Verso.
En este momento me pido un verso, no pienso lo extenso, solo quiero hacerlo y desahogar un momento. Estoy sintiendo un tormento, para ser honesto, hace tiempo no me siento cuerdo. Hace millones de exhalos que no tengo oxígeno, parece que inhalo nitrógeno. Debo percatarme de la realidad en que transcurro porque me pierdo en este mundo y el tuyo, el de ellos, el nuestro. Qué desperdicio de quicio en tanto vicio. Solo el ocio de seguir existiendo. Ya no pierdo. Se acabó el juego. Entre yo y mi ego estamos de acuerdo en que es un secreto y no debes saberlo. Fueron tantas variantes que me sigo perdiendo palabra tras palabra. La letra intacta de la magia. Sílaba tras vocal ya no entiendo de qué va ésto. El flujo ha cambiado. Las olas ya no llegan a las orillas. La calma existencial es un ansia mortal. Hace cuánto que solo espero el final. Tan cerca del abismo, ¿cómo puedo regresar? Cómo puedo fluir en el magma y afrontar el núcleo, detener el mundo, sentir lo inmundo. Acariciar el sol como a la almohada. Dormirme lento en la penumbra. Soñar con la locura. Despertar con tu hermosura. Darle cuerda al tiempo y que avance lento, que me muero por un beso. Una bocanada de éso que llamas ésto. Un poco de hidrógeno para dos esferas. Un sentir de ganas. Avanzando lento cuando se va lejos. Multiplicándose en espejos. Finalicen los rituales, ha llegado la hora. El gemido desde el fondo de la habitación resuena. Se alzó la luna y también su postura. Se irguió como si no le importara la gravedad. Así cómo no voy a perder la cordura. Entre tanto jugueteo, ya ni sé qué veo. Ésto no es parte del sueño, o eso creo. La realidad es más frágil que un lápiz. Un átomo que deforma el mundo. Que da forma a un mundo. Que inunda un mundo de formas. Que se reforma y es amorfa. Se mofa en tu cara de lo que en su mente no captas. Ya basta de tantas vueltas y cambia los esquemas. Que se levante en armas la letra y asesine ideas. Que no tiemble la mano. Que no se gaste la tinta. Finaliza. Solo eso te pedí. Ciertamente lo hice, me fui. Fue tu culpa no la mía. Por eso hice lo que debía. Aunque el cansancio sonríe, mi expresión no le sigue. Había olvidado la calma de sentir. De ser masa. De ser lo que más duele en este plano. Al menos que de eso se trate. Qué maltrato pensar que hay un trato. Aunque estoy seguro de no recordar cuándo lo firmé, no sé por qué lo acepté; pero estoy seguro de que tal vez lo volvería a hacer.














