10 - Era
─ Cristian. ─ Si… Quién… ¿Quién es? ─ Norman Smurthwaite. ¿Estás bien? ─ Si, si. Claro. Estaba dormitando… Perdón. Digame. ─ Ah, pero son las cinco de la tarde. Bueno, no interesa, escuchame: Acordate que esta noche es lo de SkyNet. Ahora te mando la dirección por mensaje. ¿Estás listo? Es a las ocho. ¿Necesitas que mande a alguien a buscarte? ─ … ─ ¿Cristian? ¿me escuchás? ─ … ─ Dios mío… Si. No. Se durmió o no sé. No sé qué vamos a hacer con este hombre. No voy a tener siempre esta paciencia. No. Lo voy a esperar, por ahí se despierta, o contesta, qué se yo. Es la cuarta vez que lo llamo. Si, si. No. ─ ¿Hola? ─ Si! ¿Qué pasó Cristian? ─ Perdón Norman, es que había un perro haciendo un pozo en el jardín de adelante, y lo fui a echar. Es el mismo perro que se come las bolsas de basura. ─ Pero no tenes que dejarlas ahí las bolsas. Hay contenedores. Bueno, escuchame. ¿Estás listo para esta noche? Te van a hacer muchas preguntas. Por ahí te encontrás con otros directores técnicos de otros clubes. ─ Si, si. Por supuesto. Ahí voy a estar. ─ ¿Necesitas que te vayan a buscar? ─ ¿Quién? ─ No sé, alguien. Puedo mandar a… ─ No, no, está bien. Voy caminando, tampoco debe ser tan lejos. ─ Es un poco lejos. Pero bueno como quieras. Ocho menos veinte tenes que estar ahí, porque te maquillan y todo eso. ─ Si, si, ya sabía. ─ Genial. Acordate del tema de Nathan, no se sabe bien nada, así que tratá de eludir el tema. Y del tema de las expulsiones, hacé como que es tu forma de ser. No le digas nada de lo tuyo. ─ … ─ ¿Hola? ─ Si, si. Ok. ─ ¿Me escuchaste lo que te dije? ─ Si, Norman, es que se corta. ─ Bueno, era para eso. Nos vemos mañana. Adiós. ─ Chau.
El clima no me gustaba para nada. El de afuera era húmedo, el del interior seco. Agrío. Pero a la vez insulso. Las cámaras estaban ya tomando al presentador del programa, mientras entrevistaba a al técnico del MK Dons. Las preguntas no parecían demasiado punzantes, aunque por supuesto, la vida de estos tipos no deben de ser demasiado punzantes. Un motón de gente fuera de cámara se encargaba de que a los de dentro no les falta agua, y que se luzcan en cámara. Hacían cortes en cualquier momento porque no era un programa en vivo, pero tampoco dilataban mucho cada entrevista, ya qu querían terminar lo mas pronto posible. La casi total oscuridad reinaba para todos los que no estábamos en el decorado. Todo brillaba una vez entrando al escenario de la entrevista. Entrevistador y entrevistado estaban sentados en sillones individuales con forma oval, como huevos gigantes que dejaban lugar para ser usados de asientos. La decoración era ocre, con algunos toques de bordó. Para nada simulaba un living como la televisión que se veía en otra época, sino mas bien una especie de consultorio medico exótico. Realmente no pretendía parecer mas nada que lo que era: un estudio de TV. Tres cámaras enfocaban todo lo que sucedía, algunas mujeres sostenían papeles que nadie leía, y un par de hombres miraban la grabación por un pequeño monitor, y comentaban cosas. A veces sonaba una voz como si fuera un dios que invadía todo el lugar, y cuyos bajos tonos llenaban el lugar. Casi siempre que intervenía esa voz todo poderosa, se cortaba la escena y el periodista volvía a plantear la pregunta. Era interesante ver cómo mientras uno hablaba el otro aprovechaba para hacer todo tipo de gestos hacia el detrás de cámara. No entendía cómo podían concentrarse en un dialogo coherente. Fue todo muy interesante (porque de estas cosas en el acenso argentino no hay nada) pero hasta el momento en que me aburrí. Llegué a la hora que me dijeron, y fue realmente temprano. Me maquillaron en menos de cinco minutos y tuve que esperar tres entrevistas para poder sentarme en ese cautivante sillón. Tres entrevistas de media hora cada una. En ese lapsus me entretuve garabateando algunas lineas en mi cuaderno, que había llevado en mi morral. Ideas. Versos, nada definitivo. Pero ideas que en algún momento podía llegar a usar para algo. Me gustaba aprovechar estos momentos. Y en este caso tenía mucho para decir. No había escrito ni una sola palabra desde… el incidente de Greenhead Street. Si, el del beso. Si, el del vómito. Esa tarde fue demasiado para mi. Tuve que pedir un par de días del trabajo. Sinceramente (y muy acorde con las revelaciones de ese día) no recuerdo cuantos días tuve que faltar del trabajo. Los entrenamientos los dirigió Nogan con Gary. Ellos eran los que mas sabían de mis “locuras”, como las llamaban ellos. Mientras esto sucedía yo me encontraba en mi casa, en cama, o yendo de la cama al living, recuperándome de semejante tarde de juegos, de premios, de gases. Tarde de hojas flotando en el agua, y de cómo eran esas hojas un válvula, o algo así. No hizo falta que yo viera esos videos, no hizo falta que escuchara las palabras de unión de Isabel. Sentí muchas cosas en vez de palabras, en vez de videos, sentí al final de todo un beso, sentí náuseas, y sentí ácidos. Mas allá de las palabras me había quedado con la certeza de que el mundo se configuraba diferente ahora. Pero, mas allá de esto, no estaba seguro de no seguir experimentando esos lapsus. No pedí ayuda. Aparentemente me la habían ofrecido muchas veces. Solo Isabel había podido encarar el tema. Como aquella cueva maldita, plagada de monstruos y trampas que solo puede sortear el héroe, el elegido. Isabel era el elegido, y yo era la cueva mas extraña. O al menos para mi, en mis adentros, la cueva parecía mas un universo de colores y resplandores, de objetos flotantes y basura. Y de esto no había escrito nada. Nada sobre las dos horas que pasamos en una comisaria de la zona, dando explicaciones de porque habíamos causado ese revuelo en la calle. A mi me conocieron, y me miraban con lástima. Uno de los oficiales era fanático del Port Vale. Me contó que había hecho socio del club a su hijo, dos horas después de que naciera. “En ese tiempo tuvo un problema pulmonar y no estuve ahí para ayudar a mi mujer. Ahora el tiene 15 años y siempre que se queja de ser hincha de un club de la cuarta categoría, le digo que ser hincha del Port Vale casi le cuesta la vida, así que mas vale que lo valores” y reía enérgicamente, como tratando de contagiarme. Yo estaba pensando en que hacía meses que realizaba acciones cosas sin saberlo, así que no le di mucha importancia a su anécdota. Fue por este oficial que los tramites se aceleraron y finalmente pagamos una especie de multa o algo así, que nos dejó en libertad. Luego de eso no hablamos con Isabel. No del tema. La abracé tan fuerte cuando pusimos un pie en la vereda de la comisaria. Y no dejaría de abrazarla por mucho tiempo. No había escrito nada sobre esto, porque me parecía demasiado para ser escrito. No por la cantidad de detalles, sino por la complejidad: no me alcanzaría la vida para describir en detalle lo que experimenté esa tarde. ¿Cómo describir que estaba en la nada y de repente un mago, genio, maligno, corre una sabana como en un truco de magia y revela una realidad artificial, que en realidad es la real? Algo así era. Años después tiene un poco mas de claridad todo el asunto, pero en esos días ni el día me daba claridad. Ni el alcohol. Ni todo lo demás. Mientras esperaba mi turno de entrevista me puse a revisar varias notas y papeles que tenía en mi cuaderno, que explotaba de la cantidad de apuntes y recortes que tenía, atados con una banda elástica, y no pude contener un colapso en la disposición de los papeles entre la tapa y la primer hoja, así que cayeron todos cual catarata, todo a mi al rededor. Hicieron ruido porque eran papeles de todo tipo, de todo gramaje. Los trabajadores del canal se dieron vuelta instantáneamente a mirarme. Había cortado el impecable silencio imperante, sólo interrumpido por las voces de los dialogantes. Me miraron muy feo, y tuvieron que cortar la escena, la cual iba bastante avanzada, por lo que su recelo aumentó para conmigo. La voz de Dios llenó la sala una vez mas diciendo: ─ Chicos, por favor, los que están detrás de escena mantengan el silencio ─ sonaba realmente fastidiado y agotado ─ no hagan ruido con nada. Es tarde, todos nos queremos ir, y todavía quedan tres entrevistas. Gracias. Me agaché y me puse a juntar todos los papeles. Encontré cosas que no recordaba haber escrito pero esto no es noticia. Volví a mi asiento y junto a una pequeña mesa de café, dejé los papeles a un lado y me puse a escribir. Algunos versos sueltos están aquí: Sangre, podrías derramarte para otro lado me cuesta saber que sos verdad.
Salgo de un episodio de mi telenovela para ver que confundí las escenas que llegué cuando no había nadie y que la vida es una escena sola demasiado brutal para recordarla en la escena que le sigue.
Hay aves que vuelan en el mismo sitio hay recuerdos que se quedan en el tiempo y no pueden ser recordados jamás.
Me sabe todo agrio. Me sabe a sal y repulsión. Gases venenosos, historias clausuradas me sabe a que no estuve donde estaba yo me sabe tímido, vigoroso, reptil me sabe altura, peso, profesión me sabe enjambre de pastoras me sabe a madre que no estas. Me sabes tan.. Me Sebastián… Me sabe a mas, y se queda corto el boceto.
Eran todos fragmentos sueltos, aunque por supuesto que saben a lo mismo. “Me saben” a lo mismo. A la misma tarde, y al mismo yo. No se cual de todos los “yoes” pero era un yo. Mientras me hallaba escribiendo alguna de estas lineas finales, u otras que no pienso transcribir, se me acercó una mujer muy pequeña, con cara ancha, como si tuviera raíces de alguna tribu norteamericana, y me dijo en un susurro:
─ Disculpame, ¿vos sos… ─ consultó la lista en su tablero ─ Pueblos? ─ Si, el mismo. ─ Bueno, ellos ya terminan, ahora entrás vos y terminamos. ─ Ah, ok. El dato de que yo era el ultimo me parecía innecesario a mis efectos, pero ella necesitó decírmelo por algún motivo. Unos instantes después, estaba sentado en el medio huevo, saturado de amarillo. Dejaron pasar unos instantes hasta que me acostumbrase a las luces y entonces comenzaron las preguntas. De haber podido grabarlo lo hubiera hecho. Sólo hay un resumen de un minuto en la página web del club. La entrevista duro demasiado. Y dejó detalles que mas de uno valoraría. ─ Cristian: Venís de la Argentina, un fútbol… diferente al inglés ─ Su pelada me tenía hipnotizado, brillaba en su parte derecha, donde le daban los reflectores y a veces hasta me encandilaban, no sé si por su brillo particular o por la exaltación de mis sentidos, y ya era difícil mantenerme concentrado ─¿Cómo fue la adaptación aquí? No habría podido tener peor inicio. ─ Mmm… Once jugadores de cada lado, una pelota, dos arcos, tres referees, y gente gritando desaforadamente. La adaptación no fue tan difícil. Silencio. El pelado miró detrás de cámara como preguntando si debían comenzar de nuevo. Creo que le confirmaron que no. Sus lentes de marco tan grueso le hacían de soporte, como una estructura de vigas que sostenía su ampulosa cara. La entrevista, muy a su pesar, continuó. ─ Entiendo, las bases son las mismas. Y dígame ¿Cómo ha resuelto la diferencia de idioma? Ahora se lo escucha hablar un muy buen inglés pero al principio ¿cómo fue?. ─ Bueno, tuve la ayuda de una mujer incondicional que acompañó en todo momento y a la cual le estaré eternamente agradecido por estos meses de ayuda. ─ Ah, qué bueno que su mujer haya estado par acompañarlo. ─ Bueno, todavía no le pregunté si quiere ser mi esposa, pero ahora que me das la idea. Risas del conductor y de detrás de cámara. Las risas si podían sonar, quedaban bien en la grabación. Todo lo demás no. ─ O sea que… ─ Si, me refería a la traductora, la que puso el club. Ella fue la que me ayudó mucho en estos meses. Al llegar no sabía ni decir fútbol. Ahora, bueno, ya ves. ─ Y ¿pensás pedirle matrimonio? ¡Eso si es una primicia! ─ Cualquier novedad te la informaré pero por el momento vamos a dejarlo en el siempre conveniente “buenos amigos” que ustedes los periodistas detestan. Hubo algunas risas también, pero no tantas como la primera vez. Estaban un poco desconcertados, no sabían para dónde podía salir. Y todavía no habían visto nada. ─ Cristian, metiéndonos en el fútbol, el Port Vale se ubica actualmente en un muy digno séptimo puesto, con muchas victorias de visitante. Muchísimo mejor que temporadas anteriores a estas alturas de la Liga. Sin embargo, tus métodos en los entrenamientos y en la vida diaria del club son un tanto… nuevos, para estos lugares. ¿Cómo han sido recibidos por el club y la dirigencia? ─ El director técnico o míster, como lo llaman aquí, no debería estar preocupado por todas esas cosas. Solo debería hacer su trabajo. En cambio tiene que ponerse a pensar que si los fotógrafos entran antes de la practica con los equipos de tal marca, o después cuando usamos la otra. De si dejas que tomen fotos de tal jugador descansando o no, de a cuerdo al rendimiento del ultimo fin de semana. De que no saquen fotos de dos jugadores discutiendo porque la prensa hablará todo el santo mes. De que no graben la salida porque a veces no hay nadie esperando a los players. De usar tal equipo tal día de la semana. De asistir a lugares convenidos por las marcas para que el club tenga notoriedad. Que comidas con los patrocinadores. Que comida con los inversores. Que comidas aquí y allí. Que venir a una entrevista a las ocho de la noche, dos días antes de un partido importante, cuando debería estar pensando en otras cosas. Que estar escuchando a tus colaboradores de detrás de cámara diciendo “bueno, listo queda alguien mas? Si, quien? Ese que está ahí, quien es? Es el DT del Port Vale. Que no es argentino? Si. Ah, entonces no se entera de nada. Hagamoslo rápido, así nos vamos a casa” y las consecuentes risas. Y bueno. Esas cosas le sacan tiempo al técnico para hacer su trabajo. Silencio nuevamente. ─ Pero ¿no crees que esta es una buena oportunidad para darte a conocer a tus hinchas que quizás quieran saber mas de ti? ─ Los hinchas del Port Vale que me quieren conocer van a los entrenamientos, y nos quedamos conversando, o a la salida de los partidos. ─ Por Tv, Cristian, llegas a muchas mas personas. ─ Seguro que sí, Mike. Y otro silencio. El conductor hizo un gesto circular con el dedo, y la mujer de detrás de camara pasó varios papeles a la vez, como salteándose preguntas pre-pautadas. “Qué habituados que están al protocolo”, pensé. ─ Cristian Pueblos, eres un hombre de armas tomar, eres el que ha venido a cambiar la cara de este Port Vale y los resultados lo demuestran… ─ No me interesa que los resultados lo demuestren ─ interrumpí sin tapujos. ─ ¿Podrías dejarme terminar la pregunta? ¡Hombre! ─ y mientras dejaba salir su ira una mujer de maquillaje entró para alisarle las cejas y secarle la transpiración de la frente. De la extensa frente/pelada. ─ Bueno, si la pregunta que escucho no fuera tan… ─ y en ese instante cuando fui a tomar mi copa de agua, que se encontraba en una mesita junto a mi sillón huevo, la volqué encima mio. No fue un accidente de copa que se cae encima, sino que fue mucho mas. La copa voló y se rompió en el escenario, mojó algunas lucecitas del suelo que dejaron de funcionar, y yo me empapé el saco que me habían dado en el camarín. El pelado me miró lleno de furia y con un “¡Oh, Dios!” se levantó y se fue a los camarines o no sé donde. Mientras tanto ya me estaban buscando un saco diferente, y un hombre con rasgos musulmanes ya barría del piso todos los pedazos de vidrio. Al volver el conductor, no me dirigió ni una sola mirada. Le sacó violentamente los papeles de la mano a su asistente y le indicó que de las ocho preguntas que quedaban haría tres y daría por terminada la entrevista. Qué personita tan simpática, pensé, y contuve una risa. ─ Ok, señor Pueblos. Trataremos de que esto sea lo mas llevadero para usted y para nosotros. Entendemos que no le agrada estar aquí pero por contrato debemos realizar esta entrevista, está pautado así entre el club y Skybet, así que por favor, tenga la amabilidad de contestar lo que le pregunto. ─ No he hecho otra cosa desde que me senté acá ─miré al corpulento musulmán que ya juntaba con una palita los vidrios y agregué ─ bueno, ademas de romper una copa. Lo siento. Terminados los remiendos típicos, continuamos. Mike se aclaró la voz. ─¿Listos? Ok, vamos. Sr. Pueblos. Se lo ha escuchado en algunos partidos gritar a sus jugadores desde la banda cosas como “no trabes con él”, “levanta las piernas, no arriesgues”. Estas frases, sumadas a ciertos cambios de esquema en partidos en los que el equipo va perdiendo, como sacar al mejor jugador del equipo para poner a un juvenil, cuando en realidad cualquiera esperaría que pusiera mas jugadores experimentados y mas ofensivos. ¿A qué se deben estas salidas tan… inesperadas, digamos? ─ Bueno, todo eso que usted me dice es lo que cualquier entrenador haría ─ El pelado aprovechaba que la cámara estaba conmigo para secarse la extensa pelada, y ya se lo veía sufrir con mi respuesta ─ Pero creo que yo no soy cualquier entrenador. Soy uno mas, eso sí. Pero trato de hacer las cosas de otro modo. Cuando le digo a un jugador que no vaya a trabar es porque sé cual es la actitud del adversario: ir a romper. Porqué arriesgar el físico de esa forma. Dejar que el rival se vaya solo frente al arco. ¿Para qué ir a buscarlo si, aunque lo alcanzara no podría evitar el gol? Es una cuestión física, y de físico. Necesitaran ese resto físico para el resto del partido. Siempre se le pide al jugador que dé todo en la cancha. Yo les pido que den lo mínimo necesario. ─ Bueno eso es demasiado radical. ¿Es suficiente dar lo mínimo necesario para ganar un partido? Sobre todo cuando el rival si lo está dando todo. ─ Es suficiente, si. Nuestro fútbol se caracteriza por la precisión, el disfrute hace que llegue esa precisión. No el desgaste total, el sacrificio. Los sacrificios acabaron con los aztecas, o los griegos, o no sé. Ahora somos inteligentes para saber que un partido de fútbol es un juego de estrategias no una carrera contra el tiempo. No es un prueba de resistencia, es una partida de ajedrez. Intervienen muchísimos factores, pero ser inteligentes y disfrutarlo es indispensable. ─ ¿Y esa es la razón por la que saca a Pope en el entretiempo, cuando van perdiendo con el MK Dons por dos a cero? ─ A Pope lo saqué en esa ocasión porque lo veía totalmente enojado, reacio, negado con la pelota. No me sirven jugadores en ese estado en la cancha. ─ ¿Ni aunque sea su jugador estrella? ─ ¡Por favor! ¡A mi no me interesan esos apodos de la prensa! Yo no tengo jugadores estrella. Tengo veintitrés hombres que juegan al fútbol porque es su vocación y su trabajo. No consiento las ocurrencias del marketing. Estamos por fuera de todo eso. ─Pero entenderá que un delantero goleador vende mas camisetas que un juvenil canterano. ─ Si, por supuesto, también entiendo que los intereses de los que están fuera de la cancha son totalmente diferentes de los que están adentro. Todo jugador debe saber de que su cuerpo es exclusivamente suyo y de nadie mas. En mi país hay muchas controversias por este tema, pero con el sexo opuesto. Pueden venir a pedirte que cumplas con veinte millones de compromisos, pero el jugador debe saber que en el momento que los compromisos comienzan a comprometer su rendimiento deportivo, la estrella se difumina, entonces lo mas importante vuelve a ser su trabajo diario, su inteligencia y su disfrute en la cancha. Luego, cuando te retiras a los treintaiséis años, ya no hay sponsors, y nadie se acuerda de vos. Esta maquina es cruel. Por eso insisto en que disfruten sus momentos en la cancha. ─ Muy interesante señor Pueblos. Ahora, pasando a la vida extra-deportiva, no sé si usted está al tanto de todo lo que se ha construido alrededor de su persona. ─ Mmm… ─ no me gustaba por dónde venía la mano ─ No entiendo bien a qué se refiere. ─ Bueno, me refiero a lo que veremos en seguida en pantalla ─ Señaló a la cámara, como comunicándose con quienes estuvieran viendo el programa del otro lado, y luego de que las luces rojas se apagaron, dándonos a entender de que ya no nos tomaban, me señaló un monitor pequeño a mi izquierda, donde podía ver lo que emitiría el monitor del espectador en ese momento. La imagen comenzó a mostrar un video armado con bastante dedicación como una especie de compilación de los momentos en que perdía el control. Algunos de los videos que me había mostrado Isabel, cundo estábamos cómodamente instalados en el medio de la calle. Era yo entrando a la cancha a aplaudirle en la cara al arbitro. Yo metiéndome en el medio de la carrera de un jugador rival. Yo yéndome en medio del segundo tiempo. Yo cayéndome del asiento. Repeticiones infinitas y todas tratadas con humor. Con burla. Y el hashtag que era la consigna de estos videos era #MyCrazyDeepMister, algo así como “mi loco pero profundo director técnico”. Claramente movilizado por los hinchas del Port Vale. Entre los videos de las excentricidades había declaraciones en conferencias de prensa donde me quedaba tildado pensando las palabras para decir, o cuando me enredaba tratando de explicar cosas que están lejos de la comprensión de los periodistas. Mucho contenido lanzado al mismo tiempo frente a mi. Y demás está decir que no recordaba ni la mitad de esos momentos. Sentí este video como una especie de provocación por parte de esta gente del canal. Pobres, pensé. ─ ¿Habías visto estos videos, Cristian? Supongo que si… ─ Bueno, la verdad que no. Agradezco que se hayan tomado el tiempo de hacer ese video dedicado a mi. Les ha quedado muy bonito. ─El video, Señor Pueblos, ha sido compilado por nuestra producción pero ha sido tomado por cámaras aficionadas, de los hinchas del Port Vale, su club ─ remarcó horriblemente las palabras “su club” ─ y otros clubes. ─ Bueno, qué les puedo decir. Gracias por inmortalizarme. No recordaba lo original que puedo ser a veces. Hubo algunas risas detrás de cámara, que fueron reprimidas por una mirada mordaz de conductor del programa. ─ Alguna pregunta mas ─ pregunté al pelado de lentes. ─ Si. Hay otros videos que no hemos incluido en este resumen. Estos son un poco mas comprometidos. No los reproduciremos porque pueden herir la sensibilidad de nuestros espectadores. ¿Qué nos podes decir acerca de ellos? Hay gente que realmente está preocupada por… digamos, tu equilibrio emocional, por decirlo así. ─ Me parece muy atinado de parte de ustedes que no muestren esos videos, realmente un gran gesto de consideración con ellos. Hubiera sido genial que tengan ese gesto también con quienes venimos a sentarnos aquí a contestar preguntas. Además, no tengo problema en relatar esos videos. En el mas comprometido de ellos se me ve saliendo de un bar, un poco pasado de copas, siendo ayudado por hinchas de mi club. Menos mal que no transmiten esas imágenes porque realmente podría dañar la sensibilidad de la gente, si. No como las anteriores que son muestras tan atinadas de cómo alguien puede ayudar a otra persona con problemas mentales. Si hay algo que ayuda a las personas con inestabilidad es burlarse de ellas y ridiculizarlas en medios masivos de comunicación. Y si, la gente decide burlarse mal, que en pocos casos de los que he visto ha sucedido, ustedes lo difunden como si fuera un buen ejemplo, como si la difusión web no alcanzara. Realmente saben lo que es necesario en estos casos, bien por ustedes. ─ Es suficiente. ─ Porque de los videos que la mayoría han sido grabados por aficionados al Port Vale. Esos mismo aficionados han largado el hashtag My Crazy Deep Mister, como señal de apoyo a mi persona. Apoyo con respecto a la depredación que tengo que tolerar por parte de los medios carroñeros como ustedes. ─ ¡Es suficiente Cristian Pueblos! ─ El pelado de lentes se puso de pie de un salto y me enfrentó. Yo, todavía sentado, seguí hablando, en un tono cada vez mas elevado. Sentía ciertos calores subir hasta mi rostro. ─ Y precisamente ayer, estos aficionados me convocaron a una reunión en un bar de las afueras, donde funciona su centro de reuniones para ir en caravana hasta los estadios donde jugamos, y me mostraron este video, que no realizaron ustedes, lo hicieron ellos. Y al final hay un mensaje que ustedes adrede omitieron. Un mensaje en apoyo a mi persona. Un mensaje hermoso que ustedes deciden omitir, y hacer pasar por burla y ridiculizacion lo que en realidad es una muestra de afecto y cariño. ¡Manga de aves de rapiña! El pelado me vino a encarar y no me quedó otra que ponerme de pie. ─ ¡Pero a quién se le ocurre venir con esa actitud acá! ¿Sabes lo que sos vos? Sos un demente, un loquito, un enfermo mental que no se entera de nada de la vida y que… Saqué del bolsillo de mi pantalón una lapicera, la destapé y antes de que pudiera darse cuenta le hice una raya desde la camisa, pasando por el chaleco hasta la corbata. Me apartó de un empujón y se miró. ─ ¡Pero que mierda haces! ¡Mira! ¡Mirá lo que me hizo! ¡Me rayo la camisa, el saco y la corbata! ¡sabés lo que sale esta ropa! ¡no tenes ni idea sudaca de mierda! ¡ya se van a cansar de vos y te vas a tener que ir a tu país de simios, pedazo de estúpido! ─ ¡Guau! se había enojado enserio ─ se asombró Isabel al ver el video de Michael enfurecido contra mi, grabado en ese momento por algún operario del canal ─ ¿Viste? No te exageré. Se enojó el pelado. Pobre… Ahora que lo pienso, no me saqué esa palabra de la cabeza desde que entré al canal anoche. “Pobres”, solo pensaba en eso. Pobre gente. ─ Y, bueno. Es su mirada de las cosas. Su vida pasa por la televisión exclusivamente. Sólo las apariencias, qué querés… Me incliné sobre ella para alcanzar el habano de chocolate que había dejado de su lado de la cama. Le di una pitada y lo devolví a su lugar. ─ No sé ─ me recosté mirando pensativo el techo ─ Les deseo una señorita Peine en sus vidas.
Golpearon la puerta, un par de días después de la entrevista. – ¿Who’s there? – My Crazy – My Crazy, who? – My Crazy Deep Mister Luego del chascarrillo le dije a la señorita Peine que estaba abierta la puerta, así que entró. – ¡Estoy acá atrás! – le grité. Pasó y sentí su presencia en mi espalda. Sentí su vacilar también cuando vió lo que estaba haciendo. Luego de un lapso interminable se decidió a hablar, mientras yo no interrumpía mi ardua tarea. – emm… ¿Qué… Qué haces? – Estoy ordenando algunos papeles – dije sin darme vuelta ni levantarme del piso – El otro día en el estudio de tv, mientras esperaba, me puse a mirar mis poemas en el cuaderno y se me cayeron todos los papelitos. Tengo que ordenar un poco – Estaba tirado pansa abajo en la parte con baldosas del patio de mi departamentito, mirando por arriba todos los papeles y tratando de combinarlos por tipo de papel, por el tipo de razgado que tenían y por el color de la lapicera. También por el tipo de letra que había hecho (a veces, cuando la inspiración me ataca sin piedad tengo que escribir rabiosamente porque sino me devora, sin dejar rastro) – Estuve leyendo algunos poemas de Keats, ese al que Cortázar le dedica el nombre de un libro. No tengo idea de qué habla el libro de Julito, pero los poemas de John Keats son… No sé, tiene algo en esas palabas que usa, y el ritmo. Me dan ganas de moverme cuando lo leo. Esa forma que dibuja la voz cuando se lee... – Cristian... – hay una especie de oscilación entre los sonidos sibilantes de las eses,como un susurro, y las vocales tan abiertas que parecen las cuevas de los alpes. No se puede negar que... – Cristian! Sentí la patada en los glúteos y me percaté de que me había estado llamando casi tres veces o mas, y que no la había escuchado. Era conciente pero no, lo cual me sorprendió. – Perdón... – dije compunjido – decime. – Estas muy metido con eso. ¡Conectate con la realidad también! – Me retó y se puso de cuclillas a mi lado, que me había volteado para verla, y estaba preciosa – Cristian, conectate con la realidad, faltaste al entrenamiento de hoy. – ¿Qué entrenamiento? ¡Ah! el entrenamiento. No, hoy no había entrenamiento. – Si – dijo seria y con cara de pocos amigos – Si, hubo porque tu jefe me llamó para saber si yo sabía algo de vos. – Bueno, y ¿porqué no me llamó a mi? – Si, te llamó. Según él, veinte veces. – Bueno, estoy con esto, no puedo estar en todo. – ¿Todas esas latas son de hoy? – ¿Qué latas? Me di vuelta para ver si el poema que terminaba con "Soldado de cargas de salva" continuaba en aquel que empezaba con "No te liberes de tu desproposito" o si acaso continuaba en "Siempre que sea Domingo serás Sabado por la noche". En eso me encontraba cuando sentí uno, dos, tres impactos de lata en mi cabeza y espalda. Un par de ellas cayeron sobre mis papeles en el piso y rociaron pocas gotas de cerveza sobre las letras, de lapiz, de lapicera. – ¡Hey! – Son todas de hoy, o de esta noche, Cristian ¡todas tienen gotitas! – Muy bien Sherlock, qué haremos esta noche. – Cristian. En el club ya no saben como abordarte. No saben como plantearte lo de la entrevista. – ¿Qué pasó con la entrevista? – ¿En serio me preguntas? – Si, en serio, ¿qué pasó con la entrevista? yo fui y hablé. – ¡Y te peleaste con el conductor! Rompiste copas, increpaste a Michael, y hablaste pestes de la prensa, estando precisamente en la prensa. – Están deformando los hechos. – Cristian, tu cabeza deforma los hechos. ¿No te acordas de lo que pasó en la calle hace unos días? – Me acuerdo del beso. Beso que hoy no me diste. – Y yo me acuerdo de que vomitaste y de que estuviste una noche en el hospital con delirium tremens. Y no tiene que ver con tu patología. – Mi patología es que no me dejan terminar de organizar mis poemas – y me di vuelta nuevamente pansa abajo para seguir emparejando poemas manuscritos. – Cristian, ¿vos querés perder tu trabajo? ¿El trabajo que haces como pocos? – Lo hago como muchos, muchos hacen el mismo trabajo que yo. – Cristian, pero no todos son poetas, y no todos ven el fútbol como vos lo ves. ¿Porqué te crees que te están dando tantas oportunidades? – Porque son unos pesados. – ¡Porque confían en tu trabajo, hombre! ¡Por Dios! Isabel fue buscar tres o cuatro latas mas y me las tiro por-la-ca-beza con mas furia todavía. Me levanté de un salto, dejé mis mi papeles por ahí y la tomé de los brazos. Ella forcejeaba y forcejeamos un poco. Me dijo que la lastimaba así que la solté, pero cuando lo hice me tomó por la cintura con una toma que jamás le hubiera creído capaz de hacer y terminamos, por su mala resolución, en el piso los dos. – Bueno, esto se pone bueno – dije como el idiota que era. Era. – No seas idiota – me dijo mientras me empujaba la cabeza hacia el césped con su frente – acabas de ser derribado por una traductora de ingles. – Porque yo prefiero derribarte con poesía, nena. Reímos. Sonó mi teléfono. – Ups... perdón. – ¿Qué? ¿Tenías el teléfono en tu bolsillo? – Si, estaba esperando una llamada. ¿Hola? Ella se salió de encima mio y se volcó hacia el césped. Se quedó allí acostada, mirando el cielo, y yo me senté para hablar mejor. – Si, si, soy yo. ¿Cómo estás? Ah, qué bueno. Me alegro que te hayan llegado bien. Si, es que no tengo computadora aún. La que tenía se me quemó así que preferí mas rápido mandártelo manuscrito. Uh, bueno, si, mi letra no es muy bueno. Ah, ¿se entendió bien? Ah, mas o menos. Bueno. Si, decime – aproveché a mirar a Isabel de reojo, que se estaba tapando los ojos con el antebrazo, creo que estaba estupefacta por algún motivo – Ah, bueno, eso me da un poco de esperanzas. Si, soy nuevo en esto, en realidad. No, no, lo mío es el deporte. Si, soy entrenador de fútbol. Si, nada que ver, pero bueno, trato de que tengan algo que ver mis aficiones, je. Ah, qué bien, y ¿qué dijo? ¿También le gustaron? Bueno, ¡qué bueno! Gracias por mostrárselas a ella. Bueno, estoy escribiendo todos los días, así que en algún tiempo te puedo mandar mas poemas, para ver… Ah, estás sin tiempo, bueno, no importa. Te las puedo mandar mas adelante. Y ¿Cuándo decís que me podrías mandar...? Ah, genial! O sea que pronto va a llegar. No sé cuanto tarde un paquete de España a Inglaterra. Ah, por e-mail! Ok, si, claro, qué tonto. Bueno, lo estaré esperando. Gracias! Si, perfecto. ¡Saludos! Corté. Me tiré para atrás en el pasto, me golpeé un poco la cabeza pero eso no opacó mi alegría. Un profesor de lengua en Salamanca había leído mis treinta y cinco poemas y me había dicho que para ser el principio tenían algo interesante. Le conté a Isabel que no mostró demasiado entusiasmo y me preguntó porqué no terminaba de estar contento con la noticia. – No sé. Creo que no le creo –me quedé pensando en ese juego de palabras iguales. Isabel se percató. – ¿Creo, creo? – ¿No es genial? Ahora entendés lo que me pasa con las palabras. – Si, los que no entienden son la comisión directiva del club. Revoleé los ojos fastidiado de volver al mismo tema de siempre. – ¿Qué es lo que no entienden los eruditos? Seguro que debe ser algo muy complejo para esos maestros de las finanzas. – No entienden porque las entrevistas de los demás entrenadores duran entre veinte y treinta minutos y la tuya cinco. Y son cinco minutos de delirio total. Entre los recortes que tuvieron que hacer los editores, y que tus respuestas eran incongruentes quedó un dialogo un tanto surrealista. SkyBet le planteó al club sino podían hacer la entrevista con otro de tus colaboradores o con otro representante del club. Smurthwaite, si, Smurthwaite, les dijo que prefería que seas vos el que figurase en el programa. Los del canal no sabían como rellenar con publicidades para cubrir el tiempo de programa. –¡Pero si estuve hablando como una hora! – ¡Pero tuvieron que editar, Cristian! No pudieron poner la parte en la que defenestras a la prensa y los tratas de prensa amarillista, ni la parte en la que le rayaste la camisa al conductor, ni la parte en la escupiste el asiento antes de que se sentara al volver, ni cuando tiraste el vaso… – Ok, ok. Entendí. Fue un desastre la entrevista. Pero ¿Qué querés que haga? Ese tipo es un imbécil, me preguntaba sobre mi conducta en vez de preguntarme sobre mi trabajo en el club. – El tipo es un imbécil si, pero vos sos un ridículo demente! No podes hacer el papelón que haces cuando algo no te cuadra, o no estas de acuerdo. – Qué es esto que tengo en mi teléfono. – Qué cosa. – Eso del #OneMisterTwoJackets en Twitter e Instagram. – Eso te lo mandé yo mientras hablabas por teléfono recién. Es otra de las secuelas de tu escabroso paso por la televisión. La entrevista salió por TV, ergo la vio toda Inglaterra, ergo la vio todo el mundo, por internet, ergo la diferencia de color de tu saco de la primer a la segunda pregunta es evidente. One Mister, Two Jackets. Un entrenador, dos sacos. Cuando te cambiaron el saco porque te lo mojaste o por lo que fuera, te dieron otro de otro color. – Ni me di cuenta. – La gente sí. – Me quisieron boicotear, los del canal. – Cristian... – Yo sabía que ese Michael tenía algo contra mí. Si vos supieras las preguntas que me hizo. – Si, Cristian, me las contaste esa noche. Lo lógico. Sos un personaje muy particular. Así como tu entrevista fue la mas corta, también fue la que mas rating tuvo. Sos el mas interesante de los entrenadores del torneo. – ¿Tenías alguna duda? – Cristian, los del canal están a punto de hacerte una demanda y el Club los está conteniendo. – Vos podrías ser mi representante. – ¡Ni en pedo! Me ahogo en los veinte centímetros de agua del laguito de Burslem Park antes que tener que estar dando explicaciones a medio mundo por vos. – Upa… qué dura. Y ¿Porqué me van a hacer una demanda? ¿Por el saco que le rayé al bonito conductor? – Porque las acciones de la empresa bajaron, Cristian. Aparece un entrevistado con cambio de ropa en el medio de la entrevista y sin previo aviso. Los fanáticos de Port Vale están furiosos porque querían escucharte mas, y los demás clubes se han solidarizado. ¡También querían escucharte! Los auspiciantes de esos programas han empezado a plantearse el retirar los auspicios por la baja credibilidad que le ha caído a SkyBet. Y SkyBet es la que patrocina las tres ligas por debajo de la Premier League! – ¿Conclusión? Isabel se tomó el rostro sombrío en gesto de agobio y me dijo, vehemente: – ¡Casi te cargas a tres ligas completas del fútbol inglés! Me incorporé y me senté en el piso nuevamente, y dejé mis papeles en el piso. Los miraba de reojo con cierta melancolía. Una brisa pasó y los desordenó. Si es que alguna vez estuvieron ordenados. Bien podría haber caído el sol en ese instante, porque mi interior necesitaba una noche para camuflarse, o la luz naranja del crepúsculo. Pero era de día. Era mediodía y el sol estaba radiante en el cielo, arriba, como una luz policíaca, que pregunta. ¿Dónde estuviste la noche de la entrevista a los entrenadores en SkyBet? O mas bien algo como ¿Donde estuviste en todos los momentos que no recordás? ¿Donde estuviste, Cristian, cuando pasaron las cosas que anulaste en tu memoria? ¿Dónde estabas cuando ese genio maligno creaba realidades alternas en la parte de atrás de tu cabeza para estar mas relajado escribiendo poesía? Los zapatos y las piernas de Isabel se interpusieron entre mis pepelitos poéticos y yo. – Cristian… Tenes que cambiar tu forma de trabajar, tu forma de vivir, estamos preocupados, estas mas delgado, llegas tarde a todo... – Esta es la forma en la que veo el fútbol ahora. Esta es la forma en la que veo la vida.















