COPADO
Copado viene al bar y antes de decir hola empina su guitarra vieja y destartalada. Toca y canta un blues picarón. Todo se alegra y cantan a coro con él. Así se presenta. Al rato se me acerca al mostrador con un vino y dice que esta noche va al Kempes. Está el festival del cuarteto y que ya habló con la hija de la Mona, que quizás el suba a cantar con el Charly.
- ¿Te imaginas vos ahí arriba, Copado? - le pregunto y el se tapa la cara como un chico, está emocionado. Realmente cree todo esto, que, para mí, es solo un delirio suyo. O quizás tenga algo de verdad, no lo sé sinceramente. Es un viejo divino de la calle eso si lo sé. De la calle y de mi barrio.
-¡Sabes queee! Nooo loco, sabes que, lo que sería eso, Copado ¡jajaja!- me responde imaginando toda la situación reflejada en esas pupilas que no paran de soñar.
-Poneme la Mona, Copado- me pide guiñandome un ojo.
-Dale que tengo que ir haciendo la previa- mientras se sirve el tinto puro, con un hielo que es lo que vino a pedir y en cuestión de menos de 30 minutos lo va haber consumido hasta la última gota.
No importa lo que hagamos. Importa lo que dejamos de hacer. No de una manera de hippie, más bien de una manera obrera cooperativa. Dejar de hacer nada es el primer paso para dejar de ser estúpido. Deja lo que te envicie, lo que te ate. No seas copado, no dejes que te copen las cosas mundanas. O entregate, William Burroughs. Quizás algún día subas a cantar con la Mona, yo te juro que me va dar orgullo y me voy a emocionar como vos, por vos. Solo por conocerte así de lejos.
A fuerza de que ya no habrá revoluciónes que haya resistencias.















