En la negra noche de los tiempos un crimen se perpetra a vista de todos. Y mientras la guadaña sionista hace su trabajo, el mundo está de vacaciones, celebrando su débil suerte a tan solo unos kilómetros de la barbarie, hipnotizados por el fanático tam-tam de los tambores de guerra vestidos de domingo, sedados por el fútil argumento del deseo y el doble filo de la espada de la verdad con la que los reyes desmembran a los niños o ungen aliados en la oscuridad. Es hoy la más oscura de todas. Un comodín en las cartas del calendario, la cuarta luna nueva de un verano donde solo debería de haber tres. Dicen que sucede cuando Selena se encuentra demasiado cerca del sol y por eso no la vemos. Ahora la humanidad, como la luna, esta demasiado cerca de la muerte, y por eso no la vemos.
Creo que uno escribe cuando ya no soporta mas el dolor que produce no hacerlo. No se quien leerá estas palabras que brotaron como la indigesta bilis después de un atracón, pero tras semanas de consumo caníbal del espectáculo de la muerte, una mañana de luna nueva la oscuridad se hizo total, y desde ese silencio de luz brota esta náusea.
Ya no sirven mis pequeñas luchas desde las barricadas del arte, ya no explotan mis desgastados versos en la cara de los opresores y cuando solo queda lo que hay dentro de uno, solamente me pido conciencia por el dolor de los inocentes, en cada bocado del día, en cada sorbo de agua, en cada suerte de descanso. Desde mi inmerecido privilegio solo puedo intentar ser un punto de luz, que no deje de brillar en esta oscura luna nueva de la vida, ser como una aguja de acupuntura -como me dice siempre la maestra Giita- sobre la superficie de un planeta enfermo.
Meditar no es algo que uno hace desde fuera hacia adentro, sino desde dentro hacia afuera. Al meditar emitimos señales, energía, vibraciones, y toda esa energía puede unirse de forma consciente, sin que medie el asesino tic y tac del reloj, pero sumergidos en el tiempo, -como me contaba Ana esta mañana- eso es lo único que somos: tiempo. Ese tiempo que quieren hacernos creer que se puede perder porque es oro, en realidad es oxigeno, y no es posible perderlo pues forma parte indivisible de nosotras mismas.
Estas son mis armas de construcción masiva. Mando mis débiles vibraciones a todos ustedes. Ójala llegue este inútil palpito al corazón de los indignados y que las ondas que produce esta piedrecita lanzada al silencioso pantano de la indiferencia, reverbere hasta llegar a las mentes de todos los tibios que miran hacia otro lado como si no pasara nada, como si lo importante fuera la música y no el hecho de que está sonando frente a la prisión a cielo abierto más grande del mundo, llamada Gaza. La idea consiste en constatar que cada pequeño acto que hago, tiene una repercusión en otro lado. Aunque nadie lo sepa. Aunque no lo comparta con nadie. Es la onda que vibra alrededor de la piedra. Nosotras somos la onda, la piedra es Gaza.
Es fácil meditar en medio de un jardín en calma pero cuando un meditador lo hace en medio del caos, una bola de paz avanza sobre el campo de batalla, y los enemigos caen, llorando hacia la tierra que están matando. Desde mi infinita pequeñez y mi inútil posibilidad de intervención contra el galope de los jinetes del Apocalipsis, solo puedo creer en la vibración. No estoy hablando de sonido, mucho menos de música o de estas inútiles palabras. No es algo tangible. No ser la piedra que se lanza en medio del lago en calma, sino los círculos que se expanden hasta el infinito. No ser el rugido de la ola rompiendo sobre la arena, sino el aire que habita en su hueco.
Aunque la herida abierta de Palestina no deja de sangrar y la hemorragia no se pueda atajar tan solo meditando sino que se hace necesaria una intervención quirúrgica, me vino a la mente la poderosa imagen de muchos meditadores que ademas de ser agujas se convierten en trapos, en gasas, para Gaza, entrelazadas hasta lograr la trenza que salve la vida. Es en este tono que me uno a todas las almas que hoy meditan por la vida como pequeñas brasas provocando un fuego no de muerte, sino de vida. Solo desde el silencio puedo combatir el caos, no mas dolor al dolor, no mas palabras a las palabras, no mas violencia a la violencia, solo la vibración nos hará libres.
Si cada bocado que no diera pudiese ser enviado por un vaso comunicante mágico a la boca de un niño hambriento comería como si no hubiera mañana, pero como no existe, me gustaría ayunar, ser el artista del hambre del cuento de Kafka, pero desgraciadamente no soy tan fuerte, ni tan valiente como para hacer una huelga de hambre. Entonces lo que intento es comer con consciencia, reconocer la realidad y enviar mi solidaridad a cada bocado a las niñas hambrientas de Palestina.
Si en ese mundo imaginario sucediera que por cada cólera inútil, por cada pensamiento negativo que tengo que tirar al basurero de mis emociones, al no dejarlo ser, lo pudiera convertir en uno positivo, dejaría de enojarme tantas veces como lo hago. Intento crear un paralelismo entre la comida y el pensamiento. El derroche de los alimentos y el de los pensamientos. La comida que se tira por nuestra gula o por nuestro descuido al dejarla estropearse, se asemeja a los pensamientos excesivos que dejamos intoxiquen nuestra mente hasta el punto de ser un exceso que nos hace tremendo mal. Entonces, cada pensamiento negativo, cada comportamiento oscuro, no lo tiro y lo convierto en un pensamiento bueno, que deposito en la bandeja de los vasos comunicantes a través de la red de la meditación. Una especie de recicle mental. Esto es una imagen nada más, un acto poético nada menos. Es el poder del arte, de la imaginación, de la alquimia simbólica y creativa que nos fortalece frente a los dogmas, leyes y libros sagrados. Así resuena nuestro mantra global: en la más completa oscuridad, la más pequeña de las luces ilumina como un sol.
Hoy, que acaba el estío me aviento a publicar estas letras que se gestaron en la frecuencia de la noche más oscura del verano y nacen hoy bajo la oscuridad de un nuevo eclipse solar. Palestina no desaparecerá como el sol, resplandecerá siempre y nunca cederá al tiempo. Mientras Gaza es masacrada, crece la resistencia ante la barbarie. Quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semilla. Será como el ruderal entre las grietas de asfalto. Como la bugambilia del Levante, cuyas hojas caen en cualquier época, porque en cualquier época florecen de nuevo, imposibles de barrer al furor del viento del Siroco, tornando el suelo en una alfombra como de un nuevo amanecer. Esto es Palestina: nuestra idea de resistencia. Quizá el mundo no salve a Palestina, pero Palestina salvará al mundo. Descolonizar la mente. Descolonizar el cuerpo. Descolonizar desde el río hasta el mar. Viva Palestina Libre.
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Levante
Al-Andalus Al-Laqant (Lucentum)
23 de agosto - 21 de septiembre de 2025