Cuerpo tullido pero cuerpo dócil versus cuerpo flexible y expectante

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@nicotinisimo-blog
Cuerpo tullido pero cuerpo dócil versus cuerpo flexible y expectante
Identidades en conflicto, desafíos por resolver.
Como cola asumo las circunstancias que me mantienen en el privilegio masculino. Intento comprender las lógicas heterosexuales que me rodean e intento desprenderme de ellas, así como intento cuestionar mis prácticas y discursos que reproducen el sistema y por lo demás, renunciar a ellas.
Conozco a otros colitas así, que están en permanente tensión, mientras divisan la heterosexualidad por un lado, lo poco que hemos observado, construido y recuperado como “militancia cola”; así como los vicios de nuestra “comunidad” altamente fascista.
Entendiéndonos entonces como identidades en conflicto, es necesario hacernos el llamamiento a ampliar nuestra mirada reconociendo los cruces que nos conforman también como no heterosexuales. Reconocer que existe pobreza, racialización y expresiones más perseguidas por la homofobia (odio a lo femenino por lo demás) - las identidades “colas fuertes” por decirlo de alguna manera -.
Ampliar la mirada requiere también el hacernos cargo de esto, acompañándonos y poniendo de manifiesto aquello que debemos asumir como prioridades. Esto no sólo debe ser en el mero plano discursivo, sino también debe comprender nuestro posicionamiento y lugar de experiencias, lo que debiese ver reflejado en nuestras acciones cotidianas.
Defender(nos) a los colas, a las trans y a las mujeres en el espacio público, aprender a denunciar y perder el miedo. Activarnos políticamente implica esto.
Debemos dejar el activismo cómodo, la política virtual; nuestras prácticas hetero capitalistas y colonizadoras. Hay que aprender a entendernos como verdadera comunidad, no sólo para referirnos a un colectivo, sino para generar espacios de encuentros más allá de los que nos impone el régimen capitalista.
Poner en cuestión nuestra “identidad” gay, significa poner en tensión cómo se expresan de otras maneras la masculinidad (entendiéndose como sinónimo de opresión), y abandonar esto constituye un verdadero acto revolucionario, dado que es pensar/actuar desde fuera de la heterosexualidad.
Reconocer nuestra violencia en el cuerpo, la que nos construye y que luego reproducimos es un acto de reconciliación. Reconocer por tanto nuestras prácticas bañadas de odio es el primer paso para salir de ellas, asumiendo las consecuencias políticas de esto y donde por tanto se cristaliza la vergüenza y cobardía que tenemos al ser construidos como hombres.
Un acto para saldar esto es comenzar a pagar nuestras deudas políticas y por tanto históricas. Con las mujeres, las lesbianas, las trans, las travestis y las activistas feministas.
Debemos articularnos con el entramado de problemáticas que nos cruzan y que cruzan al otro (siendo al mismo tiempo parte de las otredades); esto es, potenciarnos entre las colectividades. Esta articulación implica un acompañamiento que debiese partir con nosotros y continuar con le otre que está oprimide también. Esto es también salir de la heterosexualidad, porque se deja de lado el individualismo (¿quién pensó que éste antivalor se concentra en el neoliberalismo?), se deja de lado la idea de familia, de propiedad y comenzamos a ver la(s) comunidad(es). Solidarizar debiese ser una práctica y una ética que nos dé el paso a devenir como identidades en resistencia, asumiendo la potencialidad que como colas, no heterosexuales tenemos para invertir.
Dejar a pasivofobia, la transfobia, el protagonizar la atención (lo cual no requiere el invisibilizarse), el arribismo, el racismo y otras formas de entender cuerpos e identidades es desheterosexualizarse; es hacer de nuestro poder algo no coercitivo para les otres, sino una potencialidad en contra de los regímenes de opresión, a su vez que nos permite reconciliarnos con y en la otredad; porque no buscamos ser asimilados, sino que buscamos resistir y existir dignamente.
Asumir y abandonar la violencia en nuestras parejas, implica otras formas de nutrirnos y hacer de esto un cotidiano revolucionario donde aprendemos el autocuidado y el amar desde una afectividad que nos permita el desarrollo individual y colectivo.
Reconocer nuestros desafíos también significa pensar en cuán lejos podemos llegar.
Esto respecto al día internacional contra la homolesbotransfobia, que a las finales lo que nos sigue matando también, es el sistema que llevamos dentro.
Como dijo Sinead O'Connor: Fight the real enemy. (Ella apuntó al papa, yo digo que nos apuntemos a nosotres mismes) No nos quedemos con la pelea chica, cómoda y cobarde.
El ex Yingo aseguró en Primer Plano que Dios lo habría sanado de su orientación sexual.
Apropósito de Arenito-hetero y las variadas publicaciones que veo de heteros y no-heteros sólo quería comentar unas cosas.
Si bien el miserable lanzó dichos homófobos que poco y nada aportan, me pregunto: Si en el mismo sector no-heterosexual existirá gente que se haya librado totalmente de la homofobia internalizada, ¿por qué es más fácil atacar a un cola reprimido que a los canales, a las instituciones, al homófobo de al frente y a la sociedad entera?
Arenito no es un macho de izquierda, no es un intelectual ni tampoco es un hombre blanco cis burgués. A Arenito se lo criticó en primer lugar porque nadie le compró el show, porque tuvo una adolescencia hiper expuesta, precaria y vulnerada a la que cómodamente pudimos acceder prendiendo la tele en las tardes.
Si se heterosexualizó abiertamente, no es porque en su plena voluntad lo hubiese querido. Fue porque esto implicaba seguridad, un poco de paz y también porque era un intento de buscar felicidad.
Es triste que sea objeto de burla, si tampoco se podía defender en ese panel. Todos los espacios de diálogo en donde de alguna u otra forma se rocen aspectos biográficos, responden (o se transforman) a ejercicios de exposición. La diferencia es que acá jugamos a ser la PDI reventando a los pacos rasos.
Siento profunda tristeza por la desolación que debió haber tenido para ir a una iglesia e intentar curarse.
Aún así él es y será (de seguir así) un hombre carente, un sujeto amputado en su identidad. Él, como ya vimos, es un sujeto peligroso en su discurso y posiblemente en su futuro accionar -mientras más infelices y misóginos son, más exponen a las compañeras (se las cagan como quieren, no las quieren de verdad y pueden terminar como cualquier otro heterosexual violento; escondiéndose así de su homofobia)-. Él es un resultado más de la sociedad que hemos heredado. Y en vez de seguir haciendo mofas, construyamos un mundo para todes quienes como él tienen miedo de ser elles, quienes miran al suelo y piden permiso y perdón cada vez que salen a pasear.
Como escribió Paul Preciado para les niñes no heterocis:
"Y tal vez sueñan, como yo antes que ellxs, que se fugan a un país extranjero, en el que los niñxs que portan la bala son bienvenidos. Y yo quisiera decir a esos niños: la vida es maravillosa, nosotros los esperamos, aquí, somos numerosos, todos caímos bajo la ráfaga, somos los amantes con los pechos abiertos. No están solos."
Por Alexander Núñez y por todos esos colitas con miedo, con pena y soledad. Esos que se matan en vida para que el resto no los mate. Por ti y por todes tus compañeres.
Rovira en tacones y besando a Karra Elejalde como ejemplo de "reivindicación". ¿A quién le pareció buena idea?
Cuando tu sexualidad es un chiste y tu identidad se define por lo que llevas puesto, estos gestos reivindicativos de los hetero-cis por la integración no son más que mofas que sólo terminan reivindicando el privilegio masculino.
Lo mismo siento cuando los compadres se saludan con el "buena maricón", con los agarrones. con los comentarios homoeróticos que se lanzan entre ellos, cuando salen con el "uuuuuy", cuando dicen que "se les soltaron las trenzas"; cuando existen demasiado cerca mío.
Como he dicho antes; los verdaderos resentidos sexuales, son los heterosexuales.
Gestionen su misoginia, gestionen su homo-lesbo-transfobia. Solventen sus carencias.
El uso del condón debe ser universal en los hombres, (me incluyo allí). Es tan de hombre heterosexual pensar sólo en el riesgo de que la compa se embarace, buscando medios alternativos para ello y haciendo que casi siempre ella tenga que hacerse cargo de este aspecto a las finales. El uso del condón protege frente al contagio de ITS, lo que lo diferencia respecto a otras vías de prevención del embarazo. Decía antes, que el embarazo (así como el aborto) se debe entender como una más de las prácticas heterocoitales. Cuando se asume este deseo, hay que reconocer y gestionar los riesgos, y externalidades de estas prácticas. Nada es gratuito. Aún en confianza y en parejas estables, la gente se puede afectar con otra, quiero decir que nuestro deseo nunca será estático y por tanto es posible que nos gusten más personas y que de eso surjan encuentros de todo tipo. Esto se debe entender como otro riesgo más presente en la monogamia. Pensar en tener sexo anticonceptivo pero no seguro igual es una práctica machista. Siendo que en los hombres está más que asumida la poligamia, éstos en su mayoría no se protegen. Las compañeras que se contagian de alguna ITS, en su gran mayoría lo hacen a partir de sus parejas (en relaciones supuestamente estables y monógamas); es decir son contagiadas. Es machista también no protegerse porque se sigue cayendo en la idea del hombre impenetrable, aquel sin baches ni puntos débiles. Reconocer los cuidados personales es una práctica sumamente política.
Opresiómetro
A veces me pregunto cómo ordenar y entender las miserias que me construyen y construyen al resto; esas a la que le decimos formalmente sistema. Si pienso en mi cuerpo, pienso en mi gordura. Me pienso entonces como un objeto que se constituye como otredad; que es excluido del deseo y de desear; relegado a un fetiche en las categorías del porno. Que intentó invisibilizarse con el polerón, la chaqueta, el cortavientos, que aprendió que la ropa negra nos venía y que holgado era mejor; teniendo en cuenta que uno de los grandes desaires y miedo era que me vieran y tocaran las tetas (obviamente se entiende entonces que era un cuerpo accesible al ser un menor de edad, al ser vulnerable), las cuales al día de hoy llevo con orgullo. Recuerdo los comentarios de mi madre que se preguntaba por qué nadie sacó los ojos de la abuela, que mi hermana le apodaban negra desde que tengo uso de conciencia, al sacar la tez del progenitor que nunca conoció, en mi madre ofreciéndome rinoplastías en la media, los frenillos al finalizar la básica y las dietas y restricciones alimenticias que fueron transversales mientras no cumplía los dieciocho. Soy un cuerpo que fue construido así. No debo dejar de mencionar nunca los privilegios que tengo a partir de mi contexto socioeconómico; que si bien no aparecieron por espontaneísmo, me han permitido evadir- hoy- varias de las miserias cotidianas que la mayoría del pueblo experimenta. Evoco también en las pastillas que toma mi vieja, en las pastillas que tomé yo, en las que toman varias amistades; al psicólogo que se quebró y me dijo que era el caso más grande de familia disfuncional que le tocó tratar y al psiquiatra que se rio de mí en la primera (y última) consulta que tuve. Me enuncio desde mi colitud, recordando las veces que la he pasado mal, y las historias que por diversas razones han llegado a mis oídos y que si bien siguen un mismo hilo conductor, han de tener marcas que oscilan de forma vertiginosa según la magnitud de las cicatrices que han dejado en cada compañere. Tengo claro los privilegios con los que nací por tener pene y por ser un tipo de una fisionomía -bastante- masculina. Que nunca he tenido que abortar, que la noche no implica el miedo a una violación, y que el abuso y acoso sexual fueron más bien cuestiones de un azar que no jugaron a mi favor, en vez de la memoria heredada que cargan mis compañeras y que perciben día a día. Me reivindico desde un feminismo, no pensándome como "el mejor feminista", sino en un constante desarrollo, atacando a los enemigos que siguen dentro de mí, y a los que circundan entre mis redes y espacios cotidianos. He aprendido como valores inherentes a este proceso el autocuidado, el posicionamiento y la pertinencia, porque más valoro un discurso crítico desde la humildad (cuando tiene inquietud), la experiencia (que reconoce su contexto) y desde la solidaridad (donde aprendemos a transitar y a acompañarnos sin jerarquías); que uno que parte con ideas abstractas que nunca han conocido ni cuestionado otras formas de opresión, otras biografías y otras rabias que siguen creciendo. He aprendido a callarme cuando mi alegato no da a lugar, a preguntar cuando es necesario y a reconocer por sobre todo otros discursos que se forjan desde la experiencia y ética de trabajo. No sé con claridad qué lugar tengo en el opresiómetro, sólo quiero que éste ya no exista para nadie.
“Las tres palabras más dañinas que todo hombre recibe en su niñez es cuando se le emplaza a “ser un hombre””. No existe una “guerra contra el hombre”. Los hombres morimos po…
Incapacitados, embrutecidos, carentes.
El culto a la heterosexualidad la sigue haciendo. En este mundo binario, dicotómico y extremadamente miserable, las actitudes que implican la visibilización de la vulnerabilidad de una persona son consideradas pertenecientes a lo femenino. Sea llorar, tener miedo, sentir vergüenza; entre otras cosas, no son considerados emociones de cualquier ser pensante, sino que se atribuyen a características propias de las mujeres
Un niñe no es un hombre. A les niñes les quitan su infancia para que cumplan con la fantasía (maldición) hetero-cis. En defensa de "forjar su carácter", elles son abandonades y expuestes a variados tipos de violencia (tanto desde les criadores como del resto de la sociedad).Las consecuencias de esto son variadas:
“...para las mujeres, la naturalización del dolor las debilita y dificulta el establecimiento de una comunicación directa. La tendencia de un hombre deprimido a externalizar el dolor puede convertirle en alguien psicológicamente peligroso.”
Aún sin las presiones de les criadores (aquelles que se posicionan desde las crianzas sin violencia), aunque esto en el artículo se rebate, el peso de salir al espacio público cargado de imágenes que refuerzan la idea de una masculinidad hegemónica inalcanzable para la mayoría implica presiones similares o peores que en el espacio privado. O sea, se pasa de un estado de sitio (hogar) a otro (la calle).
La dualidad de presiones y privilegios a la que es asociada la masculinidad no exculpa, pero sí da ciertas luces sobre el porqué de la existencia del macho; ese ser embrutecido y genérico con el que compartimos en la sala de clases, en el espacio público y en el privado.
Los mismos hombres, somos quienes debemos tomar las medidas frente a esta problemática: evitando que más niñes sean obligados a pasar por esto, dejando la pasivofobia (y destruir esa categoría), gestionando la misoginia para ser personas, conversando sobre la masculinidad traumática (que luego al parecer es olvidada a medida que crecemos) y deteniendo y denunciando la violencia ejercida por nosotros.
Cuando se abandonan privilegios, nos podemos permitir sentir y expresarnos con mayor libertad y menos violencia. Un cola fuerte, al abandonar ciertos rasgos de su masculinidad, se permite expresar con mayores posibilidades su género: lo cual, para tener en cuenta, no lo desvincula de la misoginia, dado que la homosexualidad redirige y gestiona el odio a las mujeres de otras maneras.
La tarea es amplia, pero los logros a alcanzar son invaluables.
El 'Bud sex' Hombres con prácticas hetero y homosexuales rechazan la etiqueta bisexual. ¿Por qué el miedo a ser estigmatizados?
La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes (8)
"Según cuenta Jane Ward a S Moda, “los hombres heterosexuales de raza blanca, es decir, los que tienen el poder, tienen mucho que perder si reconocen sus deseos hacia el otro sexo, porque la masculinidad ha estado muy específicamente definida durante mucho tiempo y porque ha sido el único y estrecho camino para ser un hombre de verdad. La atracción hacia otros varones se ha percibido como algo femenino, que resta autenticidad y poder al hombre..."
Demás está decir que la mayoría estaban casados y con hijes...
Misoginia?, juzgue usted misme
Puta que es rico palomear!!!
Desde chico acompañaba a mi vieja a darle comida a las palomas. Juntábamos el pan que quedaba después de almuerzo y nos íbamos ya sea después del jardín o antes de tomar once (si es que estaba de vacaciones).
Nos íbamos caminando hasta la Plaza Colón y las palomas nos conocían, si que iban en bandada volando en círculos, y mi mamá me decía que era su forma de saludarnos.
Antes habían muchas y me encantaba que me recibieran la comida de las manos (me hacía pensar que perdían el miedo), si que me quedaba alrededor de cinco minutos como una estatua (una eternidad a mi edad) y de a poco se iban acercando. Siempre recuerdo que la paloma más cochina era la que se acercaba primero; asumo que era la que menos tenía que perder entre ellas, y por tanto era la que comía más; de allí se empezaban a aglutinar las palomas en mis manos, en mis brazos y en mis hombros y para mí era lo más cercano a volar.
Una vez me tiré comida en la espalda y agaché un poco, y cinco palomas estaban allí. Yo como niño estaba feliz porque me tenían mucha confianza; lo que más me sorprendía siempre era que ninguna de ellas me cagó alguna vez.
Más tarde, cuando iba en el colegio aprovechaba de darles comida después de almuerzo, cerca de las vías del tren que quedaban arriba de mi casa. Era un tierral al cual de a poco las vecinas le fueron poniendo arbustos y palmeritas, junto a una pequeña poza para que se puedan bañar y beber. También me saludaban volando todas juntas cuando me veían subir..
Recuerdo que me esperaban encima de los cables de la luz y bajaban una vez que llegaba a la esquina. Eran todas del sector porque aprendí a diferenciarlas: estaba la café, la del muñón, la chascona, la peleadora, la negra, la sucia y la que tenía dos deditos, entre otras...
Me molestaba de sobremanera que pelearan entre ellas cuando había comida pa todas, si que a la peleadora le tiraba una miga para que avispara; luego entendí que eran peleas de palomas por lo que sólo me aseguraba de tirarle más cerca a la que le habían pegado antes. También me fijaba mucho en sus patitas, algunas tenían todos sus dedos, otras le faltaban partes de ellos, o no tenían, o tenían un muñón o un lío de cuerdas que les apretaban. Al parecer cada una se había acostumbrado a caminar como podía, pero me daba pena que caminaran en la arena caliente.
Ahora cuando puedo bajo a la avenida a darles comida; no hay muchas ya y tampoco me preocupo de esperar a que me reciban de las manos pero se siente casi igual que cuando era chico...
Puta que es rico palomear!!!
El mundo está lleno de relatos de terror, como lo son también el morir sin haber tenido un orgasmo, no saber tocarse y ficcionar nuestra libertad de la puerta para fuera, porque los hogares son otros estados de sitio más.
Pd: Qué cuática está la policía del género.
Reconocer, responsabilizarse y pedir disculpas
Sea al dormir o al despertar, hago un breve repaso de las cosas que hice a lo largo del día; me intento examinar, escudriñar. Siempre caigo en cuenta que tengo caleta de cosas por hacer y enfrentarme, que tengo que trabajar mi misoginia internalizada, y los privilegios que me fueron asignados a partir de mi identidad masculina. Que las cago en esto y esto otro, que pasé a llevar a esta o a este y en ese sentido hay que asumir las vergüenzas por los actos que cometimos.
No es sólo llegar y decir que uno es bacán y se deconstruye y listo, revolución. Este ejercicio es descarnado.
Pienso también en cuando era más pequeño y recuerdo que era harto misógino y homófobo en mi infancia. Si bien nadie nace con los zapatos de la conciencia que nos permitan ir por el mundo sin ejercer violencia, pero aún así es necesario asumir las responsabilidades y hablar de estos temas.
Y las disculpas, que si bien no arreglan lo ya sucedido, pueden dar espacio a construir otro tipo de relaciones, siempre que exista voluntad para ello.
Para avanzar en nuestra construcción como nuevos sujetos debemos ser valientes, dejar nuestra comodidad y asumir. Reconocer y responsabilizarnos.
Quizás este ejercicio nunca estará completo y esté a años luz de saber en qué momento he importunado, pasado a llevar, menospreciado, omitido y/o faltado el respeto a compas en general; y doy las disculpas por ello igualmente.
Disculpas por los aprendizajes de cola (que son misóginos) que he replicado; por mi comodidad ante muchas cosas y por la falta de valor que he tenido para enfrentarme a mi mismo.
Comprendo cuando las compañeras hacen espacios separatistas, porque es resistencia y porque por unos instantes se pueden reconocer y encontrar en espacios seguros, alejados de sujetos como nosotros.
A los hombres nos compete encontrarnos también y hablar sobre nuestra mierdisidad. Hacernos cargos de nuestras carencias para sentir, querer y cuidar; y para constituirnos en verdaderos aliados. Igual debo decir que me dan paja los espacios de hombres, pero rehuirlos es también ser cómodo.
Hay que hacerse cargo de uno mismo, y también hay que hacerse cargo de nuestro género.
De las existencias obligatorias y nuestros deseos vedados.
Últimamente le he dado algunas vueltas a la heterosexualidad obligatoria y a nuestras existencias igualmente obligatorias. Pienso en las carencias que tenemos, con las que nos criaron y nos hicieron entendernos. En que cuando chico decir algún sinónimo de cola era (y es) siempre un insulto y que tampoco sabía de la existencia de hombres que se amaran o que hablasen abiertamente de su deseo por otros hombres. Sólo tenía la imagen de los colas que cabían en la tele y que me eran tan lejanos como las ideas que tenían de mí como hombre hetero. En un mundo que te condiciona a ser una cosa, develar y construir un deseo que se nos niega es un doble desafío, y en donde podemos terminar rebotando caleta de veces, hay gente que habla de la heteronorma para referirse a eso. Yo me conformo con decirle al problema heterosexualidad. Cabe señalar que en ese momento no pensaba más allá de mí tampoco, nunca pensé en qué vivencias traía una persona trans o lesbiana; el sistema hace bien su trabajo al invisibilizar, incluso dentro de les no heterosexuales, a quienes comparten la misma vereda. Pienso en mi madre también. Intuyo que ella es lesbiana y que nunca se dio cuenta. Que para ella nunca existió un clóset, porque no tenía idea de que estaba en uno. Ella: muy camiona, muy fuerte y con tanto amor; poco femenina y bien directa. Sé también, que ha tenido que tragarse muchas cosas a lo largo de su vida y que por lo mismo está en las condiciones en las que hoy se mantiene. Recuerdo que cuando pequeño ella se saludaba de piquitos con sus amigas, y que para mí era normal ver ese gesto con sus cercanas. Expresaba su cariño con caricias a ellas y la veía feliz con sus amigas. Y con todo eso me pregunto si en algún momento ella supo en qué momento terminó estando casada en un matrimonio que extrañamente se mantiene al día de hoy. Una vez le contó a un ex que ese gesto era una costumbre del norte bien común y yo sólo podía reírme para mis adentros pensando que a nadie en mi vida le había visto esa costumbre. Tampoco le dije nada porque si se sentía mal quizás nunca más lo volvería a hacer. Me imagino a mi madre con un vacío que ni ella sabe pronunciar, con un anhelo que no sabe de dónde viene, pero que sin embargo le pena al día de hoy. Que quizás en su lecho de muerte no se acuerde ni de mi padre, ni de sus hijos, sino que piense en alguna de sus amigas, y que no entienda por qué le viene ese recuerdo a la mente y aún así sienta una extraña pena mientras cierra los ojos. Pienso en cuántas personas despiertan cada día con ese vacío, con ese deseo que nunca conocieron y siento pena, pena y rabia. Por ese cariño negado, porque estamos llenos de traumas y porque continuamos cerrando nuestras heridas, y preguntándonos también cómo llevar esa cicatriz.
Más historias de terror:
•La gente imperturbable. •La dependencia. •El trabajo no valorado. •No saber qué hacer con el tiempo de ocio como derecho. •El SENAME •El electroshock y las pastillas. •La exposición constante. •El miedo a la soledad. •Despertarse antes que salga el sol y volver cuando es de noche por obligación sin disfrutar del sol. •El transporte público y el hacinamiento.
Historias de terror cotidianas
•Llegar con cansancio a seguir funcionando. •Ser pequeño y tener miedo de pedir permiso para ir al baño en el colegio. •Gente que no come con tranquilidad sin ver las calorías por porción. •La gente que nunca ha sido amada y cuidada. •El tiempo robado de la infancia. •Ver las mismas caras por obligación todos los días. •Los años perdidos sin saber qué era el deseo propio. •El no conocer un día sin que exista miseria en algún territorio. •Los derechos transgredidos en sólo media jornada. •La incertidumbre constante. •Personas que desean ser pacos. •Los sueños que ni si quiera hemos podido tener. •Las carencias que el resto las reconoce mejor que uno. •La existencia obligatoria.
...y me siento tan tranquilo viendo películas gore. Y aún con una plaga de zombies, posesiones y alienígenas, las cosas son mil veces más simples y el estómago las recibe mucho mejor.
La Playa
Padres protectores Padres cariñosos Padres inconscientes Padres indiferentes Padres bestias Padres ausentes Padres amorosos Padres inútiles Padres aprensivos Padres amantes.
Extracto de sus cuadernos de psiquiatría.
Madre:
Hoy te quiero contar el secreto sobre por qué nunca me gustaron las playas, pero antes que todo quisiera decirte que extraño tus cigarros, extraño mirar el mar de noche y que extraño ver la tele contigo.
Madre, ¿qué programas veías en la clínica?
Recuerdo que desde pequeño presentaba sobrepeso, las manchas rosadas producto de la alergia cubrían cada rincón de mi cuerpo y mi cuerpo encima de la cama esperando entre lágrimas el momento para seguir rascándome, recordando que en cada pliegue sudado había también una roncha.
También recuerdo el día en que entraba a segundo básico y estábamos en el Falabella, cuando le dijiste a la vendedora en susurro que me buscara un pantalón grande ya que no querías que me sintiera mal al probarme tantos, y que fueran con “pincitas por favor”. Ese día no entendía por qué me debía sentir mal, pero a la semana después me prohibiste la mayo en todas las comidas.
Nunca me gustaron los deportes y cuando me decías que fuera el mejor en todo, aunque fuera barrendero (sabiendo que te morirías si eso llegase en algún mundo a pasar) diera lo mejor de mí; pero para mi desgracia encontré lugar en donde no podía ser el mejor y tampoco me sentía capaz de competir, y era entre los hombres.
Las clases con buzo eran el único infierno donde se manifestaba lo torpe, la espalda encorvada y mi autorrechazo. No me gustaban las competencias ni las demostraciones de fuerza dado que no las entendía, no entendía sus bromas, sus palabras, sus gestos y sus normas, y ya que nunca tuve una amistad real con ellos hasta terminar la enseñanza media, me sentía más solo que nunca en esos noventa minutos semanales.
Allí aparte de ser torpe, incurría en otros dos pecados más: el enmudecerme ante el pánico y el no ser (lo suficientemente) invisible. Lo que implicaba ser susceptible a bromas, incluidas las del profesor.
Ya sin hacer ejercicio y sin ganas de moverme, aprendí del hambre como catalizador de la angustia, y aprendí luego del día en que me seguiste a la pieza para gritarme que siguiera comiendo (mientras lloraba con un pan en la mano) que debía sentir (nuevamente) vergüenza de ello.
Hambre desde la angustia, como consuelo, como silencio, como un pozo y como pecado.
Sintiéndome torpe al jugar y sintiendo vergüenza de mi cuerpo, cada salida que implicase algo de ejercicio o de exposición, era rehuida por mi parte, por tanto las pocas salidas que tuvimos al mar fueron un trámite indeseado, pero agradecía muy en el fondo, que estuviesen restringidas bajo el criterio de mi abuela, que no podía superar más de tres horas fuera de casa, por lo que me enterraba en la arena (siendo la forma más efectiva de no-existencia en ese espacio) hasta que llegara la hora de partida.
Nunca tuve amigos en el pasaje y la ginecomastia me llegó con la adolescencia, por lo que fue un poco (más) difícil aprender a salir de la zona de confort.
Milagrosamente la pubertad no trajo sólo pechos. -de carácter transitorio por mi posterior baja de peso-, sino que crecí con bastante rapidez- Mi estómago se fue aplanando de a poco y mi compulsividad ante el estrés me hacía caminar 45 minutos diarios hasta el balneario para llegar a hacer 300 abdominales. Sólo después de ese cansancio lograba conciliar el sueño a una hora decente.
Cabrá destacar que el trauma del cuerpo no fue superado de ninguna forma, a pesar que mi cuerpo había mutado en los parámetros de lo considerado aceptable.
Es curioso cómo se dan vueltas las cosas dentro del hogar, dado que cuando bajé de peso, mi hermana creyó que transitaba por una supuesta bulimia, por lo que el acoso a mi intimidad no se detuvo siquiera al permanecer en los parámetros normales de belleza, terminando así de vigilar mis comidas, hábitos y salidas, hasta los 18.
Posteriormente crecí, engordé, adelgacé y engordé de nuevo. Aparecieron estrías, muslos estrechos y unos botones tirantes, pero de un modo u otro, los aprendí a querer (y a ser querido así). Ya no me quedan las camisas talla S ni los pantalones talla 42, pero creo que de alguna forma, es mejor así....
La última vez que fui a la playa, fuese esa semana que viajamos, donde me envalentonó esa pareja que de la mano se zambuyó sin importar los 120 kilos que cada unx llevaba a cuestas, en donde esos dos minutos que me tomó el sacarme la ropa y tirarme al agua pude silenciar veinte años de fantasmas en mi cuerpo, en el tuyo y en el de mi familia.
A ratos pienso en que el recurso de ese ejemplo rayó en lo patético desde mi parte, pero termino valorando el resultado final por sobre las otras cosas, que culminó en el conocimiento y valoración de mi cuerpo, que desde a poco se comienza a reconocer.
Madre: Te conocí de 52 y ahora de 43, me pariste con dos kilos y medio y ya voy camino a los 90.
¿Cuándo será el día en que salgamos a la playa?
Manifiesto No-Estoy-NiAhí
No estoy ni ahí el porte de tu pico, si ni siquiera sabís meterla bien.
No estoy ni ahí con tu talla de pantalon, que hace rato perdí la noción de la mía.
No estoy ni ahí con tus argumentos biologicistas; según darwin ya debería estar muertx y akip iop.
No estoy ni ahí con el índice de calorías diarias; que ya me comí una olla de fideos.
No estoy ni ahí con la canción de moda, porque sigo escuchando supernova.
No estoy ni ahí con tu progresismo buena onda, ya que no me interesan los ciudadanos paternalistas.
No estoy ni ahí si te reivindicai queer desde una posición de privilegio, si el resto de la gente no puede quitar su color (político) y sus condiciones materiales, que los obliga a vivir en la miseria.
No estoy ni ahí con tu pará de disidente si solo criticai la heteronorma con tu perfomance copiadísima; critica el sistema patriarcal entero y no te conformís en tu pará individualista.
No estoy ni ahí con tu cartón universitario, eso no quita que el 90% de lo que hables sean weás.
No estoy ni ahí con tus comentarios pro-todo, que hagas sinapsis no implica que deba aplaudirte, cagón.
No estoy ni allí si leiste a Bukowski, ya que tu conversación no será más entretenida por ello.
No estoy ni ahí con tu nueva masculinidad si sigues preocupado de maquillar tus cagás de privilegios.
No estoy ni ahí con el gobierno de turno, ya que históricamente nos han metido el pico en el ojo.
No estoy ni ahí con tu opinión respecto a mi imagen, total no me defenderás si me gritan en la calle ni tampoco me lavai los cagaos.
No estoy ni ahí con el número de retweets de tu último comentario, porque sigue siendo la misma masa de weones liberales las que alaban tus cagás de comentarios.
No estoy ni ahí con la nueva politiquería, que sigue siendo tan violenta como la del congreso.
No estoy ni ahí con la cantidad de porro que fumas semanalmente, porque nunca convidai.
No estoy ni ahí con tus reivindicaciones de hombre blanco hetero, ya que el resto sigue igual de cagao y no te dai ni cuenta.
No estoy ni ahí con tu abajismo mal llevado, desclasado que insulta la verdadera precarización.
No estoy ni ahí con tu gusto por las ONGs que acumulan plata y esperanzas y tu ciber activismo; el cabro que consume pasta, seguirá consumiendo pasta; a pesar de tus likes y emojis.
No estoy ni ahí con tu onda eco-lais, comer sano cuesta plata, fumar de la buena también y tus pantalones de bandera, los encontré más baratos en la feria de Grecia.
No estoy ni ahí si te afecta nuestra pará política, somxs terroristas del género, subversivxs anticapitalistas, bastardxs teóricxs. Sin lugar en la academia ni en tu imaginario inculiable.
Escrito en el 2014