Tú no vas a extrañarme como yo lo hago, porque nunca pudiste amarme como yo lo hago.
Y remarco el "pudiste" porque es poder, es querer, es experimentarlo sin miedo, con todo el corazón.
Me enamoro de ti cada día, cada segundo, tú lo haces cada que hago o digo algo, en mi no es necesario, yo no necesito de ti haciendo algo por mí para amarte.
Amo desde el fondo de mis huesos, desde mis pelos más pequeños hasta mis temores más grandes. Me gusta amarte, me gusta hacerlo. Sin embargo, cada vez que no siento lo mismo me derrumbo.
Me repiten que soy buena persona, que soy bonita, que me merezco el mundo. Yo no lo creo. Las palabras sobran, las acciones faltan, me quedo esperando. Un mensaje, una búsqueda, algo que diga que soy merecedora de que pueda ir entre campos de lirios mientras alguien me besa.
Y no, no sucede.
Nunca lo hará.
Tú y nadie me ha amado.
Y considero que es algo con lo que tengo que vivir. Y no hay vuelta atrás.
Te amaré hasta que mi cuerpo esté enterrado. Pero no quiero sufrir la irremediable treta de no ser correspondida como siempre.
Debo de ser fuerte, y amarte menos, aunque me duela, aunque me ponga en un estado donde crea mi corazón marchitarse si no pienso en ti. Pero debo de hacerlo, no por mí ni por nadie, ni por mi estabilidad ni por nada más. Nunca me he importado, nunca lo haré. De mi comerán los perros y de mi las aves harán sus nidos. No soy mía, ni tuya. Porque nunca he sido algo que puede ser de alguien.
Me represento como la muerte.
La destrucción de mi psique. El amor que te tengo no será suficiente para impedir que pueda seguir en esto, y el amor de nadie me será tan dulce como saber que en cualquier momento dejaré este mundo. Me pudriré y espero impacientemente ese momento.
Dónde no tenga que rogarte por un mensaje, dónde no tenga que pensar en ti, donde no deba de celarte.
No pienso pelear por ti por mucho que te ame, y no me meteré a una pelea perdida donde tú falta de coherencia me machaque.
Si he de pudrirme será sola y después de meterme en una cama llena de angustia y dolor.
Deseo que me dejen sola.
Te amo hasta que podría darte mi piel, pero le pertenece a la miseria y es beata, beata y bastarda.
No deseo que nadie me tenga pena, ni deseo ya salvación porque es como pedirle a alguien que me dé un balazo justo en la cien, en medio de estos ojos que lloran porque no me has dicho nada desde las 2pm.
















