Solo quiero escribirte que hoy hace tres años de ti, de que llegaras a mi vida y la rueda de mi corazón comenzara a girar dentro de mi.
Hoy hace tres años, las palabras no eran plegarias al cielo o murmullos al suelo. Hace tres años tú escuchabas lo que yo tenía para decirte, entendías que aunque fuera poco, te entregaba todo lo que tenía para entregar, incluyendo lo que yo desconocía. Es curioso ¿no? Mi corazón siempre me pareció muy frío como para entregar algo de amor, y sin embargo cuando llegaste a mi hace tres años, de pronto tu calor comenzó a cubrir mi pecho, y fue entonces que descubrí que "amor" era mirarte por primera vez después de haber viajado tanto, y tocar tus pequeñas manos aquel 29 de noviembre. Comprendí entonces que la palabra amor era equivalente a tu nombre, J. Y que sin más, todo minuto vivido a tu lado, sería aprender a querer, y cuánto te quise...
Ahora me doy cuenta que estaría a día de hoy, compartiendo tres años de mi vida contigo, y no sabes cuanta nostalgia me produce pensarlo. Pero no es motivo para estar triste, aún así, quizás más distante con el pasar de los años, cumpliendo tus objetivos, aún así y a pesar de ello, me alegro porque sigues estando dentro de mí; en un solo recuerdo, recuerdo de mis días buenos a tu lado, donde se presume en dos o tres imágenes, que nunca había sido tan feliz en mi vida, como cuando estuve contigo. Es tan curioso, ¿Sabes? Cuánto más te alejas, más me es difícil intentar olvidarte, pues no tienes idea de esta marca que tengo enterrada en mi pecho.
Quisiera pensar que todo marcha bien allá contigo; me alegra un poco este andamiaje de penas, el hecho de imaginar que estás cumpliendo tus sueños, esos que me contaste algún día. Recuerdo que me dijiste hace un año que te gustaría tomar una taza de café conmigo algún día, yo encantado de poder hacerlo, aunque no tengo mucho para contar, y con solo ver mis ojos sabrías que mi única historia desde que te conocí, eres tú, todo eres tú en mi vida, ¿Que triste, no?. Pero bueno, J. Esta carta no quiero que sea triste, está demás escribirlo aquí, si desde que no estás, es todo tan gris, tan triste, que escribirte aquí mi dolor, te será una molestia, o un problema que tú no debes cargar.
Tengo que contarte algo: los sueños por acá siguen siendo los mismos, el insomnio desafortunadamente prevalece cada noche, y mi llanto sigue siendo el mismo; algunas veces hablo con Dios y le pido por ti. Le digo que ojalá cumpla todos tus sueños y que te siga conservando ese hermoso corazón lleno de nobleza. Ya no le pido por mi, porque siento que no me escucha; nunca fuí un buen creyente. Pero de algo estoy seguro, y es que si Dios me quiere, escuchará mis oraciones por ti, y te llevará muy lejos, alejandote de cualquier cosa que pretenda hacerte daño. Quizá no soy del todo una mala persona, solo hice algunas cosas mal, pero tengo todavía esa costumbre por escribirte ese mensaje de buenas noches, ya no lo envío, pero siempre te lo escribo.
Tres años han pasado, mi querida, J. Tres años en dónde me pasó de todo, pero me pasaste tu y eso es todo. Quién lo diría, la rueda de mi corazón comenzó a girar hace tres inviernos, y luego solo se detuvo cuando dijiste adiós. Ambos sabemos que nos amamos con todo lo que tuvimos; que dimos cuánto pudimos, y que la distancia nunca importó. Ambos lo hicimos, pequeña. Y aunque ya no pudimos, quiero que recuerdes con una sonrisa mi rostro; no quiero que imagines mi presencia como un hombre derrotado, sino que más bien, pienses que siempre lo di todo por entregarte lo mejor que había en mi corazón.
Dicho esto, solo puedo darte una sola cosa: te entrego mis te quiero; te doy mi última sonrisa antes de esconderme de lleno en la tristeza, pues si por algo he de sonreír aunque sea por última vez, es porque cuando tú llegaste a mi vida hace tres años, me diste con tu amor, el mejor regalo que haya podido recibir en toda mi vida. Tú eres mi vida, mi fuerza, mi motor. Te entrego mi corazón, pues tú lo construiste e hiciste de el un cálido hogar para tu gran amor.
J, te entrego con el corazón todos mis sueños contigo. Nunca intentaré olvidarte, pues eres en mi, lo más importante de una historia bien vivida, pues a pesar de que no he vivido tanto, conocerte siempre será la mayor de mis alegrías. Siempre contarás conmigo como lo he prometido desde hace tres años, y siempre estaré para ti cuando lo necesites. Te doy mi amor en está carta, recordando aquella primera carta de hace tres años, pues quiero que sepas que te he amado igual o incluso más que ayer. Hasta donde estés, hasta ti, hasta el recuerdo de nuestro gran amor, mi amada e inolvidable, J. Mi poesía estará contigo.
Te quiero, te adoro, te todo.
Vz Abraham; las cartas extintas