Bailaste sobre mi dolor.
Pocos días bastaron.
Tu vida siguió, ligera, como si yo no hubiera existido, como si mi llanto, mi vientre vacío, mi alma quemada no fueran contigo.
Olvidaste todo: las noches que lloré sola, el dolor que cargué en silencio, la pérdida que no elegí, los sueños que ardieron en mí.
Mientras tú reías bajo otra piel, bailando sobre mi dolor, sobre mi amor sincero, sobre todo lo que dimos.
Me hiciste ver como malvada, mientras tú gozabas lo que yo no pedí, lo que jamás traicioné: mi entrega, mi fe, mi inexperiencia, mi corazón entero.
Olvidaste lo que fuimos, lo que soñamos, nuestro bebé imaginado, la familia que hablamos de construir…
Porque siempre es más fácil buscar amor en la cama de alguien más que sostenerlo cuando quema.
Y aquí estoy, con el corazón encendido, con la memoria intacta, recordando todo lo que tú olvidaste.











