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@realxclarissa
Hizo una mueca, al tiempo que movía su mano descartando la opción de cobrar por aquello. Había sido algo sencillo, apenas y perdió quince minutos de su tiempo. —No será nada, fue algo sencillo. Un gran pago sería que no sobrecargaras el aparato más, o acabará colapsando en cualquier momento, y perderás toda la información… aunque si llego a encontrarme contigo en cualquier momento futuro, y eso ha pasado posiblemente pueda recuperar la información. —Alzó los hombros.
— Entendido, no sobrecargar de información el móvil. Lo anoto —contestó asintiendo ante las indicaciones del castaño con una sonrisa antes de ladear el rostro y mirarlo por unos segundos—. Anda, al menos déjame pagarte un café. No me siento bien cuando recibo cosas sin dar nada a cambio —confesó con honestidad. No le agradaba aprovecharse de la bondad de las personas, aunque algunos se lo merecían. En esos casos hacía excepciones—. O un helado. O tal vez una hamburguesa. La verdad que no sé tú pero a mi se me antoja una de McDonald's con mucho queso cheddar y unas papas fritas —últimamente se sentía hambrienta las veinticuatro horas del día y no conseguía comprender por qué. Nunca había sido una chica que comiera demasiado por ello siempre se mantenía delgada y en forma—. ¿Qué dices? —.
Después de la tan esperada sesión de fotos, a Isabella comenzó a dolerle la cabeza. Aquella sesión había sido una de las más difíciles que había realizado, sumando el hecho de que el fotógrafo era la persona más terca y controladora que había pisado el planeta. Decidida caminó a la farmacia más cercana para así poder comprar unas pastillas. Al entrar se encontró con Clarissa, una famosa actriz, e Isabella era su fan, por lo cual le sorprendió escuchar el pedido que la chica había realizado. Abrió su boca para decir algo, sin embargo, la cerró inmediatamente ya que la castaña ya se encontraba dándole una explicación. Asintió y le dedicó una sonrisa.— ¡Ahora entiendo! Bueno, pues espero que sea una falsa alarma lo de tu amiga, ya que si tiene tu edad, no entiendo que haría con la pequeña criatura.
La rubia era una actriz la cual admiraba bastante. Había visto muchas de sus películas y series y le encantaba la forma en la cual la chica interpretaba sus personajes por lo cual tenerla enfrente era algo que la emocionaba bastante. — Isabella Meier. No sabes cuánto amo tus películas —comentó haciendo a un lado el tema de su supuesta amiga embarazada—. ¡De verdad! Soy una fan, lo admito. Me has hecho llorar de tristeza y de la risa, eres increíble —elogió sin una pizca de vergüenza. Era agradable cuando alguien elogiaba tu trabajo y lo sabía de primera mano. Aquellas palabras podían iluminarle el día a alguien así que siempre que las sentía, las decía sin pensarlo dos veces.
ooc;
Moría de sed, casi literalmente hablando. Llevaba más de tres horas de aquí para allá, entrevistando y grabando personas al azar en su camino, todo para un vídeo que iba con destino a su canal. Lo único que le falló fue olvidarse de llevar un buen bote de agua. Entrando apresurada al primer local que encontró, tomó dos bebidas energizantes y tres botellas de agua pura, no importándole lucir como una loca sedienta, puesto que lo era después de todo. Al llegar al mostrador, su atención fue atraída por una voz peculiar, encontrándose así con la celebridad. En realidad, estaba más sorprendida por encontrarla en ese sitio que por su pedido, pero no negaría que desató su curiosidad—. Oh, sí, sí… —murmuró torpemente, para posteriormente sonreír ampliamente, volviendo en sí—. No quiero sonar como una loca fan, pero te adoro, en serio, y eres mucho más linda en persona. Ah, y dile a tu amiga que no se preocupe, seguro es una falsa alarma y, si no lo es, apuesto a que le irá todo perfecto —habló con total confianza, cambiando de tema tan rápido como había entrado a la farmacia.
Se quedó algo pasmada ante el palabrerío que la castaña le había soltado en cuestión de segundos y también por la cantidad de bebida que planeaba comprarse. Aunque bueno, ella se estaba por llevar veinte tests de embarazo, no era nadie para juzgar el pedido de los demás. — Eh, gracias —contestó con una media sonrisa y al segundo siguiente entrecerró sus ojos observando mejor a la contraria—. Oye, espera. Yo te conozco... eres vlogger en youtube, ¿verdad? —preguntó con curiosidad y diversión. Era increíble las grandes posibilidades que tenías de encontrarte gente famosa en las calles de aquella ciudad—. He visto tus videos, ¡y de verdad me gustan mucho! Me he reído bastante, eres muy divertida —le agradaba que el tema de conversación fuera la castaña y su trabajo en lugar de la razón por la cual se encontraba comprando tests de embarazo.
Hope fue a visitar a su madre a la farmacéutica donde trabajaba, se puso una bata y estaba realmente divertida atendiendo a gente detrás del mostrador. Mientras le daba cambio a una señora observó la violenta petición de la estrella. — Oh Clarissa, esa excusa no se la cree ni la pobre criatura que podrías llevar dentro — Asintió con una molestosa expresión.
Al reconocer a la morena detrás del mostrador casi cae sobre su culo de la sorpresa. — ¿Hope? ¿Acaso tus cuerdas vocales se cortaron y te despidieron? ¿Qué diablos haces trabajando aquí? —preguntó con curiosidad caminando hacia ella luego de que la mujer a la cual estaba atendiendo se marchara y dejara el local vacío—. Y no llevo nada dentro más que los nachos que comí en el almuerzo, ya cállate —.
No le fue inevitable soltar una pequeña risita de sus labios ante la repentina reacción de la contraria debido a su gesto. Le sonrió, y tan solo se encogió de hombros, señalándole disimuladamente a la muchacha que se encontraba tras ellos. —Exacto. Además de que tiene como ocho años, y no quiero que me lleven a la cárcel, no aún— negó, formando una pequeña mueca en sus labios, que segundos después se volvió a su antigua sonrisa. Caminó junto a ella, y soltó un exagerado suspiro, tan solo para molestarla. —¿Y después vamos a comer?— agregó, junto a un pequeño pucherito.
— Sí, Dante. Después iremos a comer. Eres como un niño de cinco años y yo parezco tu madre —rió suavemente y una vez dentro de la tienda se acercó al mostrador sosteniendo al rubio del brazo todavía—. Buenos días —saludó a la empleada y pasaron dos segundos antes de que estuvieran los dos posando para una fotografía—. Ya, tu puedes quedarte sentado aquí y yo iré a probarme algo —propuso señalando un sofá que había a poca distancia de los vestidores. Fue directo hacia la sección de vestidos ya que necesitaba conseguir un vestido de fiesta algo informal y tomó algunos modelos antes de encaminarse hacia el vestidor. Cerró la cortina y se puso la primera opción. Uno que le llegaba como cinco centímetros sobre la rodilla, ceñido al cuerpo color negro. Abrió la cortina y caminó fuera parándose frente al rubio—. Tu veredicto —pidió con seriedad como si fuera algo demasiado importante. Dio una vuelta sobre sus talones y regresó a estar frente a su amigo extendiendo ambos brazos a sus lados expectante.
Rió en cuanto escuchó la broma de la chica, aliviado de que esta no fuese de aquellas mujeres resentidas que te recuerdan toda la eternidad una estupidez como aquella.—Cuestión de práctica—continuó la broma de la chica. Asintió con su cabeza en cuanto volvió a escuchar a la cobriza hablar.—Me estoy quedando en la suite mientras que remodelan mi casa—confesó el motivo por el cual estaba quedandose en aquel hotel durante un tiempo, aunque de seguro era su última semana allí.—Bien, nuevas audiciones, nuevos proyectos.—respondió a su pregunta, el sonido de un timbre que indicaba que habían llegado a destino interrumpiendo el silencio del lugar.—¿Qué hay de ti…?—preguntó, dejando un espacio en blanco ya que no recordaba el nombre de la chica.
— Genial —contestó con una media sonrisa ante la respuesta del joven acerca de la remodelación de la casa y los proyectos nuevos. No había mucho que pudiera decir, apenas lo conocía. Sabía que era actor, sabía su nombre... luego de aquella noche se lo había aprendido bastante bien. Y eso era todo lo que tenía del rubio. Ni siquiera sabía qué edad tenía. No era ese tipo de mujeres promiscuas que se acostaban con un hombre simplemente porque les atraía y las engatusaba con palabras, pero había caído con aquel chico. Y se prometió que no lo volvería a hacer. No porque no la hubiese pasado bien, sino que no le agradaba verse a sí misma como una mujer fácil—. Oh también, nuevos proyectos, nuevas ideas. Lo mismo. Tal vez coincidamos en alguno —contestó con una sonrisa ladina mientras caminaba fuera del ascensor sin darle su nombre al rubio. No le molestaba que no recordara su nombre, tampoco le interesaba mucho que lo supiera así que no se molestaría en recordárselo—. Creo que la película que rodaré en unos meses se llamará "veinte días de verano" o algo así. Yo voté para que cambiaran el nombre porque eso no vende nada —bromeó divertida.
— En realidad curso ambas carreras. —espetó, esta oportunidad más seria. Aun así esto duró poco, porque unas cuantas risas relajaron todo músculo en su anatomía.— A eso lo llamo diversión. —señaló divertida, escoltando sus palabras con sugestivos ademanes de manos.— ¿Y qué se sintió vivir tan excitante aventura, señorita castidad? —inquirió, ladeando burlona una sonrisa.
Soltó una risa y frunció el ceño ante las palabras de la chica. — De verdad, no entiendo por qué me tienes con eso de señorita castidad. En realidad puedo ser muy divertida y alocada cuando me lo propongo —habló con seriedad para luego volver a reír ante lo estúpida que había sonado—. Fue... interesante. No voy a darte detalles sobre eso, santo Dios. A ver, ya que tú eres tan entretenida, ¿qué hiciste este fin de semana? —preguntó elevando ambas cejas.
Su tos cada vez se hacía más intensa y Calypso ya no sabía que hacer, así que decidió ir hasta una de las farmacias más cercanas que había de su apartamento. Caminó tres calles envuelta en una manta, su pijama puesto y sus pantuflas de conejo puestas en sus pies, aún así de su fatídico estado de salud las fanáticas pedían fotos con ella y no se podía negar de ninguna forma ya que las amaba más que a nada en el mundo. Luego de veinte minutos caminando llegó a la bendita farmacia, pero una escena llamó su atención. Era Clarissa, una de sus mejores amigas pidiendo un test de embarazo. Tomó su brazo bruscamente a pesar de su estado e hizo que la mirara cara a cara. — ¿Cómo es eso de test de embarazo para “una amiga”? — hizo énfasis en la última palabra, esperando una lógica respuesta de parte de la joven. —
Miró a su amiga con los labios presionados en una fina línea intentando inventar alguna excusa pero era pésima mintiéndole a las personas de su círculo cercano. Podía mentirle a la prensa y a las cámaras, pero nunca a un amigo o un familiar. — Yo... uhm —se aclaró la garganta y soltó un suspiro resignada decidiendo explicarle la situación a la morena—. Tengo un atraso —fue lo único que consiguió decir. Se encontraba shockeada hasta ella misma por la situación y miles de preguntas rondaban por su mente. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? ¿Tal vez no estaba embarazada y era algo más? ¿Y si lo estaba quién demonios era el padre? No había tenido sexo con Bradley, así que él quedaba descartado. Aunque en el fondo sabía la única opción que tenía, en la cual no quería ni siquiera pensar—. Pero tal vez no es esto, tal vez sólo... sólo es un problema normal, ¿no? A todas las mujeres les pasa a veces. No todas son siempre regulares. Son cosas normales. No por ello significa que esté embarazada... —su voz se acongojó y al segundo siguiente sus ojos se encontraban inundados en lágrimas. La preocupación era demasiada. ¿Qué haría ella con un bebé? Apenas era capaz de cuidar a un gato, ¿cómo se encargaría de un niño? Se cubrió el rostro con ambas manos y negó repetidas veces—. No puedo estarlo, Callie. No puedo —.
Para su suerte, la cantidad de fans que se habían acercado a ella no había sido demasiada, por lo que hasta ahora estaba disfrutando de una agradable caminata por la ciudad. Lo hacía muy a menudo pero nunca cuando iba a trabajar, porque por lo general solía llegar tarde, y caminar no era la mejor opción si quería llegar a la hora. Sobretodo porque era usual en ella distraerse con cualquier cosa que se le cruzara en el camino. Abrazó con fuerza a la chica, procurando sostener la cámara con firmeza. Rió al escucharla saludar al lente, era algo que ella hacía, pero nunca alguien más, usualmente sus amigos eran más tímidos con eso. —Sí, me llamaron en la mañana —respondió con una sonrisa. — Vayámonos juntas, puede que necesite de ti para comprar comida. Ya sabes, esos pastelitos que tanto me encantan… Desde el día en que me comí todos los pasteles de las muestras ya no me dejan entrar en ese pastelería. Oops —mencionó divertida mientras se encogía de hombros, y luego entrelazó su brazo con el de la chica.
Soltó una suave risa al oír la anécdota de la castaña y comenzó a caminar rumbo hacia la pastelería de la cual hablaba. — Dudo que me dejen entrar a mi tampoco, ¿ya olvidaste la vez que tropecé y rompí uno de los cristales de las mesas de muestras? —soltó una carcajada y llevó una mano hacia su frente—. Dios mío, todavía tengo una de las fotografías que salió en una revista de chismes. Yo tirada en el suelo con cortes en mis brazos y los pasteles por todas partes —ambas eran fanáticas de aquella pastelería y solían ir con frecuencia hasta que bueno, ocurrieron algunos incidentes poco comunes—. Pero hay otra unas cuadras más adelante, cerca del set. Tienen pastelitos casi tan buenos como esos... y de esas roscas extrañas de masa con canela que me fascinan —no le molestaba en absoluto la cámara que enfocaba el rostro de ambas. Estaba acostumbrada a las mismas, y aquello era parte de la vida de Meredith así que lo respetaba y lo aceptaba—. Deberíamos hacer un video para tu canal alguna vez. Algo así como un desafío en el que terminemos llenas de crema, o algún juego —propuso sonriente.
Olvido como siempre sus pastillas para la migraña, ¿Cómo diablos? Se preguntaba enojado consigo mismo. Justo en ese momento cuando se sentía tan mareado y débil. Pensó en llamar a su manager o alguno de sus amigos pero enseguida desecho la idea al imaginárselos regañándole por ser tan despistado. Como si no entendieran que se la pasaba todo el día de reunión en reunión, o de partido en partido. No se quejaba para nada de su posición, porque sabía que era privilegiada y que muchos chicos afuera esperaban una oportunidad como la que él tuvo. Se cambió rápidamente de ropa y salió de su edificio tratando de pasar desapercibido en la manera que le fuera posible. Prefirió ir caminando ya que estaba mareado y no quería ser el protagonista de algún accidente mal habido en las noticias. Entró a la farmacia colocándose justo detrás de una chica que hacia un particular, por no decir extravagante pedido. —¿Clarissa? —preguntó titubeante. —¡Clarissa! —exclamó al reconocer a la chica. —Mmm sí. Para una amiga. —comentó divertido.
Al reconocer al castaño sintió su pulso calmándose, al menos era alguien conocido. Esperaba poder confiar en que Roger no estaría divulgándolo por todas partes y que al día siguiente saldría la noticia en TMZ. — Sí Roger, son para una amiga. Ya cállate, no estoy para bromas —contestó molesta cruzándose de brazos y regresando su mirada por un segundo hacia atrás, intentando divisar a la empleada pero cuando no lo consiguió, regresó su vista hacia el contrario—. ¿Y tú? ¿Qué haces aquí? —preguntó con curiosidad aunque también tenía la esperanza de poder desviar el tema de conversación hacia el chico para no tener que ahondar demasiado en la razón por la cual compraba veinte tests de embarazos "para una amiga" ya que era pésima para mentir.
El chico decidió salirse del calor que le proporcionaba estar debajo de sus mantas y se dirigió a la farmacia más cercana, pues sabía perfectamente que si no se tomaba algo para su catarro ya, no se recuperaría. Nada más poner un pié en la farmacia escuchó a una chica pedir tests de embarazo como una adolescente de quince años asustada, e intentó no reírse. "¿Y necesita veinte tests?" Preguntó enarcando una ceja, una sonrisa picarona cruzando su cara. "Mi amigo también necesita algo para su catarro, ya sabes." Comentó algo burlón, abrochándose la chaqueta que llevaba. Juraba que se estaba muriendo de frío y el termómetro no baja de diecinueve grados.
— Tiene que asegurarse. ¿Acaso no sabías que nunca debes hacerte sólo un test porque no es cien por ciento seguro? —preguntó intentando desviar el tema de conversación—. Anótalo por ahí, podría serte útil algún día —se cruzó de brazos y se apoyó en el mostrador de la farmacia mirando hacia ambos lados con ansiedad intentando visualizar a la dependienta que la había atendido. Puso los ojos en blanco ante la ironía del castaño la cual pudo captar sin problema alguno y lo miró de soslayo—. Tal vez tu amigo también necesite un poco de amabilidad en píldoras, y algo de jarabe no-te-entrometas —bromeó aunque su rostro no se veía nada divertido. Estaba preocupada. Mucho. Y era pésima ocultando sus sentimientos.
—¡No quiero levantarme!— anunció a su representante quién seguía insistiendo en que llegarían tarde a una reunión con la disquera. Extrañamente Jason no se sentía muy bien aquella mañana. Sentía que la cabeza le iba a explotar, le dolía todo el cuerpo y apenas y respirar. La tarde pasada, había tenido una firma de autógrafos dónde se topó con una chica que tenía gripe. Claro que aquello no le importo en absoluto. Pero ahora realmente se arrepentía el haber permanecido tan cerca de aquella chica. Escuchó algunas quejas de parte de su manager, antes las cuales Jason simplemente se limitó a rodar los ojos. Sí bien no tenía energías, tampoco estaba de humor para escuchar todo los que salía de la boca de su representante. Usó todo su esfuerzo para levantarse de la cama, ponerse unos zapatos y una chaqueta, y salir de la habitación ignorando los reclamos de su manager. Caminó por algunos minutos hasta dar con una pequeña tienda. ¡Era justo lo que necesitaba! Compraría algo de beber, y sí tenían, alguna clase de medicina para su dolor de cabeza. Al entrar lo primero que escuchó fueron los gritos de la castaña, pero de verdad estaba demasiado cansado para darles importancia. Se acercó hasta el mostrador esperando que alguien lo atendiera rápidamente. Al escuchar las siguientes exclamaciones de la chica, no pudo evitar cerrar los ojos. En su estado actual, la chica era demasiado ruidosa. —No te ofendas,— replicó volviéndose a ella. —Pero en verdad no entiendo nada de lo que estás hablando.— confesó esperando no sonar grosero.
Soltó un suspiro sintiendo como el aire regresaba a sus pulmones y la sangre volvía a bombear por todo su cuerpo. El hecho de que alguien, más alguien del medio, supiera o creyera que ella estaba posiblemente embarazada le ponía los nervios de punta. — Mejor así, entonces. Olvida que te he dicho algo... ¿Jason, cierto? —preguntó intentando sonar amable e interesada pero lo único que quería conseguir era cambiar de tema. Obtener sus estúpidos tests y salir huyendo de la tienda—. ¿Estás bien? Te ves terrible —observó con honestidad sin intentar moldear un poco sus palabras antes de dejarlas salir.
—Sé que no tienen advertencias, pero igual hay que tener cuidado de lo que se descarga. Muchas veces el navegador las descarga por sí mismo, y es molesto. —No recordaba cuándo fue la última vez que le pasó, si es que alguna vez le pasó, pero sabía de personas que siempre pasaban por eso. —Pues… sencillo, se llama ‘telagram’ ya sabes que tiene un virus. Por favor. —Intentó en broma.
— Ya —contestó con una media sonrisa encogiéndose de hombros—. Me limitaré a no descargar más aplicaciones y ya. Tengo la esencial que es el Candy Crush así que podré sobrevivir —bromeó ladeando el rostro para observar al castaño—. Bueno, ¿cuánto será? Aunque haya sido una tontería es tu trabajo así que debo pagarte —.