dcvlcomanie·.
“Buen diente, ¿eh?”No pudo evitar sonreír como bobo al escuchar esa risa contagiosa. Algo serevolvió en su estómago, algo como una agradable sensación de calidez quecontrastaba con lo fresco de esa noche. “Bien,es bueno saberlo porque ahora somos dos.” La familiaridad con la que sehablaban tampoco lo sorprendió, todo se sentía como parte de una rutina de lacual jamás podría cansarse. Rascó su nuca con confusión reflejada en su rostro,realmente era una sensación extraña la que estaban compartiendo en el interiorde ese taxi, más no desagradable, y por un momento se preguntó si el conductor tambiénpodía sentirla. Decidió pasarlo por alto y pensar que esa sensación de déja vu se debía únicamente a que dentrode su cerebro estaban ocurriendo cosas extrañas, una explicación que tenía sentidosabiendo que las neuronas podían ser engañosas. También sabía que de comenzarcon sus pláticas extrañas probablemente ahuyentaría a la bonita desconocida deltaxi y ya se había ganado una cena en su compañía, no podía arruinar elhumor. Se reprendió en silencio ante sus locos pensamientos y finalmente llevótoda su atención hacia su entorno, queriendo averiguar en qué parte de laciudad se encontraban. “He estado poraquí, de hecho yo también vivo cerca.” Reconoció con ligera sorpresa. “Hay un restaurante tailandéscerca de aquí, te prometo que el pad thai de ese lugar es una experienciaculinaria que jamás olvidaras.” Comentó con emoción, aunque la duda repentinade pronto atacó. “A menos que no teguste esa comida, podemos ordenar lo que tú quieras. Si, si eso, ordenemos loque te apetezca.” Casi tropieza con sus propias palabras de lo rápido que habló, pero es que no quería parecer desinteresado a los deseos de sunueva conocida.
Pensó en lo horrendo que había sido dar su incontrolable apetito cómo primer dato. Y que Tiffany era de ese modo. Comía cuándo estaba feliz, cuándo estaba triste, cuándo estaba nerviosa, era ese ser humano que todo lo resumía a un delicioso plato de comida, e incluso eran pocos los alimentos a los que ella fuese capaz de negar a su paladar. Sabía que de no ser por sus caminatas diarias, posiblemente no podría disfrutar de aquella complexión. Se limitó a dedicar una sonrisa a su acompañante, pensaba que si guardaba silencio las oportunidades de arruinarlo todo serían nulas, o menores. Aunque sabía que no podría mantener su boca callada por siempre. Sin embargo, se dispuso a pensar en los motivos por los cuáles no sentía que aquella persona fuese del todo un extraño, sino cómo si ya lo hubiese tratado antes. Se sentía cómoda, incluso segura. Le miró nuevamente, deseando que éste no le descubriera observando por lo bajo. Finalmente sonrió. ‘’Vaya, ésta es una muy buena zona. Me agrada, usualmente cambió de departamento cada año, pero planeo renovar el contrato un año más’’ informó con un tono de voz jovial. Sus ojos se iluminaron cómo dos enormes esferas. ‘’Pad Thai será. No tengo problema. Siempre es bueno ampliar mi conocimiento en comida. Buen diente, recuerda’’ mencionó con tono juguetón, uno muy característico en ella. Finalmente reconoció su ubicación y le indico al conductor que habían llegado. ‘’Gracias’’ soltó con cautela, pagando la tarifa correspondiente al viaje. Para su suerte la lluvia había terminado, pero las calles seguían húmedas, y el clima estaba bastante frío, más de lo normal. ‘’Ahora soy cómo un pequeño cordero que te seguirá hasta el Pad Thai’’ dijo hacía el joven.











