Había estado todo el día con ese libro entre sus manos, casi lo terminaba. Era una historia muggle; Daisy acostumbraba leer ese tipo de cosas. Últimamente había estado leyendo mucho, sus padres le habían enviado unos tres o cuatro libros a la institución para que se divirtiese un rato. Y aunque eso no mejorara los últimos altercados que había tenido con ellos en los últimos meses, la pelirroja lo apreciaba. Dirigió su mirada al techo, y suspiró, para después cerrar el libro. Había decidido terminarlo al día siguiente. —De verdad que el fin no justifica los medios. —Musitó para sí misma, refiriéndose a lo que acaba de leer.
No era como que los días le hubieran sonreído últimamente, quizá era que ahora estaba recibiendo su merecido por ser una perra, o simplemente el universo estaba conspirando en su contra, la verdad no tenía idea. Pero el ir a clases no era una opción factible y era por eso que caminaba por los pasillos pareciendo un alma en pena, pudo escuchar una voz muy suave y después el golpe de algo, quizá un libro cerrándose, así que se acercó. Al ver que era Daisy, sonrió levemente, era bueno encontrarse una cara conocida, ya que no había visto a Gideon o a Berth en días, Daisy era lo más cercano que tenía a una amiga. —¿Acostumbras mucho a hablar sola? —Dijo riendo mientras tomaba asiento frente a la pelirroja. —No es que te juzgue, ni mucho menos. Pero alguien te encuentra así y pues, pensarán que estás delirando. Lo digo por experiencia propia.











