estudiante, pero al fin y al cabo independiente y mujer trabajadora. Comencé pensando solamente en que me gustaba mi trabajo, después guiada por una de las personas que más ha dejado huella en mi vida descubrí que la ambición iba de la mano del talento y el talento normalmente guiaba los sueños.
Hace 4 años, me acerque a este puesto, el cual robo mis sueños, no era mi más grande aspiración pero si un lugar a visitar, como ese viaje que planeas con tantas ganas. No piensas irte a vivir allí, pero esperas sean las mejores vacaciones de tu vida, eso era este puesto para mi. Me costo 2 años conseguirlo, en Junio 2015 me anunciaron que había sido seleccionada para ser la responsable del mismo. Comenzaría el 15 de Julio 2015, me daban el tiempo suficiente para terminar pendientes y entregar cualquier cosa al jefe o mi sucesor. El 12 de Julio 2015, 3 días antes, fue cuando todo comenzó, bueno, hablando de tiempo y siendo realistas, todo comenzó hace años, pero me quebré ese día. No pude más y tuve que ir al hospital el dolor me impedía caminar. O realizar cualquier movimiento de mi vida independiente.
Había trabajado en mi visión empresarial, sabía que como empresa no podrían esperarme mucho tiempo. Me arrastraba entre visitas de hospital tratando de llegar siempre a mi escritorio en la oficina, a ocupar ese puesto que había soñado, deseado. Lo tenía todo, las responsabilidades, los beneficios, el equipo, el buen jefe, el producto. Entre más pasaba el tiempo, más lejos lo veía.
Entonces recuerdo que mientras comentaba con mi familia los pasos a seguir para mi salud, tuve que dejar la cama con esfuerzo y ayuda para ir al baño. No había dado ni el primer paso y entonces fue como si el tiempo se detuviera. Las piernas no me respondían, no podía mover de la cintura para abajo, lo único que sentía era como pronto iba a caer por la falta de respuesta de mis piernas, me sostuve del closet y callé, pero mi expresión debió de gritar, por que todos de pronto guardaron silencio y mi hermana con tan solo mirarme, como buena doctora supo: “¿te quedaste trabada?”.
Ya me había sucedido unas 4 veces en mi vida, durando unos segundos, en exceso 1 minuto. Un movimiento que rápidamente traía un dolor sumamente intenso a mi espalda baja haciéndome imposible respirar y mover mi columna por momentos. El tratamiento eran analgésicos, reposo y calor. Siempre funcionaba y lograba espantarlo cual espantapájaros a los cuervos.
Esta vez era diferente, no se que era diferente, pero lo supe tan pronto no pude hacer ningún movimiento sin importar el esfuerzo o el dolor. Nunca antes había llegado tan lejos, tan fuerte, tan determinado. Mis hermanos me detuvieron y cargándome entre 2 me recostaron en la cama. Espere 1 día, todo seguía igual, espere otro día y el tiempo seguía, pero mi cuerpo seguía decidido a estar detenido.
Gracias a un truco de hospital podían movilizarme con una “sabana transversal”, colocada al nivel de mi cadera y cintura. Si mi cuerpo se cansaba de la posición; tenía que llamar a alguien para que me moviera las piernas y caderas mientras yo ayudaba con brazos y torso.
Después tuve una mejoría que me permitió volver a la vida laboral, 1hr al día después 2 hrs al día, 3, 4, 5… recuerdo que en una ocasión me envolví tanto en esa pasión que dure 6 hrs. No pude moverme en todo el fin de semana y el dolor me mataba pero seguía sintiendo el rush que me daba vida. Volvería a seguir intentándolo hasta lograr la jornada laboral completa.
Ya comenzaba a moverme al ritmo de la vida, a hacer de nuevo la mayoría de mis cosas. Mi madre regreso a su casa, yo dormiría y viviría sola de nuevo. Sólo tenía que pedir ayuda para tener el apoyo necesario de mis hermanos que compartían ciudad conmigo. Mi madre ahora estaba a un vuelo de distancia, pero vendría en cuanto fuera necesario, yo aseguraba no la vería hasta las siguientes vacaciones.
Fue un plato que mientras decidí hacer algo de repostería cayo sobre mi dedo gordo del pie derecho. Mi instinto “humano” fue levantar el pie del dolor. Mi dedo gordo se rompió a diferencia del plato que aún descansa en la alacena (desconozco de que material inmortal esta hecho tras la imagen de un plato cualquiera). Ese movimiento que hice de levantar mi rodilla al pecho inmediatamente hicieron en mi interior un ataque terrorista.
Sucedió de nuevo, el dolor no me dejaba respirar, las piernas dejaban de responderme. Logré llegar al sillón más cercano. Era Marzo, mi cumpleaños estaba a unos días y mi sueño profesional estaba bajo mis pies. Decidí dormir en casa, esperar, dicen que el tiempo lo cura todo y yo sólo tenía un día que gastar. Entonces entendí que el tiempo no lo gastaba yo, me gastaba el a mi y me encontré de nuevo en urgencias. En el hospital. El diagnostico era definitivo “enfermedad degenerativa de los discos lumbares”.
Después de 8 meses y más de 5 visitas a quirófano ya no había forma de salvar los discos y evitar la instrumentación de columna.
De habérmelo permitido habría entrado al área de preoperatorio con la laptop del trabajo y el celular en mano, sin embargo, el área es estéril y mi solicitud fue negada. Al salir, deje pasar 2 días como respuesta al reclamo de todos y comencé de nuevo a demostrar que podía con el puesto, que mientras la morfina pasaba por mis venas mis efectividad no se veía afectada, pero luego vinieron las complicaciones y tuve que parar.
De un día a otro me era imposible contestar correos, no recuerdo concretamente si la razón fue dolor, depresión, desanimo u otra enfermedad diferente, pero sabía que mi tiempo prestado se había agotado. Era como llevar dos vidas: la del paciente 00000000001304 de lumbalgia aguda y la de profesionista exitosa flex-time/home- office.
Cuando me di por vencida, sentí que el tiempo pararía conmigo, no pensé en ello, pero es ahora que me doy cuenta que la vida de todos siguió, incluso la mía. No quise verlo ni saberlo, pero por más teléfonos que apagará, ventanas que cerrará o alimentos que rechazara, afuera mis amigos continuaban sus reuniones, el jefe exigía resultados, el trabajo de mi familia requería su presencia, había viajes programados, canciones nuevas al aire y corazones que se rompían o encontraban pareja. El numero de muertes y bebes recién nacidos no cambio por que yo entrara a mi hoyo en medio de la montaña.
No quería ver a mis amigos o familiares, pero me dolió descubrir que ellos no pararon, que ellos siguieron conmigo o sin mi. Mi depresión trato de convencerme de que era falta de cariño, de que se dieron por vencidos conmigo, pero la vida me dio una cachetada de verdad y me demostró que el interés tiene pies, que los verdaderos amores en forma de amigos o familia nunca huyen, están siempre ahí aunque sea en silencio y que la muerte no espera a nadie, sigue su trabajo sin importar razón alguna, tal como lo hacen las risas y experiencias de todo ser humano.
El tiempo no para por razón alguna, y siempre hay un segundero que corre como el conejo blanco: a toda prisa. No importa si el día va lento o pasa tan rápido que olvidas que todavía te falta muchas horas para recuperarte y hacer planes con todos esos minutos que tienen los días.
No importa si un año es mucho o poco, al final son 365 días que tienen todos la misma cantidad de horas, minutos y segundos. El tiempo sigue, te mueves con el, tal como la marea te jala al meterte al mar, es imposible dominarlo, es imposible ganarle.
Cuando el tiempo parece detenerse es por que algo duele tanto que sientes y descubres todo lo que se mueve o movía en tu vida y ahora va a cambiar. Ahora tendrás que aprender de nuevo, tendrás que sufrir cambios y luchar por recuperar la normalidad.
Al descubrir que el tiempo nunca para es el miedo el que te invade. Ahora son dos dentro de mi, el dolor y el miedo. Duele no tener esa rutina, esa seguridad que perdiste y ahora tienes que decidir que harás y que seguir. Nadie puede hacerlo por ti, ni decidirlo, ni dártelo. Son tus sueños, tu tiempo, tu vida. ¿le sigo o me rindo?
As if I were a painting.... I have stayed still for almost a year.... (at Monterrey, Mexico)
Estoy tan tris.... UN CHOCOLATE!!! Un pollock!!! Ñum ñum ñum .... Me so happy #chocolate #naturalantidepresive #endorfinas #arte
De Guardería a los 29
Red de apoyo, así le llama mi hermana. A mi ese nombre me hace sentir como alcohólica, dependiente. Me hace sentir la verdad, me da un escalofrío de realidad. Sola no puedo.
7, el dolor sería un 7 con días de 4 y calambres de 9. Esa famosa escala del dolor que me hace cuestionarme en ocasiones toda mi existencia. La realidad es que me muevo mejor que hace 1 mes. Me levanto de la cama como bebe de 11 meses: algo torpe y torcida pero ya con fuerza propia en la cabeza y el cuerpo. Logro ponerme de pie sola. Al llegar de mi última visita de hospital, me acercaba más al bebe recién nacido, levantarme yo sola era un suplicio, a veces imposible y en muchas ocasiones evitado, por dolor. Carecía de gracia, habilidad y fuerza para cualquier movimiento. Ojala hubiera tenido el encanto e inocencia de un recién nacido también, pero a casa había traído conmigo esa capa negra que me cubría y me evitaba creer en un buen futuro.
Después de 11 años de haber salido de casa para conquistar el mundo y vivir lejos del techo de mi madre, de sus reglas… Ahora se me presentaba una nueva realidad, mi techo (yo pago la renta), la indispensable compañía de mi madre (para mi) y sus reglas que convivían con las mías y las de mi hermano.
Uno quiere comerse el mundo a los 18 años. Para los 25, yo sentía (y una parte de mi aun lo cree) ya me lo había comido, ya hasta me había indigestado de comerlo tan pronto. Ya había entrado en otra etapa de enfoque, de ver todo diferente. Al pasar por las universidad y ver a los estudiantes, los veo niños ¿desde cuando entran tan pequeños a la universidad? ¿apoco yo me veía así de infante a esa edad? No, yo me veía madura y lista; esto estaba lejos de ser verdad.
Mis primeros 6 meses de estudiante resultaron ser la mejor dieta que he seguido jamás. Me ganaba la flojera de cocinar, comer y después limpiar, así que en muchas ocasiones me lo ahorraba todo y dormía mejor. Me fascinaba dormir, pasar horas en la cama. Que ironía; poco sabía que en más de 3 ocasiones durante los siguientes 10 años tendría que pasar temporadas de más de 2 meses continuos en cama sin opción a levantarme y “ser productiva”. Para los 28 ya había vuelto a recuperar peso, ya había descubierto el placer de un sueldo propio, la flojera se recompensaba con una comida de restaurante o el servicio a domicilio, la maravillosa invención de la latas de atún, cuando te falta el tiempo o cuando te acabaste tu dinero en una buena fiesta y aún no llega la nueva quincena.
Ahora a los 28 años, en un principio mi alma disfruto esas horas en cama. Podía incluso llegar a ver el hospital como un hotel. Tenía más de 6 meses de estar viajando un promedio de 5 días a la semana por temas laborales, me conocían más en los hoteles que mis vecinos. Sin embargo, en estos viajes la cama era el escritorio nocturno para continuar trabajando tras pasar tiempo en diferentes cedes de mi oficina o visitando el mercado, esas jornadas de 18 horas con las que conquistaría el mundo, llenas de comidas deliciosas de esquinas típicas de cada ciudad o con sabor a hotel ahora eran: “dietas cuidadosamente seleccionadas para mi bienestar”. Mi tiempo en cama era para descansar y el dolor se podía controlar con los medicamentos, disminuía maravillosamente al pasar el liquido por mis venas. Al final del día, firmaba la esperanza “esto pronto pasará, disfruta y haz lo que los doctores indiquen”.
Puedo reescribir sin consultar ningún folleto el menú de algunos hospitales, describir el sabor de cada platillo que muestra como opción y los tiempos estimados de entrega. Mis nuevas amistades son enfermeras y médicos que ya no veo como señores, si no como un poco mayores que yo, algunos guapos que desgraciadamente ya se encuentran casados (nimodo, tal vez en esta aventura tampoco es donde encontraré mi príncipe azul).
Quiero agua, se me cae algún objeto, deseo bañarme, cambiarme, ponerme a hacer alguna nueva actividad: Necesito del apoyo, ayuda y disponibilidad del tiempo de otra persona.
Una de las cosas que me más me lastimo el alma y me llevo a cubrirme cada vez más con la capa de la soledad y el silencio fue el dolor que le causa a mi familia el saberme con dolor, con incapacidad, con necesidad, con desesperanza o incertitud. No solo les causaba ese dolor sin intención sino que se negaban a dejarme sola y eran mis piernas, mis brazos, mi ayuda incondicional. Están siempre ahí, cerca del dolor pero convirtiéndose en mi luz de la posibilidad.
Lo mío lo mío así que tu digas una de mis grandes virtudes, nunca ha sido el saber pedir ayuda. Se me da más el buscar ayudar, el ser útil. Ahora, no es opción soy el buen acto de muchas personas maravillosas.
Prefiero llamarle teléfono descompuesta, a mi “red de apoyo”. Llamo a alguien a ver si puede ayudarme, cuidarme; si su respuesta es negativa, intento otro teléfono. Al final, si no funciona siempre acudo a mamá, tal y como hace uno de pequeño cuando su juguete se descompone. Lo mío gracias a Dios es como un trono: no podría ser más estable, de mejor calidad ni más certero. Mi madre me educo como una princesa con futuro de reina; mi trono es el apoyo incondicional, la ayuda y el empuje de mis amigos, familiares y amigos.
Tomo mi pastilla de “rescate” para la ansiedad, trato de no perder de vista el rayo de luz que entra en mi hoyo negro y comienzo a jugar teléfono descompuesto: “mamá quiere salir a pasear con la tía, ¿te gustaría comer conmigo y ver una película?” y entonces escucho del otro lado una afirmación. ¡Yeeeyy! Tengo quien me cuide hoy y mamá podrá salir a descansar, a tomar aire, lo que tanto me falta a mi y en ocasiones a ella por mi culpa.
El secreto: no pensar que a los 29 necesito guardería. Grabar en mi memoria los momentos increíbles que uno a veces vive en días ordinarios.
Silencio, Soledad y Opiniones
Aprendí a callar. Desde el primer recuerdo que almaceno en mi memoria, yo callo y la gente habla, opina, me busca; yo me veo ahí, los veo, los oigo pero no hablo.
Creo en aquellos artículos que dicen que llorar es bueno, que ayuda a liberar estrés y producir endorfinas, cuando comparto un momento con alguien con algún pesar le motivo a llorar, le invito a soltarse y liberar todo, incluso las lagrimas. No soy amiga de los abrazos, pero si conocida; puedo acudir a ellos para mejorar aunque sea un instante de esa persona que estimo, quiero y lo necesita. Siempre intento estar ahí, ayudar, no juzgo la reacción ni las lagrimas en las conversaciones, siempre las recibo con un café de ser posible, tal vez una buena copa y al final una canción a todo pulmón.
El problema fue que con el silencio se fueron mis lagrimas. Aprendí a callar, olvide llorar y poco a poco fui entrando en una cueva.
Un cambio en el tiempo climático cambio todo. Descubrí, como niño que descubre sus regalos antes de Noche Buena, que había gente fuera de mis voces internas que también me buscaban. Que estaban ahí para mi, que toda eso que yo cargaba, todo aquel quien se apoyaba en mi y generaba peso que me empujaba no debía preocuparme, yo también tenia apoyo.
Es la primera vez que recuerdo haber llorado como niña pequeña, (eliminando del comentario cualquier ataque de adolescente que haya sucedido), lloraba, sollozaba, respiraba entrecortado, no podía hablar y entre cada bocado de aire que tomaba, sentía no poder respirar y solo entraba en mi un gran sentimiento, mucho sentimiento. No sabía que sentía, pero el llanto no paraba.
Yo no esperaba ayuda. Yo me creía sola, me creía muda y ajena. Poco sabía como todo esto me afectaría. soltar todo eso a los 27 años me llevaría a desconocer el mundo, mi mundo. No sabía que seguía, ¿ahora como se vivía? ¿a quien se cuenta cada secreto? ¿Cuál es mi nueva yo social?
Fracase. Era un sentimiento similar a aquel primer recuerdo. Ahora vivía, era un adulto, teóricamente entendía que pasaba. No podía hablar, no podía ver o entender el momento, no podía dormir, no sabía que disfrutar, desconocía como vivir. Casi pierdo mi trabajo, mi hermoso, soñado y anhelado trabajo, al que había dado todos mis sueños.
Como cosa bien aprendida, después de tantos años posteriores a mi nacimiento, volví poco a poco a la rutina, a la fiesta, a impresionar a mi jefe. A levantarme creyendo que podía y a acostarme sin temer.
Lo intenté, tenía a la vida por los cuernos, o eso pensaba yo. No me había vencido una placa en el cuello, tres operaciones, dos ulceras ni un huracán. ¿qué podía hacerme un dolor de espalda? Atacarme donde nunca construí muralla ni castillo: En la espera, la paciencia.
Me cansé. Comencé a no querer luchar, no querer intentar mejorar, perdí esas ganas, el empuje en todo mi entorno. No se cuando decidí tomar la banca, pero recuerdo cuando no pude más y me cedí al cansancio. No podía más, eso era lo único que venía a mi mente.
Tenía 8 meses trabajando en algo que “pronto” completaría y antes de sentirme cerca de la meta me veía mas lejos. Todo se veía más imposible. Entonces paso de nuevo; ahí estaba yo, sin mi. No quería estar, pero ahí me tenía la vida arrinconada y me tenía vencida.
Ahora no me encontraba en una cueva, era el centro de la montaña y Dios había olvidado poner una puerta. Había momentos donde descubría cimientos de oro, valiosos, pero ¿qué podía yo hacer con enseñanzas de la vida en medio de un montaña sola? Descubrí que el final de lo que estaba pasando, podía no llegar. Este nuevo lugar era mi nuevo mundo, “Bienvenida a tu nueva casa, toma asiento y disfruta…”
La mayoría de las cosas empeoraron. Mi relaciones sociales; me daba pánico hablar con amigos, familiares, conocidos. Mi situación económica; las cuentas subían, el seguro comenzaba a poner peros y buscar escapar de las facturas. Mi salud; 8 meses y volvimos al paso 1; mi cuerpo ya mostraba quejas y marcas por el tiempo en cama, hospitales y falta de sol. Mi identidad; en ocasiones no podía ni alimentarme sola, la habilidad de moverme y levantarme a hacer lo indispensable iba y venía al igual que la esperanza en un principio. Mi profesión; olvidemos los cafés matutinos y las llamadas estresantes, mi última visita a la oficina fue antes de la primavera, mi nombre quedo fuera del sobrero que nominaba ascensos.
Entonces comenzó todo este silencio. No quería hablar, he olvidado en gran medida como comunicarme, que comunicar o con quien comunicarme. Le siguió una soledad aplastadora, siempre con gente nunca sola; extrañaba mis momentos de independencia pero en mi hoyo de montaña no había nadie, nadie con quien hablar, apoyarme, expresarme. La comprensión a mi dolor y cansancio era la llave y nadie lo entendia.
Era hora de decisiones. Habían pasado múltiples conciertos, tenía boletos, mi calendario decía “curada” hace ya varias semanas. Abría lo ojos y a mi alrededor: un hospital, de nuevo. Todos tenían algo que decir. Aún tengo batallas diarias donde no se si preguntar a los de mi alrededor que piensan, o preguntar solo a las voces de mi cabeza. Al final todos tienen algo que decir, pero nadie se atrevía a decir. Decidir es muy difícil cuando se trata de salud, del futuro y del alma de una persona.
Si en algún momento alguien me juzgo por falta de esfuerzo, ahora ajena a mi y en la ignorancia de lo que parecían 99 especialistas médicos diferentes se presentaba un nuevo mal. No, no era una complicación de cirugía lumbar con menos de 1 mes de existencia, eran mis riñones. Alguien más aparte de mi alma estaba harto de tanta dependencia, claustro y soledad.
Te dicen “sonríe, hay buenas noticias, tus huesos no están infectados. Lo que te causa ese dolor que ni la morfina puede bajar, te evita dormir, moverte, disfrutar o comer: No sabemos que nombre lleva, pero sonríe y elimina de la lista de las posibilidades algo grave que no tienes” Me pregunte como sería ¿cómo duele cuando uno sufre de esa complicación post-quirúrgica? ¿dolerá menos? ¿cómo puede ser mejor no padecer de eso y tener algo desconocido que me mata de miedo? Resulta que el cuerpo de miedo no muere, pero el alma se daña. Comienzas a dormir sin querer despertar. Descubres que no quieres más seguir, que sientes no poder seguir. Qué si uno pudiera dejar de respirar voluntariamente yo ya lo hubiera hecho.
Aún con diagnostico y tratamiento para pielonefritis no podían curar el alma. El catéter central que estaba en mi pecho sentía que llegaba al corazón. Mi cerebro se reusaba a seguir, la mente estaba dentro de una neblina densa y el alma adolorida.
Tarde o temprano tenía que apagarme. Deje de tener contacto con cualquiera que no fuera mi familia directa. Mi cuerpo se reusó a apagarse, acepto el fuerte antibiótico y curo los riñones. El dolor empeoraba, pero aseguraban no era grave. Deje de cuestionarme que pasaba, dije basta a estudios médicos, a conocer más especialistas y a seguir en un hospital donde mi familia gastaba en comida cara, mal-dormía en sillones y sufría las consecuencias de mediar entre seguro médico y personal administrativo.
Regrese a casa, pero seguía dañada, el hospital poco había dañado y los medicamentos solo dejado unas nuevas cicatrices en mi piel. Llego el día en que decidí gritar y pelear con todo aquel que aún seguía cerca de mi. Apague mi celular, la tecnología era un imán para el mundo exterior, yo ya no quería volver ahí. En mi obscuridad, había silencio, calma y yo sola con mi verdad. Tenía que aceptar el dolor, pasar las horas de los días.
Intente terminar con cualquier película, serie o libre jamás creado. Come lo que te dan, acepta a lo que te digan, solo sigue. Tenía la esperanza de que todo terminará, de que mi cuerpo se cansará de esa rutina de la que yo me hacía ausente. Que mi cerebro se marchitara con tanta televisión. Que la gente, mi gente se diera por vencida conmigo. Que mis médicos perdieran el interés, se resignaran a que era inmune a los tratamientos.
Mi mamá más paciente que nunca, acepto mi irracionalidad y se mantuvo a mi lado. Mi hermana estuvo siempre en mi ventana, esperando que aceptara sus palabras de aliento y abrazos, no importo cuanto tardé. Mi hermano, insistió, movilizó al mundo, detenerse no era opción, las cosas se hacían y había que seguir, mejorar era no solo una opción, si no mi siguiente paso. Mis médicos no sólo reclamaron mi ausencia, siguieron buscando caminos y remedios para mi, visitas a domicilio, nuevas ideas, nuevas instrucciones. El whatsapp guardo mis mensajes hasta mi regreso, pero más de 1, de esas personas que son parte esencial del alma, de mi alma, no paro ante mi ausencia, llegaron a mi con llamadas y mensajes que cuestionaban consternados a mi familia sobre mi salud, mi bienestar y mi existencia. No me iban a dejar desaparecer, por lo menos no de su vida.
Yo no se si el tiempo lo cura todo. Dudo en múltiples ocasiones que esto que me pasa “también pasará”, pero tras unos cuantos días de seguir sin vivir, decidí intentar sobrevivir. Escucharlos. Si no era por mi, que fuera por ellos. Tal vez a medias pero iba a intenta
¿Cuánto es 1 año?
Para un niño de 1 año, 12 meses son una vida entera. Para ti, depende de tu edad, experiencia, historia y situación actual. ¿Qué tanto es 1 año? Tengo 29 años, bien vividos y cumplidos, sin embargo, no puedo evitar notar la gran diferencia que existe entre 12 meses y 1 año. Están esas ocasiones en las que no recuerdo cuando comenzó el año y ya estaba terminado y luego están estos últimos 11 meses que parecen no terminar; por más que lo pienso, no se trata de que los días se vayan lento, de que el tiempo no pase, el tiempo pasa, los días se me van sin saber que recuerdo dejan. Mi gran problema es que no les encuentro final. Hace unos meses, varios meses ya, tal vez más de 12 descubrí que tenía un odio a la existencia de la esperanza. Me molestaba sobremanera la forma en que me encontraba enamorada de un hombre con quien las circunstancias me impedían de una verdadera relación sentimental. Sabía que no iba a pasar, sabía que no iba a llamarlo pronto, o tal vez nunca mi novio, sin embargo, lo veía y me comportaba como una adolescente o más bien como una puberta, no podía evitar sonreír como tonta ante todo lo que decía y hacía, me olvidaba de todo lo que se y solo le perseguía como ser único y maravilloso. Era hasta que estaba fuera de mi vista que podía y pensaba en la situación, recordaba lo que la vida me ha enseñado y era pragmática. Me enojaba con la esperanza. Era ella LA ESPERANZA, de "un tal vez si" "¿qué tal si sí?", que me impedía superar a unos de los grandes amores de mi vida. Era tanto mi reniego contra la esperanza, "esa que muere al último" que no deje de hacer saber en algunos de mis estados de Facebook sobre mi desesperación a no poder matar la esperanza para poder actuar maduramente al rededor de este hombre que me quitaba el aliento con tan solo pensarlo. Lo intentaba, lo pensaba, hacia un plan, me convencía. No iba a pasar, no era buena idea, no era posible, no podía ser. Bastaba verlo al final de un pasillo por 10 segundos y era una amnesia temporal, “¿es que a lo mejor si se alinea Mercurio con Plutón y el se da cuenta y ...... (inserte su excusa preferida)?” “Se que podría pasar” “el podría notar que también me amaba, que iba a escogerme a mi e íbamos a ser felices para siempre”. Esta voz era peor que Pepe Grillo, pero no era un "diablito" o un grillo en mi hombro hablándome era esa "esperanza que nunca muere". Esperanza Der. de esperar. 1. f. Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea. 2. f. Mat. Valor medio de una variable aleatoria o de una distribución de probabilidad. Ese es el significado de esperanza en la lengua española, y su traducción es muy similar en la mayoría de los idiomas. Ahora, después de muchos días, meses y cicatrices en mi cuerpo, he descubierto una nueva palabra, que resulta ser más como un sentimiento: Desesperanza. Lo peor que me ha pasado o he conocido. Perder la esperanza, en ti, en la vida, en que algo mejor va a venir. Hace 11 meses llegue al hospital por dolor de espalda, un dolor viejo que aguantaba por más de 2 años en su ir y venir. Sabía que había nacido hace 11 años en un accidente automovilístico. ¿mi razón para denunciarlo de una vez por todas? El dolor empeoraba y mi sueño profesional crecía. Necesitaba eliminarlo para poder seguir en la carrera mejor enfocada. No era difícil, sabía la causa, era un dolor común en mi profesión o incluso en la población mexicana, ya comenzaba a causar problemas de movilidad ocasionales, cada vez mayores, con mis movimientos y jornadas laborales de 18 hrs: "lumbalgia". A los 18 años sobreviví y tuve una recuperación MILAGROSA, a una inversión cervical nivel c3, c4 y c5, debida a un accidente automovilístico. Mi futuro estaba siendo todo lo que los doctores dijeron no podría ser. Una lumbalgia ¿qué tanto era? ¿qué tan difícil podía ser eliminarla de raíz? Yo iba a que la eliminaran así como los "valientes" quitan sus curitas, "de un jalón, de una vez por todas y rápido para poder seguir” Seguir con mi vida, mis sueños, mis metas, mi conquista del mundo. Tras un procedimiento quirúrgico fui dada de alta sin mejora alguna, incluso creo que las cosas empeoraban o por primera vez en 11 años les ponía atención y me daba cuenta que no era como un corte de papel en un dedo: molesto e inofensivo. Comencé con el ritual de opiniones medicas, visitar múltiples a doctores especialistas, escuchar diferentes opiniones, ver formas diferentes de tratarlo. Ahí comencé a pensar sin querer aceptar, que se hablaba de tratamiento, no de cura. Todos mencionaban que estaba avanzado, que eran dos niveles lumbares, no uno. Mi situación era común pero no sencilla, había nervios comprometidos y rasgos importantes en mi impedimento para ciertos movimientos, no iba a ser fácil de eliminar: Había aguantado mucho tiempo, lo había escondido demasiado bien de todos, incluso de mi misma. Eran malas noticias pero había esperanza. Resulta que escoger un doctor, tu doctor especialista con el que decides tratarte, es como escoger una carrera profesional: siempre puedes dedicarte a otra cosa (cambiar de medico), pero quedas marcada en como ves la vida (en como queda tu cuerpo y como será tu estilo de vida). Sin dedicar mucho tiempo, me es imposible recordar cuantas veces he estado dentro de un quirófano en los últimos 11 meses. la escala médica del dolor “Del 1 al 10 que tanto le duele” se me hace un juego sucio, por que la memoria es especialista en olvidar el dolor, pero queda una sensación de lo mal que te sentiste aquella vez que dijiste no poder más, y ahora, siento que no puedo más pero me confunde exagerar o me preocupa haberme quejado de un 9 que era un 6 y ahora padecer un verdadero 9. He disfrutado el descanso de estar en camas días y días seguidos viendo series y películas con comida hecha por mamá y llevada a la cama. He pasado días sin saber que hora es y a donde fueron las horas, días como en neblina que no se a donde fueron. He odiado días que parecen no acabar, días que parecen malditos por todo lo que pasa, por todo lo que sufro. Me he vuelto bipolar exprés por días en que río, lloro, grito y o suspiro. He corrido detrás de la esperanza hasta atraparla y disfrutarla aunque sea por un solo día o varios días seguidos, pensando que esto ya iba a terminar. He trabajado contra ordenes de doctores desde casa, dirigiendo mi sueño y mi puesto sin que nadie note que me encuentro fuera de mi lugar en la oficina. Alguna vez revente platos contra una pared, era esto o pelear con toda mi familia y gritar cosas que podía lamentar después, sin que ellos fueran culpables de delito alguno. He pasado más de 24 horas llorando, lamentando mi supervivencia o pensando en como será el cielo, si acaso existe el más allá y anhelando estar visitarlo. Se como es creer que el dolor no puede ser peor y lo único que la vida te demuestra es como puede aumentar y empeorar. Todo siempre puede ser peor. Descubrí que se puede pasar los días acostada, sin poder dormir por días, ajeno a los sonidos de tu alrededor, de las personas que pasan, te hablan o tratan de que pruebes bocado. Creo incluso que ha habido días que me he alimentado tan solo e nieve y pasteles de diferentes sabores, en su mayoría de queso, tengo una fuerte debilidad por el queso. Crecí creyendo que los psicólogos equivalían a los chamanes y los Psiquiatras a los manicomios. Hace casi 2 años que la vida me dio a escoger entre: un psicólogo, un chaman, un experto en chacras, un curandero, o un... lo que fuera para salir de ese hoyo que me alejo de mi vida cotidiana, de mi mundo, de poder relacionarme con los demás. Hace 4 meses, mi psicólogo dejo de ser lo necesario, subía de nivel, ahora un psiquiatra quien me ayudaba en esta crisis que se bailaba entre temas de vida y muerte. Para mi tocar fondo, no fue como entrar en un hoyo, fue como vivier la película de "Gravity". Flotar sin escuchar, sin sentir, sin poder pensar, sin poder relacionarme. Fue una ansiedad de ver, convivir y llevar la vida que siempre me ha gustado, era imposible hacerlo, imaginarlo o creer que se podía volver a ella. Hace 11 meses que decidí eliminar mi lumbalgia. Hace 4 meses de mi última cirugía. Hace 3 meses de mi última visita a un hospital. Hace 1 mes que no puedo visitar a mi doctor por el dolor que me impide salir de mi casa. Hace 4 horas de mi último analgésico y hace sólo 2 horas que mi psiquiatra hizo su última visita a domicilio y modifico mis medicamentos para intentar algún día volver a mi rutina, volver a ser independiente, volver a ser el plan que tenía para mi futuro. Cada 24 horas tienes minutos de diferente duración y horas que a veces son eternas o que no se a donde van. Hace unos días, cuando hice consciente que han pasado 11 meses desde mi diagnostico oficial de lumbalgia. Hoy me percate de que 11 meses, no entiendo que son 11 meses, por que no se si van a terminar o van a continuar. Si esto termina, han pasado, han sido largos, si esto sigue mucho más. 11 meses no son nada.