Si mi vida son las palabras...
Mi vida es una mentira.
Sherezade
Xuebing Du
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@sherezade85
Si mi vida son las palabras...
Mi vida es una mentira.
Sherezade
Y eso era la vida...
Veladas de luz regadas de anhelos
Antesalas de alegría que eran la alegría misma.
Echar la vista atrás y entender...
...que ahí estaba la vida.
Sherezade
Porque yo soy del tamaño de lo que veo, y no del tamaño de mi estatura
Fernando Pessoa, “Libro del desasosiego”
Las palabras de amor son sólo una panacea para la inseguridad. El amor se siente y se demuestra, no se dice ni se comenta
Sherezade
Quiero ser tu hogar al acabar el día. Que vueles libre y me veas volar a mí. Que alentemos nuestra felicidad y que ambos seamos cómplices de ella. Que juntos compartamos nuestra libertad. Que, cuando el sol se ponga, volemos así, libremente, a los brazos del otro para contarnos lo que vimos y ver a la luna salir...
Sherezade
¿Por qué mi mente me atormenta cada día
Y me intenta convencer
De que las cosas no irán bien?
¿Por qué mi mente, si es mía, no sabe ser mi amiga?
¿Por qué mi mente, si está en mí, tiene el terrible don de manipularme así?
¿Por qué me hago daño?
¿Por qué me impido ser feliz?
No sé si podría, de repente, detener el tiempo.
Sí, puedo intentarlo. Y poder verte siempre así, mirándome de esta manera. Con esa fascinación por todo lo que ves en mi alma. Con esa atención absoluta a mis palabras. Con ese interés por saber más de mí, de mis miedos, de mis esperanzas. Con ese aire sutil de desesperación cuando sientes ese miedo a perderme, a no poder hacerme feliz. A que algún día me quiera ir. Con esa expectación por cada una de las cosas que te quiero decir.
Fascinación, atención, interés, expectación. Sólo quitaría, de tu mirada, el miedo a no hacerme feliz. Porque es el motivo de que tú no lo seas. Pero por todo lo demás... ¿qué más puedo pedir?
Tanto tiempo preguntándome qué es el amor, tanto tiempo sin responder... y de repente, sin duda, lo sé.
El amor es lo que siento cuando me miras así.
Y cuando me doy cuenta de que, sin querer... te miro yo igual a ti.
Las luces son tan claras
Que me pregunto si, en el fondo,
No seré yo la oscuridad.
No la oscuridad que engulle,
No la oscuridad que atrapa,
Sino simplemente la oscuridad
Que lucha por abrirse paso
Para absorberse, para absormerme.
Esa oscuridad.
Sherezade
"Convierte tu muro en un peldaño"
Rilke
Ahora que nadie puede tocarme...
Veo mucho más claro quién me toca el corazón.
Sherezade
No hay más ciego
Que el que no quiere sentir.
Sherezade
La huida
Más tarde o más temprano, siempre vuelves a llegar
Cuando empiezo a sentirme a salvo...
pienso otra vez en volar
Quizá sean las ganas de vivir mil vidas
O quizá el miedo a perder la de verdad.
La que me llena, la que me acuna, la que me hace sentir especial.
Sufro tanto pensando que algún día acabará
Que prefiero alzar el ancla
Y volver a navegar.
Que el adiós me pille en movimiento
Para que nunca sea real...
La deriva
Cuando vas a la deriva acabas creyendo que no existe ninguna orilla. Si alguna vez caminaste por alguna, ahora te parece un espejismo inalcanzable que quizá gozaste por casualidad y que nunca más volverá a llegar.
Las horas se convierten en un complicado entresijo de miedos, ansiedades y tormentos que no sabes cómo frenar ni consumir. Tan doloroso es su avance que llegas a olvidar lo sumamente valioso (e irrecuperable) que es cada minuto vivido. O lo recuerdas, pero te da igual. Sólo quieres que pase el tiempo. Que pase y se lleve el dolor. Que pase y se lleve la bruma que te impide ver tu brújula.
Y en medio de tanta nada y de tanta tormenta, sientes que no vale la pena luchar y empiezas a dejarte llevar. Cualquier anestesia es buena para olvidar que no sabes qué dirección tomar, así que olvidas lo que un día fuiste y te conviertes en la lluvia que azota tu piel.
Pero siempre hay una orilla. Es un error abandonarse al capricho de las olas en lugar de dejarse mecer por ellas y luchar contra ellas a la vez. Es un error dejarse devorar por la tormenta en lugar de sentir cómo cada trueno nos hace más fuertes y preparados para la próxima. Es un error creer que lo peor que puede pasarnos es ir a la deriva.
Porque es yendo a la deriva cuando descubrimos la fuerza que podemos llegar a tener. Cuando entendemos que la vida es un constante fluir y que no conseguimos nada tapándonos los ojos y rechazando la tormenta. Porque cada una de ellas es una oportunidad para evolucionar, para descubrir nuevos recursos, para ver más allá. Y, sobre todo, para dejar de ser esclavos del ayer y del mañana.
Sí, es un error evitar salir a mar abierto de vez en cuando. Es un error no vencer el miedo y la angustia en lugar de evitar las situaciones que pueden hacerlos aparecer.
Porque en las plácidas orillas lo único que conseguimos… es dormirnos otra vez.
Respétate
No deshojes margaritas para ver si te quiere o no
Riega a diario las tuyas para quererte a ti mismo
Y deja en cada una de ellas un trocito de corazón
Así, si alguien viene y te arranca alguna
Quedarán muchas más que te alivien el dolor
Y sólo así, con tu jardín limpio, sano y cuidado
Atraerás a las personas que te sepan dar amor.
Y si llega ese momento, no te cierres y no temas
No recuerdes antiguos pesares
Ni te ahogues en una temida (e imaginada) traición
Recuerda siempre que mereces respeto y atención.
Dáselo a quien te lo dé
Y si no te lo dan...
Es tan fácil como decir adiós.
Con tu jardín regado no necesitas a un mal anfitrión.
Pero no sufras de antemano por si quien llega te rompe el corazón.
Tiéndele la mano a quien entre
Y hazle salir sólo cuando veas que no respeta tu rincón
Tu visión
Tu emoción
Tu temor
No te precipites en echarle de tu vida
Si tus miedos están sólo en tu imaginación.
Básate en los hechos.
Pero si los hechos te duelen y a tu invitado no le importa,
Entonces sí.
Entonces entona un adiós y sigue regando tu jardín.
Pero no deshojes margaritas para ver si te quiere o no
Quiérete a ti mismo
...
Y el tiempo te dará la solución.
El imán
Y tanta ida y venida, y tanto cuento de bruma oscura, y tanta energía volcada y perdida, y tantos momentos de esperanzada angustia, y tantos temores y tanta duda, y tantas ganas de huir y tanto querer quedarse, y tanta batalla y tanta locura... tanto de todo por un único motivo, a la vez tan profundo y frívolo: porque cuando estás cerca de mí, todos mis sentidos vuelan hacia ti. No puedo evitar querer mirarte, escucharte, olerte, besarte y acariciarte. Mis cinco sentidos se centran en tu presencia, y todavía me pregunto de dónde sale ese magnetismo que, a veces, tan lejos de mí me lleva...
Descubrirse
A veces nos empeñamos en sufrir y creemos que es el único camino posible. Lo que nosotros hacemos, el fatídico lugar al que llevamos a nuestra mente, no es más que nuestra propia elección. Sin embargo, lo vivimos como si no hubiera salida, como si la vida y el destino no tuvieran nada mejor que hacer que convertir nuestro camino en un durísimo sendero de piedra, fango y fuego.
Pero un día descubres que lo que duele, lo que te desequilibra, lo que te hunde en una espiral negativa de la que cada vez es más difícil salir, es el empeñarse en sostener relaciones, hábitos o actividades que no te aportan gran cosa, que te estresan, que te empequeñecen. Que te roban la energía. Te da miedo alejarte porque eso, una vez más, vuelve a hacerte sentir diferente. ¿Cómo es posible que te duelan esas “minucias”? ¿Por qué te afectan tanto las cosas que para tantas personas son tan normales o incluso apetecibles?
Pues porque te duelen y te afectan, y no puedes hacer nada por evitarlo. Pero sí para evitar las situaciones, personas y actitudes que te hacen sentir herido. Si no dejamos de analizar los porqués en una lucha implacable para limarlos y procurar adaptarnos a un entorno que no es el nuestro, nuestro “yo” se va perdiendo irremediablemente y la herida crece a diario sin que apenas nos demos cuenta de que el dolor se acabará haciendo insoportable.
Así que dejemos de lado lo que opinen los demás. Si siempre buscamos la comprensión y aceptación ajenas... nunca nos encontraremos. Si el sufrimiento se ha convertido en la norma, si cada día duele, si cada día pesa, si cada día es un reptar de horas que no acaban y que al final del día lamentamos haber perdido sin ser capaces de aprovecharlas, está claro que ha llegado la hora de dar un portazo a los hábitos, costumbres, rutinas o incluso personas (por mucho que esas personas no nos hagan nada malo de forma consciente) que nos están empequeñeciendo.
Será difícil volver a decir adiós, será difícil volver a cambiar. Será difícil, sí. Pero más difícil sería quedarse en el infierno mientras todos creen que estás en paz. Sin un ápice de comprensión. Rodeado de gente que cree conocerte y que no es capaz de ver la enorme llaga que te lames a diario. Más difícil sería perderse en esa multitud que te devora. Más difícil sería recordar quién eres cuando quedara sólo de ti el pellejo.
Que es lo que los demás ven.
Paz
Pensar está bien. Pero pensar demasiado puede destruirte, perderte, confundirte.
Nuestra cabeza puede ser nuestro mayor enemigo.
Esa lucha contigo mismo puede desgastar tanto como el más terrible de los odios ajenos. O incluso más. Porque eres tú mismo quien se boicotea.
Para. No tiene sentido. Detente. Respira. Conecta contigo mismo. Siente la paz. Tu mente no es tu enemiga. No la conviertas en eso. Haz que sea tu aliada, mímala, nútrela de pensamientos que te hagan sentir bien. A fin de cuentas, es la única que estará contigo todos los días de tu vida. Todas las horas. Todos los segundos.
Disfrútate de una vez. Y lo que tenga que ser, será. Y lo que no, no será. Y cuando algo sea, no sea o deje de ser... ya encontrarás la forma de capear el temporal.
Mientras tanto... ¿de qué sirve tanto analizar?
No pienses tanto... observa, huele, toca, escucha, saborea. Utiliza los cinco sentidos en cada momento que la vida te da. Y piensa sólo lo justo para que nada entorpezca tu felicidad. Cuando empieces a hundirte en divagaciones y la oscuridad empiece a nublarte la vista y a apartarte de la vida real, corta el hilo en seco, cierra los ojos y siente el aquí y ahora antes de volverlos a abrir...
Deja descansar de vez en cuando a tu cabeza, nútrela y mímala con cosas que puntualmente te llenen y distraigan si quieres alcanzar la paz. No dejes de entender, no dejes de conectar contigo, pero aprende a poner fin al fluir de la conciencia cuando las palabras te empiecen a atormentar.