Era tarde de noviembre, en la que aquello que solía ser una serie de velas con formas y olores tradicionales, ahora solo eran manchas en el suelo. Vencidas por el fuego, igual que yo, pero claro, no literalmente. Era tarde de noviembre en la que aquello que solía ser un muchacho fuerte, seguro de sí mismo, ahora era un niño débil, vacío, un niño que no podía sonreír más.












