Nithael se había ganado el corazón de las cocineras y por ésa razón se encontraba en la cafetería, que ya había cerrado, comiendo un gran tazón de nachos con queso preparados especialmente para él.— Les han salido deliciosos, cocinan de maravilla. —Asintió varias veces, sin poder dejar de consumir la comida que le prepararon aquella tarde.
Aquella misma tarde, después de haber estado en la cafetería, se dio cuenta de una cosa... ¡Se había dejado el teléfono allí mismo! Por eso mismo, se encaminaba hacía el lugar con suma prisa, rezando para que el aparato estuviese allí. Entrando en la cafetería, milagrosamente, una de las cocineras la reconoció y le devolvió el pequeño teléfono. Cogiendo el camino para irse, reconoció a una persona y se acercó a saludar, total, no tenía nada mejor que hacer. Pero a unos pasos de él, decidió darle un pequeño susto—. ¡Bú! —exclamó, apoyando las manos en los hombros ajenos, esperando haberle asustado.











