Hace un año viví la exposición de una manera muy distinta. Coincidió con la Noche del Franz y, más que una visita para apreciar el World Press Photo, fue una celebración. El museo estaba lleno y, entre la cantidad de personas, era difícil detenerse frente a las fotografías y recorrer la muestra con calma.
Este año regresé un viernes por la mañana. Fui con Jorge Luis, fotógrafo, que visitaba el Museo Franz Mayer por primera vez, a pesar de haber vivido muchos años en la Ciudad de México. Su mirada me hicieron recorrer la exposición de otra manera. Nos detuvimos, leímos las historias detrás de cada imagen. Fue una experiencia mucho más pausada y reflexiva, que me permitió observar no solo las fotografías, sino también el discurso que la exposición construye a través de ellas.
Como destaca Animal Político, la exposición por el 70 aniversario del World Press Photo, presentada en el Museo Franz Mayer, reúne 33 imágenes que invitan a reflexionar sobre el papel del fotoperiodismo para documentar conflictos armados, migraciones, crisis climáticas y luchas por la justicia. La edición 2026 recibió 57 mil 376 fotografías de 3 mil 747 fotógrafas y fotógrafos de 141 países y reconoció al mexicano César Rodríguez por su proyecto México, un clima cambiante, sobre los efectos de la crisis climática en el país. Jorge conocía el lugar donde fueron tomadas las fotografías y, de hecho, me mostró un par de bellas imágenes que él mismo captó en ese sitio, en Veracruz.
En un contexto marcado por la sobreabundancia de imágenes y el auge de la inteligencia artificial, la explicación de la exposición subraya que el valor del fotoperiodismo radica en construir contexto, memoria y relatos sustentados en la experiencia humana.
Precisamente por ese enorme poder, considero que también es necesario mirar críticamente la curaduría de la muestra. Claro que importa que todos estos temas se visibilicen desde la fotografía, entendida como un testimonio de la barbarie humana y como una memoria visual que, con el tiempo, también será historia. Sin embargo, la curaduría también construye un relato y, desde mi lectura, en esta edición opera un ejercicio de whitewashing: al seleccionar, distribuir y contextualizar las imágenes, suaviza o desplaza las responsabilidades políticas de ciertos actores y termina jerarquizando unas tragedias sobre otras.
Ese ejercicio de whitewashing se percibe en la propia organización de la exposición. En el primer piso predominan las imágenes sobre la crisis climática, los desastres ambientales provocados por la actividad humana y la guerra en Ucrania. En el segundo piso vuelve a aparecer Ucrania, mientras que Gaza ocupa un espacio considerable pero menor, con apenas unas cuantas fotografías cuya inclusión se percibe más como un registro humanitario que como una denuncia del conflicto y de las responsabilidades geopolíticas que lo sostienen. De igual manera, el apartado dedicado a EUA pone el foco en las consecuencias internas de la migración, pero deja prácticamente fuera cualquier reflexión sobre la injerencia de ese país en conflictos armados e intervenciones que también han contribuido al desplazamiento forzado de millones de personas.
No se trata de cuestionar la calidad ni la fuerza de las fotografías, muchas de ellas extraordinarias, sino de reconocer que toda curaduría es también una postura editorial. La forma en que se seleccionan, ordenan y contextualizan las imágenes determina cómo entendemos los acontecimientos y a quiénes atribuimos responsabilidades.
Esa es, quizá, la mayor fortaleza y, al mismo tiempo, la mayor responsabilidad del World Press Photo. Las fotografías no solo documentan la historia; la manera en que se eligen, se organizan y se contextualizan también construye el relato con el que comprenderemos nuestro tiempo. Precisamente porque el World Press Photo es una de las herramientas más poderosas para construir memoria colectiva, también debe asumir la responsabilidad de evitar que sus decisiones curatoriales reproduzcan narrativas que invisibilicen, relativicen o atenúen las responsabilidades políticas detrás de los conflictos que documenta. Solo así el fotoperiodismo podrá cumplir plenamente su función: no solo conmover, sino también fortalecer su acción de incomodar, denunciar y preservar una memoria crítica de nuestro tiempo.
Fotografías tomadas durante la exposición World Press Photo 2026, Museo Franz Mayer. Crédito de las obras a sus respectivas autoras y autores.