Move & Groove Together (Closed)
El alcohol bullía en mi cabeza y me aclaraba la cabeza en una suave sensación de pérdida. Contrario que al resto del mundo que yo conocía, el alcohol no me nublaba el juicio ni me empujaba a la impulsividad; a mí el alcohol me aclaraba las ideas y me volvía más calculadora de lo habitual.
Este viaje de negocios a Chicago, no paraba de sorprenderme. Primero había conseguido que la firma Schuester & Falconi aceptara mi solicitud para entrar a su buffete, sino que además había ascendido directamente a dirigir un pequeño grupo de abogados especialistas en delitos fiscales. En simples palabras, había obtenido un jugoso puesto y en la división que daba más honorarios. Excelente primer movimiento.
Y lo segundo era que a solamente 20 minutos de haber entrado en un bar de aspecto sobrio y elegante, hubiese conseguido que una castaña con ojos de ensueño se me acercara para “charlar”, lo cual era un eufenismo para referirme a su invitación clara de acompañarla a un hotel. Y aquí inicia el verdadero juego, mientras espero que salga del baño y miro por el enorme ventanal ahumado del doceavo piso de este hotel.
Yo nunca había sido de esas personas vanidosas que se miraban al espejo cada cinco segundos para comprobar que todos sus cabellos estuviesen en el mismo lugar, pero ahí, en ese baño de hotel, no podía dejar de arreglarme para lucir más o menos presentable.
Aunque la mayor parte del trabajo estaba hecho, ¿Qué no?
De mi cartera tomé un poco de gloss sabor sandía y apliqué una generosa capa sobre mis labios, de manera que éstos brillaron bajo la luz blanca que iluminaba ese lujoso baño. Luego acomodé las ondas naturales de mi cabello, y finalmente mojé la palma de mi mano para pasármela sobre el cuello. Estaba claro que la calefacción de la habitación era perfecta porque el ambiente no era otro que templado, pero la idea de lo que estaba a punto de suceder me tenía ardiendo.
--¿Por qué no te pones cómoda?—No sabía de dónde jodidos había salido esa voz tan sensual en lugar de la temblorosa y tímida a la que estaba acostumbrada, pero traté de mostrarme segura a pesar de ello, y caminé hasta el ventanal donde ella se encontraba. Nunca nadie (ni yo misma) me había considerado una putilla cualquiera, pero no pude evitar iniciar “algo” cuando me percaté del click instantáneo que tuve con aquella morena sexy.












