#Joker es La Naranja Mecánica de las generaciones venideras. No por sus logros técnicos (que son bastante mediocres) sino porque Joker, como Alexander the Large en su momento; es un personaje que le da una forma extrema al malestar del zeitgeist. Joker es la única película que (yo haya visto) que además de explicar, nos permite empatizar con el mundo en que vivimos los enfermos mentales. Ser el Joker es la fantasía de los telespectadores pasivos, enmasculados y humillados por los hijos de puta como los políticos y los ricos, y en general la gente, la maldita gente que no tiene corazón ni compasión por el prójimo. Joker es una suerte de Cristo de los marginados. Joker no es una película inteligente. Es una película con alma. Y aún siendo un “blockbuster” no es espectacular ni banal. Es una película altamente emotiva. Joker no es un personaje de cómics, o es un persona de cómics algo más: Es una figura muy importante en nuestra nueva mitología. Y los mitos se consolidan cuando contienen verdad y cuando se puede aprender de ellos. Joker es una película rara, porque se ocupa de la situación actual de los comediantes, aplastados por una industria del espectáculo cada ves más grotesca, tiránica y opresiva. Hay una escena en #Joker que parece calcada de Las Partículas Elementales de Michel Houellebecq. Increíble. Heath Ledger es increíble y una y otra vez regreso a ver su actuación magistral como el Joker. Pero al lado de Phoenix, el Joker de la saga de Nolan parece pueril, infantil. El Joker de Phoenix es la encarnación del grito de ayuda de un mundo lleno de gente triste, desesperada, solitaria, incomprendida, rechazada. Y bueno, esto es lo de menos, pero QUE BIEN SE VE FUMAR EN PANTALLA.