El príncipe Germánico comenzó a hablar en su lengua natal, y Astrid no le entendía absolutamente nada, más logró distraerla un poco ¿Habrá sido ese el objetivo? Terminó su acción, sentándose en la orilla, a la medida que le escuchaba hablar. “No me lo encontré en el camino…” murmuró, más para si misma, aunque la verdad ni siquiera sabía como lucía realmente. Al escuchar de nuevo la pregunta se encogió de hombros. “Ah, bueno, no la he visto cuando entre…” Sus ojos se agrandaron al ver que acortaba distancia. Le miró el torso por unos segundos. Ni siquiera quería pensar en lo que sus ojos estaban viendo, sino se pondría más colorada de lo que ya estaba. Desvió la mirada, observando los alrededores, en un intento de encontrar la dichosa ropa y no mirarlo a él. Se mordió el labio, antes de observar detrás de si. “Creo que allí está ¿No quiere que se la traiga?”
¿Se estaba escapando de él, o era sólo su idea? De todas formas, lo que su mente figuraba le causaba gracia al germano y rió. ---¿No? ¿No Aksel? ¿Seguro? ---cuestionó, pareciéndole extraño que no viera a su traductor salir cuando en realidad era posible que se cruzasen los caminos. Miró en la dirección que ella decía, más no veía su ropa. Veía telas, sí, pero no su ropa. Volvió a reír, tomándose eso como prueba de que no quería tenerlo cerca. ---No mi ropa. No ---negó con la cabeza luego---. Esas ser... uh, toallas. Sí, toallas ---afirmó, seguro de sus palabras, y acercándose un tanto más a la seleccionada, tal vez por mera maldad. Su semblante no cambió demasiado, pero luego en su cabeza cupo la posibilidad de que fuese el intérprete la mente pensante tras la desaparición de sus ropas. ---Aksel....














