«La religión virtuosa se asemeja a la filosofía. Pues, así como la filosofía es teórica y práctica —siendo la teórica y reflexiva aquella que, cuando es conocida por el hombre, no puede ponerla en práctica, y siendo la práctica aquella que, cuando es conocida por el hombre, puede ponerla en práctica— así también es la religión. En la religión, la parte práctica es aquella cuyos universales están en la filosofía práctica; es decir, en la religión la parte práctica está constituida por aquellos universales que han sido determinados por medio de unas reglas que los delimitan, y lo que ha sido delimitado por reglas es más particular que lo que no está sujeto por reglas, como, por ejemplo, nuestra expresión: “el hombre escribiente”, que es más particular que esta otra: “el hombre”. Por tanto, todas las leyes religiosas virtuosas caen bajo los universales de la filosofía práctica. Y las demostraciones de las opiniones teóricas que hay en la religión pertenecen a la filosofía teórica, pero en la religión son aceptadas sin demostraciones.
En consecuencia, las dos partes de las que está constituida la religión están subordinadas a la filosofía, porque de una cosa se dice que es parte de una ciencia o que está subordinada a una ciencia sólo por uno de estos dos modos: o porque las demostraciones de lo que es aceptado en ella sin demostrar pertenecen a esa ciencia, o cuando la ciencia que contiene los universales es la que proporciona las causas de las particularidades que están subordinadas a ella.»
Abû Nasr al-Fârâbî: «Libro de la religión», en Obras filosóficas y políticas. Editorial Trotta, pág. 141. Madrid, 2009.