ㅤㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤ 𝐌𝐘 𝐃𝐀𝐃 : 001 ›
⠀⠀⠀⠀⠀⠀୧⠀.⠀︴⠀——— 𝗂𝗍'𝗌 𝖺… 𝗵𝗲𝗮𝗱𝗰𝗮𝗻𝗼𝗻 !
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀╰ 𝖠𝗆𝖾𝗅𝗂𝖺 𝖫𝗂𝗀𝗁𝗍𝗐𝗈𝗈𝖽 !
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝖼𝗋: 𝖼𝗁𝗂𝗁𝗂𝗋𝗈.𝗍𝗑𝗍
Las noches en vela habían regresado, las pesadillas habían vuelto y esta vez no todas se limitaban al dormir. Su peor pesadilla había sucedido justo frete de sí y se repetía una y otra vez cada que cerraba los ojos.
Todo había pasado tan rápido, o por lo menos así había sentido el inicio, de repente en la sala había salido volando un objeto; una botella estrellándose directo en donde se estaba llevando a cabo el interrogatorio a Annabel Blackthor.
La cohorte parecía haber perdido todo ápice de respeto por la cónsul e inquisidor presentes puesto que más objetos comenzaron a surcar el aire directos al podio.
Entonces todo sucedió en cámara lenta, letal cuál serpiente Annabel miraba desquiciada al hombre que había extendido su mano frente de ella, la espada mortal se estremecía entre sus manos, y le pareció más una bestia, que una cazadora confundida.
Robert trato de tranquilizarla, pero aquello no funciono. Esta desgarro la túnica de Robert Lightwood, y clavo el arma en su pecho, justo frente a sus ojos.
Podía recordar con exactitud como había visto desde su lugar como su padre se desplomaba pesadamente y Jia corría a sostenerlo cayendo de rodillas, como el suelo marfil se teñía de carmesí bajo de ellos, un espeso charco pronto se hizo presente. Amelia sintió el dolor más desgarrador que jamás creyó describir apoderarse de su pecho, sus pulmones arrojaron violentamente todo aire, se sentía al borde del pánico, y sin haberlo notado ya había salido corriendo esquivando a quién pasara en frente.
La gente estaba aterrorizada y pronto el caos reino, pudo ver borrones de caras conocidas, una silueta alta a lo lejos, reconociéndolo como su hermano que quería llegar a ellos.
Amelia cayo de rodillas al llegar alado de su padre, la imagen de Robert Lightwood, cabeza de una familia siempre había sido la de un hombre serio, firme, no un padre demostrativo en exceso, la de un inquisidor y sí, la imagen de su adoración.
“…Por favor, por favor, por favor, por favor, por el ángel, que no esté sucediendo.”
Pero jamás lo había visto con el rostro compungido, con hilos de sangre resbalar de su mentón y una herida que no hacía más que sangrar por más iratzes que se le aplicaran; el terrible hedor a hierro de la sangre se estaba impregnando en sus ropas, en las de él, y las manos le temblaban con brutalidad, Amelia tenía la garganta tan cerrada que hablar supuso un esfuerzo enorme —Te pondrás bien, te pondrás bien— comento con desespero, su necesidad por creerlo aumentaba a cada segundo.
Robert tenía los ojos cerrados y la mandíbula distendida, no sabía si seguía respirando.
Cuando toco su piel noto que estaba helada y eso no era una buena señal.
Su corazón se lamentó de angustia ante la sola idea de perder a su padre, aún tenían muchas cosas por delante, aún tenía que sostener su mano el día de su boda y ver a sus nietos, Amelia se prometió que si su padre se recuperaba de esa, sería mejor hija.
Jia le dirigió una mirada, una que identifico como desesperanza y lamento profundo; Los iratzes no surtían efecto en su flácido brazo.
Las palabras resonaron en su cabeza.
Los gritos, y sonidos estallaban a su lado, muchos trataban de detener a una cazadora enloquecida, otros solo tratan de protegerse y salir por la puerta principal, la ojiverde se inclinó sobre el cuerpo de su padre queriendo protegerlo de lo que fuera, presionando la herida, como si eso asegurara su vida.
Más allá de su propio caos, ella sabía que algo más pasaba, lo sentía en su cuerpo, en lo pesado que lo notaba, en como una sensación la mantenía ansiosa, quizá por costumbre giro el rostro buscando a los Blackthorn, aquella familia que la había acogido años atrás, topándose con la escena más lamentable y dolorosa.
Livia Blackthorn, la que fue su primer y mejor amiga, la que pudo haber sido su parabatai, se encontraba en los brazos de su hermano Julián, inerte, con una mancha enorme de sangre fresca en el pecho extendiéndose por sus ropas, su piel parecía pergamino y no había rastro alguno de las mejillas sonrojadas que un día poseyó, Julián no paraba de murmurar algo que no comprendía, quizá por el aturdimiento.
Evidentemente la vida la había abandonado, tal como a su padre.
— Se ha muerto — Anuncio la cónsul.
Todo se petrifico: su corazón, mente, aliento.
Amelia se quedó mirándolo.
Su cabello comenzaba a tener rastros de canas, y sus facciones, aunque ahora parecían relajadas empezaban a revelar el paso de los años.
Su padre, su amado padre, fuente de su admiración se le había sido arrebatado de un momento a otro sin siquiera poder despedirse
“Por el ángel…” No le importo no ser de ayuda, se permitió ser totalmente egoísta y dejarlos lidiar con el problema que ellos habían causado, el llanto se había apodera de ella y su dolor le impedía mover cada musculo del cuerpo; apretaba la mano de su padre con la sangre tibia de un rojo brillante manchando su ropa, deseando que no fuera más que una espantosa pesadilla, abrazando a esté, los sonidos pasaron a segundo plano, todo parecía ajeno, distorsionado, una realidad a la que no pertenecía, la cónsul llena de sorpresa y temor, gente luchando y otros más solo huyendo, mientras ellos se quedaban con sus seres queridos negándose a dejarlos ir.
Habían pasado días, la ceremonia había pasado tal como esperaba, la familia acudía de blanco, y la runa de luto refulgía intensa en las pieles de aquellos que estaban presentes, todos reunidos dando su última despedida a un padre, a un esposo, a un abuelo y ejemplo.
La tensión en la habitación creció, sintió como un peso la jalaba hacia abajo, como si fuera a hundirse en el piso; se ahogó con su propio llanto.
Las personas adquirieron un aire más sombrío, cambiaron de postura, alguien se aclaró la garganta, como si anunciara que era momento de pasar a lo siguiente en ese infernal ritual.
¿Acaso Jace la mantenía de pie? No lo sabía.
Jace trato de tranquilizarla, aunque ni el mismo conseguía tranquilizarse del todo, tenía la cara pálida, estaba igual de horrorizado.
"Ave atque vale Robert Lightwood"
Escucho en su cabeza como un vago zumbido, los hermanos silenciosos eran crueles custodios del ritual que se estaba efectuando, y luego de ello las voces se hicieron presentes, Maryse, Isabelle, incluso Alec. Aunque no presto atención a lo que decían
—Es mi padre— dijo con devoción, y claridad. Se alejo del abrazo protector de Jace y dio unos pasos a donde reposaba el cuerpo de su padre, asumiendo el papel de hija
—Es un excelente padre. ¿Han visto todas las fotos que tiene de nosotros en su oficina? —cuestiono, con la mirada perdida
—A menudo lo hacía enfadar, una vez casi incendio su oficia por enviar tantos mensajes de fuego— dijo con una risa ahogada; trago grueso estirando su mano para querer tomar la de él.
—Él estaba muy molesto… Pero su enfado casi nunca duraba mucho. Nos ama a todos por igual, y se le da excelente lo de ser abuelo…Esta tan callado—
La miraron con lastima. Y cuando por fin comprendió la terrible realidad, que su padre estaba muerto, se desplomo.