Cuando una persona no tiene claridad sobre lo que quiere, su indecisión puede generar en ti dudas sobre tu propio valor. No porque realmente seas insuficiente, sino porque la falta de certeza en el otro puede hacerte cuestionar tu importancia en su vida.
Es fácil caer en la trampa de interpretar la confusión ajena como un reflejo de nuestra valía, pero la verdad es que lo que alguien no puede definir sobre sus sentimientos o intenciones no tiene por qué convertirse en una carga para ti. Mereces vínculos donde haya seguridad, reciprocidad y donde no tengas que estar descifrando constantemente qué lugar ocupas.
Cuando alguien no sabe lo que quiere, la mejor respuesta no es intentar convencerlo, sino preguntarte si realmente quieres estar en un espacio donde no eres elegido/a con claridad.




















